nc27 - Apuntes sobre la situación económica
Economía
Apuntes sobre la situación económica
Concentración de capital y especulación: dos caras de una misma moneda

Jordi Escuer

La especulación en general, y en Bolsa en particular, ha alcanzado un nivel sin precedentes en la historia del capitalismo. Sin embargo, no es un fenómeno nuevo sino que ha acompañado a éste, prácticamente, desde el principio. El grado de especulación actual, la denominada «financiarización» de la economía, es resultado del desarrollo de la economía mundial, de su integración y de una concentración de capital hasta un nivel también sin precedentes. Pero este desenvolvimiento del mercado mundial, lo que habitualmente se denomina «globalización», es la evolución lógica del capitalismo, tal y como Marx demostró que era su tendencia natural.
Recientemente la empresa Michelin ha decidido despedir 7.500 trabajadores en Europa en los próximos tres años, a pesar de que sus beneficios netos han ascendido a más de 48.000 millones de pesetas. Un experto explicaba: «Los inversores exigen que el dinero invertido en la sociedad aporte más intereses que el que ofrecen los bancos, y sus exigencias llegan a ser exorbitantes». Los accionista no aceptan menos del 15% de beneficios anuales(1).
En el Estado español estamos viviendo el cierre de la factoría de Carrier, una empresa multinacional de aire acondicionado, en Guadalajara, a fin de ahorrar costes e incrementar, todavía más, sus beneficios.
El Banco NatWest, se defiende de una oferta pública de adquisición (OPA) hostil, anunciando un plan de recorte de 10.000 empleos en su plantilla en dos años. De esa forma esperan que los actuales propietarios de las acciones no las vendan, convenciéndoles del incremento de ganancias que brindará esa medida(2).

Un capitalismo rentista
El capitalista que en otra época podía estar directamente implicado en las tareas de producción de su empresa, como sucede con numerosos pequeños empresarios, rompe definitivamente los lazos directos con la producción, limitándose a recoger la plusvalía, es decir, la riqueza que obtiene de la explotación de los trabajadores como si se tratará  de una renta, esperando que siempre le rinda un interés creciente. En definitiva, el capitalismo plenamente desarrollado, lo que hace es mostrar más descarnadamente su carácter explotador del trabajo social. El capitalismo contemporáneo no ha atenuado sus contradicciones internas, sino que las ha exacerbado.
Esto refleja la tónica general. Desde el mes de enero hasta septiembre las adquisiciones de empresas en el mundo suman la cifra de 341 billones de pesetas. El 85% de estas fusiones tiene como objetivo el ahorro de costes. La fusión de mayor envergadura, por ahora, entre MCI y Sprint, dos empresas de telecomunicaciones, ascendió a un volumen de 20 billones de pesetas y prevén con ella un ahorro de más de 250.000 millones de pesetas(3). El ahorro de costes siempre incluye un capítulo en mano de obra, que supone miles de despidos en la inmensa mayoría de los casos.
Resumiendo, el capitalismo trata de intensificar constantemente la explotación de los trabajadores, aumentando la plusvalía que obtienen de ellos, a fin de mantener y acrecentar sus ganancias. Esa tendencia no se ha atenuado, si no que se acentúa, aun en pleno auge económico. Actualmente, lo está haciendo con particular fuerza en la medida que no encuentra delante una resistencia consciente y organizada por parte de las presentes direcciones del movimiento obrero.
En Estados Unidos, la duración de la jornada de trabajo aumentó un 4% entre 1980 y 1997. Su jornada laboral es más larga que la de los trabajadores japoneses y supera las 2000 horas anuales. Las diferencias de rentas entre el obrero de una fábrica y un directivo de empresa, que era de 1 a 42 en 1980, ya es de 1 a 419(4).

El dinero tiene dos caras

El enorme desarrollo de los flujos de capitales, el crédito y la especulación, han sido uno de los factores del gran crecimiento económico de estos años, tanto como hoy amenazan con devorar la economía productiva.
El mejor ejemplo de qué queremos decir lo podemos ver en Estados Unidos. Mientras que en 1988 la capitalización bursátil representaba el 50% del Productor Interior Bruto estadounidense, actualmente representa el 150%. Las carteras bursátiles suponen el 25% de los activos estadounidenses, frente al 8% que suponían en 1984(5).
El disparatado crecimiento de la Bolsa de Nueva York ha sido uno de los factores que ha permitido prolongar el auge norteamericano. La crisis asiática y latinoamericana ha empujado ingentes cantidades de capital hacia Wall Street en busca de un refugio más seguro. Eso ha hecho que en lugar de caer, la Bolsa haya seguido creciendo aumentando la riqueza nominal de la población, de la amplia porción que posee acciones.
Si a esto le sumamos unos tipos de interés muy bajos, —cuando en otros auges, lo normal era que el precio del dinero fuera creciendo con el alza de la economía—, tienes la combinación adecuada para un fuerte consumo interno.
Finalmente, el consumo norteamericano ha tirado del resto del mundo. Se calcula que éste ha supuesto un 0,5% del crecimiento mundial durante 1998 y 1999(6). Claro que el precio está siendo un crecimiento drástico del déficit comercial norteamericano, que hasta agosto había llegado hasta los 252.000 millones de dólares, un 53% más que la cifra mayor alcanzada el año pasado(7).
Todo este auge bursátil se sustenta en el crecimiento económico que hasta ahora se ha vivido. Durante años las empresas norteamericanas ha obtenido unos jugosos beneficios por medio de una explotación realmente brutal de los trabajadores. Las acciones se cotizaban por que las empresas eran rentables.
Engels decía que en la Bolsa los capitalistas se «robaban» unos a otros la plusvalía ya robada a los trabajadores en el proceso productivo. A la larga, el auge de la Bolsa sólo se puede cimentar en una industria pujante, que rinda jugosos y crecientes beneficios. El problema empieza cuando la economía real empiece a agotar su capacidad de expandir año tras año las ganancias.
De hecho, tras los enormes beneficios, que de momento reporta la Bolsa, se oculta un estado no tan boyante de la industria norteamericana. Desde marzo de 1988 hasta mayo del presente año, se han perdido 453.000 empleos en el sector industrial estadounidense(8). En agosto las empresas americanas anunciaron el despido de 57.253 personas, un 54% más que en el mismo mes del año pasado. El ritmo de despidos anunciados es un 40% más que en 1998(9).
La reducción de empleo de EEUU se está debiendo a la contratación en el sector servicios. En mayo, mientras los sectores industrial y de construcción perdieron 45.000 y 40.000 empleos respectivamente, los servicios crearon 103.000(10). ¿Qué ocurrirá cuando también los servicios empiecen a perder fuelle?
En todo el mundo existe un exceso de capacidad productiva cuantioso, no desde el punto de vista de las necesidades sociales, sino en el sentido de la que se puede utilizar con rentabilidad. Valga de muestra, el exceso de capacidad productiva del sector naval, que está llevando a los astilleros coreanos a aceptar fabricar con pérdidas, amenazando a la industria europea del sector. Hay sobrecapacidad en muchas otras áreas productivas.
El crédito, los fondos de inversión de toda índole… que durante años han alentado el crecimiento económico ­a la par que la especulación­, ahora pueden disimular el problema real durante un tiempo pero, en caso de crisis, tendrán el efecto de agravarlo. Exactamente eso sucedió en el bloque asiático. La caída de la Bolsa de Nueva York es completamente inevitable y agravará profundamente la situación económica norteamericana, además de tener hondas repercusiones en el resto del mundo. Sus peores consecuencias las sufrirán los pequeños accionistas, como siempre.
El capital no es regulable
Muchos economistas, políticos y expertos variados insisten en la importancia del control de los flujos financieros, por la amenaza que supone para la estabilidad del sistema. Sin duda, una política más o menos acertada puede influir en el grado de desarrollo de una crisis o en retardarla, pero nada puede evitar que éstas se den. En última instancia, es imposible controlar la especulación como es imposible controlar los mercados.
Desde la izquierda no deberíamos alentar la confianza en que es posible controlar la especulación y los mercados de capitales en el marco del sistema capitalista. Por supuesto, hay que denunciar sus consecuencias pero aprovechándolas para desnudar la realidad de este sistema, que emplea todos los recursos de la economía no para atender las necesidades de la sociedad, como se nos dice, sino para acrecentar la riqueza de unos pocos, a costa de la miseria de la mayoría.
La anarquía de la Bolsa y la especulación, no es más que el resultado de la anarquía de un sistema social basado en el mercado y la propiedad privada de las fuerzas productivas. Sus consecuencias deben servirnos de argumento a favor de transformar las relaciones de propiedad, para explicar lo que sería posible lograr con una planificación democrática de la economía.
Los medios técnicos que hoy hacen posible el funcionamiento de las Bolsas, permitiéndole a las grandes multinacionales conocer al detalle la situación de la economía mundial, y que sólo se utilizan para tomar las decisión de dónde invertir o con qué especular, servirían de una excelente base para llevar a cabo una planificación de la economía a escala planetaria. De igual manera que la concentración de capital actual, la interconexión de las empresas a escala mundial, es la base material imprescindible para una sociedad socialista.
¿Qué posibilidades reales hay de controlar los grandes bancos y compañías multinacionales? ¿Qué alternativa puedes plantear a una empresa como Carrier que decide cerrar su factoría en nuestro país? Sólo le queda a la izquierda retomar la defensa de una política firme de nacionalizaciones del sector bancario y de las grandes empresas, lo que no es otra cosa que una defensa consecuente del socialismo frente al capitalismo.

Fuentes
1-El País Negocios, 19/9/99. 2-El País 28/10/99. 3-El País Negocios, 10/10/99. 4-Le Monde Diplomatique, Octubre 1999. 5-Ibídem. 6-El País, 23/9/99. 7-El País, 21/10/99. 8-El País, 5/6/99. 9-El País Negocios, 12/9/99. 10-El País, 5/6/99.