NC Nº22 XV Congreso del Partido Comunista de España
Por problemas de calendario en el cierre de la edición, este artículo, como podrá deducirse de su lectura, fue escrito antes de la celebración del XV Congreso del PCE. Sin embargo, los temas que aborda mantienen su relevancia y su actualidad al entrar en el análisis de los retos a los que se enfrentan los comunistas, por tanto su publicación está plenamente justificada, a la espera de un estudio del propio Congreso en una futura publicación.

XV Congreso del Partido Comunista de España

Un relevo, dos opciones

Marga Ferré y Gerardo del Val

Miembros del Comité Federal del PCE

El Partido Comunista de España (PCE) celebra este mes de Diciembre su XV Congreso. Habitualmente, los Congresos de los partidos comunistas sirven para la ratificación de sus direcciones y la reafirmación de sus posturas políticas (como ocurre en muchas otras organizaciones; no es ninguna originalidad comunista). Pero hay excepciones a esta regla y varios factores apuntan a que este Congreso no va a ser "normal".

En esta ocasión el combate de ideas tiene como escenario visible la batalla interna, en la que dos modelos de organización compiten; eso sí, sin parecer del todo opuestos. Dos formas de entender la organización de un partido comunista que se presentan bajo un "Congreso de Unidad", que ya no se cree nadie y que, aunque aparezcan como dos posiciones parecidas en las formas y objetivos, son contrapuestas en el fondo y en la estructura.

El PCE se encuentra en este Congreso, nuevamente, ante una bifurcación de caminos; se ve, otra vez, ante la necesidad de elegir; se sitúa, como en otros momentos de su historia, en una disyuntiva disfrazada en la que todo parece lo mismo, pero en la que nada es igual. Para poder explicarlo, es imprescindible hacer referencia a dos peculiaridades del PCE y a una situación excepcional.

La mayor característica del PCE (y que le confiere un matiz diferenciador respecto de otros partidos comunistas europeos) es su propia historia. Y es que la historia de este partido no ha sido nada fácil: fue la única organización que combatió sin tregua, durante más de 40 años, la dictadura de Franco. Ha sido una fuerza política y organizativa que germinó y creció en una situación permanente de excepción, con una historia de lucha antifascista que tiene rasgos de epopeya histórica y que ha convertido al Partido en un orgullo para sus militantes. Hablamos de una organización que resistió 40 años de clandestinidad; y esto, que es una ventaja, tiene también sus inconvenientes: junto al orgullo con el que sus militantes miran al PCE, se mezcla en muchos de ellos un elemento irracional de defensa visceral de todo lo que signifique la bandera roja, la hoz y el martillo, la defensa de la cultura comunista (de los PP.CC., evidentemente), el recuerdo constante del pasado glorioso...todo ello convergiendo en unas posturas de involución, sectarias, que hace que "alerten", con mayor o menor eco, de los peligros desviacionistas que en este momento, según ellos, está viviendo el PCE. Esta ha sido una tendencia que siempre ha vivido dentro el Partido: el temor a que se pierdan las esencias si se abren "demasiado" a nuevas formas de hacer política, un temor que ha ido cogiendo fuerza en los últimos años a medida que se alejaba el fantasma de la caída del Muro. Y este sector tiene un modelo muy claro de organización: Más partido y menos o nada de IU. Desgraciadamente, este "más" partido sólo se corresponde con más parafernalia formal y disciplina ciega.

La segunda peculiaridad a la que se hacía referencia se llama Izquierda Unida (IU). Es un sentir generalizado en la izquierda española el entender que la creación, en 1986, de una organización política que agrupó a muchos partidos, fue un acierto. Nuevamente, en aquel momento estaba el PCE, sumido en una crisis sobre su existencia que habría de durar varios años. Lo que en un principio era una coalición de partidos (entre los que el PCE era mayoritario) se fue convirtiendo, con el paso del tiempo, en algo más. Hoy, Izquierda Unida se define a sí misma como un movimiento político y social en los que actúan partidos, grupos de opinión y miles de personas independientes que militan en un proyecto que se ha convertido en la tercera fuerza política del Estado Español.

Para muchos militantes del Partido Comunista, Izquierda Unida es un proyecto estratégico en el que creen y en el que vuelcan la mayor parte de su militancia activa. Esto, que es una ventaja, tiene a su vez inconvenientes: si en el Estado Español hoy, el trabajo político de la izquierda se realiza a través del ente superior y aglutinador que supone Izquierda Unida, ¿qué incentivo puede tener para sus militantes la existencia del PCE, al modo de un partido comunista tradicional?

Esta simple y complicada pregunta fue el eje central del anterior Congreso, el XIV, en el que el PCE optó decididamente por ceder gran parte de su soberanía para fortalecer lo que entendía que era un instrumento plural y común de la izquierda española, como era el proyecto de IU. Hoy las cosas no están tan claras. El interrogante sobre qué papel debe jugar un partido comunista integrado en otra organización superadora, sigue abierto. Un sector importante del PCE apuesta por moderar la capacidad operativa del Partido en beneficio de IU. Y esto, evidentemente, implica otra forma de organizar las cosas.

Probablemente esta disyuntiva sobre fortalecer un Partido Comunista de la forma más tradicional o fortalecer Izquierda Unida como eje del proyecto del PCE, no se hubiera dado si no se presentara de cara a este XV Congreso, una situación excepcional: la elección de un nuevo Secretario General.

Julio Anguita ha sido el Secretario General de los comunistas españoles durante 10 años y bajo su mandato, durante mucho tiempo indiscutido, la unidad del Partido fue gestándose en torno a su discurso político. Hace 4 años, en el XIV Congreso, Anguita anunció que no se iba a presentar a la siguiente reelección pero, aunque se supiera con tanta antelación, la "batalla" por la sucesión o, mejor dicho, por el cambio en la dirección, no se ha abierto hasta este año.

Ha sido precisamente durante este 1998 cuando se han preparado los materiales para discutir en este XV Congreso y, en ellos, puede vislumbrarse claramente esas dos formas antes citadas de entender la organización. Procurando no abrir crisis y evitando enfrentamientos, los redactores de los documentos han intentado conjugar ambas posturas en una especie de cuadratura del círculo y han elaborado unos materiales en los que los aspectos políticos y estratégicos han pasado a un segundo plano (sólo se presentan dos textos breves y genéricos sobre el fin del mundo bipolar y el proyecto comunista para el siglo XXI) y en los que se priorizan los aspectos organizativos del PCE y su relación con Izquierda Unida y con el sindicato CCOO (en el que milita gran parte de la afiliación del PCE) .

A priori, podría decirse que el candidato que sale mejor situado es Francisco Frutos (mano derecha de Anguita durante años), pero ya se han producido varios conatos o "amenazas" de presentar a otro candidato que representa a las tendencias más involucionistas dentro del Partido.

Probablemente, este sector no gane la Secretaría General, pero sí tiene fuerza suficiente como para negociar más miembros en la nueva dirección, lo que podría tener repercusiones tanto en IU como en las relaciones sindicales y con los nuevos movimientos sociales.

El Partido Comunista de España es un partido que ha ido perdiendo militancia y calidad de militancia. No es un partido fuerte. No se presenta a elecciones y ha cedido su capacidad de interlocución con la sociedad a IU; esto, sumado a la desorientación que ha tenido su dirección en cuanto a las funciones que debía ejercer, lo han debilitado mucho en el aspecto organizativo y en la estructura interna. En momentos así, siempre surgen salvadores. Esperemos que el XV Congreso del PCE sirva para desarrollar con valentía un proyecto anticapitalista abierto y plural, IU, así como para , al menos, empezar a reconsiderar un modelo organizativo obsoleto y paralelo al de IU. En suma, constituir más y, sobre todo mejor partido, que sus delegados sean capaces de librarse de viejos temores y nuevos salvadores, para seguir avanzando, junto con el conjunto de hombres y mujeres de izquierdas, en el camino hacía el fin de todas las opresiones y el ideal de la justicia. Y en este proceso son importantes los comunistas que están en el PCE y los que no están ...todavía.