Proceso de paz en Euskadi
Proceso de paz en Euskadi
La tregua no es irreversible
Urgente necesidad de medidas políticas

Javier Jimeno y Koldo Usín
Miembro de la Ejecutiva de IU/EB de Navarra y parlamentario de IU/EB en el Parlamento vasco, respectivamente.

Cuando se conoció la noticia de que ETA declaraba una tregua indefinida (que no es lo mismo que definitiva), un gran alivio se apoderó de la mayoría de la gente de bien en todo el Estado español. Sin embargo hoy, el proceso de paz, que debería estar acompañando a dicha declaración, se encuentra bloqueado aun antes de comenzar. Y lo que es más grave da la impresión de que la dinámica de polarización y enfrentamiento político sobre esta cuestión parece fuera de todo control.

Se suele decir que el reconocimiento de las razones de un problema implica gran parte de su solución. Siguiendo esta idea pretendo dar mi opinión sobre las razones que bloquean el proceso de pacificación.
La tregua de ETA planteó, desde su misma declaración, dos interpretaciones no solo diferentes sino totalmente enfrentadas. De una parte, quienes pensamos que asistimos a una tregua derivada de una combinación de factores, entre los cuales los más importantes son: la presión social contra el terrorismo, la escasa capacidad de respuesta de HB tanto frente al encarcelamiento de su mesa nacional, como ante el cierre de Egin, las crecientes dudas en el seno del Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) sobre a donde les conduce su política sectaria y de apoyo incondicional a ETA, la influencia del proceso irlandés y el abandono de la lucha armada por parte del IRA, y la presión policial e internacional.
En este contexto, el PNV percibe unas condiciones favorables para lograr convencer a los sectores decisivos de la dirección de ETA y el MLNV de que intenten probar a defender sus posiciones políticas sin la utilización del terrorismo.
Desde este punto de vista, el proceso emprendido por ETA y el MLNV es reversible, por cuanto depende de las conclusiones que del mismo vaya sacando su base social de apoyo.
Por otra parte, el Gobierno del PP saca otras conclusiones. Un sector decisivo del PP, encabezado por Mayor Oreja, piensa que la combinación de la contestación social a ETA, sobre todo desde el asesinato de Miguel Angel Blanco, y la acción policial, podía terminar con la organización armada, obligándola prácticamente a una «rendición incondicional». Para quienes piensan así, el actual proceso les tiene que desesperar, pues ETA se les está «escapando de las manos» bajo la cobertura de los partidos firmantes de la declaración de Estella, y fundamentalmente el PNV.
Si, como piensa Mayor Oreja, lo que está haciendo ETA es intentar sacar provecho de su supuesta «definitiva derrota», se entiende porqué el PP se mantiene en una posición inflexible.
Sin embargo, el PP se olvida de que cuando ETA estaba en plena campaña de asesinatos de concejales de su partido y UPN, los sondeos electorales solo daban un ligera bajada de HB, conservando el grueso de su apoyo electoral, y Jarrai conseguía reunir en Oyarzun, la pasada Semana Santa, más de 10.000 jóvenes durante varios días. Parece ilógico pensar que una organización armada, que conserva un importante apoyo social y cuenta con una amplia base para nuevos reclutamientos entre la juventud, sea una organización prácticamente derrotada.
Esta primera discrepancia, conduce a la segunda. Unos pensamos que ETA es la expresión más sectaria y violenta de un problema político, lo cual en ningún caso implica justificar sus acciones. Temas como el derecho a la autodeterminación, o las relaciones entre la CAV, Navarra e Iparralde (País Vasco-francés) son cuestiones políticas sin resolver que ETA ha utilizado como bandera para justificar su lucha armada. Aunque ETA desapareciese definitivamente, estos problemas seguirían presentes.
Sin embargo el PP rechaza frontalmente este análisis, pretendiendo separar lo inseparable, el proceso de pacificación y las cuestiones políticas.
Cuando ETA actuaba, estos temas eran indiscutibles pues suponían ceder al chantaje terrorista. Ahora, que estamos en tregua, tampoco son discutibles porque sería ceder bajo la amenaza del retorno de ETA a las armas. Y mañana tampoco serán discutibles, aunque ETA desapareciese, porque contravienen el marco constitucional.
El problema de fondo es que la tregua de ETA ha vuelto a sacar a la luz, con gran virulencia, el histórico enfrentamiento entre el nacionalismo español y el vasco.
Este enfrentamiento se agrava en la medida que los «dos gallos se encuentran en el mismo gallinero». La locura de ETA ha permitido que, por primera vez en la historia reciente, la derecha española, representada por el PP, ha conseguido una fuerte base social en la CAV (en Navarra siempre la ha tenido a través del «navarrismo»), en competencia directa con el nacionalismo vasco.
El avance electoral del PP en la CAV le permite «jugar» con amenazas, junto con Unidad Alavesa, de llegar a plantear la segregación de Álava de la CAV, un ataque directo a la línea de flotación del nacionalismo vasco. Y aunque el PNV tiene muchos intereses comunes con el PP en el modelo de sociedad que defienden, el enfrentamiento entre ambos sobre quien es el dueño indiscutible del «corral» vasco, puede llegar muy lejos.
Este choque frontal entre estos dos nacionalismo, está creando un peligrosa situación fuera de control. El PNV ha basado toda su estrategia, respecto a la pacificación, en intentar atraerse al MLNV hacia sus posiciones, aprovechando la crisis ideológica de este movimiento respecto a su radicalismo de izquierdas, tras la crisis de los países del este, y moderando su independentismo radical en el marco de la construcción europea.
Probablemente el PNV esperaba que la consecución del objetivo de lograr el final de ETA hiciese que el PP no adoptase un actitud tan dura como la que ha adoptado. Pero, en la medida que los ataques a todos los pasos que esta dando el PNV están siendo brutales desde el nacionalismo español, la iniciativa en el seno del nacionalismo vasco la está tomando el MLNV.
Es cada vez más obvio que en el PNV, tal y como se están desarrollando las cosas, las discrepancias internas aumentan. Pero ¡cuidado!, si el PNV llegase a romperse bajo la presión del PP y PSOE por un lado, y la del MLNV por otro, la situación política y social vasca sería explosiva.
Es posible que en un momento u otro, el vértigo de ver fracasar el proceso de paz y la posible vuelta de ETA a la acción, haga que la situación se intente reconducir mediante un acuerdo entre el PNV y el PP (quizás tras las próximas elecciones municipales). Pero el peligro es que «quien ha sembrado vientos, puede terminar recogiendo tempestades» fuera de control. Los procesos sociales que se están desencadenando no se regulan como el agua con un grifo.
Pretender volver al escenario anterior a la tregua, conformando nuevamente el llamado «bloque democrático» en torno a las mesas de Ajuria Enea, Madrid y Pamplona, frente al MLNV, implicaría el final de la misma. Probablemente un sector de ETA y el MLNV «tirarían la toalla», pero otro se radicalizaría enormemente ratificándose en que el único camino posible para plantear sus reivindicaciones es la violencia más extrema. Con el agravante de que en la sociedad vasca quedará la duda sobre si este escenario se podía haber evitado, y sobre quienes son los responsables del mismo.
Esta perspectiva sólo puede no preocupar a aquellos que piensan que en un escenario así, la acción policial puede terminar con el problema, lo cual es una locura.
La cuestión no es ceder o no frente al chantaje terrorista. La cuestión es como generar las condiciones sociales y políticas para que el terrorismo deje de tener apoyo social.
Una de las cosas que más echamos en falta en el actual proceso, es la intervención de la izquierda de forma independiente respecto tanto al nacionalismo español del PP, como del nacionalismo vasco. Desgraciadamente la dirección del PSOE ha optado por tomar partido claramente a favor del PP, quedando IU en solitario frente a una situación que la desborda.
La posición de IU es muy incomoda, por cuanto recibe de un lado y de otro, pero también es potencialmente decisiva si es capaz de ofrecer un discurso claro y diferenciado de ambos bloques.
 
 
 

Ejes para una política independiente de la izquierda en el proceso de pacificación

1.- Exigir la inmediata puesta en marcha de acciones puntuales que consoliden el proceso de pacificación, como :
a) Acercamiento de presos. Esta medida no debería entrañar dificultades, por cuanto no se trata de una excarcelación generalizada, pero tendría un impacto muy positivo tanto sobre los presos, como sus familiares y amigos, los cuales representan un sector muy influyente en el seno del Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV). Su esperanza o frustración respecto al proceso de pacificación puede ser determinante respecto al éxito o fracaso del mismo.
b) Aplicación de la legislación vigente en lo referente al cumplimiento de la tres cuartas partes de las condenas y la excarcelación de los presos con enfermedades incurables.
c) Excarcelación de la mesa nacional de Herri Batasuna. No es admisible que los juzgados por el caso GAL estén en la calle, y los antiguos dirigentes de HB sigan en ella.
d) Reapertura de las instalaciones de Egin.

Estas medidas están justificadas como respuesta clara a la tregua indefinida por parte de ETA para eliminar argumentos a quienes en el seno del MLNV piensan que es necesario volver a la actividad armada.

2.- Sobre la kale borroka o el llamado «terrorismo de baja intensidad».
Se deben condenar claramente estas acciones por cuanto sólo sirven para justificar al PP su intransigencia en el proceso de pacificación. Hay que rechazar los argumentos de que nada puede avanzar sin la previa condena de esta violencia por parte de EH. El enfoque es el contrario, en la medida que avance el proceso de pacificación la acciones violentas irán perdiendo justificación incluso en las propias filas del MLNV.
Aunque los dirigentes del Euskal Herritarrok tienen una gran responsabilidad en la paralización de este tipo de acciones, no debemos olvidar que 30 años de sectarismo violento no se pueden eliminar de la mente de mucha gente en 30 días.
Al igual que en la exigencia del acercamiento de presos la movilización popular es fundamental, respecto a la kale borroka también debe jugar un papel fundamental.

3.- Sobre las víctimas del terrorismo.
Deben se atendidas sus reivindicaciones, pero no pueden ser utilizadas para bloquear una solución negociada. Deben ser reconocidas como víctimas del terrorismo tanto las de ETA, como las del GAL u otras organizaciones de extrema derecha que han actuado bajo otras denominaciones. Si en el decreto que se está preparando sobre esta cuestión se van a incluir a todas las víctimas desde el año 1.968, deben ser también reconocidas como tales, las víctimas del régimen franquista y sus aparatos de seguridad (fusilamientos de Txiki, Otaegui y 3 miembros del FRAP, asesinados en Vitoria el 3 de marzo de 1976, asesinados en la semana pro-amnistía de 1977, etc.…)
Sólo puede ser legítima una condena de la violencia, si se condenan todas las violencias.

4.- Apertura del dialogo sobre las cuestiones políticas vinculadas al conflicto.
ETA ha podido sobrevivir durante 30 años porque se ha apoyado en la existencia de un conflicto político que no fue resuelto en la transición democrática.
Sin entrar en el debate sobre si la «transición democrática» fue la mejor posible o no, lo que es evidente es que frustró muchas ilusiones entre la población vasca, que se forjaron en una lucha muy dura contra el franquismo. No es ninguna casualidad que fuera en 1978, cuando ETA logró organizar un movimiento masivo de apoyo en torno a HB.
El MLNV no es un movimiento formado por decenas de miles de personas ávidas de sangre. Es un movimiento claramente independentista formado por personas que no se reconocen españolas, sintiéndose obligadas a formar parte de Estado que no es el suyo.
Esto en ningún caso hace que justifiquemos a ETA, pero, aun sin ETA, es necesario buscar una solución política a este conflicto. No se puede reconocer la libertad de poder ser independentista, como parte del derecho a la libertad de expresión y pensamiento, pero negar la posibilidad de la independencia.
La única solución democrática a esta realidad es el reconocimiento del derecho a la autodeterminación, articulado en la posibilidad legal de que tanto los ciudadanos de la CAV, Navarra e Iparralde puedan decidir mediante referéndum tanto sobre sus relaciones con el resto del Estado (incluida la posibilidad de la independencia) como las relaciones institucionales entre sí.
El argumento de que este derecho ya se ejerce en las elecciones autonómicas no es válido. La experiencia del referéndum sobre la OTAN demostró que no necesariamente es la misma correlación de fuerzas la que surge de un referéndum puntual, que de unas elecciones.
El mero hecho de empezar a hablar sobre estas cuestiones entre todas las fuerzas política sin exclusiones consolidaría enormemente el proceso de paz. Y la garantía de que cualquier decisión debe ser pasada a consulta popular elimina los argumentos del «chantaje terrorista».
Izquierda Unida debería combinar la defensa del derecho a la autodeterminación, con la propuesta de un modelo de Estado federal basado en la planificación democrática de la economía en base a las necesidades sociales, donde las diferentes nacionalidades y regiones colaborasen aportando en base a sus posibilidades y recibiendo según sus necesidades.

5.- Sobre las relaciones entre la CAV, Navarra e Iparralde y la Asamblea de Electos Municipales Vascos.
La iniciativa del Partido Nacionalista Vasco (PNV) de impulsar, tras las próximas elecciones municipales de junio, la constitución de una Asamblea de Municipios Vascos, a la cual se adhiriesen el máximo número posible de ayuntamientos de la Comunidad Autónoma Vasca, Navarra e Iparralde, va a ser motivo de discusiones controvertidas, sobre todo, conforme se aproximen las elecciones, y tras las mismas, cuando se intente poner en marcha.
El propósito de avanzar por esta vía, por parte del conjunto de las organizaciones nacionalistas vascas, PNV, EH y EA, es una tarea perfectamente legítima, pero no por ello acertada, sobre todo en lo que se refiere a Navarra.
Una de las razones que inspira esta iniciativa, es la Asamblea de Municipios Vascos que se juntó el 10 de junio de 1931 en Estella para aprobar un proyecto de Estatuto General del Estado Vasco.
En aquella Asamblea, a la que acudieron 480 de los 520 Ayuntamientos de Guipúzcoa, Vizcaya, Alava y Navarra, se acordó, por práctica unanimidad, definir al País Vasco como un estado autónomo dentro del estado español, formado por Guipúzcoa, Vizcaya, Álava y Navarra, rigiéndose cada una de sus provincias de forma autónoma, constituyéndose un Consejo General formado por 80 miembros (20 por cada provincia) y un Consejo Ejecutivo formado por 8 miembros (2 por cada provincia) con sede en Pamplona.
No es la intención de este artículo analizar las razones de fondo que condujeron a la Asamblea de Municipios de Estella en 1931, pero sí quisiéramos plantear algunas consideraciones en relación con la Asamblea de Municipios vascos que se quiere impulsar hoy.
La Asamblea de Estella en 1931 fue posible por el acuerdo coyuntural entre el PNV, muy influyente en lo que es la actual Comunidad Autónoma Vasca, y los Carlistas, cuyo peso especifico en Navarra suple la debilidad del PNV en esta comunidad. En la medida en que dicho acuerdo se rompe, en la siguiente Asamblea de Municipios en Pamplona (19 de junio de 1.932), el proyecto de Estatuto Vasco que allí se plantea sólo incluye a Guipúzcoa, Vizcaya y Álava, por cuanto la mayoría de los Ayuntamientos navarros votan en contra del mismo, reflejando el cambio de opinión de los Carlistas sobre esta cuestión.
En la actualidad, los nacionalistas vascos siguen teniendo una posición minoritaria en Navarra, los Carlistas prácticamente no existen, y las posibilidades de llegar a un acuerdo entre las organizaciones nacionalistas vascas con las fuerzas políticas mayoritarias en Navarra son muy poco probables. En estas condiciones, es imposible que pudiera reproducirse una situación, como la de 1931, en la cual la mayoría de los Ayuntamientos de Navarra se adhiriesen a la Asamblea de Municipios Vascos.
Pretender avanzar en la unificación territorial de Euskal Herria por la vía de la Asamblea de Municipios Vascos está no sólo condenado al fracaso a corto plazo, sino que esta iniciativa está llamada a provocar un profunda polarización social en Navarra.
¿A alguien le puede caber alguna duda de lo que pasará cuando algunos Ayuntamientos navarros de adhieran a la Asamblea de Municipios Vascos?, ¿cuánto tardará UPN en llamar a la defensa de «la identidad de Navarra»? Si ya en la actualidad UPN está desempolvando su más rancio navarrismo en lo que se refiere al Euskara, ¿qué no hará cuando se plantee esta cuestión?
En la mayoría de los Ayuntamientos de Navarra, en una proporción u otra, las opiniones de la población sobre la adhesión o no a la Asamblea de Municipios Vascos estarán divididas. Poniendo en marcha esta iniciativa, pasarán a estar enfrentadas.
La transformación de la Asamblea de Municipios Vascos,  en Asamblea de Electos Vascos, implica una reconsideración, por parte de las organizaciones nacionalistas vascas, de la idea original, constituyendo por el momento sólo una plataforma política unitaria de base municipal.
La normalización de las relaciones entre la CAV y Navarra es una necesidad, pero nunca se logrará sobre la base del enfrentamiento social.
Guste o no, el único camino para la unión de Navarra y la CAV sólo puede pasar por un referéndum en el cual sean los ciudadanos de Navarra los que decidan, libre y democráticamente, lo que deseen. Cuanto antes reconozca claramente el MLNV que ésta es la única vía, más fácil será que este debate se produzca sin demagogia ni fanatismo.
Pero, con referéndum o sin él, lo que siempre necesitará una solución es el reconocimiento institucional y político de que, en nuestra Comunidad, siempre habrá una parte de los navarros partidarios de la unión con la CAV, y otra que no. Lo cual nos coloca ante la necesidad de acomodar los derechos de mayorías y minorías, sin que sean excluyentes entre sí, como la única forma de que la diversidad no implique enfrentamiento.
En esta dirección, la formación de un órgano común y permanente de colaboración entre ambas Comunidades sería, en la actualidad, la mejor manera de reconocer esta diversidad de opiniones.
El empecinamiento de UPN en bloquear un organismo así, a pesar del posicionamiento favorable al mismo de la mayoría del Parlamento foral, es el reflejo de un navarrismo sectario que ve como enemigos a todos los navarros legítimamente partidarios de la unión con la CAV. Pero, desgraciadamente, en la medida en que desde el MLNV se ha apostado por un actitud también sectaria a la hora de defender la unidad territorial de Euskal Herria, ambos se han retroalimentado.
La tregua de ETA brinda un inmejorable oportunidad para la normalización de relaciones entre la CAV y Navarra. Lograrlo sería una magnifica contribución a la consolidación del proceso de paz. Pero, siendo realistas, el peligro de que este debate se utilice para fomentar la polarización social (quizás por perversos intereses electorales), podría hacer fracasar todo el proceso de pacificación.
Por otra parte, la Asamblea de Electos Municipales Vascos, es un paso más en un línea política en la cual, tras el objetivo de la llamada «construcción nacional vasca», se pretende ignorar las diferencias existentes entre políticas de derecha e izquierda. Esta filosofía es propia no sólo del nacionalismo vasco, sino también del «navarrismo» o el «españolismo», pues en todos los casos los diferentes intereses sociales se subordinan a la defensa de la «patria».
Cuando los ayuntamientos tengan que definir sus prioridades presupuestarias en temas como vivienda, urbanismo, servicios sociales, programas de exclusión social, empleo, ¿qué intereses prevalecerán en el desarrollo del proyecto de construcción nacional vasca? Históricamente los paganos de este tipo de acuerdos siempre han terminado siendo los trabajadores y los sectores más desfavorecidos de la sociedad, pues a la hora de fijar los «más altos intereses patrios» siempre suelen prevalecer los de las clases más privilegiadas de la sociedad.