NC Nº22 La constitución
La Constitución española de 1978 a 1998

El triunfo de la reforma pactada

Alberto Arregui

Hace 20 años, el 6 de diciembre de 1978, se sometía a referéndum el texto de la Constitución, la Ley, que con variaciones mínimas, se ha mantenido como Carta Magna hasta la fecha. A pesar de todas sus limitaciones el pueblo la vio como el acta de defunción del franquismo lo que hizo que fuera aprobada mayoritariamente en todo el Estado español, a excepción del País Vasco, donde fue rechazada, por su marcado carácter españolista.

Su elaboración supuso un intenso debate en el seno de la burguesía, así como en el movimiento obrero y en las fuerzas nacionalistas. Debate que no ha trascendido a lo que se llama la opinión pública, a la que se le ha presentado siempre como un texto de consenso que satisfacía los intereses de toda la sociedad. Hoy en día el debate vuelve a situarse en un primer plano, como consecuencia de la incapacidad de la Constitución de dar respuesta a las aspiraciones democráticas de las nacionalidades. Pero es también la ocasión de decir que hay muchas más aspiraciones que niega la Constitución, tanto democráticas como sociales. Un texto que está muy lejos de las ideas que los partidos obreros defendían en la lucha contra la sangrienta dictadura de Franco. Nosotros no luchábamos por restaurar la monarquía y consolidar un sistema capitalista, si alguien en el PCE o en el PSOE hubiese defendido esto, lo que luego se hizo, hubiese sido tomado por un bromista con muy mal gusto, sin embargo fue lo que se plasmó en la Constitución. ¿Por qué? ¿Qué representa la Constitución de 1978? ¿Es necesario luchar por su reforma?

Sólo se puede entender esto entendiendo la Transición, pues es el resultado legal de la misma. Es la consecuencia lógica de la "transición pactada" en vez de la ruptura democrática, de la aceptación de los planes de Suárez, de los Pactos de la Moncloa, la permanencia de los cuerpos represivos, la renuncia a la justicia contra los culpables de los múltiples crímenes de la dictadura.

Se produjo el dilema entre dos concepciones políticas, una que daba el protagonismo a la lucha, y otra que se lo daba a la clase dominante. Una parte importante de los dirigentes de la izquierda aceptaron que la libertad nos la daba la monarquía y su gobierno, de forma irónica esto suponía aceptar un grado de legitimidad al franquismo, del que provenían ambas instituciones.

Las mentiras de la historia

Probablemente la mayor mentira sobre la que se asienta la interpretación de la sociedad en que vivimos, es aquella que afirma la neutralidad de la historia, la objetividad de las crónicas que relatan e interpretan los hechos pasados sobre los que se asienta la realidad presente. La historia de la sociedad, lo explicaron Marx y Engels, no es sino la historia de la lucha de unas clases sociales contra otras... y todos estamos implicados en ella. Aquellos que toman partido por la clase dominante lo ocultan tras advocaciones a "la imparcialidad histórica", "el bien común por encima de banderías" o "el sentido común", arrancando las plumas del pavo de Navidad antes de meterlo al horno en defensa de la indudable comunidad de intereses entre el ave y los comensales.

Toda ley, tiene un carácter de clase, es decir, está pensada para favorecer los intereses de una clase social determinada, lo que es incompatible con la defensa de los intereses de la otra clase en conflicto. Dentro de ello pueden darse muchos grados de parcialidad dependiendo de la correlación de fuerzas en la sociedad, pero no varía su esencia. Para decirlo más claramente, una ley que permite los desorbitados beneficios de la Banca privada, no puede ser al mismo tiempo una ley en beneficio de quienes proporcionamos esos beneficios a los banqueros al vernos obligados a acudir a ellos debido a la escasez de nuestros recursos económicos, lo que permite que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres más pobres.

Por supuesto desde la antigua usura, a la actual regulación legal de los tipos de interés, media un gran trecho que no ha impedido que los banqueros actuales amasen fortunas inimaginables para el shakespeariano "mercader de Venecia".

Nuestra Constitución va de la usura histórica del franquismo a la regulación legal de los beneficios de los poderosos en una tímida democracia, pero su carácter de clase no cambia en absoluto, su defensa del régimen burgués, del capitalismo, no deja ninguna duda. Por tanto, y para empezar, quienes somos socialistas no podemos sentir reflejadas nuestras aspiraciones de transformación social en esta Constitución.

Otra gran mentira, generalmente aceptada, es la que nos dice que nuestros derechos existen gracias a las leyes que los reconocen. Es justamente al revés: algunos de nuestros derechos son recogidos por las leyes porque ya estaban conquistados en la práctica. Las leyes los regulan los acotan, y los limitan lo más posible. Así sucede con la libertad de expresión, manifestación, asociación... que eran una realidad mucho antes de que la Carta Magna fuese promulgada. Incluso las primeras elecciones se dieron antes de tener una constitución, en junio de 1977. Eso sí, las normas electorales estaban hechas para garantizar el triunfo de la derecha, que asegurase su mayoría en el proceso constituyente (ver Nuevo Claridad nº16). Para no dejar ningún cabo suelto, se planteó una segunda cámara, el Senado, que podía bloquear lo que decidiese un hipotético Congreso de izquierdas, y en cuya composición contaba con 40 senadores de designación directa por el rey. Así que la monarquía preconstitucional dejaba claro su papel.

La Constitución deja sentados los principios básicos que interesaban a la clase dominante, como la economía capitalista, la propiedad privada, la monarquía, la "unidad indisoluble de la patria"... pero en lo que se refiere a los derechos democráticos y sociales, como el derecho a la vivienda y el pleno empleo, se queda en una declaración de principios que no compromete a nada, dependiendo de la política que se lleve a cabo y del desarrollo legislativo.

Ruptura democrática o reforma pactada

Para explicar el porqué del apoyo masivo en el referéndum al texto constitucional sería necesario profundizar en el análisis del proceso de la transición, pero podemos decir que en esencia se debió a que los dirigentes de los partidos obreros aceptaron los planteamientos del reformismo franquista, frente a la idea una ruptura democrática. Eso suponía la aceptación de la reforma del franquismo que impulsaba Suárez. No era ni mucho menos lo que Franco había previsto, pero tampoco era aquello por lo que habíamos luchado. Se trataba de reformar lo imprescindible para mantener los privilegios de la clase dominante y del aparato del Estado creado por el franquismo.

Es muy significativo lo que ha dicho en este sentido Gabriel Cisneros, uno de los ponentes de la Constitución representando al partido de Adolfo Suárez, la UCD, que antes fue franquista, al afirmar que sin "la ley de reforma política nada hubiera sido posible" (El País. 27/11/98).

La izquierda había rechazado en su día dicha ley que fue sometida a un referéndum amañado sin garantía de ningún tipo, ya muerto Franco, pero bajo una dictadura monárquica. Pero en la práctica los dirigentes del PSOE y del PCE aceptaron los presupuestos básicos de Suárez, lo que garantizó el triunfo de éste en las primeras elecciones, pues aparte de haberlas amarrado, aparecía como el protagonista de las libertades. Así la monarquía y su gobierno adquirían un protagonismo que usurpaban a quienes habían luchado con enormes sacrificios contra una dictadura de la que los ahora demócratas habían formado parte.

Los dirigentes de los partidos de izquierdas, aún a costa de crisis internas que llevaron a la pérdida de militancia, y en el caso del PCE a una crisis constante, aceptaron los planteamientos de la derecha en el proceso constituyente : la monarquía, la bandera, el capitalismo, la renuncia al derecho de autodeterminación...

Pero no era un hecho aislado, en octubre del 77, el PSOE y el PCE, con el apoyo de la dirección de CCOO (que no de sus bases), y la oposición en solitario de la UGT, firmaron los famosos Pactos de la Moncloa, que consistían en aceptar que el peso de la crisis económica recayera sobre los hombros de los trabajadores aceptando el desempleo masivo y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. En muchas ciudades se celebraron manifestaciones contra los pactos que los trabajadores veían como una traición a sus intereses. Santiago Carrillo, a la sazón Secretario General del PCE, fue el mayor adalid de los pactos diciendo que eran una fórmula "para resolver la crisis en dieciocho meses". Como en tantas otras cosas la historia le negó la razón, confirmando lo que habíamos dicho quienes nos opusimos a estos pactos, como fue el caso de Nuevo Claridad.

La redacción de la Constitución de 1978 se realizó bajo las premisas políticas de la derecha que ya habían sido aceptadas para la legalización del PCE, en las normas de las elecciones de junio del 77, en los Pactos de la Moncloa... Así las condiciones del ejército, respecto a la negación del derecho de autodeterminación también fueron aceptadas.

El rechazo al franquismo

¿Por qué en el referéndum obtuvo tan gran apoyo el texto constitucional? En primer lugar hay que decir que, obviamente, los ciudadanos no leyeron y debatieron este texto, sino que se guiaban por lo que dijeran sus representantes políticos. Pero además el factor decisivo fue el ansia de libertad. Lo más importante para las masas era romper con el pasado de la odiada dictadura de Franco e impedir la vuelta atrás. Por muy limitada que fuese la Constitución era mejor que la dictadura, además los dirigentes decían que era la Constitución más progresista posible, "una de las más avanzadas del mundo". Y, en cualquier caso, reconocía los derechos democráticos esenciales. Considerando esto, y sin otra alternativa que la vuelta a la dictadura es lógico que se apoyase la Constitución, como es lógico que Suárez ganase las elecciones con el certificado de demócrata que le otorgó la izquierda.

La frustración de los sectores más comprometidos en la lucha se plasmó en un índice de abstención nada despreciable. Pero el "Sí" era la postura mayoritaria, el "No" se relacionaba con los fascistas, con lo que desde una postura crítica de izquierdas no cabía esa opción, no se trataba de algo tan sencillo como "Sí" o "No", era y es más complejo; por supuesto que había que romper con la dictadura pero se debía haber defendido una alternativa de clase y democrática frente a la derecha, en este terreno el consenso significaba lisa y llanamente aceptar en lo fundamental la postura de la burguesía española. Se trataba de toda una concepción política enfrentada que no encontró eco en los dirigentes de izquierdas. Un referéndum es algo limitado a aceptar o rechazar, en realidad en este caso era una trampa, incluso en Euskadi el rechazo a la Constitución no se expresó a través del voto negativo sino de la abstención.

Podemos decir claramente que en el País Vasco fue rechazada, y es fácil de comprender, pues para el pueblo vasco el derecho de autodeterminación era un componente esencial de las libertades democráticas tanto como cualquier otro en el resto del Estado. Debía haber sido así para todos, pues estos 20 años de experiencia nos demuestran el error tan tremendo que fue aceptar una Constitución que no reconocía este derecho, y lo hemos pagado en todo el Estado español con un conflicto en Euskadi que ha tenido graves consecuencias, y que ahora de nuevo pone sobre el tapete la necesidad de reconocer el derecho de autodeterminación de los pueblos para dar paso a una vía de solución del problema. No es que la Constitución se haya agotado en el terreno autonómico, sino que ya nació viciada al no reconocer un derecho democrático fundamental. A diferencia de lo sucedido en el conjunto del Estado español en las cuatro provincias vascas el sí no alcanzó el 50%, lo que en esas condiciones de presión para votar sí, la respuesta a la llamada a la abstención hecha por los nacionalistas y una parte de la izquierda revelaba que la mayoría rechazaba la limitación a las libertades impuesta en la Constitución. Si la izquierda hubiese tenido una postura más audaz hubiésemos podido evitar años de sufrimiento y de errores políticos. La Constitución de derechas sólo podía aprobarse con los votos de la izquierda, era la prueba definitiva de la renuncia a las ideas socialistas por parte de los principales dirigentes de los partidos de la izquierda. Para muchos la política derechista de los gobiernos de Felipe González cuando llegó a la Moncloa en 1982, fue una sorpresa, no lo fue para quienes habíamos sufrido ese proceso viendo que el respaldo sin reservas a una Constitución monárquica, burguesa, continuista, que negaba derechos como el de autodeterminación, era el certificado del fin de un periodo. Se renunciaba a la transformación socialista de la sociedad, se aceptaba la adaptación al sistema capitalista con una democracia limitada que recuperaba una forma de Estado medieval, reconociendo la inmunidad absoluta del Rey, restableciendo una forma de jefatura de Estado hereditaria... y eso lo hacían quienes se llamaban socialistas y comunistas.

En realidad empezaba una nueva etapa, la de tratar de levantar de nuevo el programa de transformación socialista de la sociedad, que había sido arrojado a la papelera. La experiencia de los gobiernos del PSOE desde el 82, fueron la prueba de que no se había tratado de una renuncia táctica al programa socialista, sino que muchos se "habían convertido" al liberalismo, a pesar de la mayoría aplastante de su triunfo electoral, los dirigentes del PSOE no hicieron nada por transformar la sociedad en un sentido socialista, sino que como proclamó Felipe González, consideraban el capitalismo "el mejor sistema posible".

Ahora este análisis del proceso histórico queda confirmado cuando vemos que los dirigentes del PSOE asumen la Constitución como algo intocable. Entonces decían que era "lo máximo que se podía conseguir", para justificar su apoyo a un texto que creaba frustración entre la izquierda, ahora dicen que es lo mejor posible. Se niegan a su reforma en temas que niegan los derechos democráticos de las nacionalidades e impiden la construcción de un Estado federal basado en el reconocimiento del derecho de autodeterminación de los pueblos, ¡podían poner la mitad del empeño en defender derechos constitucionales como el pleno empleo! En realidad lo único que revelan es su abandono de las ideas socialistas y su irredento españolismo.

En IU se ha abierto un debate muy interesante acerca de la necesidad de reformar la Constitución, especialmente en lo que se refiere a la posibilidad de reconocer el derecho de autodeterminación y construir un Estado federal. Es una buena ocasión para llegar más lejos y plantearse también la lucha por la transformación social, proclamando nuestra oposición al sistema capitalista que consagra la Constitución.

La reforma política que se reflejó en el texto legal aprobado el 6 de diciembre de 1978 fue la consecuencia de una dura lucha. Ahora cuando se comprueba la incapacidad del sistema político y económico de dar satisfacción a las demandas democráticas y sociales la discusión fundamental no es la propuesta de textos alternativos, sino encontrar el camino que lleve a lucha por transformar la sociedad, sólo de esa lucha surgirá una nueva realidad.

 

El punto de vista de Nuevo Claridad en 1978

nº 37 noviembre de 1978

"El día 6 de diciembre se votará la nueva Constitución. Todos los dirigentes de los principales partidos de la clase obrera han pedido un "Sí" masivo. Por otra parte, los enemigos viscerales de la clase obrera, los microbios venenosos como Fuerza Nueva, están organizando una campaña ruidosa intentando desesperadamente empujar hacia atrás a la sociedad, para volver a la edad de la barbarie.

Pero estos intentos contrarrevolucionarios están condenados al fracaso de antemano. Tras 40 años en los que España se convirtió en una inmensa cárcel para todos, salvo para una panda de parásitos fascistas, sostenidos por los banqueros, terratenientes y grandes monopolistas, la clase obrera y todo el pueblo, anhela la Libertad.

Sin embargo, muchos trabajadores, en el momento de la verdad, no ven nada clara la cuestión de la Constitución. Los dirigentes del PSOE y del PCE hacen hincapié en los puntos positivos que se ha logrado incluir en el texto constitucional. E, indudablemente, cualquier trabajador reconocerá que, en comparación con lo que había antes, estos puntos representan un cierto avance. Por lo tanto, lo más probable es que la gran mayoría va a votar "Sí".

No obstante, cuando los dirigentes del PSOE y del PCE insisten en lo buena que es esta constitución para ellos, Nuevo Claridad, voz de la izquierda marxista de los socialistas, se ve en la obligación de recordarles unas cuantas cosas.

En primer lugar, los logros, todavía inadecuados y parciales que recoge esta Constitución, no se han conseguido gracias a la política de pactos y "consenso" en las Cortes, sino que los hemos conquistado nosotros, los trabajadores, mediante nuestras luchas y movilizaciones durante las últimas décadas.

En la guerra entre las clases sucede algo parecido a lo que pasa en las guerras entre las naciones(...) Cuando los estrategas de la burguesía ven que la correlación de fuerzas de clase les es desfavorable, ordena una retirada táctica. Pero (...) ceden el mínimo terreno posible, dejando detrás de sí campos minados, trampas y trincheras, para impedir nuestro avance. Ésta, y no otra cosa, es la auténtica explicación de la Constitución y de la reforma de Suárez. (...)

1.- ¿Por qué se necesita una segunda Cámara, elegida de una forma poco democrática, sino para boicotear en el futuro una legislación progresista proveniente de unas Cortes socialistas?

2.- ¿Por qué se mantiene una Monarquía con importantes poderes de reserva, sino para servir, en un momento determinado, como punto aglutinador de todas las fuerzas de la reacción para destruir las conquistas democráticas de la clase obrera?

3.- ¿Cómo podemos evitar que el problema de las nacionalidades se convierta en una úlcera sangrienta, con consecuencias catastróficas para todos, cuando se niega tajantemente el derecho de autodeterminación?

4.- ¿Quién nos va a garantizar el cumplimiento de los derechos incluidos en la Constitución cuando se mantiene prácticamente intacto a todo el viejo aparato burocrático militar y a los cuerpos represivos heredados del franquismo?"

 

Nuevo Claridad nº 37 noviembre de 1978

1º Época