poemas - Alfredo Gómez Gil

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Selección de "Los poemas de Shakespeare"

Sí, aquellos sublimes sonetos inspiraron estos versos.


De LOS SONETOS DE SHAKESPEARE de Alfredo Gómez Gil. Editorial EDAF. Madrid-México-Buenos Aires. Edición bilingüe.

Versos de AGG. La numeración es la del soneto de Shakespeare correspondiente.

Del Soneto XVIII


 


Me voy a comprar un día primaveral,


y cueste lo que cueste, después de disfrutarlo


venderé a cualquier precio y a cualquiera


haciendo, de esta suerte, útil mi filantropía.


 


Alquilaré también una estratosfera


y me regalaré con vientos apacibles,


dejaré de competir con los luceros


y fumaré tus besos junto al muro


 


No ajaré insomne tu pijama, ni morderé


la almohada poseída evitando


el tallado inesperado de la piedra


 


Y así taraceando poemas


transcurriré el lapso de tu eclipse


mascando relajado el chicle de tu ausencia.


 


Del Soneto XLIX


 


Claudicaré al don de tu cerebro,


mis lóbregos pies ya los tienes sometidos,


y en el cimbreo de tus caderas


resentiré el vil arriendo que di a las mías.


 


Nada que ver la amapola con cizaña


en el intrincamiento de nuestro pegujal.


El tiempo de marchitas estaciones


fue quien lo clausuró yermo.


 


Pero de oro es el trigo y rubia la cebada


aunque ambos se encuentren separados


enraizados entre cales y caliza.


 


Si un nuevo amor


se desliza improvisándote el albergue


no es razón para dejar de amar al otro antiguo.


 


Del Soneto LXII


 


Quererse a sí mismo es evangelio


El decálogo insiste en que hay que amarse.


La vida sin amor no es de recibo


Por lo cual me refresco, me peino, me celebro


 


con deliciosos platos y exquisitos vinos,


excluyo el acrílico de mi fino vestuario


exitosamente edito mis cuitas y venturas


y soy destinatario desde el barrito hasta el trino.


 


Todo en mí está colmado de hermosura


tanto y tanto que al meditarlo creo


que debería repartir el superávit


 


ya que con los años los excesos caducan,


así que siendo tiempo ahora


lo pongo sin reserva a tu cuidado.


 


Del Soneto XCVIII


 


Cuando no estás me sobra oriente


abril paréceme un osario


mayo, médano cúspide


junio, un estanque pestilente


 


Aunque tú no estás y esté contigo


permanece la estación tan apagada


que a ciegas el tacto no se atreve


a buscar la ranura de tu aliento


 


Una halitosis floral se ocupa de tu ausencia


inundando el desabastecimiento de asideros,


estrangulando bestialmente la remembranza.


 


En este penitente acomodo


sigo, y continúo tenazmente


deshojando sincopadas margaritas.


 


Del Soneto XCIX


 


Eres la perfección que trata de imitarse


 


Corta la venta de tu sobresalto grácil;


obvio que la compra la tienes conseguida.


Borrascas y huracanes a tu brisa amainan,


siguiéndote según les marques la secuencia.


 


A la airosa aspiración mueven a emularte


cursis ególatras coetáneos clásicos.


Lo que a Coco inspirabas Saint Laurent fue recortando


para Versace tardíamente entornar siluetas.


 


Victorio & Lucchino semicoloristas


desfilan lo que a Armani intrigaba


fumigándole a Chloé y Gaultier los talones


 


Y tanto Adolfo como Calvin remozan


que las intermitentes burguesas de pasarela


la vida se ofrecerían por ensombrecerte.


 


 Del Soneto CIV


 


Nacer, crecer, amarnos; y en brioso proceso


enamorarnos. Vivir la juventud adentrarnos


en nuestros gentiles búcaros continuarnos


irnos descubriendo y plácidamente revocarnos


 


Seguir con alegría, jamás volvernos


en el mediodía acariciarnos,


de la inopinada ingratitud consolarnos,


del indeleble destino externo cobijarnos


 


Por el húmedo atardecer resguardarnos,


de la templada emoción sonreírnos,


en la imprevista fatalidad abrazarnos


 


Mediado el interlunio sentirnos redamándonos


poniendo el ayer en presente recordándonos


y entre arrugadas manos, esperándonos.


 


Del Soneto CVII


 


Los tronos no tienen corazón


son simple caoba muerta, ennegrecida


esmaltada de piedras usurpadas


enjaretada en vil exterior carcoma


 


Los tronos por guardados que se tengan


se asientan en palacios combustibles


protegidos por robustos puentes de amianto


que por el roce del tiempo siembran cáncer.


 


Por el contrario los cetros son flexibles,


se pueden traspasar de mano a mano


al pecho descubierto que por mérito los gane


 


Yo voy labrando el cetro con gran tiento


para poder transmitirlo cuidadosamente


a tu título de orfebre consagrado.


 


Del Soneto CIX


 


No llegué tarde, llegué a mi tiempo.


Destierra de tu mente la demora


consistente en un lapso de vacío


donde la cintura descansaba puntual.


 


No hay retraso que pueda adelantarse;


al contrario, si aceleramos la estrella


podríamos tropezarnos con sorpresas


que hundiesen la bóveda de nuestra arquitectura


 


Nunca es tarde, el letargo es subsistencia numeraria


aunque el reloj marque en tu ábside su capricho,


tanto el trígono como el sol no comprometen.


 


Nunca me alejé, siempre me tuviste


en el beso limpio circunfuso, a la hora


de tus pechos sin frontera ni aduana.


 


Del Soneto CXVIII


 


Decidió asolarse de mundo en bosque,


escrutar la verdad que agita a los mortales


y para alcanzarla en suprema mansedumbre


arrestose piadoso en grave ayuno


 


Su trascendental meditación siguió


a la par que la complexión se iba consumiendo


y captó que voluntad sola no valdría


si por su abstinencia moría el cuerpo.


 


Tú eres mi verdad y por ella puse


mi regazo a enfermar


hasta que la debilidad me dio el castigo


 


Esta inanición cual fiel presagio


de mi abstracción logré consejo:


La verdad no necesita de ayunos ni alimentos.


 


Del Soneto CXXVIII


 


Tus dedos, floral primavera de mi otoño,


ébano corrido de suaves colinas


van alargando y encogiendo praderas


allá donde los mansos se redimen


 


Tus dedos, pequeños felinos juguetones


a empujones desmadejan


la hendida cima de mi empequeñecido monte


galopando dulcemente sus abiertas sinuosidades


 


Tus dedos, rebuscadas filigranas alfareras


estilizan la montaña, anegan la estepa


mientras la nieve acompasa los suspiros


 


Tus dedos, alabastro de ojivas carmesí


mantienen un tímido rigor entre las mías …


mis manos, no, tus manos, tus manos.


 


Del Soneto CXXXV


 


Paso de espaldas que sonrían al volverse


de ojos maliciosos con guiños de veneno


de gestos mancornados con desdedados puños


de jarras en mi pub brindando socavones ….


 


… Si tú eres puerto yo soy bocana,


no puedo negar el atraque a ningún velero


que a la dársena arribe, arríe sus velas


y abarloe en tu dique si lo quieres


 


Mediste bien la eslora y el apremio,


convendría evitar se rompan las estachas


ya que observo pantalanes muy cargados.


 


Por mucho que balizas destrocen la amura


y hayamos de dragar el lecho luego


me basta que seas tú mi puerto y yo bocana.


 


Del Soneto CXXXVII


 


Agarrándome de nuevo el fuero me grito,


me insulto los espasmos, los vomito,


me muerdo la clavícula y me desdento


trato de amordazarme el alma, y ahí no llego.


 


Reto a las galaxias, las esputo


y les ajordo ¡Guarras, embusteras


del seráfico orgasmo, alcahuetas!


¿Por qué me escogisteis de verdugo?


 


La ajusticié y ella era inocente


Debíase a otros códigos, otras penas;


Previsión vuestra era virtud en su cultura.


 


Redacté con tinta imborrable de la historia


en su escabroso apéndice, la sentencia contra


quien jamás cupiera ni cayese en desacato.


 


Del Soneto CXLIII


 


En mi caso la edad no proporciona la andadura,


tanto queda reducida por la tuya


que si en la campiña triscando no la alcanza


en sentimental desdecir, sí de infancia quedé fornido


 


Por ello empírica devota en tu deporte


entrenas y aspiras al máximo de trofeos


sin que arredre el ilícito esteroide


donde el prestigio gana de la fama grima.


 


Tus plantas sólo tienen de caucho las sandalias,


hoy los materiales mejoraron. Cuidado


con la forma de pisar en luengas pistas


 


A esta consideración me comprometo, para


en un campo de golf, próximo al estadio, esperarte


copando hoyos hasta que termines la olimpiada.