| Las Ermitas |
| Ermita de San
Roque A este ermita conduce un amplio camino por encima del cementerio, en cuyo trayecto están situadas las estaciones del Vía Crucis que el pueblo recorre el Viernes Santo y termina en el Calvario, que es un altozano donde se levanta la ermita. Desde allí se divisa un maravilloso paisaje. Situada a 1 kilometro hacia el sur, está en ruinas y es del siglo XVIII. Es un rectángulo de mampostería que estuvo dividido en tres tramos, con puerta adintelada al lado de la epístola y pórtico sobre pies derechos. Las bóvedas de lunetos y los arcos de medio punto que las soportaban están caídos. Su imagen titular está en la sacristía de la parroquia. |
| Ermita de San
Bartolomé Situada a 1 kilometro hacia el suroeste, se encuentra en ruinas. Es del siglo XVIII, rehecha en el XX. Es un rectángulo en planta, dividido en tres tramos que se cubrirán con bóvedas de lunetos, y hoy con cielo raso, sobre pilastras toscanas. Tiene ingreso adintelado a los pies y pórtico delante. Su imagen titular está en la sacristía de la parroquia. |
| Ermita de San Felices
Es una pequeña iglesia románica, a poco más de 1 km del pueblo, en un cerro a unos 800 m sobre el nivel del mar. Las vistas desde San Felices son maravillosas hacia todos los puntos cardinales. |
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| Documentación e historia
constructiva La primera aparición del nombre de Abalos se halla en la Crónica Albeldense con motivo de la expulsión de los musulmanes de Miranda de Ebro, Alesanco, Briones, Ábalos y Cenicero hacia el año 740 por Alfonso I de Asturias. La ermita en cuestión se documenta en el siglo XI como monasterio de San Felices de Avalos. Según el primer texto conservado sobre ella, en 1086 Gonzalo Núñez, Doñá Godo y otros herederos de este templo, lo donan a San Millán de la Cogolla. En 1088 donan también al monasterio emilianense sus respectivas heredades en San Felices de Abalos, Fortún Garceiz, Fortún Azenáriz y sus hermanos Gonzalvo, García, Blasquita y Tota. En el siglo XII se citan varios particulares que ofrecen de nuevo a San Millán, su parte en el cenobio de Ábalos. Quizá haya que pensar que todos estos diviseros de San Felices de Ábalos, descendientes de Don Marcelo (repoblador de la Sonsierra), se vieron obligados a entregar su parte a San Millán. San Felices no vuelve a mencionarse hasta 1330, cuando los clérigos de Abalos se obligan a pagar diezmos a favor del deán y cabildo de Calahorra conforme a la sentencia del obispo Don Juan. Es evidente que aunque esta fundación se remonte al siglo XI, la actual fábrica es romántica tardía de finales del siglo XII o comienzos del XIII, obedeciendo a una reconstrucción de la primitiva. Como se desprende de la documentación, los diferentes propietarios del monasterio fueron donando sus respectivas partes al de San Millán de la Cogolla, y cuando éste tomó posesión de toda la propiedad, emprendió su reconstrucción. Se encontraba completamente arruinado y abandonado hasta su restauración, realizada hacia 1989 a instancias del Gobierno de La Rioja según el proyecto de Domingo García-Pozuelo Asins. En esta intervención se cerraron los huecos de las ventanas con vidrios y las puertas con portones de madera para evitar la entrada de aves; se colocó un suelo oscuro; se iluminó poco el espacio interior para potenciar la sensación de penumbra propia del románico; se reconstruyó el tejaroz con hormigón y se emuló la espadaña con una estructura metálica. Alrededor del templo hay una necrópolis medieval con unas once tumbas, sólo tres íntegras y con tipologías distintas. En el lado sur existe una piscina ritual de forma circular. |
| Arquitectura
Está situado a casi 2 km al noroeste de la villa. Está construido en sillería en disposición a soga. Su planta, aproximadamente rectangular, no es muy regular, lo cual es signo de primitivismo. Consta de una nave de un solo tramo y de una cabecera rectangular o de testero recto, más estrecha y baja, pero con el sueldo a más alto nivel. Ambas están cubiertas con bóveda de cañón ligeramente apuntado. En la restauración se ha reconstruido la cubierta a dos aguas pues la primitiva había desaparecido y la bóveda quedaba a la intemperie. Cabecera y nave están separadas por un arco triunfal apuntaba y doblado que apea sobre columnas adosadas a pilastras con basa ática y capiteles poco decorados. Sobre él se alzaba una espadaña de dos vanos de la que quedan escasos restos. En ese momento, en vez de reconstruirla, se optó por recuperarla simbólicamente mediante una solución actual, recubriéndola de una malla electrosoldada, pero en la actualidad se está gestando otro proyecto para construirla de nuevo en piedra. La ermita posee dos portadas en la nave hacia el hastial de los pies, una al norte y otra al sur, siendo ésta última la principal, con tres arquivoltas de medio punto en arista viva que apoyan en sobrias impostas. La septentrional, también de medio punto, es secundaria y más pequeña. En los muros este, oeste y sur se abren cuatro estrechas saeteras, dos en la cabecera y dos en la nave. Quedan restos del alero y de algunos canecillos por todo el templo, así como de una roza en el muro de los pies, que debió ser de una construcción adosada con cubierta a dos aguas como la de la iglesia. Por poseer la portada en el muro sur del único tramo de la nave, da la sensación de que el primitivo proyecto fue más ambicioso y quedó inacabado. Esta ermita es idéntica en planta y alzado a la de San Martín de la Nava en San Vicente de la Sonsierra. En las iglesias de San Esteban de Galbárruli, Santísimo Cristo de Labastida y parroquia de Lapoblación, estas dos últimas en Alava, también se dan puertas secundarias en el lado norte, simétricas a las meridionales. |
| Escultura
Monumental Todo el conjunto es de gran sobriedad decorativa. Sólo están ornamentados los dos capiteles del arco triunfal con motivos vegetales estilizados de gusto cisterciense (retallados en la restauración). Los canecillos que recorren la construcción poseen en su mayoría un perfil aquillado. En un sillar de la jamba oeste de la puerta norte hay una roseta de cuatro pétalos inscrita en un círculo en bajorrelieve, quizá de cronología anterior a la propia ermita. |
| Ermita Virgen de la
Rosa Situada a unos 3 km al norte hacia la mitad de la falda a la cumbre del monte de Toloño, a 1.000 m sobre el nivel del mar. Está construida en la explanada que hay tras la Peña de la Rosa, cuya mole se hace visible desde el pueblo, especialmente desde la Plaza del Cantón y desde la posada. Está completamente arruinada. Quedan parte de los muros que parecen indicar que tuvo planta de tres naves de dos tramos y cabecera rectangular en mampostería, con arcos de medio punto de sillería sobre pilastras cajeadas. Lo que mejor se conserva es la portada-fachada al sur, en sillería, con ingreso en arco carpanel, hornacina y tres óculos, que puede fecharse en el siglo XVIII. Fue incendiada por el General Zurbano durante las guerras carlistas, y a partir de entonces se arruinó. Algunas de sus imágenes están en la parroquía San Esteban: la titular, La Virgen de la Rosa, gótica del XIV (retablo del primer tramo de la nave), un cristo manierista de mediados del XVI (retablo a los pies de la iglesia), un San Pedro romanista de fines del XVI o comienzos del XVII... Según aporta la documentación, en esta ermita trabajó Juan de Beaugrant. |
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