Del Soneto XVIII
Me voy a comprar un día primaveral,
y cueste lo que cueste, después de disfrutarlo
venderé a cualquier precio y a cualquiera
haciendo, de esta suerte, útil mi filantropía.
Alquilaré también una estratosfera
y me regalaré con vientos apacibles,
dejaré de competir con los luceros
y fumaré tus besos junto al muro
No ajaré insomne tu pijama, ni morderé
la almohada poseída evitando
el tallado inesperado de la piedra
Y así taraceando poemas
transcurriré el lapso de tu eclipse
mascando relajado el chicle de tu ausencia.
Del Soneto XLIX
Claudicaré al don de tu cerebro,
mis lóbregos pies ya los tienes sometidos,
y en el cimbreo de tus caderas
resentiré el vil arriendo que di a las mías.
Nada que ver la amapola con cizaña
en el intrincamiento de nuestro pegujal.
El tiempo de marchitas estaciones
fue quien lo clausuró yermo.
Pero de oro es el trigo y rubia la cebada
aunque ambos se encuentren separados
enraizados entre cales y caliza.
Si un nuevo amor
se desliza improvisándote el albergue
no es razón para dejar de amar al otro antiguo.
Del Soneto LXII
Quererse a sí mismo es evangelio
El decálogo insiste en que hay que amarse.
La vida sin amor no es de recibo
Por lo cual me refresco, me peino, me celebro
con deliciosos platos y exquisitos vinos,
excluyo el acrílico de mi fino vestuario
exitosamente edito mis cuitas y venturas
y soy destinatario desde el barrito hasta el trino.
Todo en mí está colmado de hermosura
tanto y tanto que al meditarlo creo
que debería repartir el superávit
ya que con los años los excesos caducan,
así que siendo tiempo ahora
lo pongo sin reserva a tu cuidado.
Del Soneto XCVIII
Cuando no estás me sobra oriente
abril paréceme un osario
mayo, médano cúspide
junio, un estanque pestilente
Aunque tú no estás y esté contigo
permanece la estación tan apagada
que a ciegas el tacto no se atreve
a buscar la ranura de tu aliento
Una halitosis floral se ocupa de tu ausencia
inundando el desabastecimiento de asideros,
estrangulando bestialmente la remembranza.
En este penitente acomodo
sigo, y continúo tenazmente
deshojando sincopadas margaritas.
Del Soneto XCIX
Eres la perfección que trata de imitarse
Corta la venta de tu sobresalto grácil;
obvio que la compra la tienes conseguida.
Borrascas y huracanes a tu brisa amainan,
siguiéndote según les marques la secuencia.
A la airosa aspiración mueven a emularte
cursis ególatras coetáneos clásicos.
Lo que a Coco inspirabas Saint Laurent fue recortando
para Versace tardíamente entornar siluetas.
Victorio & Lucchino semicoloristas
desfilan lo que a Armani intrigaba
fumigándole a Chloé y Gaultier los talones
Y tanto Adolfo como Calvin remozan
que las intermitentes burguesas de pasarela
la vida se ofrecerían por ensombrecerte.
Del Soneto CIV
Nacer, crecer, amarnos; y en brioso proceso
enamorarnos. Vivir la juventud adentrarnos
en nuestros gentiles búcaros continuarnos
irnos descubriendo y plácidamente revocarnos
Seguir con alegría, jamás volvernos
en el mediodía acariciarnos,
de la inopinada ingratitud consolarnos,
del indeleble destino externo cobijarnos
Por el húmedo atardecer resguardarnos,
de la templada emoción sonreírnos,
en la imprevista fatalidad abrazarnos
Mediado el interlunio sentirnos redamándonos
poniendo el ayer en presente recordándonos
y entre arrugadas manos, esperándonos.
Del Soneto CVII
Los tronos no tienen corazón
son simple caoba muerta, ennegrecida
esmaltada de piedras usurpadas
enjaretada en vil exterior carcoma
Los tronos por guardados que se tengan
se asientan en palacios combustibles
protegidos por robustos puentes de amianto
que por el roce del tiempo siembran cáncer.
Por el contrario los cetros son flexibles,
se pueden traspasar de mano a mano
al pecho descubierto que por mérito los gane
Yo voy labrando el cetro con gran tiento
para poder transmitirlo cuidadosamente
a tu título de orfebre consagrado.
Del Soneto CIX
No llegué tarde, llegué a mi tiempo.
Destierra de tu mente la demora
consistente en un lapso de vacío
donde la cintura descansaba puntual.
No hay retraso que pueda adelantarse;
al contrario, si aceleramos la estrella
podríamos tropezarnos con sorpresas
que hundiesen la bóveda de nuestra arquitectura
Nunca es tarde, el letargo es subsistencia numeraria
aunque el reloj marque en tu ábside su capricho,
tanto el trígono como el sol no comprometen.
Nunca me alejé, siempre me tuviste
en el beso limpio circunfuso, a la hora
de tus pechos sin frontera ni aduana.
Del Soneto CXVIII
Decidió asolarse de mundo en bosque,
escrutar la verdad que agita a los mortales
y para alcanzarla en suprema mansedumbre
arrestose piadoso en grave ayuno
Su trascendental meditación siguió
a la par que la complexión se iba consumiendo
y captó que voluntad sola no valdría
si por su abstinencia moría el cuerpo.
Tú eres mi verdad y por ella puse
mi regazo a enfermar
hasta que la debilidad me dio el castigo
Esta inanición cual fiel presagio
de mi abstracción logré consejo:
La verdad no necesita de ayunos ni alimentos.
Del Soneto CXXVIII
Tus dedos, floral primavera de mi otoño,
ébano corrido de suaves colinas
van alargando y encogiendo praderas
allá donde los mansos se redimen
Tus dedos, pequeños felinos juguetones
a empujones desmadejan
la hendida cima de mi empequeñecido monte
galopando dulcemente sus abiertas sinuosidades
Tus dedos, rebuscadas filigranas alfareras
estilizan la montaña, anegan la estepa
mientras la nieve acompasa los suspiros
Tus dedos, alabastro de ojivas carmesí
mantienen un tímido rigor entre las mías …
mis manos, no, tus manos, tus manos.
Del Soneto CXXXV
Paso de espaldas que sonrían al volverse
de ojos maliciosos con guiños de veneno
de gestos mancornados con desdedados puños
de jarras en mi pub brindando socavones ….
… Si tú eres puerto yo soy bocana,
no puedo negar el atraque a ningún velero
que a la dársena arribe, arríe sus velas
y abarloe en tu dique si lo quieres
Mediste bien la eslora y el apremio,
convendría evitar se rompan las estachas
ya que observo pantalanes muy cargados.
Por mucho que balizas destrocen la amura
y hayamos de dragar el lecho luego
me basta que seas tú mi puerto y yo bocana.
Del Soneto CXXXVII
Agarrándome de nuevo el fuero me grito,
me insulto los espasmos, los vomito,
me muerdo la clavícula y me desdento
trato de amordazarme el alma, y ahí no llego.
Reto a las galaxias, las esputo
y les ajordo ¡Guarras, embusteras
del seráfico orgasmo, alcahuetas!
¿Por qué me escogisteis de verdugo?
La ajusticié y ella era inocente
Debíase a otros códigos, otras penas;
Previsión vuestra era virtud en su cultura.
Redacté con tinta imborrable de la historia
en su escabroso apéndice, la sentencia contra
quien jamás cupiera ni cayese en desacato.
Del Soneto CXLIII
En mi caso la edad no proporciona la andadura,
tanto queda reducida por la tuya
que si en la campiña triscando no la alcanza
en sentimental desdecir, sí de infancia quedé fornido
Por ello empírica devota en tu deporte
entrenas y aspiras al máximo de trofeos
sin que arredre el ilícito esteroide
donde el prestigio gana de la fama grima.
Tus plantas sólo tienen de caucho las sandalias,
hoy los materiales mejoraron. Cuidado
con la forma de pisar en luengas pistas
A esta consideración me comprometo, para
en un campo de golf, próximo al estadio, esperarte
copando hoyos hasta que termines la olimpiada.