balance electoral 13J
Extra

Balance de las elecciones del 13-J
Hay que dar un giro a la izquierda
IU tiene que construirse desde la base

 

Las elecciones del 13 de junio han sido un fuerte revés para Izquierda Unida y, además, para el conjunto de la clase trabajadora, pues han permitido a la derecha revalidar claramente su mayoría en ayuntamientos, comunidades y la representación en el Parlamento Europeo. Es necesario que, desde las filas de IU, seamos capaces de realizar un análisis de las razones por las que hemos perdido el 50% de los votos. Para empezar, hemos de huir de la búsqueda de culpables, de “purgas” o cualquier tentación de resolver mediante métodos administrativos u organizativos una situación que ha de tratarse políticamente. Poco nos ayudará para remontar esta situación un espectáculo de descalificaciones personales, dimisiones y peticiones de dimisión, si no somos capaces de abrir una discusión política, crítica y a fondo sobre las causas de la situación actual de IU.
Desde luego, a quien menos caso hay que hacer es a los grandes medios de comunicación, pues sus críticas no hacen sino reflejar el odio que la burguesía siente por nuestra organización. A pesar de sus carencias, IU es la única fuerza política que, hoy por hoy, mantiene un espíritu anticapitalista, sobre todo entre sus militantes, y recoge la necesidad de luchar por el socialismo. Por eso que representa, sufre el rechazo visceral de la burguesía. Precisamente ese aspecto es el que más hemos de cuidar de nuestra organización, así como no avergonzarnos en ningún momento de la defensa en solitario de la oposición a la guerra en Yugoslavia, de las 35 horas por ley y sin reducción salarial o de la defensa del derecho de autodeterminación, así como de la firma del pacto de Lizarra. No comentamos el error de sacar las mismas conclusiones del PDNI, que le han llevado a identificarse completamente con el PSOE.
Unas elecciones no se ganan o se pierden en las tres semanas de campaña electoral, sino que recogen el resultado de la labor hecha los años anteriores. Sin duda, a pesar de los méritos políticos que hemos de vindicar, algo habremos hecho mal para sufrir un descenso electoral tan acusado. Analicémoslo pacientemente, a fondo, y así podremos aprender de la derrota en este acontecimiento para continuar construyendo Izquierda Unida.  

Los resultados electorales

El resultado de estas elecciones pone de relieve, en primer lugar, una consolidación del voto a la derecha que obtiene la mayoría de los votos en las tres elecciones.
Si tomamos las elecciones europeas vemos que en relación a las anteriores del 95, aunque el PSOE aumenta en 1.700.000 votos, el PP aumenta en 900.000 votos y mantiene una diferencia a su favor de esa misma cantidad.
De hecho, si vemos la evolución respecto a las generales del 96, la diferencia entre el PSOE y el PP no se reduce sino que pasa de 300.000 a 900.000 votos. Por su parte, IU pierde más de 1.300.000 votos, el 55% de los conseguidos cuatro años antes. Es particularmente significativo el aumento de participación en las europeas, que remarca el carácter de “primarias” que han tenido éstas respecto a las próximas generales.
En las elecciones municipales y autonómicas, sin embargo, baja ligeramente la participación. En las municipales, el PP pierde unos 500.000 votos, el PSOE gana unos 450.000 votos, e Izquierda Unida. pierde 1.200.000 votos (el 44% de todos los logrados en el año 95), lo que permite que el conjunto de votos de la izquierda sea menor que el de la derecha. Es evidente que el PP no está contento con el resultado pues esperaba ganar con mayor diferencia ­barriendo a la oposición y preparando la mayoría absoluta en las generales­, máxime cuando lo ha tenido todo a su favor: coyuntura económica, dimisión del candidato del principal partido de la oposición, falta de oposición sindical… Ahora, la posibilidad de una mayoría absoluta se ve más difícil.
Aún así, no es un buen resultado para la clase obrera. Sólo a quien no le preocupa otra cosa que su prestigio y puestos, puede estar contento por un resultado electoral que reafirma la mayoría de la derecha. El contento que manifiestan los líderes del PSOE no se corresponde con el ánimo de muchos militantes socialistas que lamentan sinceramente que el PP repita mayoría en la mayor parte de ayuntamientos y comunidades. De hecho, este resultado en relación a la evolución del PSOE no reflejan la consolidación de un giro a la izquierda y un cambio, sino que alienta al aparato a proseguir en su línea.
 

El contexto social y político

Si queremos hacer un análisis equilibrado del por qué del retroceso de IU, hemos de comenzar por insistir en el contexto político y económico en que se dan estas elecciones. Estas elecciones muestran la profundidad del retroceso del movimiento obrero, que es una de las características básicas de la etapa que vivimos.
En la segunda mitad de los años 80 y primeros de los 90, vivimos unas movilizaciones como las de la OTAN, la huelga general del 14-D y las que le seguirían, la lucha contra la guerra del Golfo… acontecimientos en los que IU jugó un papel muy destacado e incluso clave. A ese ambiente social, se sumaba el desgaste de los últimos años de los gobiernos de Felipe González, lo que alentaba el crecimiento del apoyo a IU que alcanza su cenit en las elecciones generales de 1996.
Desde entonces hemos visto una caída continuada del apoyo a IU que ha corrido pareja al desplome del movimiento obrero, que año tras año ha ido batiendo récords en la disminución de las horas perdidas por huelgas, con una caída constante de la movilización, de la participación en los sindicatos, asociaciones de vecinos…
El retroceso del movimiento obrero y una profunda crisis de la izquierda, han cobrado expresión política en los planteamientos de Felipe González, Tony Blair y Schroëder que son la aceptación completa de los puntos de vista de la burguesía en todos los temas clave.
El colmo lo tenemos en un dirigente de la socialdemocracia como Solana que encabeza la principal institución armada del capitalismo internacional, la OTAN, justo cuando ésta protagoniza su primera guerra en Europa, con la intervención en Yugoslavia.
Es evidente que hace 20 años semejante intervención hubiese sido impensable, no sólo por la existencia de la URSS, sino porque hubiese habido una movilización masiva en todo el continente europeo contra la OTAN.
Sin duda, no es ajena el desenlace que por el momento tiene el conflicto balcánico ­con la victoria de la OTAN­ al efecto electoral de la postura de IU. Si finalmente se hubiera dado una guerra abierta, con todas sus consecuencias, la oposición de IU hubiera cobrado fuerza. Pero como parece que todo se “arregla”, la postura de IU pierde fuerza.
 
 
Nuestros errores

Sin embargo, al resaltar el contexto en que nos movemos no lo hacemos con el fin de minusvalorar las carencias de la política de IU o de echarle la culpa a la gente de nuestros resultados electorales, todo lo contrario, sino para destacar la importancia de tener una política correcta.
Un barco que navega en mitad de una tempestad está condicionado, en primer lugar, por los elementos de la naturaleza, pero nadie pondrá en duda la importancia de la pericia de la tripulación y de su capitán. De esa segunda parte, de qué hemos hecho mal navegando en las aguas turbulentas de la política de estos últimos años, es de lo que debemos hacer balance para aprender.
Los errores se notan mucho más en los momentos difíciles. Corregirlos a tiempo igual no nos hubiera permitido alcanzar la mayoría en este contexto, pero probablemente nos hubiera ayudado a conservar la mayoría de los votos que ya teníamos. Y, sobre todo, aprender de ellos nos puede ayudar a remontar esta situación.
 
 
La unidad de la izquierda

Sin duda, en estas elecciones hemos recogido los frutos del fracaso de la llamada política de las “dos orillas” y el “sorpasso”. Por un lado el resultado de las elecciones generales del 96, a pesar del aumento de votos, ya fue una ducha de agua fría para la militancia que vio defraudadas unas expectativas creadas, cuando se alentó la ilusión de que podíamos “sorpasar” al PSOE. En realidad desde entonces, hemos visto una caída paulatina de la participación en IU. El sectarismo hacia el PSOE que en aquel entonces se alimentó, confundiendo a su dirección con su base y sus votantes, se transformó en frustración.
Por supuesto que aspiramos a ganar el apoyo de la mayoría de la clase obrera, pero para eso era necesario, además de un programa alternativo al del PSOE, una política de unidad de la izquierda impecable.
Entonces, y sobre todo ahora, un sector de la gente ha dejado de votarnos porque temen que darnos el apoyo sea en la práctica acabar dándoselo al PP, como ha sucedido en Málaga o Asturias, por señalar los dos ejemplos más destacados.
La política de las “dos orillas”, al final ha recogido sus frutos más amargos en casos como el de Málaga, donde hemos pasado de 9 concejales a 3 y el PP ha logrado la mayoría absoluta. Disparates como votar a favor del Plan General de Urbanismo del PP en Zaragoza, se pagan caros: hemos perdido todos los concejales de esa ciudad.
En ese sentido, el BNG nos ha dado una lección de cómo plantear la unidad de la izquierda insistiendo una y otra vez en que, a pesar de que el PSOE no quería llegar a acuerdos con ellos, votarían al candidato mayoritario de la izquierda en cualquier caso.
En las próximas generales, este tema será clave, pues frente al gobierno del PP la tendencia al “voto útil” va a ser mucho más fuerte, e IU ha de ser capaz de demostrar, sin ambigüedades, que nosotros también somos un voto útil para acabar con la derecha y, además, para defender una opción más a la izquierda.
 

Unidad, para luchar

Sin embargo, hay que decir que no nos ha dado apoyo la política de acuerdos con el PSOE si a la par no hemos sido capaces de continuar siendo beligerantes en la defensa de los intereses de los propios trabajadores, de los barrios, contra la misma dirección del PSOE. Esa es una de las lecciones de los resultados electorales en Madrid. Y es que si los trabajadores y la juventud no perciben diferencias prácticas substanciales entre la labor política de IU y el PSOE lo que ocurre es que optan por el voto útil o la abstención…
Si no es posible llegar a un acuerdo programático con el PSOE, nuestro voto en la investidura siempre ha de ser para el candidato de la izquierda frente al PP, para acto seguido pasar a la oposición. IU debe negarse siempre a participar en gobiernos autonómicos o municipales mientras estos contraten con ETTs, especulen con el suelo o apliquen medidas que perjudiquen a los trabajadores, explicando cual es su alternativa y llamando a la movilización. La gente tiene que notar que los candidatos de IU son los primeros en denunciar las injusticias, en defender los intereses de los trabajadores y de los más humildes.
Es más, aunque gobernemos un ayuntamiento nosotros, somos los más interesados en promover el movimiento vecinal y sindical, la participación ciudadana y la movilización. Una política de izquierdas, sea en el ámbito que sea, necesita del apoyo de los trabajadores y trabajadoras, puesto que aspiramos a mucho más que ha gestionar tal o cual institución, aspiramos a transformar la sociedad y ha convencer a la mayoría de que eso es posible y necesario.
Hay que resaltar que, a diferencia de las europeas, en las municipales el voto que ha perdido IU se ha dirigido, más que al voto útil, a la abstención o a alternativas que ofrecían una imagen más combativa. Por ejemplo, el BNG en Galicia, la Chunta Aragonesista en Aragón o Tierra Comunera en Castilla León. En zonas donde no existe una alternativa de ese tipo como Madrid, el voto se ha ido mayoritariamente a la abstención.
 
 
La escisión de Nueva Izquierda

También ha terminado haciéndonos daño la solución que se le dio a la crisis que provocó Nueva Izquierda. En primer lugar fue un error promover a puestos de dirección y al escaño parlamentarios a Cristina Almeida y a sus compañeros, por cuestión de tirón electoral. Si representación en los grupos institucionales y en la dirección de IU era muy superior a su apoyo real en la base.
Toda la actuación de Nueva Izquierda, ha ido orientada a contribuir a destruir IU, haciéndole el juego a la dirección del PSOE y, en última instancia, a la burguesía. De ahí, el comprensible rechazo que se ganaron de todos los compañeros de IU. Sin embargo, precisamente por eso había que haber cuidado especialmente el cómo resolvíamos la crisis que estos indivíduos alentaron.
La solución no era “empujarles fuera de la organización”, tratando de arreglar una equivocación con otra, sino hacerles frente políticamente en una Asamblea Federal en la que ellos hubieran defendido sus puntos de vista, los demás los nuestros, y que hubiesen tenido la representación en la dirección conforme el apoyo de la base. Su actuación ha demostrado que sin poder ser parlamentarios, probablemente, se habrían ido de IU al día siguiente. Tal y como actuamos sólo les facilitamos el presentarse como víctimas de una purga en su camino de ida al PSOE. Si hasta ahora no se han integrado en el PSOE formalmente es por que resultaban más útiles para dañar a IU manteniendo la apariencia de independencia y así escenificar esa caricatura de unidad de la izquierda que ha sido las candidaturas de PSOE-Progresistas.
Por cierto, aparentemente la experiencia de PDNI es un éxito. Pero sólo lo es desde el punto de vista burocrático. De hecho, si se estudian los resultados de Madrid, el PDNI no ha supuesto ningún incremento de votos a la candidatura del PSOE. Comparativamente, la candidatura que encabezaba Cristina Almeida saca menos votos que las de Rosa Díez o Fernando Morán.
Además, la ruptura de la organización en distintas zonas del Estado, en lugar de dar una pelea política dentro para convencer de nuestros puntos de vista y, si era preciso, seguir en minoría a la par que tratábamos de ganar a nueva gente, sólo ha servido para que al final nos quedemos en mucha peor situación. La mejor prueba la tenemos en Catalunya, donde Iniciativa, con un retroceso, mantiene un mínimo apoyo y EUA no saca prácticamente nada. Igual ha sucedido en Castilla-La Mancha, Cantabria…
 
 
La oposición a la guerra en Yugoslavia

Uno de los méritos de IU ha sido oponerse a la intervención de la OTAN en Yugoslavia. Era nuestra obligación denunciar que ahí no se perseguía ningún interés humanitario, sino la defensa de las conveniencias geoestratégicas de las grandes potencias capitalistas, y que su actuación sólo agravaría el sufrimiento de los pueblos kosovar y serbio. Eso había que hacerlo diera votos o no.
Sin embargo, es evidente que hemos pagado un precio caro por no ser capaces de denunciar al tiempo, y sin ambigüedades el régimen de Milosevic. Esa idea de primero vamos a parar la guerra y luego ya veremos que hacemos con el régimen serbio, se ha revelado impotente precisamente para hacer aquello que proclama, parar la guerra. La manera de animar a la gente a movilizarse contra la intervención era justamente dejar muy claro que rechazar la actuación de la OTAN no suponía apoyar al otro bando, sino que rechazamos a los dos. Mucha gente ha visto la postura de IU como de apoyo al régimen serbio frente a la OTAN y no de rechazo a ambos. Estamos con el pueblo kosovar, con el serbio… pero no con sus gobiernos que son los primeros responsables de la actual situación.
Sin duda, Solana  es un criminal de guerra, responsable de miles de personas muertas, heridas y mutiladas… pero también lo es Milosevic y su régimen de la limpieza étnica, de otros tantos miles de muertos, de la conculcación de derechos democráticos. Como lo es Franjo Tudjman, el presidente de Croacia. A pesar de la innegable manipulación de los medios de comunicación, la limpieza étnica no se la han inventado, sino que es una realidad sobre la que se ha escudado la OTAN para justificar una acción militar en defensa de los intereses.
También nos ha faltado una alternativa ante la realidad existente en los Balcanes que ofrecerle a la mucha gente seriamente preocupada por la situación en esa zona. De hecho, ahora ya han entrado tropas bajo la égida de la ONU ¿y qué van a solucionar? ¿Cómo volver a unir a los pueblos de los balcanes? ¿Qué sistema social puede garantizarles unos derechos democráticos y unas condiciones de vida dignas?
En última instancia, ha faltado mucho debate político interno para profundizar en la elaboración de nuestra alternativa en este conflicto y, de hecho, este es uno de las mayores carencias de IU: la discusión política.
 
 
Lizarra, las 35 horas…

Un ejemplo lo tenemos con la Declaración de Lizarra, un tema polémico y difícil como pocos. Haberlo firmado ha sido un acierto, como lo demuestra que llevamos casi un año sin muertos sobre la mesa, pero no ha sido tan acertado el cómo se han hecho las cosas. IU-Ezker Batua de la Comunidad Autónoma Vasca, lo firma sin debate previo a fondo en el seno de la organización, ni tan siquiera un Consejo Político ampliado y una carta a la militancia explicando la posición adoptada. Al conocerse la tregua de ETA todas la Federaciones se reúnen en Bilbao para respaldar a los compañeros de la CAV, haciéndose un acto puramente electoral de lo que debiera haber sido un debate sobre las implicaciones que se podían derivar de esta declaración. Cuando los resultados de las elecciones arrojan el fuerte retroceso electoral de IU-EB la federación de Navarra se sale del Foro unilateralmente y, en el resto de la organización federal, cada cual saca sus conclusiones propias públicamente, ante el total desconcierto de la base de la organización y de nuestros electores.
De hecho, cuando en la V Asamblea Federal se aprobó en la Comisión correspondiente una propuesta de que IU abandonase el pacto de Ajuria Enea y de Madrid, para crear un nuevo foro donde se pudiese abordar una salida polítia al conflicto vasco, la mesa de la Asamblea impidió al delegado de Navarra que iba a defenderlo que subiese al estrado a hacerlo, hurtando ese debate al conjunto de la Asamblea.
Tampoco se trató este tema en la Conferencia Federal de Modelo de Estado. ¿Cómo se puede formar a la militancia si temas tan importantes no se debaten? ¿Cómo combatir entonces la brutal campaña de los medios de comunicación contra IU por haber firmado el Pacto de Estella sino damos argumentos, mediante el debate, a nuestra militancia?
¿Cuántas asambleas de Madrid, o de cualquier otra Federación, han dedicado tiempo a discutir el acuerdo de Lizarra y la cuestión política vasca?
Obviamente si, frente a un discurso compacto del PP y del PSOE, y la campaña orquestada por la mayoría de los medios de comunicación identificando a todos los firmantes de la Declaración de Estella como vasallos de ETA, IU ofrece como respuesta algo muy parecido a una “jaula de grillos”, las consecuencias electorales son obvias.
Si hasta la campaña por las 35 horas se ha demostrado que no es nada sencilla, pues la gente tiene muchísimas dudas de cómo se podría aplicar, y hay que dedicar mucho más tiempo a explicar para convencer. Pero eso exige más discusión política dentro, dedicar horas a la formación política a discutir, precisamente para ser capaces de intervenir en la calle, en el día a día.
 
 
Un cambio sí, hacia la izquierda

El resultado electoral tiene un efecto muy negativo entre nuestra militancia, que ya vivía un proceso de desánimo, con una reducción de la participación en las asambleas, en la actividad cotidiana… Desde luego la única forma de hacer frente a esa situación es con debate e ideas.
Es penosa la disputa de las dimisiones. Desde luego, puestos a dimitir eso afecta a toda la dirección federal y de las federaciones, y no a uno solo. Es absurdo pensar que el resultado en Madrid o de Andalucía, se explica fundamentalmente por la política federal, cuando es obvio que la responsabilidad será de ambos.
Se habla de cambiar el discurso: si se refiere a que hemos de cambiar el envoltorio para el mismo producto no arreglamos nada. Si se quiere girar hacia una política más socialdemócrata saltaremos de la sartén al fuego.
Ya se alzan las voces planteando que no debió utilizarse la guerra en la campaña electoral, que no convenía haber firmado Lizarra o lo poco adecuada que ha sido la campaña de las 35 horas. Nada sería más desastroso para IU que ahora tirase por la borda justamente sus aspectos más positivos, que mejor responden a una política de izquierdas. Se trata de desarrollarlos bien.
Otros optan por echarle la culpa a la gente que “corre a votar al PSOE como conejos”. Mal haremos si culpamos a la gente de nuestras propios errores y carencias.
Así vemos dos riesgos, el del giro a una política más socialdemócrata o el del sectarismo. Los dos llevarían a IU al desastre. Necesitamos un cambio, por supuesto, pero más a la izquierda, profundizando en los aspectos de nuestro programa que más chocan contra los intereses de la burguesía. Está muy bien que reivindiquemos carriles bici, pero si en algo hemos de destacar no es en eso sino en explicar como acabar con la especulación, dar un empleo digno a todos, una vivienda decente y asequible para todos.
Es evidente que nos cuesta mucho conectar con los trabajadores, con la juventud. No debería ser tan difícil en una sociedad donde más de cuatro millones de trabajadores tienen un contrato en precario, la mayoría de los parados no recibe prestación alguna y la vivienda es un lujo inaccesible para la mayoría.
El problema es que muchos de nuestros dirigentes y cargos públicos están demasiado alejados de las preocupaciones cotidianas de la mayoría de la gente, metidos en la dinámica interna de la organización y de las instituciones. De hecho, el alejamiento de nuestros cargos públicos empieza dentro de la propia organización donde es excepcional verlos pasarse por las asambleas, a discutir con los adscritos y adscritas la labor que desempeñan en las instituciones.
Esa es una de las primeras cosas que debemos cambiar, la asamblea tiene que ser el pilar de nuestra organización animando la participación, la toma de decisiones, la discusión política y la labor desde ellas. No sirve de nada que tengamos un gran aparato central, si nuestras asambleas languidecen porque la militancia siente que no se cuenta con ella más que para peqar carteles en época de elecciones, atender casetas en las fiestas y actos públicos, etc. Todo eso hay que hacerlo, pero no es menos necesario lo que señalábamos al principio.
No deja de ser sorprendente que se rechace desde nuestras filas una propuesta tan sencilla como exigir que ningún diputado pueda ganar más del salario medio de nuestro país, ¿Por qué un diputado tiene que ganar 500.000 pesetas al mes cuando muchos obreros tiene que mantener a su familia con 150.000 pesetas? Como tienen la vergüenza de establecer el SMI en 70.000 pesetas si un ministro gana 10 veces más todos los meses. Además, los diputados de la izquierda cobrar un sueldo equivalente a la media de un obrero cualificado, y entregando el resto a la organización. ¿Quién considerándose comunista o socialista no estaría dispuesto, si es diputado, a vivir con el mismo sueldo con que lo hacen la mayoría de quienes representa?
Si defendieramos, predicando con el ejemplo, estas posturas, los demas partidos nos llamarían demagogos, pero el joven explotado por una ETT que cobra 80.000 pesetas al mes, el jubilado que no llega al SMI, el trabajador y trabajadora que hace malabarismo para llegar a fin de mes,  se sentirían identificados con nosotros y comprobarían que pensamos como él y vivimos como ellos.
 
 
Tareas para Izquierda Unida

IU a pesar de su retroceso electoral, conserva una base social y una tradición que le permite remontar esta situación adversa si saca las conclusiones políticas acertadas. De cara a las próximas elecciones hemos de plantearnos un objetivo claro que es mantener el voto conseguido y recuperar el máximo posible de todos aquellos que se han abstenido.
Hemos de combatir cualquier tendencia al sectarismo, a considerar a la gente como “conejos”, en lugar de ser capaces de comprender nuestros errores y la situación política. IU no está condenada a ser una organización minoritaria ni aislada de las masas.
El gobierno del PP, en estas elecciones o en las siguientes, está abocado a perder y eso pondrá al orden del día un nuevo gobierno del PSOE que, desgraciadamente con los actuales dirigentes, volverá a aplicar una política le enfrentará con los trabajadores tal y como sucedió en las legislaturas de Felipe González. Es evidente la importancia del papel de IU en esa situación y por eso hay que ser optimistas cara al futuro. Pero para ello es clave que tengamos una política correcta, en el terreno de la unidad de la izquierda, a la vez que somos capaces de defender los intereses de los trabajadores.
Frente a la derecha IU siempre tiene que apoyar al PSOE, pero frente a una política de derechas de los dirigentes socialistas, siempre hay que estar con las masas. Eso implica que siempre sostenderemos a la izquierda frente al PP, pero que nunca entraremos en un gobierno salvo que se asuma un programa para transformar la sociedad. Al tiempo que le apoyamos frente a la derecha, le combatiremos mediante la movilización de masas y la defensa paciente de una alternativa de clase.

1. Las perspectivas para las masas bajo el capitalismo no son nada halagüeñas. Si en pleno auge de la economía tenemos una precariedad galopante, una explotación en los puestos de trabajo indecente y unas desigualdades sociales lacerantes, no nos quepa ninguna duda de que la próxima recesión económica traerá un agravamiento muy serio de las condiciones de vida de las masas. Es inevitable que millones de jóvenes y trabajadores, en los próximos años busquen la manera de hacer frente a este sistema y de transformarlo, en defensa de una vida y un futuro dignos.
 El Gobierno del PP acabará enfrentado radicalmente al movimiento obrero, los actuales dirigentes del PSOE también chocarán con él en la medida en que se empeñan en defender el capitalismo como el menos malo de los sistemas posibles.
 Por tanto, es necesaria una fuerza política claramente diferenciada del PSOE, que no sea sectaria, que sea la más firme partidaria de la unidad de las organizaciones de los trabajadores para luchar, pero que al tiempo defienda de manera consecuente un programa de clase, socialista. En nuestra opinión, no hay espacio para dos partidos socialdemócratas, puesto que, tal y como siempre ha pasado, las masas acabarán siempre decantándose por el mas grande.
 
2. Izquierda Unida tiene su futuro en una defensa seria y coherente de una alternativa a esta sociedad, a la defensa del socialismo. La necesidad y posibilidad de una transformación socialista de la sociedad debe ser una de las cuestiones que más hay que debatir y explicar. Ha sido precisamente la aceptación del capitalismo, y la renuncia a la transformación socialista de la sociedad, lo que más ha desarmado la capacidad de lucha de las actuales direcciones sindicales y del propio PSOE.
 ¿A qué debemos aspirar? A ganar el apoyo de la mayoría de la sociedad para transformar esta sociedad capitalista en una sociedad socialista, es decir a cambiar las actuales relaciones de propiedad en que las grandes fuerzas productivas están en manos privadas, y convertirlas en propiedad de todos y llevar a cabo una planificación democrática de la economía. Desde IU hay que emprender la tarea de un rearme ideológico de la izquierda frente a la burguesía.
 Hay que rechazar ese mal concepto de la pluralidad que afirma que IU, si es plural, no puede tener un programa marxista. En la práctica eso supone que sólo lo puede tener uno socialdemócrata. Todos los que pretendemos defender los intereses de los trabajadores y la juventud ­tengamos un planteamiento marxista o socialdemócrata­ tenemos cabida dentro de IU, pero también todos tenemos derecho a tratar de convencer a la mayoría de nuestros planteamientos. Quienes pensamos que las ideas de Marx están plenamente vigentes, no abandonamos IU por el hecho de que tenga un programa socialdemócrata, sino que trabajamos para construir IU y convencer a la mayoría de nuestros puntos de vista.
 
3. La construcción de IU debe hacerse desde la base, pacientemente, consolidando políticamente a nuestra militancia y aumentándola, sobre todo con jóvenes. Eso sólo es posible mediante el debate democrático y compañero, animando a la militancia a participar en todas las tareas y garantizando un escrupuloso funcionamiento democrático en todas las esferas, que haga sentir a todos que su voz y su voto cuentan. Hemos de ilusionar a nuestra militancia mediante las ideas y el trabajo en el movimiento obrero.
 IU no puede hacer girar su actividad en torno a las contiendas electorales y la labor institucional, en ese terreno nunca podremos competir con el PP o el PSOE. Por supuesto que las elecciones son muy importantes, pero nuestra participación en las instituciones busca la defensa de los intereses de los trabajadores y para poder llegar a ellas necesitamos antes una base sólida entre la clase obrera. Por eso ahora toca desplazar el eje de nuestro trabajo a una labor paciente y continuada en la base, en los barrios y en los puestos de trabajo.
 Son las miles de pequeñas y grandes injusticias que todos los días produce a mares este sistema social las que hemos de aprender a denunciar, a ir reuniendo cada arroyuelo de ira que miles de personas sienten por ellas en un torrente que transforme la sociedad.
 Es necesario un giro a la izquierda y hacia la gente. Es una labor lenta y que no dará resultados espectaculares a corto plazo, pero decisiva para cambiar las cosas, y cuyos mejores frutos recogeremos en los próximos años, conforme el movimiento obrero comience a levantar la cabeza.
 
4. Al mismo tiempo que procedemos a ese rearme de ideas, hay que buscar el camino para conectar con las inquietudes, los sentimientos y aspiraciones de los trabajadores, de la juventud. Es básico reforzar y extender nuestra influencia en el movimiento obrero (vecinal y sindical), y sobre todo, entre la juventud. Para ello no debemos conformarnos con participar en las estructuras de los sindicatos, de las asociaciones vecinales, etc. pues nunca como ahora habían estado tan vacías esta entidades y, por desgracia, alejadas de los problemas y sentimientos de la gente. Hemos de dirigirnos directamente a la gente para animarla a participar con nosotros en los sindicatos, asociaciones de vecinos… para renovarlos y transformarlos.
 Tras el argumento de la independencia sindical, se trata muchas veces de ahogar las críticas a la política de las direcciones sindicales. La única forma de preservar la independencia sindical es mediante un respeto escrupuloso de su democracia interna, en la que la dirección facilite y respete siempre las decisiones de los afiliados. A partir de ahí, IU tiene la obligación y el derecho de defender sus puntos de vista en el seno de los sindicatos y a tratar de ganar el apoyo de la mayoría de los afiliados para ellos.
 
5. Por ejemplo, hay que trabajar para cambiar la postura de los sindicatos de clase respecto a las ETTs. Es un disparate mayúsculo que UGT y CCOO acepten la existencia de estas empresas de negreros de nuevo cuño. Hacerlo nos aleja sobre todo de los jóvenes, que son quienes más sufren su existencia, permitiendo que existan dos clases de trabajadores dentro de las empresas, unos de ellos con menos derechos y peor situación. Al final eso perjudica al conjunto de los trabajadores.  IU debe ser un cauce para cambiar estas cosas. Sólo eso puede animar a entrar en la lucha política y sindical miles de jóvenes que sufren sus consecuencias.
 
6. Hay que promover seriamente las áreas de juventud, dándoles plena libertad de actuación, formándolas políticamente. Nada repele más a la juventud que las actitudes burocráticas. Es una necesidad de primer orden, la promoción y constitución de una organización estudiantil vinculada a IU.

El Consejo Político Federal del 26 de junio decidió crear una comisión de 12 compañeros que recabaran la valoración de la base para ver que es necesario proponer, cambiar… Eso es un disparate, para recabar la opinión de la base lo que hay que hacer es abrir un debate polìtico sereno y transparente, que vincule a toda la organización, que debe contar con la participación de toda la base la organización.
Es el colmo oír o leer declaraciones de dirigentes nuestros en los medios de comunicación, afirmando qué es necesario cambiar o hacer y nadie nos está dando un cauce para que el conjunto de la militancia lo podamos hacer. Lo más adecuado en esta situación sería organizar una Conferencia Electoral Federal en la que puedieramos hacer balance y determinar qué va hacer y defender IU en las elecciones Generales. Sería un proceso de debate que empezaría en las asambleas de base, seguiría en las provinciales, o regionales y culminaría en la Conferencia Federal. Inmediatamente después de las elecciones generales se abriría el proceso de la VIª Asamblea Federal en la que se podrá hacer balance global y elegir los cargos dirigentes de la coalición.
En segundo lugar, y como consecuencia de ese debate político, hay que proceder a celebrar unas primarias para la elección del conjunto de la candidatura al Parlamento. El candidato a presidente se debería elegir por el conjunto de IU, o en la Conferencia Federal, y el resto en sus respectivas federaciones o circunscripciones electorales.
Esa sería la mejor manera de acallar las críticas feroces que se hacen contra IU desde los medios de comunicación de la burguesía, pues sería la militancia la que decidiría quienes van a ser los candidatos de IU al parlamento, empezando por el cabeza de lista.
Además, pondríamos en evidencia a la dirección del PSOE que no quiere ni oír hablar de primarias para la designación de su candidato.