Nicargagua- Corea - Madrid
Madrid, una esperanza confiscada por el PP
Gerardo del Val, concejal del Ayuntamiento de Madrid

Artículo recogido de la revista Al Corriente, nº 3- Abril 1999

A partir de mediados de los ochenta quedó totalmente agotado el impulso de cambio municipal iniciado por el gobierno de coalición PSOE-PCE en el Ayuntamiento de Madrid, con Tierno como alcalde. A Juan Barranco le tocó gestionar el final de este proyecto. Sobre la ciudad cayó como una verdadera bomba político-demográfica el famoso decreto de Boyer que liberalizó los alquileres. El impulso de dicho decreto propició una subida de cerca del 100 % en los pisos de la ciudad en poco menos de 2 años. Estas y otras medidas del gobierno central del PSOE de Felipe González, así como una línea bastante inconsecuente del gobierno municipal de Barranco en los últimos años 80 crearon las condiciones para que la derecha accediera al poder mediante moción de censura en 1.989. El propio PSOE había comenzado a expulsar de Madrid a jóvenes y capas populares que no podían acceder a la vivienda en la ciudad. La consecuencia inmediata fue que en 1.991 el PP de Alvarez del Manzano gana las elecciones municipales.

Y del color gris hemos pasado al color negro. 10 años de gobierno del PP han supuesto cambios profundos en la ciudad, en lo económico, en lo social, en lo cultural, y, lógicamente, en lo político.
Económicamente los diferentes presupuestos han propiciado un proceso de privatizaciones y desregulaciones de lo público municipal. Las grandes empresas contratistas y el capital financiero dirigen los destinos de nuestra ciudad. No existe un solo acto político municipal de transcendencia que no se corresponda con los intereses de estos grupos monopólicos, sustento fundamental de la corrupción, segunda ley del valor del capitalismo. El llamado escándalo Villoria no es más que la punta del iceberg de este proceso. De la venta de la funeraria se ha beneficiado Funespaña, ganando miles de millones y cotizando en bolsa. Del cierre del matadero, se han beneficiado dos empresas cárnicas de reciente creación con conexiones evidentes con gente del PP. Del Nuevo Plan General de Ordenación Urbana se han beneficiado los capitales especulativos que han logrado multiplicar por cinco (por ejemplo) el valor de los terrenos que antes eran industriales y ahora son residenciales. El propio Nuevo Plan puede suponer la salida de la ciudad de más de 45.000 puestos de trabajo. La privatización de los servicios de limpieza ha beneficiado a las Koplovitz. La privatización masiva de la gestión de los proyectos sociales y de cooperación ha beneficiado a la Iglesia católica.
El PP ha impuesto la alianza tradicional de la derecha reaccionaria española: gran capital financiero e inmobiliario, y la cúpula de la iglesia en Madrid. Son miles y miles de metros cuadros los entregados al arzobispado y no necesariamente para edificar iglesias. Actividades lucrativas como la enseñanza privada religiosa y otras se realizarán sin costo alguno para la iglesia. Mientras tanto la construcción de vivienda libre (precio medio 35 millones) supera 10 veces la construcción de viviendas de protección oficial (precio medio de 13 millones). Las grandes obras y pasos subterráneos, obras descerebradas donde las haya, al margen de costosísimas, benefician directísimamente a los bolsillos de las grandes constructoras que, eso sí, se encargan de propiciar a base de miles y miles de subcontratas la siniestrabilidad laboral que más ha crecido en todo el estado.
Socialmente, el PP ha intentado ahogar económicamente al movimiento ciudadano y asociativo. La normativa de participación ciudadana ha dejado prácticamente sin recursos públicos a las Asociaciones de Vecinos de Madrid, lo que imposibilita en buena medida su crecimiento y sus actividades especialmente en los barrios más desfavorecidos. Las asociaciones de vecinos, apas, asociaciones culturales y grupos juveniles han intentado sustituirlas por empresas de servicios, colectivos confesionales, hamburgueserías y grandes superficies. Todo un concepto de lo que quieren de los madrileños y madrileñas. A las asociaciones de vecinos, a los colectivos de personas mayores les dicen que el municipio no está para financiar sus actividades, que recurran al mercado que, como todos nosotros sabemos, lo soluciona todo, en este caso el mercado da la “solución final” a estos colectivos.
Culturalmente, las inquietudes culturales, deportivas, feministas, de teatro y de música popular y de calidad, han sido sustituidas por las vedettes, las misses, las misas, las procesiones y otras lindezas tardo-franquistas.
Políticamente la ciudad se ha encogido. La gente ha perdido confianza en sus fuerzas como vecinos, como parte imprescindible del engranaje de la ciudad. Se ve al Ayuntamiento como una Sociedad Gestora (mala por cierto, pensemos en las multas por ejemplo) y no como el centro en el que se deben concitar las iniciativas más inmediatas de los ciudadanos y ciudadanas. Las Juntas de Distrito han sido vaciadas de contenido. Sus salones de pleno son hoy cementerios de la política entendida ésta como participación de la gente.
A la hora de afrontar una oportunidad de cambio en la ciudad, como es el caso de las próximas elecciones del 13 de Junio, Izquierda Unida tiene la obligación de reflexionar en torno a estos problemas de calado para entender que es necesario un programa de izquierdas para Madrid que no sea la recuperación de experiencias ya muertas, un programa abierto al diálogo con todas las fuerzas políticas y sociales, entendiendo que nuestra tarea de gobierno no va a ser de simple gestión. Hay que cambiar Madrid, hay que implicar a los madrileños en formas de democracia más directa, hay que construir un nuevo Madrid que nada tenga que ver con la coalición de capital financiero e inmobiliario y lo más rancio del clero. El pueblo madrileño nos exige a la izquierda no sólo un BUEN PROGRAMA SINO CAMBIOS SIN CONCESIONES AL PASADO .

 

Corea del Sur

Siguen las huelgas
Hasta que la crisis asiática le golpeó en 1997, las maravillas del capitalismo surcoreano no recibían más que elogios desde todos los foros internacionales del capitalismo. Desde entonces, los quebraderos de cabeza para la élite dirigente local se suceden, al igual que para los estrategas internacionales que siguen con preocupación los conflictos sociales que están surgiendo.
Cuando a finales de 1998 los empresarios de los grandes conglomerados industriales del país, con el apoyo del gobierno, optaron por una política de despidos masivos para recuperar sus beneficios y la competitividad de sus industrias, se encontraron con la horma de su zapato, la clase obrera. Dispuesta luchar por defender sus puestos de trabajo, el rosario de huelgas está siendo incesante en 1999.
En la segunda semana de mayo, por ejemplo, miles de trabajadores secundaron la convocatoria a la huelga general de las dos centrales sindicales mayoritarias, que tuvo particular éxito entre los trabajadores del sector del automóvil. Las violentas intervenciones policiales no hacen flaquear la combatividad de los trabajadores, sino que la aumentan. De hecho, la firmeza en absoluto pacífica ni pacifista de los huelguistas ha forzado a huir en estampida a los «agentes del orden» con relativa frecuencia, rebatiendo a los agoreros que la tildaban de «dócil» y «atrasada».

Nicaragua

Protestas estudiantiles reprimidas

Las manifestaciones estudiantiles reclamando que el 6% del Presupuesto Nacional se destinara a la Universidades, tal y como establece la Constitución, fueron violentamente reprimidas por el gobierno derechista de Arnoldo Alemán a finales de abril.
El desalojo por las fuerzas antidisturbios de la ocupada sede del Banco Central Nicaragüense (BCN) dejó un saldo de un estudiante muerto por bala de caucho y numerosos heridos. La reacción no se hizo esperar y, en cuestión de horas, a los estudiantes se sumaron los pobladores de los barrios populares de Managua,  y juntos dirigieron sus iras contra el oficialista Partido Liberal Conservador (PLC) cuyos locales centrales asaltaron.
Como era de esperar, el Gobierno rápidamente echó la culpa de lo sucedido a «manipulaciones» del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), con el torpemente encubierto propósito de encubrir la crisis que atraviesa el país en todos los terrenos. En el económico, porque si bien los oligarcas y multinacionales americanas, a cuyo servicio se encuentra Alemán, pueden estar satisfechos por su próspera situación, las masas campesinas y las de los suburbios de las ciudades (en especial, Managua) padecen unas lamentables condiciones de existencia. El «milagro económico» (¡otro más!) hace aguas por todas partes, como revela la urgente necesidad gubernamental de mendigar ayuda internacional por valor de 1.300 millones de dólares. Si hay un «milagro», que tampoco es tal, es el enriquecimiento ilícito del presidente y sus próximos que ha sido denunciado por el responsable de la Contraloría (Tribunal de Cuentas). En lo político, la crisis queda también de manifiesto en que, de cuando en cuando, la Asamblea Nacional no se reúna durante semanas lo que, por ejemplo, ha hecho que a principios de mayo ni siquiera se hubiera aprobado el Presupuesto  Nacional.
Las protestas populares contra la derecha en el poder han ido en aumento en los últimos meses y todo parece indicar que van a continuar. Las miradas se vuelven ahora hacia el FSLN. En sus años en el gobierno, por factores propios (renuncia a impulsar la transformación socialista de la sociedad y a una extensión de la revolución) y externos (el bloqueo americano y el desgaste de la guerra de guerrillas desatada por la «contra» financiada por Washington), la dirección sandinista se mostró incapaz de responder a las expectativas creadas por el triunfo revolucionario de 1979, lo que permitió la victoria electoral y  el retorno al poder de la derecha reaccionaria.
Un nuevo triunfo sandinista inevitablemente reabriría un debate sobre qué falló mientras estuvieron al mando y qué hacer para sacar a Nicaragua de su atraso. Puede que dirigentes como Daniel Ortega opten por no cuestionarse el sistema capitalista existente, pero entre su base social irán abriéndose camino las posturas que aboguen por una política de nacionalizaciones de los principales sectores productivos y de planificación económica bajo el control democrático de los trabajadores y campesinos.

Ramón Mendiluce