Huelga en Telefónica
Huelga en Telefónica
Grandes beneficios y nuevas reducciones de empleo
Entrevista con Xanti Hermida, miembro del Comité de Empresa de Telefónica

Domingo Echevarría

El día 14 de enero de 1999 tuvo lugar un paro de los trabajadores de Telefónica que contó con el apoyo de sus compañeros de las filiales en Sudamérica (Brasil, Argentina, Perú y Chile). Unos servicios mínimos abusivos consiguieron que apenas tuviera repercusiones sobre el servicio (salvo en averías, comercial e información). Sin embargo, la disposición a la lucha de los trabajadores quedó claramente reflejada en la asistencia masiva de la plantilla a las manifestaciones convocadas en Madrid y otras capitales. La cercanía de las elecciones sindicales (previstas para marzo) ha podido animar a las direcciones sindicales a convocar unas movilizaciones que muchos trabajadores de Telefónica hace tiempo que consideraban necesarias, pues los ataques están siendo continuos desde hace años y muchos han quedado sin respuesta. No obstante, cualquiera que sea la motivación de los dirigentes sindicales, lo cierto es que la lucha es necesaria para desbaratar los planes de la empresa. Además, una vez privatizada, queda claro que un sector tan decisivo como el de la Telefonía, para que sea un servicio público, no puede estar en manos privadas. De esta movilización hemos hablado con Xanti Hermida, miembro del Comité y de CCOO en Navarra.

¿Por qué os movilizáis los trabajadores de Telefónica ?
En los últimos años se ha venido produciendo una reducción injustificada de la plantilla, que ha pasado de ser de 75.490 trabajadores (1992) a alrededor de 55.000 a finales de 1998. En Navarra, por ejemplo, la plantilla ha pasado, en ese mismo periodo, de ser 820 trabajadores a 563 actualmente (una reducción del 30%). La Dirección, por su parte, pretende seguir por esta senda, destruyendo entre 11.000 y 13.000 empleos adicionales de aquí a finales del año 2000.
Las filiales que se han creado a bombo y platillo no sólo no han absorbido la destrucción de empleo, sino que sus trabajadores están sometidos a condiciones draconianas: contratos a tiempo parcial, eventualidad generalizada, «flexibilidad» de jornada (es decir, casi a libre disposición de las empresas), sueldos bajos… En otras palabras, sustituyendo empleo fijo y con derechos por empleo basura. Así, el servicio del 1003 (información), que se considera no rentable, ha empezado a ser externalizado y, si para diciembre del año 2000 no da beneficios, se externalizará totalmente, subcontratándolo con Estratel (filial  al 100%), cuya plantilla trabaja en precario, sin festivos y con salarios de hasta 384 pesetas la hora. Tanta explotación ha provocado ya que empiecen a movilizarse por mejorar sus condiciones laborales, con acciones como la manifestación de 600 trabajadores de Estratel en Barcelona a finales de diciembre.
Pese a ser uno de los sectores económicos de mayor crecimiento (se han invertido 3,5 billones en el mismo durante los últimos 5 años), pese a los pingües beneficios que empresas como Telefónica están obteniendo (190.000 millones netos en 1997, que habían aumentado un 15% hasta setiembre de 1998),  se destruye empleo sistemática y masivamente, aduciendo la empresa que es el resultado inevitable de la entrada de la competencia y los cambios tecnológicos, algo con lo que no estamos de acuerdo.

¿Cómo resumirías la política de la Dirección ?
Reducir costes a todo gas, empezando por el abaratamiento de los costes laborales por distintas vías. Una de ellas es la incentivación de las bajas voluntarias y las prejubilaciones de mayores de 52 años con el 70% de su salario neto, para lo que han reservado cerca de 300.000 millones de pesetas para este año y el que viene. Ahora bien, como parece que estas medidas no serán suficientes, la sombra de un Expediente de Regulación de Empleo va tomando cuerpo. Además, están concentrando en las capitales más pobladas muchas actividades, que dejan de cubrirse en las provincias pequeñas, donde aumenta la amenaza sobre el empleo. Al reducir la plantilla se producen desequilibrios, que ahora quieren solucionar mediante la movilidad funcional, geográfica y horaria, que será voluntaria en un primer momento aunque todos sabemos que acabará siendo forzosa si no cubre sus expectativas.
Otra vía es la transferencia de actividad propia tradicional a filiales y subcontratas, saltándose los compromisos alcanzados con el Comité Intercentros para paralizar las segregaciones mientras no se llegase a acuerdos sobre las mismas. Eso hicieron sin previo aviso en diciembre con parte de la atención a Comercial del Gran Público (el segmento de menor consumo) desviándola también hacia Estratel.
Finalmente, mientras redujeron las inversiones en mejora y ampliación de la red en un 14% en 1998, sus inversiones financieras, sus tomas de posiciones en Latinoamérica (Telefónica de Brasil) y en medios de comunicación (acciones Antena 3, de Onda Cero,...) crecieron un 600% el año pasado.

¿Van a continuar las movilizaciones ?
El cambio societario que está realizando Telefónica, que dejará de ser la empresa matriz para convertirse en una filial más (dedicada a la telefonía básica, el sector menos lucrativo) de un Grupo a cuya cabeza estará el núcleo directivo, ha provocado una gran preocupación en la plantilla. En consecuencia, tratamos de arrancar de la empresa un Pacto de Garantías por el que se salvaguarde los derechos y condiciones laborales que tanto nos ha costado conseguir.
Además, nuestro objetivo fundamental se centra en la negociación de un Plan de Empleo que establezca cuáles son las actividades que se van a desarrollar, cuáles las plantillas necesarias por localidades, departamentos y categorías, se limite la externalización y, en todo caso, si fuera necesario un ajuste de plantilla, que éste sea no traumático (con medidas voluntarias y pactadas),
La negociación actualmente no avanza nada, por lo que el Comité Intercentros ha decidido continuar las movilizaciones con manifestaciones, encierros y una nueva huelga el día 11 de febrero.

Finalmente, ¿cómo valoras las repercusiones de la política de liberalización-privatización en el sector de la telefonía ?
Este proceso que impulsa el Ministerio de Fomento está afectando negativamente tanto a los trabajadores del sector (pérdida y precarización del empleo) como a los usuarios del mismo. En el Estado español, donde las redes de telefonía no tienen ni la extensión ni la modernidad de la mayoría de los países de la Unión Europea, el Gobierno ha privatizado y eliminado el monopolio sin garantizar el futuro del Servicio Universal. La privatización total de las operadoras monopolistas sólo la han hecho el PP y la Thatcher en el Reino Unido. Se da la paradoja que mientras el Estado ha perdido el control de la gestión de Telefónica durante el proceso privatizador, los socios tecnológicos de Uni-2 (France Telecom) y Retevisión (Teléfonos de Italia) son dos empresas públicas.
Por otra parte, tras la apertura del mercado a la libre competencia el día 1 de diciembre de 1998, las nuevas empresas utilizan la red de Telefónica pagando unas tarifas de interconexión por debajo de la media europea,  por lo que, teniendo como tienen márgenes entre el 25% y el 85% sobre tarifas de Telefónica, tienen escaso interés en crear redes propias o en crear empleo. En realidad, se está favoreciendo a las empresas revendedoras de servicios y a las operadoras «nichos» (segmentos determinados de servicios o población).
El argumento de que la competencia iba a bajar los precios es también una ficción, pues sólo los segmentos de alto consumo (empresas) se benefician de la «guerra de ofertas» en las llamadas interurbanas e internacionales. Por el contrario, las subidas en la cuota de abono mensual y en las llamadas locales ha incrementado el recibo de una familia media entre un 20 y un 27% y ha de tenerse en cuenta que las llamadas metropolitanas son el grueso del mismo (en Navarra, por ejemplo, el 70% del tráfico telefónico).
Se puede decir, en conclusión, que peligra el futuro del servicio universal, del que pueden quedar marginadas las regiones menos desarrolladas y las zonas rurales, al considerar las empresas privadas que no son rentables. Un indicio de esta perspectiva es que los concursos de cable hayan quedado desiertos en Extremadura, Castilla La Mancha y Ceuta. En manos del mercado, de unas compañías perseguidoras del lucro, serán las empresas (tanto las del sector como las usuarias) quienes se beneficien de la liberalización de la telefonía, mientras que los trabajadores (por ser del sector y por ser usuarios) seremos los paganos.