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Editorial

El PP nos lleva al desastre
Hay que desenmascarar a la derecha

Cristóbal Montoro, secretario de Estado de Economía, ante el dato de que en 1998 se crearon 427.000 empleos, no dudó en declarar: «Confirma que 1998 ha sido el mejor año en la historia de la democracia española en materia de creación de empleo». Este señor ya está reescribiendo la historia enterrando aquello que no le interesa. En los años 1987 y 1989 se crearon 488.000 y 485.600 puestos de trabajo (unos 60.000 más cada año que en el 98), que sin embargo desaparecieron en su mayor parte en la recesión del 93.

La euforia que los balances económicos de 1998 ha despertado en las altas esferas del partido en el poder tuvo su fastuosa puesta en escena en el XIII Congreso-Espectáculo del PP.
Tal es el grado de autosatisfacción consigo mismos que algúnos altos cargos  deben estar a punto de creer que la historia empieza con ellos.
Es cierto que en lo que respecta a las grandes cifras, la economía española está atravesando una coyuntura más favorable de lo que los propios responsables del PP esperaban. El Producto Interior Bruto creció un 3,8% el año pasado, la inflación se ha reducido al 1,5% y el paro está por debajo de los tres millones de desempleados por primera vez en siete años.
Pero es más cierto aún que el reparto del crecimiento económico es más desigual que nunca. Mientras unos, la banca y los grandes empresarios obtienen unos beneficios desorbitados, millones de personas quedan marginadas de las mejoras que el momento favorable de la economía debería conllevar. La situación de la economía satisface a la clase dominante, pero para la clase trabajadora no hay tantos motivos para la alegría. Sigue habiendo casi tres millones de parados (2.963.400); de ellos, 581.800 trabajadores perdieron su trabajo hace más de tres años y siguen en el paro, y 749.000 jóvenes buscan su primer empleo; hay 4.322.840 trabajadores temporales (un 32,4% de la población activa); y el total de hogares en los que todos sus miembros están en paro se sitúa en 726.200. Todas estas cifras referidas al final del año 98.
La perspectiva que se abre ante las familias obreras no puede ser más preocupante. Si cuando la economía «va tan bien” como presumen, estas cifras son las mejores que nos pueden ofrecer los empresarios y su Gobierno ¿qué sucederá con los más de 4 millones de trabajadores que tienen contratos temporales cuando la economía entre en recesión? Debemos recordar lo que pasó en la última, en 1993, cuando en año y medio se destruyeron la mayor parte de los puestos creados duante el auge del 87 al 92, que fueron bastantes más de los creados en los últimos años. La recesión, que ya se está produciendo a escala internacional, tendrá consecuencias aún más duras cuando afecte de lleno a la economía española.
La primera tarea de los dirigentes del PSOE e IU debería ser la de advertir a la sociedad del callejón sin salida al que nos lleva la política económica del PP que no es otra que la del gran capital. Hoy están muy contentos y creen que las «vacas gordas” durarán siempre. Pero nos llevan al desastre y no sólo en el terreno económico o laboral: Pretenden cargarse la Sanidad pública, como han demostrado con la aprobación de las Fundaciones Sanitarias a través de las que se privatizará la gestión de los Hospitales y Centros de Salud públicos; se están cargango la Educación pública con recortes presupuestarios constantes favoreciendo la privada; se están cargando el Medio Ambiente como han demostrado también en Aznalcóllar y otros muchos puntos de la geografía española.
Sin embargo los dirigentes del PSOE no ofrecen ninguna alternativa a la política del PP. Tiene su lógica pues si piensan, como decía Felipe González «que este es el mejor de los sistemas posibles”, las diferencias con el PP terminan siendo de grado, no de fondo. En la reforma del IRPF propuesta por el PP, el PSOE no se opuso al criterio de reducir los impuestos a los más ricos, sólo en la cuantía. Mientras el PP redujo el tipo máximo del 56% al 48%, los dirigentes del PSOE defendían reducirlo «sólo” al 52%. Es difícil oponerse a la precariedad en el empleo cuando fue durante la etapa del PSOE en el Gobierno cuando se sentaron las bases de la reforma laboral.
De hecho si el PP sigue subiendo en las encuestas es fundamentalmente por esta razón. No hay una alternativa nítida enfrentada a su política. Los dirigentes del PSOE están aturdidos porque en el fondo piensan que si estuviesen el Gobierno estarían haciendo la misma política del PP. Están de acuerdo en todo lo principal: con la política respecto a la Unión Europea; con la política económica (con algunos matices); con la política ante el proceso en el País Vasco..
En ocho meses el PSOE ha pasado de tener ventaja en las encuestas de sondeo del voto electoral, tras el llamado «efecto Borrel”, a tener una enorme desventaja. Según la publicada por El País el 7 de febrero, el PP aventaja en 7,9 puntos en intención de voto al PSOE. Este cambio no se explica, en lo fundamental, por la fortaleza del PP, ni por ningún «efecto Arenas”, ni porque hayan convencido a la población de que los de derechas ya son de centro. Sólo se puede explicar por la falta de una alternativa global, por la ausencia de un programa de izquierdas, frente a la política de Aznar.
La situación de Izquierda Unida es  preocupante según el mismo sondeo. La intención de voto a IU se reduce a un 3,6%, casi la mitad que tan sólo tres meses antes. Por supuesto que IU ha mantenido posturas claramente diferenciadas en el planteamiento de algunas alternativas políticas importantes, como las 35 horas o el Acuerdo de Estella. Pero es evidente que desde la coalición se están cometiendo errores y sobre todo se está cayendo en incongruencias ante su propio electorado con demasiada frecuencia (que si estamos o nos salimos del Pacto de Estella, que si acuerdos con el PSOE o no, que si se apoya al PP para sacar unos presupuestos adelante como en el caso de la Diputación de Málaga...). Pero esto tampoco es suficiente para explicar esta desconfianza aguda del electorado de IU hacia su organización de referencia. Lo cierto es que muchos dirigentes de IU dejan traslucir que tampoco tienen un programa alternativo al del PSOE. No basta con diferenciarse en algunos puntos concretos, pero aislados, por importantes que sean. Consignas como la que han lanzado los dirigentes de IU Madrid en la campaña de presentación de sus candidatos —«(IU) Con sus gentes»— no está lanzando ninguna alternativa al sistema, al gobierno, ni a nada. Refleja un profundo vacío. Podía ser la consigna del PSOE, del PP o de una campaña de captación de clientes de un banco.
Lo que necesita la clase trabajadora, sobre todo aquellos sectores más explotados y marginados por la sociedad de beneficio privado, no es un cambio de cara en las fotos, ni un cambio de personas en los cargos públicos. Lo que se necesita es un cambio social.
Una alternativa de izquierdas ha de empezar por la denuncia implacable de todos los abusos del sistema, para desenmascarar su base clasista, y poner en tela de juicio la propiedad privada de los grandes medios de producción, origen del reparto tan desigual de la riqueza. En consecuencia dicha alternativa pasa por la necesidad de nacionalizar (devolver la gran propiedad privada a sus legítimos dueños, los trabajadores que la han creado con su trabajo) los dos grandes bancos, devolver a titularidad pública Argentaria, y democratizar el funcionamiento de las Cajas de Ahorro. Sólo así se pueden obtener los recursos necesarios para acabar definitivamente con el desempleo, con la precariedad, con los bajos salarios que obligan a echar horas extraordinarias, con las bajas pensiones y con los recortes en los gastos sociales en todos aquellos terrenos que para la burguesía no son rentables.
La unidad de la izquierda es el siguiente paso. La unidad no servir;ia de mucho si se hace para llevar a cabo el programa del PSOE cuando estuvo en el Gobierno. La unidad hace falta para luchar por los intereses de los trabajadores.