El Euro y la Unión Europea
El Euro y la Unión Europea
Un proceso subordinado a los intereses de las multinacionales
Hace falta un programa reivindicativo común para el movimiento obrero europeo

Javier Jimeno
Ejecutiva IU/EB Navarra

El 1 de enero de 1999 ha entrado en funcionamiento el Euro en su vertiente fundamental, la paridad fija de todas las monedas de los países que se han adherido a la moneda común. Dentro de 3 años, el Euro, dará su paso definitivo al convertirse en la moneda única en circulación en manos de los ciudadanos.

Durante años, los trabajadores han tenido que escuchar que era necesario realizar innumerables sacrificios para lograr este objetivo. Los sueldos debían crecer poco para garantizar la competitividad de las empresas y los objetivos de inflación. Los presupuestos del Estado debían reducirse para converger según los criterios de Maastricht, afectando de manera fundamental a los gastos sociales e inversión pública. El mercado laboral se tenía que «flexibilizar», mediante sucesivas reformas laborales orientadas a la precarización del empleo (solo en cuatro años las empresas de trabajo temporal han pasado de la nada a ocupar a más de 1 millón de trabajadores), llegando la eventualidad a más del 32’4% de la población activa en el caso del Estado español, lo que equivale 4’3 millones de trabajadores.
Sin embargo, para lograr acceder al Euro, los sacrificios no han sido iguales para todos. Las empresas y los bancos han aumentado sus beneficios de manera ininterrumpida en los últimos cuatro años, y los especuladores han amasado enormes fortunas en las bolsas.
¿Cambiará esta injusta distribución de los sacrificios con la puesta en funcionamiento del Euro? Todo indica que no. Más bien al contrario. La Unión Europea tal como se esta desarrollando va ha suponer un incremento generalizado no solo de las desigualdades sociales, sino también de las territoriales.
Y no puede ser de otra manera, pues la razón de fondo que ha impulsado la Unión Europea es la tremenda lucha existente por los mercados a escala internacional.
Hace años las burguesías europeas, sobre todo la alemana y francesa, comprendieron que su capacidad para competir en el mercado mundial con EEUU y Japón era muy débil si cada economía lo hacia por su cuenta.
Esto se ve de forma clara comparando la distribución del comercio mundial y el peso de cada moneda en estas transacciones:

    Distribución Comercio Mundial:
    UE (11 países euro) ........   20.9%
    USA...............................  19.6%
    Japón.............................   11.1%

    Participación Monedas en las
    transacciones comerciales  
    Dólar................................ 47.6%
    Marco..............................  15.5%
    Yen..................................  11.1%
    (fuentes: comisión europea, banco de pagos internacionales y OCDE)

La posición de dominio de Estados Unidos en la economía mundial, queda reflejada por su capacidad de hacer de su moneda nacional (la reserva federal americana es la encargada de su emisión) la moneda principal en el comercio mundial. Si ante esto la posición de Alemania con el marco es débil, podemos imaginar en que situación quedan el franco, la lira, la peseta, etc....
Para la mayoría de los trabajadores, las diferentes cotizaciones de la monedas entre si tiene una importancia pequeña en nuestra vida cotidiana, pues solo lo notamos cuando vamos a otros países, realizando unos gastos limitados. Pero en operaciones de miles de millones, pequeños cambios de cotización pueden llegar a significar la diferencia entre beneficios o pérdidas, entre lograr colocar un producto en otro mercado a un precio competitivo o no poder hacerlo.
Fundamentalmente para las multinacionales, grandes industrias nacionales y sector financiero, la creación de un área económica con más de 292 millones de habitantes, que representa el 15% del PIB mundial, en la cual la única moneda de referencia es el Euro, supone un instrumento de primera magnitud a la hora de proteger este mercado interior e intervenir en los mercado exteriores.
Pero el Euro también tiene otras consecuencias de las cuales se van a derivar enormes perjuicios para los trabajadores. Algunas de ellas son:
1.- Al existir una moneda única la competencia entre las diversas empresas y sectores industriales, entre los diversos países que forman el área Euro, se va a regular mediante  las inversiones en mejoras tecnológicas y de organización de la producción, la reducción de los costes de producción incrementando la productividad mediante la reducción del empleo, y la contención salarial.
Al utilizar la misma moneda economías con diversos grados de desarrollo, las más débiles (que utilizaban el tipo de cambio como instrumento defensivo frente a las más desarrollada) o bien no podrán competir (cierre de empresas no competitivas) o bien tenderán a sobrevivir supliendo su baja productividad por una reducción de costes de producción a través del incremento de la explotación de los trabajadores (menos trabajadores, más horas de trabajo, y bajos salarios).
Todo esto se agrava por las «directivas europeas en defensa de la competencia» que limitan drásticamente a los gobiernos nacionales poder intervenir desde el sector público para ayudar a empresas en crisis.
2.- Se establece una moneda común, pero no existe un presupuesto común digno de tal nombre. El presupuesto de la unión europea para el periodo 2000-2006 tiene un techo fijo para todo el periodo del 1,27% del PIB comunitario. Esto que puede querer decir poco se entiende mejor si comparamos la Unión Europa y USA en términos de gasto público: en USA el presupuesto del Gobierno Central representa el 26% del gasto público total. El presupuesto del Gobierno común Europeo representa el 2% del gasto público total.
Esto quiere decir, simple y llanamente, que en el actual modelo de construcción europea se renuncia expresamente a desarrollar un política que permita combatir las desigualdades entre los diferentes Estados miembros. Con el agravante de que, en base los criterios de estabilidad económica, los diversos Estados están obligados a mantener sus déficits públicos por debajo del 3% del PIB, tendiendo hacia el equilibrio presupuestario.
Nuevamente tenemos criterios comunes, para realidades económicas diferentes. Así, mientras países, económicamente fuertes, con un alto grado de asistencia social pueden hacer frente a la situación, países con enormes carencias se ven limitados a la hora de destinar recursos a urgentes necesidades sociales.
3.- Para agravar más la situación, el reparto de ese escaso 2% del gasto público comunitario, se va a hacer de forma muy regresiva. En ayudas a la agricultura el presupuesto va a pasar, según la agenda 2000, de 46.050 millones de euros en el 2000, a 51.610 millones de euros en el 2006. Este presupuesto va a beneficiar a un 5 o 6% de la población europea, de los cuales el 20% de los agricultores con renta más elevada absorberán el 80% de la subvenciones. No es ninguna casualidad que en este segmento de la población se concentra buena parte del voto conservador europeo. Un ejemplo nos lo brinda la duquesa de Alba que se lleva 1.000 millones de pesetas cada año.
Por otra parte, los fondos estructurales y de cohesión, destinados fundamentalmente al desarrollo de las regiones con rentas más bajas, se van a reducir de 35.600 millones de euros en el 2000, a 31.430 millones de euros el 2006.
No es ninguna casualidad que una vez iniciada la puesta en marcha del Euro las burguesías de las economías más desarrolladas, sobre todo la burguesía alemana, quieran cambiar el destino de estos programas. Para los países que forman ya parte de la zona euro las «leyes del mercado único» se encargaran de asignar los recursos. Esto es, la ley de la selva, los fuertes sobrevivirán y los débiles caerán.
El objetivo es orientar estos fondos hacia las economías «emergentes» el Este de Europa, favoreciendo así el desarrollo de sus mercados para mayor beneficio de las grandes corporaciones industriales y financieras de Europa Occidental. Como un giro así no se puede realizar de manera brusca, el transvase se irá haciendo de forma progresiva en el periodo 2000-2006.
4.- Quizás el problema más preocupante, por ser una incógnita, son las llamadas «crisis asimétricas». Tras este nombre se esconde el problema de cómo pueden afectar factores económicos exteriores a Europa, sobre la zona euro, dado que no todos los países que la forman tienen la misma estructura económica.
Por ejemplo, un incremento inesperado en el precio de petróleo (hoy imprevisto, pero siempre posible) afectará mucho más a Portugal, cuya dependencia del crudo asciende al 70% de la energía final, que al resto de países que como media representa el 40% de la energía que consumen.
Otro ejemplo, el 30% de las exportaciones de Irlanda van al Reino Unido que no forma parte del Euro y mantiene su propia moneda, la libra. Si Londres devalúa la Libra respecto al Euro, la exportaciones de Irlanda se verán seriamente dañadas, afectando al conjunto de su economía.
También la crisis asiática y latinoamericana tampoco afectan de la misma manera a todos los países de la zona euro. En Estados Unidos, las crisis regionales se tienden a compensar tanto por la vía de ayudas del presupuesto central (en Europa es muy pequeño) y por la gran movilidad geográfica de su población (algo complicado en Europa por los distintos idiomas).
Pero lo que es más grave, es que nadie sabe cómo puede afectar una recesión generalizada en Europa, que tarde o temprano se producirá (no somos agoreros, son la consecuencia inevitable de la forma de funcionar del sistema capitalista) sobre los diversos países y regiones. Esta este es una razón fundamental por la cual no se puede afirmar que la implantación del Euro no sea reversible.
5.- El Banco Central Europeo se ha creado, formalmente independiente de los gobiernos nacionales, con plenos poderes para fijar la política monetaria respecto al Euro. Con el objetivo fundamental de evitar procesos inflacionistas.
Sin embargo su independencia es más que dudosa pues toda su configuración se ha realizado a imagen y semejanza del Bundesbank alemán, ¡curiosamente el país económicamente más fuerte de Europa! Y, por otra parte, no encontramos nuevamente con el problema de intentar desarrollar una misma política monetaria para economías reales diferentes.
Todo el problema de la construcción europea se resume, para los trabajadores, en que todo esta pensado y subordinado a los intereses de las multinacionales, grandes grupos industriales y sector financiero.
En este sentido el principal problema de la clase obrera europea es, que mientras la burguesía ha unificado buena parte de sus mecanismos de dominio sobre la economía, los trabajadores estamos divididos, dado que tanto las organizaciones políticas como sindicales de la izquierda tiene unas direcciones que, aunque formalmente se coordinan (CES, Grupo Socialista Europeo, Izquierda Unida Europea), atienden más a intereses nacionales que a una verdadera política de clase común que una a todos los trabajadores por encima de las fronteras.
Una Carta Social Europea, en la cual se establezca una salario mínimo común y obligatorio, una legislación laboral común en la cual se incluya la reducción de jornada necesaria por ley para repartir el empleo, unos derechos sociales básicos europeos, debería constituirse en plataforma reivindicativa en torno a la cual movilizar a todo el movimiento obrero europeo.
La presente situación tiene dos caras, a corto plazo la Unión Europea ha fortalecido a la burguesía y debilitado al movimiento obrero, pero tarde o temprano los trabajadores europeos por su experiencia comprenderán la necesidad de la unidad de acción internacional lo cual hará de la clase obrera europea una fuerza enormemente poderosa capaz de lograr todo lo que se plantee.
Una Europa unida, con una moneda única, solo será beneficiosa para los trabajadores si va acompañado de una política socialista común. Esto es, que el Banco Central Europeo este bajo el control democrático de los trabajadores, que la banca privada sea nacionalizada, así como los sectores industriales estratégicos, para lograr así una verdadera planificación económica europea, basada en la satisfacción de las necesidades sociales, garantizando un desarrollo armónico territorial.