Nuevo Claridad Nº22
Editorial

Unidad de la izquierda,

una necesidad

Francisco Frutos, nuevo secretario general del Partido Comunista, ha reiterado un llamamiento a la unidad de la izquierda frente al PP. Esta unidad se muestra cada día como una necesidad objetiva ante un Gobierno que ha conseguido que un tercio de los contratos de trabajo sean temporales, en un país donde los costes laborales son un 16% más baratos que la media europea.

Las más recientes encuestas dan al PP una ventaja sustancial sobre el PSOE. Según las mismas, si ahora se celebrasen las elecciones generales, obtendría una mayoría holgada en el Parlamento, cercana a la absoluta. Sin olvidar las limitaciones propias de las encuestas, lo cierto es que la situación política se caracteriza por un aumento de la confianza de la burguesía y sus representantes políticos. Con el 'viaje al centro' esperan tener el gobierno en sus manos otros tres o cuatro años, e incluso recuperar algunos ayuntamientos y Comunidades Autónomas en las elecciones de junio del 99. Los estrategas de la burguesía incluso están estudiando hacer coincidir las elecciones legislativas con las municipales y autonómicas para aprovechar el momento especialmente favorable para sus intereses.

La situación económica, junto con la venta masiva de las empresas estatales rentables, ha ayudado al Gobierno de la derecha a llevar adelante su política de traspaso descarado y gigantesco de recursos a los ricos. Los tres ejemplos más recientes han sido la reforma del IRPF, el regalo de 1,3 billones de pesetas a las grandes compañías eléctricas y la reducción del precio del dinero al 3,5%.

En el primer caso será el 1% de los declarantes, los que ganan más de 10 millones de pesetas, los que se quedarán con el 20% de la reducción de este impuesto. Coincidiendo en el tiempo se recorta el dinero destinado al desempleo en cientos de miles de millones.

En el segundo, con la excusa de que las eléctricas van a perder dinero con la liberalización del sector, se les 'compensa' con 1,3 billones de pesetas que pagaremos los de siempre con un aumento en el recibo de la luz.

Y por último, la reducción del precio del dinero ya han dicho que no irá acompañada de un descuento equivalente en el precio que pagamos por las hipotecas o los créditos, con lo que, una vez más, los realmente beneficiados por esta medida serán los bancos que comprarán el dinero mucho más barato y seguirán vendiéndolo al precio de antes.

La crisis de la izquierda

Es triste leer en la prensa declaraciones del Secretario General de CCOO advirtiendo que reivindicar unos aumentos salariales demasiado elevados perjudicaría a los parados. Todo ello porque UGT proponía adaptar las subidas salariales a los incrementos de productividad. Si se aceptan los mismos argumentos que da cualquier representante de la patronal Cómo vamos a defender los intereses de los trabajadores?

No es sorprendente que se estén abriendo grietas entre las direcciones de UGT y CCOO, que hasta ahora habían participado de la misma política de acuerdos con el Gobierno del PP, pues es imposible seguir con está política que ha permitido que la patronal viva una época de beneficios espectaculares, mientras se está explotando a los trabajadores como no se veía en muchos años. Es un síntoma evidente de la necesidad de un cambio radical de la política sindical que sólo está perjudicando al conjunto del movimiento obrero y a los propios sindicatos.

La dirección del PSOE sigue atrapada en un conflicto que el último acuerdo entre Borrel y Almunia tampoco soluciona, puesto que se trata de un problema político y no de una cuestión de competencias. La tregua entre el Candidato y el Secretario General, si se mantiene, amortigua la crisis pero no va al fondo del problema: una partido que se sustenta en el apoyo del voto de los trabajadores, pero que no es capaz de realizar una oposición de izquierdas al Gobierno de José María Aznar.

Izquierda Unida, sumida en este contexto de crisis del movimiento obrero, navega contra la corriente y se enfrenta a dos peligros muy serios. Por un lado, a acabar aceptando los argumentos de la burguesía y, de facto, renunciar a defender una transformación socialista de la sociedad asumiendo que el capitalismo es lo único posible. Sí se imponen estos planteamientos, recorreríamos la misma senda que el PDNI e IU acabaría defendiendo un política muy similar a quienes hoy encabezan el PSOE.

El otro riesgo, es desesperarnos y tomar la vía del sectarismo, de la resistencia numantina, de la búsqueda del culpable interior, de una quinta columna a la que cargarle el mochuelo de las dificultades y desgastarse en conflictos internos.

Ambas políticas, nos alejarían de los trabajadores, de la juventud, en particular de aquellos que más críticos son con este sistema social, cuyas consecuencias sufren. Si IU es capaz de ofrecerles una alternativa política y un cauce para pelear por transformar esta sociedad, ganará su apoyo, tanto electoral como militante.

Unidad para luchar

El PP no va a cambiar su política. Por el contrario, si la situación económica cambia de signo los recortes en los gastos sociales y de los derechos laborales de los trabajadores que han puesto en práctica hasta la fecha, no será más que el preámbulo de una política mucho más agresiva.

La única forma de acabar con esa política de 'más para los ricos' es acabar con el gobierno del PP. Pero para conseguirlo es imprescindible la unidad de acción de toda la izquierda en torno a un programa de transformación de la sociedad.

No hay que esperar a que lleguen las elecciones para llevar a cabo esa unidad de la izquierda, sino todo lo contrario. Es desde la base y la lucha como se forjará la unidad de la izquierda. A los dirigentes del PSOE hemos de ofrecerles una y otra vez, la unidad para luchar por todas aquellas medidas concretas que necesita el trabajador: las 35 horas sin reducción salarial, la eliminación de la precariedad laboral, un subsidio de desempleo para todos los parados mientras no se les garantice un empleo digno, un Salario Mínimo Interprofesional decente que cumpla como mínimo lo estipulado por la Carta Social Europea y no sea inferior a 100.000 pesetas mensuales, equiparación de todas las pensiones al SMI que reivindicamos, viviendas de protección oficial suficientes para las necesidades reales y a precios asequibles, etcétera.

Por ejemplo, es habitual en conflictos vecinales que PSOE e IU coincidan en la lucha por reivindicaciones que sienten la mayoría de los vecinos. Es una buena muestra de cómo la propia práctica empuja a una unidad de acción frente a la derecha.

La dirección actual del PSOE no quiere la unidad de la izquierda para aplicar esa política por que cree que esas medidas son inviables, dado que aceptan el punto de vista de la burguesía, y no le hace ninguna gracia depender del apoyo de IU. Por eso hace aspavientos e ignora todas las propuestas que IU le ha hecho desde hace años para ponerse de acuerdo frente al PP. En realidad, antepone sus intereses partidistas a los del conjunto de los trabajadores.

Un apoyo a IU es la mejor manera de lograr un Gobierno realmente de izquierdas a condición de dejar claras dos cosas, predicando con el ejemplo siempre que haya ocasión: primero, que a la hora de investir nuevos gobiernos  -En ayuntamientos, comunidades o en el Parlamento del estado- no se va a permitir gobiernos del PP por acción u omisión de IU; y segundo, que no se va a dar un cheque en blanco a los dirigentes socialistas. Todo aquello que beneficie a los trabajadores se apoyará y todo lo que les perjudique, se rechazará, explicándolo públicamente.

Una política de unidad de la izquierda no implica renunciar a la crítica y a defender un programa propio, todo lo contrario, puesto que así se correría el riesgo de acabar atrapados en una política al servicio de intereses ajenos al movimiento obrero. IU tiene que explicar que el único medio por el que un gobierno de izquierdas puede resolver de forma definitiva los problemas que hoy agobian a la mayoría de la sociedad y garantizar un futuro digno para todos, es mediante la planificación democrática y racional de los recursos económicos en beneficio de la mayoría de la población. Hay que rechazar con argumentos que el capitalismo sea el único sistema posible, y demostrar que es necesario socializar los cinco grandes grupos bancarios privados y las cincuenta grandes empresas que facturan más de 100.000 millones de pesetas al año, para poner toda esa riqueza que es producto de una labor colectiva al servicio de todos. Si esos grandes recursos no están en manos del Estado, serán ellos los que determinen la política que deben seguir los gobiernos. En esas circunstancias, cualquier gobierno de izquierdas acabará administrando la miseria y desilusionando a las masas.

La experiencia demostrará a la mayoría de la clase obrera que no sólo hay que echar al PP del Gobierno, sino que es necesario lograr una sociedad socialista.