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Editorial
El futuro de Izquierda Unida
A propósito del documento Izquierda Unida ante la nueva fase política

Las elecciones del 13 de junio supusieron un fuerte revés para Izquierda Unida y, además, para el conjunto de la clase trabajadora, pues permitieron a la derecha revalidar claramente su mayoría en ayuntamientos, comunidades y la representación en el Parlamento Europeo. Es necesario que, desde las filas de IU, seamos capaces de realizar un análisis de las razones por las que hemos perdido el 50% de los votos. Para empezar, hemos de huir de la búsqueda de culpables, de «purgas» o cualquier tentación de resolver mediante métodos administrativos u organizativos una situación que ha de tratarse políticamente.

Desde luego, a quien menos caso hay que hacer es a los grandes medios de comunicación, pues sus críticas no hacen sino reflejar el odio que la burguesía siente por nuestra organización. A pesar de sus carencias, IU es la única fuerza política que, hoy por hoy, mantiene un espíritu anticapitalista, sobre todo entre sus militantes, y recoge la necesidad de luchar por el socialismo. Por eso que representa, sufre el rechazo visceral de la burguesía
Tras las elecciones, había, algo en que todos los que componemos IU estábamos de acuerdo: habíamos sufrido un serio varapalo electoral, algo más que un aviso. En consecuencia, aparentemente, también existía otro acuerdo: si no corregíamos los factores que nos habían llevado a esta situación, al menos en lo que estuviese en nuestras manos, este palo electoral sólo sería el anuncio de otro aún más grave en las próximas elecciones generales.
Fueron muchos los que se deprimieron, muchos los que proclamaban que eran necesarios cambios importantes, muchos, al fin, los que opinábamos que aún había tiempo de reflexionar y llevar a cabo una autocrítica (¡Sí, hemos dicho autocrítica!) que nos permitiese impedir la caída, e incluso reforzar, un proyecto que resulta imprescindible para mantener una referencia anticapitalista en el Estado español.
Una crisis no es necesariamente algo negativo, puede ayudar tanto en la vida personal como en la política, a superar las deficiencias. Lo grave no es cometer errores sino la incapacidad de corregirlos. Pero, claro, lo primero para superar una crisis, parece de perogrullo, es ser consciente de la misma, comprender su alcance, y que participen en su solución todos aquellos que se ven afectados por la misma.
Cuando la socialdemocracia alemana entró en crisis en 1913 (se anunciaba ya la gran claudicación de apoyar la guerra), un gran dirigente, Karski, que estaba muy unido a Rosa Luxemburgo, escribió: «Nosotros tres (Luxemburgo, Mehring y Karski), somos de la opinión de que el partido esta atravesando una crisis interna mucho más grave que cuando surgió el revisionismo. La frase puede parecer dura, pero estoy convencido de que el partido corre el peligro de sucumbir en el marasmo si continúa de esta forma. En semejantes tiempos solamente existe una salvación para un partido revolucionario: la más dura y desconsiderada autocrítica que pueda imaginarse».
Este espíritu es el que necesitaríamos en IU, no podemos confundir las ataques insidiosos que nos lanza la prensa burguesa, cuyo interés es destruirnos, con la capacidad de analizar nuestros propios errores.
Sin embargo, nos tememos que las expectativas de un análisis crítico de lo que nos ha sucedido, en el que participase toda la organización, se esta esfumando.
Nos llega un documento, respaldado por el Consejo Político Federal, redactado por una comisión de doce notables, que como si de los doce apóstoles se tratase, nos habla de «un reino que no es de este mundo»; no se plantea ninguna autocrítica de la política que hemos desarrollado.
 Desde luego sería absurdo pensar que se sufre una derrota electoral del calibre que hablamos, por la campaña. Sin duda, a pesar de los méritos políticos que hemos de vindicar (35 horas, oposición a la guerra, pacto de Estella…) algo habremos hecho mal para sufrir un descenso electoral tan acusado.
Por supuesto que no podemos olvidar que en los últimos años estamos contemplando un ambiente desmovilizador en el movimiento obrero, y eso nos afecta en muchas cosas, no sólo electoralmente, pero no podemos usar eso para escudarnos. Ese ambiente, que se refleja claramente en el movimiento de la socialdemocracia europea  (Blair, Schöeder, González…) por aceptar el capitalismo con todas sus consecuencias, o en un ejemplo extremo como es que Solana, supuestamente socialista, dirija la organización de guerra del imperialismo, son una manifestación de una crisis más amplia del pensamiento, especialmente una crisis del pensamiento de la izquierda, agravada por el triunfo en los países del Este de una contrarrevolución capitalista.
Pero todo ello ni invalida la lucha por el socialismo ni elimina las posibilidades de respaldo a un proyecto anticapitalista. No podemos buscar excusas, sino entender que en un ambiente así nuestros errores se amplifican, y debemos esforzarnos doblemente por no proporcionar argumentos a quienes nos atacan, y, sobre todo, por ilusionar a quienes nos respaldan.
Tenemos la obligación de mirar hacia dentro, no buscando chivos expiatorios sino razones, para rectificar los fallos. Un barco que navega en mitad de una tempestad está condicionado, en primer lugar, por los elementos de la naturaleza, pero nadie pondrá en duda la importancia de la pericia de la tripulación y de su capitán. De esa segunda parte, de qué hemos hecho mal navegando en las aguas turbulentas de la política de estos últimos años, es de lo que debemos hacer balance para aprender.
Había dos grandes peligros al enfrentarnos al ambiente de crisis post-electoral: uno era el de cambiar algo para que nada cambiase, y el otro el de reprochar al electorado no haber sido lo suficientemente inteligente para elegir la mejor opción. Veamos que ha sucedido.
Respecto a la necesidad de cambios, lo primero era la capacidad de analizar la situación política, nuestra trayectoria, etc…
Cuando se celebran asambleas de IU hay más preocupación en sectores dirigentes por las candidaturas que saldrán elegidas que por debatir el programa, la táctica, la política que debemos seguir… Una prueba de ello es que, aunque parezca increíble, aún no se han puesto a disposición de la base las resoluciones alcanzadas en la V Asamblea. Se guardan en el cajón.
 
La unidad de la izquierda
Hemos oscilado desde una política sectaria hacia la base del PSOE, en algunas zonas del Estado español, a una política entreguista en otras. Sin duda, en estas elecciones hemos recogido los frutos del fracaso de la llamada política de las «dos orillas» y el «sorpasso». Por un lado el resultado de las elecciones generales del 96, a pesar del aumento de votos, ya fue una ducha de agua fría para la militancia que vio defraudadas unas expectativas creadas, cuando se alentó la ilusión de que podíamos «sorpasar» al PSOE. En realidad desde entonces, hemos visto una caída paulatina de la participación en IU. El sectarismo hacia el PSOE que en aquel entonces se alimentó, confundiendo a su dirección con su base y sus votantes, se transformó en frustración.
Por supuesto que aspiramos a ganar el apoyo de la mayoría de la clase obrera, pero para eso era necesario, además de un programa alternativo al del PSOE, una política de unidad de la izquierda impecable.
Entonces, y sobre todo ahora, un sector de la gente ha dejado de votarnos porque temen que darnos el apoyo sea en la práctica acabar dándoselo al PP, como ha sucedido en Málaga o Asturias, por señalar los dos ejemplos más destacados, a los que podríamos añadir un caso más reciente como ha sido el de Zalamea.
La política de las «dos orillas», al final ha recogido sus frutos más amargos en casos como el de Málaga, donde hemos pasado de 9 concejales a 3 y el PP ha logrado la mayoría absoluta. Disparates como votar a favor del Plan General de Urbanismo del PP en Zaragoza, se pagan caros: hemos perdido todos los concejales de esa ciudad.
En ese sentido, el BNG nos ha dado una lección de cómo plantear la unidad de la izquierda insistiendo una y otra vez en que, a pesar de que el PSOE no quería llegar a acuerdos con ellos, votarían al candidato mayoritario de la izquierda en cualquier caso. Parece que en Catalunya vamos a seguir como antes.
En las próximas generales, este tema será clave, pues frente al gobierno del PP la tendencia al «voto útil» va a ser mucho más fuerte, e IU ha de ser capaz de demostrar, sin ambigüedades, que nosotros también somos un voto útil para acabar con la derecha y, además, para defender una opción más a la izquierda. Si no es posible llegar a un acuerdo programático con el PSOE, nuestro voto en la investidura siempre ha de ser para el candidato de la izquierda frente al PP, para acto seguido pasar a la oposición. IU debe negarse siempre a participar en gobiernos autonómicos o municipales mientras estos contraten con ETTs, especulen con el suelo o apliquen medidas que perjudiquen a los trabajadores, explicando cual es su alternativa y llamando a la movilización. La gente tiene que notar que los candidatos de IU son los primeros en denunciar las injusticias, en defender los intereses de los trabajadores y de los más humildes.
Hay que resaltar que, a diferencia de las europeas, en las municipales el voto que ha perdido IU se ha dirigido, más que al voto útil, a la abstención o a alternativas que ofrecían una imagen más combativa. Por ejemplo, el BNG en Galicia, la Chunta Aragonesista en Aragón o Tierra Comunera en Castilla León. En zonas donde no existe una alternativa de ese tipo como Madrid, el voto perdido se ha ido mayoritariamente a la abstención.
Hemos ido del sorpasso, a las dos orillas, a la situación actual sin analizar lo que ha pasado ¡Aún seguimos sin una política de alianzas clara! Y eso lo hemos pagado muy caro. Pero nada se dice en el documento de los notables.
Hemos sufrido la escisión de la mal llamada Nueva Izquierda. Pero olvidamos que fuimos nosotros quienes dimos peso en IU a una gente que no lo tenía en la sociedad, que esto se hizo por recomendación de la dirección, y que luego en vez de un debate paciente, sobre todo en aquellos sitios donde era un desastre (Galicia, Catalunya) se zanjó el tema de mala manera. Y ahora, parece mentira, el documento «IU ante la nueva fase política», se vuelve a recomendar más de lo mismo, al decir que tenemos que promocionar a independientes para las candidaturas electorales. ¡Aún no tenemos bastante! En lugar de semejante error se deberían convocar primarias ya.

Estella-Lizarra
En torno al Pacto de Estella hemos dado un auténtico espectáculo, y no por su firma, que fue un gran acierto político, como han demostrado los acontecimientos, sino por que no ha sido discutido jamás por la base. IU-Ezker Batua de la Comunidad Autónoma Vasca, lo firma sin debate previo a fondo en el seno de la organización, ni tan siquiera un Consejo Político ampliado y una carta a la militancia explicando la posición adoptada. Al conocerse la tregua de ETA todas la Federaciones se reúnen en Bilbao para respaldar a los compañeros de la CAV, haciéndose un acto puramente electoral de lo que debiera haber sido un debate sobre las implicaciones que se podían derivar de esta declaración. Cuando los resultados de las elecciones arrojan el fuerte retroceso electoral de IU-EB la federación de Navarra se sale del Foro unilateralmente y, en el resto de la organización federal, cada cual saca sus conclusiones propias públicamente, ante el total desconcierto de la base de la organización y de nuestros electores.
Cuando algunos compañeros llevamos una resolución a la V Asamblea planteando que la Mesa de Ajuria Enea era un cadáver y que debíamos dar otra salida creando un nuevo foro, se aprobó nuestra postura en la comisión que lo discutía, y a pesar de eso se impidió tomar la palabra al compañero de Navarra que iba a defenderlo en el pleno. Tampoco se trató este tema en la Conferencia Federal de Modelo de Estado. ¿Cómo se puede formar a la militancia si temas tan importantes no se debaten? ¿Cómo combatir entonces la brutal campaña de los medios de comunicación contra IU por haber firmado el Pacto de Estella sino damos argumentos, mediante el debate, a nuestra militancia?
Luego cada uno ha hecho de su capa un sayo, la prensa recogía todos los días declaraciones contradictorias dando una imagen penosa. (Dicho sea de paso, esto demuestra uno de los mayores déficit democráticos de IU; mientras los dirigentes se dirigen a todo el mundo a través de los medios de comunicación con sus opiniones personales, nosotros no tenemos a quién dirigir nuestras opiniones). En vez de defender nuestra política en un tema tan vital y explicársela a la gente, ni siquiera la hemos explicado a los afiliados, son excepcionales las asambleas que se han informado y han discutido sobre el Pacto de Lizarra, y las que lo han hecho lo ha sido por propia iniciativa. Obviamente si, frente a un discurso compacto del PP y del PSOE, y la campaña orquestada por la mayoría de los medios de comunicación identificando a todos los firmantes de la Declaración de Estella como vasallos de ETA, IU ofrece como respuesta algo muy parecido a una «jaula de grillos», las consecuencias electorales son obvias.
No queremos extendernos en más aspectos, por razones de espacio y porque no queremos aquí dar una idea acabada sino demostrar que hay mucho que discutir y poner en común. Podríamos seguir con temas como el de la agresión imperialista aYugoslavia,(donde dimos una imagen poco clara y faltó decisión) o el juicio de la Mesa de HB,(cuando el propio Julio Anguita apoyo el encarcelamiento y descalificó la postura de Ezker Batua que se había opuesto), o el apoyo del grupo parlamentario al Código Penal sin consultarlo a la base, (parece que ahora se repite el mismo error con un tema tan importante como la ley de víctimas del terrorismo)etc…
Es suficiente para argumentar dos cosas: el documento no da respuesta a ninguno de estos problemas, y por otro lado cierra en falso una crisis que sólo podría ser abordada por un debate amplio con participación de toda la base de IU.
Hay pues razones de peso para rechazar el documento: carece de autocrítica, no da alternativa política, y, lo que es peor, secuestra un debate que corresponde a una Conferencia Extraordinaria o al adelantamiento de la VI Asamblea.
Ahora llegarán las elecciones catalanas, y después las generales, y no hace falta ser profeta para saber que, aunque una vez más muchos militantes lucharán con uñas y dientes para obtener el máximo apoyo, nuestros resultados demostrarán que algo falla.
¡Ojalá no cunda el desánimo y aún podamos rectificar! Sin duda habrá quién diga que los electores (no olvidemos que estamos hablando fundamentalmente de la clase obrera y la juventud) no nos entienden o que son conejos, o borregos… Pero para todos aquellos que pretenden que nos sacudamos la responsabilidad propia sobre el electorado recogemos aquí una reflexión de aquella persona magnífica que fue Rosa Luxemburgo, cuando desde la cárcel contestaba a una amiga que le había dicho que se sentía decepcionada por las masas.
«¡Ah! ¡Qué clase de capitán podría ser aquel navegante que fijara su ruta fiándose únicamente del aspecto momentáneo del mar y que no supiera prever la llegada de la tempestad a partir de los signos observados en el cielo y en las profundidades del océano! ‘Ser decepcionado por las masas’, mi pequeña, para un dirigente político, equivale siempre a la demostración de su propia incapacidad. Un dirigente de gran envergadura no basa su táctica en el humor momentáneo de las masas, sino en las leyes de bronce de la evolución; mantiene su táctica a pesar de todas las decepciones y deja tranquilamente que la historia vaya madurando su obra»
La única manera de hacer frente a una situación de crisis es con debate e ideas. Corremos un riesgo muy grave; la dirección puede quedar satisfecha con el documento de los doce notables y mientras la base seguir debatiéndose entre la frustración el desánimo y la incomprensión. En esa tesitura un nuevo fracaso electoral puede tener consecuencias muy negativas.
Necesitamos un cambio, pero ni hacia la socialdemocracia ni hacia el sectarismo. Es necesario reafirmar nuestra identidad socialista, la lucha por la transformación de la sociedad, profundizando en los aspectos de nuestro programa que más chocan contra los intereses de la burguesía. Está muy bien que reivindiquemos carriles bici, pero si en algo hemos de destacar no es en eso sino en explicar como acabar con la especulación, dar un empleo digno a todos, una vivienda decente y asequible para todos.
Es evidente que nos cuesta mucho conectar con los trabajadores, con la juventud. No debería ser tan difícil en una sociedad donde más de cuatro millones de trabajadores tienen un contrato en precario, la mayoría de los parados no recibe prestación alguna y la vivienda es un lujo inaccesible para la mayoría.
El problema es que muchos de nuestros dirigentes y cargos públicos están demasiado alejados de las preocupaciones cotidianas de la mayoría de la gente, metidos en la dinámica interna de la organización y de las instituciones. De hecho, el alejamiento de nuestros cargos públicos empieza dentro de la propia organización donde es excepcional verlos pasarse por las asambleas, a discutir con los adscritos y adscritas la labor que desempeñan en las instituciones.
Esa es una de las primeras cosas que debemos cambiar, la asamblea tiene que ser el pilar de nuestra organización animando la participación, la toma de decisiones, la discusión política y la labor desde ellas. No sirve de nada que tengamos un gran aparato central, si nuestras asambleas languidecen porque la militancia siente que no se cuenta con ella más que para pegar carteles en época de elecciones, atender casetas en las fiestas y actos públicos, etc. Todo eso hay que hacerlo, pero no es menos necesario lo que señalábamos al principio.

Tareas para Izquierda Unida
IU a pesar de su retroceso electoral, conserva una base social y una tradición que le permite remontar esta situación adversa si saca las conclusiones políticas acertadas. De cara a las próximas elecciones hemos de plantearnos un objetivo claro que es mantener el voto conseguido y recuperar el máximo posible de todos aquellos que se han abstenido.
Hemos de combatir cualquier tendencia al sectarismo, a considerar a la gente como «conejos», en lugar de ser capaces de comprender nuestros errores y la situación política. IU no está condenada a ser una organización minoritaria ni aislada de las masas.
El gobierno del PP, en estas elecciones o en las siguientes, está abocado a perder y eso pondrá al orden del día un nuevo gobierno del PSOE que, desgraciadamente con los actuales dirigentes, volverá a aplicar una política le enfrentará con los trabajadores tal y como sucedió en las legislaturas de Felipe González. Es evidente la importancia del papel de IU en esa situación y por eso hay que ser optimistas cara al futuro. Pero para ello es clave que tengamos una política correcta, en el terreno de la unidad de la izquierda, a la vez que somos capaces de defender los intereses de los trabajadores.
Frente a la derecha IU siempre tiene que apoyar al PSOE, pero frente a una política de derechas de los dirigentes socialistas, siempre hay que estar con las masas. Eso implica que siempre sostendremos a la izquierda frente al PP, pero que nunca entraremos en un gobierno salvo que se asuma un programa para transformar la sociedad. Al tiempo que le apoyamos frente a la derecha, le combatiremos mediante la movilización de masas y la defensa paciente de una alternativa de clase.
   Izquierda Unida tiene su futuro en una defensa seria y coherente de una alternativa a esta sociedad, a la defensa del socialismo. La necesidad y posibilidad de una transformación socialista de la sociedad debe ser una de las cuestiones que más hay que debatir y explicar. Ha sido precisamente la aceptación del capitalismo, y la renuncia a la transformación socialista de la sociedad, lo que más ha desarmado la capacidad de lucha de las actuales direcciones sindicales y del propio PSOE.
Debemos aspirar a ganar el apoyo de la mayoría de la sociedad para transformar esta sociedad capitalista en una sociedad socialista, es decir a cambiar las actuales relaciones de propiedad en que las grandes fuerzas productivas están en manos privadas, y convertirlas en propiedad de todos y llevar a cabo una planificación democrática de la economía. Desde IU hay que emprender la tarea de un rearme ideológico de la izquierda frente a la burguesía.
Son las miles de pequeñas y grandes injusticias que todos los días produce a mares este sistema social las que hemos de aprender a denunciar, a ir reuniendo cada arroyuelo de ira que miles de personas sienten por ellas en un torrente que transforme la sociedad.