| Los guardaviñas |
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| También conocidos como casillas de granjería o chozos. Turísticamente, estos pueblos forman parte de la llamada ruta del vino, y conservan bodegas que ya funcionaban desde tiempos remotísimos. Aunque desde antiguo en esta zona se producía pan y vino (trigo y vid), en la Edad Moderna la agricultura sonserrana se decantó hacia el monocultivo de la vid. |
| Debido a esta tradición vitícola, los campos de la Sonsierra se hallan sembrados de unas construcciones populares llamadas guardaviñas, casillas de granjería o chozos. Es raro el viñedo de cierta importancia que no posea una. Servían para dar cobijo a los guardas y para proteger de las inclemencias del tiempo (frío o calor excesivo) a los viticultores. |
| Su estructura es a base de planta cuadrangular o circular, y una falsa cúpula a base de hiladas que se aproximan. Las de planta cuadrangular o rectangular abundan en la parte oriental de la Sonsierra, y las de planta circular, en toda la zona. Muchas se realizaron en mampostería, y pocas en sillarejo y sillería, concretamente algunas de la zona oeste. En la zona oriental, el uso del sillar se redujo a la puerta o los esquinazos. |
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| Hay noticias documentales de que ya se levantaban en el siglo XVI con el nombre de cabañas. Sin embargo, su estructura con falsa cúpula cubriendo un pequeño edificio de planta circular o cuadrada, hace pensar en un origen antiquísimo (estas estructuras ya aparecen en Mesopotamia, Asia Menor, Chipre, Micenas, etc...). Del análisis de las fechas inscritas en los ejemplares conservados, que suelen ubicarse grabadas en el dintel de la puerta, se deduce que proliferaron en la segunda mitad del XIX, a partir de 1867 sobre todo, porque en ese año la filoxera provocó la ruina de los viñedos franceses, y permitió el auge de los riojanos, que se convirtieron de repente en grandes exportadores. |
| Muchas de estas construcciones han desaparecido porque el trazado de nuevos caminos así lo ha requerido, o porque al contar los viticultores con modernos medios de transporte, no se consideran necesarias y rara vez se restauran. Como noticia anecdótica, podemos añadir que en 1564 los chozos de Viana se utilzaron para alojar a los apestados. |