NC24 25 Aniversario de la revolución portuguesa

25 de abril de 1974

25 Aniversario de la revolución portuguesa
La Revolución de los claveles

Jesús Mª Pérez García
Miembro del CP de IU-Vicálvaro (Madrid)

A las 00,29 horas del 25 de abril de 1974 Radio Renascenza emitía la canción prohibida «Grandola villa morena» —del cantautor Xosé Alfonso—. Es la contraseña elegida para que se ponga en marcha el plan del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) para acabar con el régimen dictatorial encabezado por Marcelo Caetano. El movimiento triunfa y en pocas horas acaba con la escasa resistencia que oponen fundamentalmente los elementos más recalcitrantes de la PIDE (policía política de la dictadura). Cae así la dictadura más antigua de las tres que se mantienen en ese momento en los países de la Europa occidental —quedan la de Franco en España, y la de los Coroneles en Grecia—.
48 años duró la dictadura de Salazar y Caetano en Portugal, pero al final cae en cuestión de horas demostrando que el proceso de descomposición interno del régimen le había dejado prácticamente sin base alguna de apoyo en la sociedad.

Causas de la revolución
La dictadura salazarista no sólo había sido incapaz de llevar a la sociedad portuguesa hasta los niveles de los países avanzados (desarrollo armónico de la industria, reforma agraria, nivel de vida de las masas...) sino que había logrado agudizar las contradicciones sobre las que se basaba el dominio de la clase dominante portuguesa hasta límites insostenibles por la población.
En 1970 la renta per capita portuguesa era de 610 dólares anuales, muy lejos de los 2.698 de los que disponía, por ejemplo, la población alemana. En el caso español la renta per cápita estaba en los 889 dólares, muy baja también con respecto a la cifra alemana pero era un 45% más que la portuguesa. Pero además la distribución de esta riqueza no podía ser más desigual: En 1973, mientras el 80% de la población más pobre recibía el 50% de la renta nacional, el 20% más rico se quedaba con el otro 50%.
El desempleo no era muy alto porque la única alternativa que tenían los trabajadores sin empleo era la emigración. En 1960 ya había 1,5 millones de portugueses repartidos por el mundo, en un país que no llegaba a los 10 millones de habitantes, fundamentalmente en los países europeos más desarrollados.
La media nacional de viviendas con energía eléctrica era del 45%. Las que contaban con cuarto de baño eran tan sólo el 20%. Es decir, 4 de cada cinco viviendas no tenían cuarto de baño. Saliendo de las áreas metropolitanas de Lisboa y Oporto las cifras eran mucho peores. En el campo, el dominio de los latifundistas era total. 448 latifundistas ocupaban más tierra cultivable que todas las demás explotaciones agrarias juntas, que sumaban 670.000. Había latifundios de hasta 20.000 hectáreas. La Reforma Agraria era una tarea pendiente que la burguesía portuguesa había sido incapaz de llevar a cabo. Esto determinaba que las relaciones de producción, sobre todo en zonas como el Alentejo, fuesen más cercanas a la servidumbre que a formas de explotación agrarias capitalistas.
Esa situación social había determinado que, a pesar de la represión ejercida por la dictadura, las luchas protagonizadas por los trabajadores de la industria, los trabajadores del campo, mineros, pescadores, estudiantes... fueran una constante que iba debilitando al régimen desde los años 50.
En los últimos años de la década de los 60 en las movilizaciones populares a las reivindicaciones económicas, sindicales y democráticas se añadió la oposición a la guerra colonial
Este fue uno de los factores que terminó arrinconando al gobierno de Caetano: Las guerras por mantener las colonias en África. Se daba la paradoja de que un pequeño país, con una población relativamente pequeña, y con un nivel de vida más cercano a muchos países del tercer mundo que a los más avanzados, era gobernado por una clase dirigente que jugaba un papel imperialista en sus colonias africanas y asiáticas. En 1961 la India se anexiona Goa, Damao y Diu, territorios portugueses hasta entonces. Ese mismo año comienza la guerra en Angola contra tres grupos guerrilleros independentistas (MPLA, FNLA y UNITA). Un año después comienzan las acciones guerrilleras del PAIGC en Cabo Verde. Y en 1964 la guerra estalla en Mozambique encabezada por el FRELIMO.
Trece años de guerra contra los movimientos de liberación nacional en sus colonias llegan a costar al Estado portugués el 50% de su presupuesto. El malestar entre la juventud es creciente. Se ven obligados a hacer un servicio militar obligatorio de cuatro años, de los que dos de ellos se cumplían en el frente de guerra, en Angola, Mozambique o Cabo Verde. El movimiento de los jóvenes que prefieren exiliarse huyendo del país, los llamados refractarios y desertores, para evitar su enrolamiento en el ejército y no tener que ir a la guerra se va extendiendo como una plaga. Llegan a ser 110.000.
El malestar y el cansancio hacia toda la situación económica, social, política y militar se va extendiendo entre todos los sectores de la población. Eso incluía las filas del ejército. Días después de la revolución, un teniente coronel, Carlos Manuel Azeredo Melo e Leme, nombrado nuevo gobernador de Madeira hace las siguientes declaraciones en una rueda de prensa a propósito del 25 de abril: «Estamos en la guerra más larga de la historia. Cuando se habla de la guerra de los cien años, fueron cuatro batallas. Nosotros tenemos una guerra de cerca de trece años. Estamos en el decimocuarto año de guerra permanente, en que todos los días muere gente en cuatro frentes de combate, y en que el enemigo utiliza armamento tan pesado como el siguiente; en el último bombardeo a Mueda, en Mozambique, cayeron sobre esta localidad cientos cohetes de largo alcance. Esto demuestra que la potencia del enemigo es extraordinaria. Nosotros no podemos, militarmente, resolver un problema que por sus características es estrictamente político».
Al descontento social que generaba la guerra, se sumaba el convencimiento, dentro del propio ejército, de que la victoria militar era imposible, tal y como reconocía expresamente el programa del MFA aprobado por unanimidad por sus delegados en una reunión del 5 de marzo de 1974, y publicado, el 30 de abril. «…los militares conscientes saben que la solución del problema ultramarino es política y no militar…».
Sin embargo el régimen era la única perspectiva que contemplaba; el mantenimiento intacto del imperio. Pero eso colocaba a la oficialidad ante un objetivo imposible y, por lo tanto, frustrante. De hecho eso hacía sentirse a la oficialidad del ejército como «chivo expiatorio» de los problemas del régimen. Si el único objetivo posible era mantener el imperio a toda costa, y el ejército era incapaz, la responsabilidad era de los mandos de las Fuerzas Armadas.
Todos los esfuerzos económicos y humanos que se hacían para impedir la independencia de las colonias no eran suficientes para conseguirlo, era un guerra inútil. Poco a poco fue cuajando la idea entre un sector de los oficiales de que la única manera de acabar con la guerra era acabar con el régimen. Es en ese contexto el que se crea el MFA que llegará a agrupar a más de 700 oficiales medios (tenientes, brigadas, capitanes, mayores...), de ahí que se le denominara «movimiento de los capitanes». Al final hasta oficiales de alta graduación, que también habían tenido experiencia en la lucha contra las guerrillas, dieron su apoyo al movimiento como fue el caso de los generales Costa Gomes y Spínola, Jefe y Vicejefe del Estado Mayor General, respectivamente.


La revolución
En la revolución portuguesa es el ejército el que da el primer paso. Esto responde a una larga tradición de pronunciamientos militares. Desde que la revolución de octubre de 1910 acabó en poco más de 48 horas con la Monarquía, y hasta el estallido del 25 de abril, se habían producido en Portugal al menos 15 revueltas, conjuras, golpes de Estado… intentonas militares en suma, unas de signo reaccionario, otras de índole más de protesta o progresista.
De todos ellos los más importantes fueron el golpe de Estado del 28 de mayo de 1926 que puso fin a la I República, y, por supuesto, el del 25 de abril de 1974.
El MFA empieza a tomar forma en 1973. El Gobierno trata de recuperar el terreno perdido en el Ejército y a través de unos decretos aprobados en julio y agosto de ese año, trata de favorecer de forma muy descarada el ingreso en la escala activa a los oficiales de milicias en detrimento de los capitanes de carrera. Esto provoca una reacción amplia entre la oficialidad consolidando el desarrollo del MFA.
El Gobierno se asusta y, tras un intento frustrado de golpe de Estado derechista, nombra a Spínola Vicejefe del Estado Mayor al tiempo que da amplia satisfacción a las reivindicaciones profesionales de «los capitanes».
Pero en febrero del 74, Spínola, con el visto bueno de su superior, el general Costa Gomes, publica el libro Portugal e o futuro que tuvo una enorme repercusión. En él defiende una solución negociada al conflicto de las colonias propugnando una Federación entre ellas y la metrópoli. La respuesta del Gobierno es una declaración de la Asamblea Nacional respaldando su política y un acto de adhesión de todo el generalato al que no acuden ni Costa Gomes ni Spínola. Son inmediatamente destituidos. Esto da alas al MFA que en marzo aprueban un programa que va más allá de las propuestas de Spínola. Propugnan el derrocamiento de la dictadura, defienden la democratización política y el derecho de autodeterminación de las colonias.
La Comisión Militar del MFA, encabezada por Otelo Saraiva de Carvalho, acelera la planificación del golpe.
En las primeras horas son ocupados los centros neurálgicos del Ejército en las principales ciudades, así como las instalaciones de la radio y la TV. La Plaza de Comercio de Lisboa, donde se centran casi todos los edificios ministeriales, se llena de carros de combate.
A las 4,20 horas el MFA emite su primer comunicado a través de una emisora de radio de Oporto. Se ciñe prácticamente a un llamamiento a todas las fuerzas militarizadas a acatar las órdenes de las Fuerzas Armadas, y a la población a la calma y a «recogerse en sus casas». Este llamamiento a la calma se repite una y otra vez.
El Almirante Américo Tomás, el Jefe del Estado, se refugia en uno de los pocos cuarteles que se mantenía fiel al Gobierno en Lisboa.
Pero a pesar de los llamamientos continuos a que la gente se quede en casa, a las 8 de la mañana ya se reúne una multitud de trabajadores en la plaza Terreiro do Paço donde hay algún intercambio de disparos entre las 10 y las 10,30 horas. También se empieza a congregar gente en la estación del Sur y Sudeste.
El secretario de Estado de Información y Turismo, Pedro Pinto, afirma en una entrevista: «Todo ha terminado».
Caetano, el Presidente del Consejo de Ministros, junto a otros ministros, se refugian en el Cuartel General de la Guardia Nacional Republicana que es rodeado por tropas revolucionarias y una enorme multitud de trabajadores. A las doce de la mañana las concentraciones en el centro de Lisboa y Oporto reúnen a decenas y decenas de miles de personas.
Son liberados los presos políticos encerrados en la sede de la PIDE.
En Oporto la policía intenta dispersar a los manifestantes. Ocurre lo contrario, la policía es disuelta por soldados y civiles juntos.
Caetano presenta su rendición a Spínola a las 16,30. En Lisboa el entusiasmo de la gente va en aumento. Todo el mundo se echa a la calle y se ocupan ventanas, árboles, y hasta los blindados y vehículos militares.
A las ocho de la tarde la multitud se acerca a la sede de la PIDE. Desde uno de los balcones esbirros de la dictadura disparan ráfagas de ametralladora. Matan a cuatro personas, y otra más morirá a consecuencia de las heridas, al día siguiente. Se mantiene el cerco e intentan escapar alguno de los agentes. La multitud exige su linchamiento. Uno de ellos, conocido por sus fechorías, intenta huir pero es abatido por los soldados. La resistencia de la PIDE dura hasta las 7 de la mañana en Oporto y hasta las 9,30 en Lisboa.
A las 11 de la mañana del 26 de abril se producen manifestaciones de júbilo por todo el país. Los trabajadores y los soldados son los dueños de la calle. Se detiene a pides fugados, se ocupan  y asaltan sedes emblemáticas de la dictadura como la Comisión de Censura o el depósito general de la Legión Portuguesa; se producen asambleas de trabajadores y de estudiantes; se libera a los presos políticos de todas las cárceles; las manifestaciones se prolongan toda la noche; el PCP ocupa el palacete de la Mocidade portuguesa Femenina (la Sección femenina local) y la sede de la Legión Portuguesa...
El día 27 a mediodía ya hay 228 pides encarcelados en el Fuerte de Caxías. El 19 de mayo ya están detenidos más de 860 pides de los 900 que se calcula que actuaban en la metrópoli.
Empiezan a volver los exiliados y deportados. El día 28 vuelve del exilio Mario Soares, el dirigente del Partido Socialista Portugués. Y el día 30 lo hace Álvaro Cunhal, secretario general del Partido Comunista Portugués.
El plan del MFA es que el Gobierno Provisional elabore una nueva ley electoral antes del 15 de noviembre y que, antes del 31 de marzo de 1975, se celebren las elecciones para elegir la Asamblea Constituyente que tendrá la misión de elaborar la nueva Constitución en un plazo de tres meses.
El 1º de Mayo las manifestaciones son grandiosas. En Lisboa se llega a hablar de un millón y medio de manifestantes. Todo el mundo está en la calle.
El 12 de mayo es disuelta la «Policía de choque». El 15, la Junta de Salvación Nacional (JSN) elige a Spínola como Presidente y el 16 se forma el Primer Gobierno Provisional en el que participan el PC y el PS. Cunhal entra como Ministro sin Cartera y Soares como Ministro de Asuntos Exteriores.
Este Gobierno dura poco. En julio el Primer Ministro, Da Palma Carlos, presenta un proyecto por el que se pretende reforzar los poderes presidenciales de Spínola, dar largas al proceso de descolonización y retrasar la convocatoria de las elecciones. Es derrotado, cae el Gobierno y es sustituido por el del coronel Vasco Gonçalves, más cercano a las posiciones del PCP.


Reacción y revolución
La burguesía trata de reorganizarse cerrando filas en torno a Spínola. Éste apela a la «mayoría silenciosa» y convoca una gran manifestación en Lisboa. Pero las masas reaccionan y se ponen en movimiento para frenar a los sectores más reaccionarios y conservadores. El sindicato de ferroviarios impide que los manifestantes lleguen a la capital. Se instalan barricadas y controles en todas las carreteras formados por trabajadores, trabajadoras, jóvenes, soldados... para impedir la entrada en la capital de vehículos y camiones, confiscándose muchas armas. Spínola se ve obligado a desconvocar el día 28 y a renunciar a la Presidencia de la República el 30.
Es nombrado Jefe del Estado el general Costa Gomes, y se forma el III Gobierno Provisional, de nuevo encabezado por Vasco Gonçalves. En esta etapa la influencia de la dirección del PCP juega un papel decisivo; en primer lugar porque el PC era el partido con más raíces entre la clase trabajadora y mayor tradición de lucha bajo toda la dictadura (el PS se había formado en el 73); y en segundo lugar por la orientación política que adoptó la dirección.  Los trabajadores van tomando la iniciativa y el protagonismo de la revolución. No sólo se da una afiliación masiva a los partidos de clase sino que se celebran asambleas constantemente para debatir sus problemas, se expulsa a los jefes de los servicios públicos que han estado vinculados con la dictadura, se ocupan ayuntamientos... La Junta emite varios comunicados en los que califica como «actos de insubordinación y crimen contra el MFA» las asambleas de los trabajadores de los servicios públicos en horario laboral y la «expulsión de personas que ocupan puestos jerárquicos». La dirección del PCP, en la misma línea «desaprueba las acciones e iniciativas de ocupación de juntas de distrito y cámaras municipales porque no facilitan, al contrario, crean en este momento graves dificultades al proceso de democratización del aparato administrativo y de democratización de la vida portuguesa en general».
La dirección del PCP, frente a los intentos de la derecha de volver la situación hacia atrás, opta por la política de «defensa de la democracia» en oposición a una política revolucionaria orientada a que los trabajadores tomasen el poder en sus manos, algo que ya era prácticamente una realidad. Cunhal esperaba que su política «democrática» sirviese para que la clase dominante no se sintiese amenazada y reorganizase las fuerzas de la contrarrevolución. Creía, además, que cualquier política de nacionalización de la economía era una utopía. Ocurrió todo lo contrario.
El 11 de marzo del 75 Spínola vuelve a intentar dar otro golpe de Estado con el apoyo de sectores de la Fuerza Aérea. La clase trabajadora y amplios sectores del Ejército se movilizan rápidamente. La intentona es aplastada y Spínola se ve obligado a huir del país. Cientos de miles de trabajadores se lanzan a la calle pidiendo armas. Los trabajadores de los bancos y las compañías de seguros se negaron a trabajar, y ocuparon sus sedes hasta que se nacionalizasen. Unidades del Ejército se presentaron en Lisboa exigiendo al Gobierno lo mismo. Se formó el IV Gobierno Provisional, también presidido por Vasco Gonçalves, que bajo la presión de las masas extendió las nacionalizaciones a otros sectores y aprobó una ley de reforma agraria por la que se empezaron a expropiar los latifundios. La intentona golpista consiguió lo contrario de lo que perseguía. Dio un nuevo impulso a la revolución y como consecuencia unos días después el 70% de la economía estaba nacionalizada. El Financial Times tituló en su portada: «El capitalismo ha muerto en Portugal».
La revolución alcanza su punto decisivo: o sigue avanzando hacia la consolidación del poder de la clase trabajadora, los campesinos y los soldados, hacia la revolución socialista, o se estanca, se da tiempo a la reacción para reorganizarse y comienza la marcha atrás.
La dirección del PSP lanza una campaña contra el PCP, a quien responsabiliza de las acciones revolucionarias de las masas, bajo el lema «Es preciso respetar la democracia». EL PS obtiene grandes réditos electorales en la medida que la dirección del PCP no opone un programa y una política revolucionaria, diferenciada claramente. En las elecciones celebradas el 25 de abril del 75 el PS obtiene el primer puesto con el 38%; el Partido Popular Democrático (derecha disfrazada de centristas) un 26%; y el PCP un 12,5%.
Estos resultados electorales son utilizados para dividir al MFA. Se forma un ala moderada en torno al mayor Melo Antunes (el Grupo de los Nueve) que provoca la crisis del IV Gobierno Provisional obligando a Vasco Gonçalves a formar el V. El Grupo de los Nueve gana apoyo en el Consejo de la Revolución hasta hacerse con la mayoría forzando, el 25 de septiembre, la destitución de Vasco Gonçalves y la formación del VI Gobierno Provisional presidido por el Almirante Pinheiro de Azevedo.
La derrota del «gonçalvismo» y la campaña terrorista de sabotajes de la derecha provoca que las masas vuelvan a la carga. «La incontenible presión de las masas trabajadoras de Lisboa amenazaba con imponer una triunfante situación revolucionaria. El 13 de noviembre una manifestación de obreros de la construcción civil llegó a poner cerco a la Asamblea Nacional» (H. de la Torre. H 16). Trabajadores del metal, la construcción y veteranos de guerra mantienen el cerco dos días. Solo se levanta cuando consiguen un aumento salarial del 40%. Se formaron movimientos como el SUV (Soldados Unidos Vencerán) que llegó a manifestarse con más de 15.000 soldados armados en Lisboa.
La dirección del PS apoyaba al Gobierno. La dirección del PC pretendía resucitar el de Vasco Gonçalves. Pero nadie planteo la necesidad de que la clase trabajadora tomase directamente en sus manos el poder político. Por esa razón los sectores más avanzados e inquietos, que intuían esa necesidad pero veían el peligro de que la oportunidad pasase, se lanzaron a una insurrección sin suficiente preparación y sin contar con las masas el 25 de noviembre. Sólo participaron los trabajadores de los grandes astilleros de Lisboa (Lisnave, Setenave, Jacor) y fueron lo que más pagaron las consecuencias (congelación de salarios, Plan de Austeridad...). El detonante fue la destitución de Otelo Saraiva de Carvalho en el mando de la región militar de Lisboa. La derrota de esta insurrección provoca una profunda depuración de todas las instituciones del MFA con la detención o expulsión de los más izquierdistas y el ascenso de los más conservadores.
Es el final de la etapa revolucionaria. A partir de ese momento la burguesía logra reconstruir el sistema económico (privatizaciones, devolución de las tierras a los terratenientes...) y el sistema político, lentamente, doblegando con muchas dificultades la resistencia de la clase trabajadora y los campesinos. Desde el 76 hasta el 79 lo hacen apoyándose en Soares y la dirección del PS. Hasta diciembre del 79, la derecha no logra vencer en unas elecciones.
La llamada «revolución de los claveles» tuvo una enorme importancia no sólo por lo que supuso para los trabajadores en Portugal, no sólo porque demostró que en el mundo actual es posible la revolución socialista, y en términos casi pacíficos, aunque no siempre y en todo lugar, sino en momentos muy determinados de la historia, sino que además tuvo una enorme importancia por la repercusión directa que tuvo en la etapa del final del franquismo en el Estado español. Por un lado animó la lucha contra la dictadura. Por otro ofreció una serie de lecciones a la burguesía española que le llevó a la conclusión de que o intentaban acabar ellos con el régimen, manteniendo el control de la situación, o podría desarrollarse un movimiento revolucionario similar al del país vecino pero con la diferencia de que aquí había una clase obrera más numerosa y poderosa que una vez puesta en pie sería más difícil de frenar. Tras lo que supuso la experiencia colonial para la burguesía portuguesa, la burguesía española soltó el Sahara como si le quemara en las manos. Renunció a cualquier intento de lucha para mantener la colonia y abandonó a su suerte a los saharauis. Aquí, lanzó la Reforma Política de Suárez, que a pesar de las muchas dudas que tenían de que saliese adelante, les permitió hacer frente al movimiento revolucionario que alcanzó su punto más álgido en el 76-77.
 
  Bibliografía:

Un Abril en Portugal. Viale Mountinho. Ediciones Júcar. 1974.
Cuadernos del Mundo Actual. Portugal 1974. Hipólito de la Torre Gómez. Historia 16. 1994.
Archivo Nuevo Claridad.