nc27 - Presupuestos del Estado para el 2000
Presupuestos del Estado para el 2000
Cada vez más reaccionarios

Jesús Mª Pérez

Hace un año, cuando analizábamos los Presupuestos Generales del Estado para 1999 presentados por el Gobierno del PP, los definíamos como «reaccionarios, tanto en el ingreso como en el gasto». Los Presupuestos para el año 2000 no son menos reaccionarios a pesar de ofrecer unas cifras iniciales diferentes.

El punto de partida es un aumento del ingreso en un 5,7% y del gasto en un 4,7%. Los ingresos totales previstos serán de 31,68 billones de pesetas, y los gastos superarán en un billón de pesetas esa cantidad. Aparentemente esos presupuestos tienen un carácter expansivo pero encierran un profundo carácter antisocial, como ya han denunciado los sindicatos. El problema, como siempre, es en qué ingresos y qué gastos suben y cuáles bajan.
Para empezar el objetivo principal del Gobierno de la derecha no es cubrir la necesidades sociales de la población. Su prioridad es la reducción del déficit para dejarlo en un 0,8% del PIB.
Los Presupuestos del PP se asientan sobre unos objetivos económicos inciertos. El Gobierno confía en que el PIB crecerá un 3,8% y que la inflación será del 2% en el año 2000. Pero ese sería el escenario más optimista. Por cada medio punto menos que crezca el PIB, el Estado dejará de ingresar 150.000 millones de pesetas menos de lo previsto. La reducción del déficit, tal y como han planteado ya algunos expertos económicos, se basa en una subida de los ciertos ingresos fiscales junto al recorte de algunos gastos, en ambos casos gracias a los efectos temporales de una buena coyuntura económica sobre la que hay muchas dudas de su continuidad.
Lo cierto es que tras las cifras que ofrece el Gobierno hay un mantenimiento, o puede haber incluso un aumento del déficit estructural. Éste lo han calculado algunas instituciones depurando los efectos beneficiosos del ciclo económico (más recaudación o menos gastos por desempleo) y lo sitúan entre el 1,8% y el 2,1% del PIB. Esto significa que un descenso en el ritmo de crecimiento de la economía tiraría por tierra el supuesto primer objetivo del Gobierno; la reducción del déficit presupuestario.
Sobre el carácter de los ingresos:
-Por segundo año consecutivo Hacienda recaudará más por impuestos indirectos, 8,5 billones de pesetas, que por los directos, 8,0 billones. Pero además se acentúa la tendencia, pues mientras en 1999 la diferencia era de 90.000 millones, en el 2000 ya será de 500.000 millones de pesetas. Esta es una tendencia profundamente reaccionaria que entraña una enorme desigualdad social ya que los impuestos indirectos son los que pagamos todos por igual, independientemente de nuestro nivel de renta. El financiero Botín y un jornalero andaluz pagan el mismo IVA por un litro de leche.
-Mientras los impuestos directos crecen un 4%, los indirectos lo hacen un 8,1%. El IVA, que es el principal impuesto indirecto crece un 11%. De esta forma el Gobierno derechista del PP obtiene los ingresos del Estado cada vez más de los trabajadores y menos de los ricos.
Esta tendencia es tan clara y decidida que, por primera vez, tan sólo el IVA va a recaudar más que el IRPF. En estos presupuestos entra en vigor la reducción de la cotización del IRPF aprobada por el Gobierno, que beneficia fundamentalmente a las rentas más altas. Mientras en torno al 68% de los declarantes pagarán más con la nueva tarifa, un 1% (los que superan los 10 millones de base liquidable) se ahorrarán, al menos, 800.000 pesetas en su declaración.
-Es el tercer año en que ha aumentado la presión fiscal indirecta mientras se ha reducido la directa.
-La recaudación del Impuesto de Sociedades, el que pagan las empresas, no llega ni a la mitad de lo que Hacienda recauda por el IRPF (lo que nos retienen a través de la nómina) a pesar de que los empresarios se llevan una cantidad similar del PIB que el conjunto de los salarios. Pero pagan menos de la mitad de impuestos. Pues bien, este impuesto aumenta su participación en un 10,9% pero este aumento se ve largamente compensado con el apoyo fiscal (desgravaciones, subvenciones...) que el Estado otorga a las empresas, a la agricultura, al turismo y al comercio que supera ampliamente el billón y medio de pesetas.
-En 1998 la presión fiscal en España se situó en el 34,2%, mientras la media de la Unión Europea está en el 41%. Si se igualase la fiscalidad española a la europea se recaudarían 5,5 billones de pesetas más. Pero eso no se hace porque afectaría fundamentalmente a los sectores con más recursos económicos, es decir, fundamentalmente el electorado del PP. Pero muchas cosas se podrían hacer con esos 5,5 billones. El problema no es que no haya dinero para mejorar la situación de los servicios públicos, el problema es que ese dinero se destina a los que más tienen.
Con estos datos encima de la mesa decir que el Gobierno del PP es el Gobierno de los empresarios, de los altos cargos de las grandes empresas, es decir de los ricos, no es demagogia. Gobiernan en su beneficio, no en el de la mayoría de la población.
 

Pero similares conclusiones podemos sacar del análisis del gasto en los Presupuestos:
-El capítulo general de Protección y promoción social crece un exiguo 2,8%, lo que descontando la inflación, se queda más cerca de la congelación en un momento de crecimiento económico.
-Los gastos de personal retroceden un 7,8% bajo el argumento del traspaso de competencias a las Comunidades Autónomas, pero eso no puede ocultar la congelación de los salarios de los trabajadores del sector público, un año más. El incremento de un 2% salarial se puede traducir en pérdida de poder adquisitivo si la inflación supera esa previsión para el año 2000.
Esto es especialmente discriminador en un momento en el que está saliendo a la luz que el alcalde de Madrid, como un simple ejemplo, ganan más de un millón de pesetas al mes, o el escándalo de las opciones sobre acciones que permite repartir 45.000 millones de pesetas entre los 100 altos cargos de empresas públicas privatizadas como Telefónica.
-El segundo capítulo del gasto sigue siendo el pago de la deuda del Estado, que a pesar de que desciende un 7,7% (gracias a los bajos tipos de interés) supone más de 2,8 billones de pesetas. Pero el problema es que los tipos de interés parece que han tocado fondo y empiezan de nuevo a subir.
-El presupuesto de Educación sube (una vez descontado el dinero de las transferencias autonómicas) un 9,8% sobre 1999. Pero el problema es en qué apartados sube. Y lo que más sube es la dotación a conciertos educativos con los colegios privados: un 14,6%. Está claro a quién favorece este Gobierno en detrimento de la Educación pública. En Comunidades Autónomas como la de Madrid donde se acaban de traspasar las competencias en esta materia, el PSOE, IU y los sindicatos ya han denunciado un descenso del 59% en el presupuesto de inversiones en Educación para la Comunidad en el 2000. También el traslado de competencias se está utilizando para hacer recortes en los gastos sociales.
-También crece el gasto militar que representa el 5% de todo el gasto público. Este gasto aumenta un 4%, situando esta partida en casi el billón de pesetas.
-Sin embargo desciende drásticamente el gasto dedicado a Desempleo e incapacidad laboral. A este apartado se dedicará en el año 2000 un 1,7% menos que el año anterior porque la previsión oficial es que «haya 200.000 parados menos», cosa que está por ver. Entonces, en vez de aprovechar esta coyuntura favorable para mejorar la situación de todos los parados, simplemente se recorta su asignación.
4En cuanto a la Sanidad, crece el gasto un 6,5% pero, siguiendo la estela de la Educación, el objetivo prioritario del Gobierno del PP no es reforzar el Sistema Sanitario Público sino la conversión de los hospitales y centros de salud en Fundaciones, en otras palabras, su parcelación y privatización. Además ha demostrado su fracaso con la política que han seguido respecto a las medicinas. Se han recortado una y otra vez los beneficios a los usuarios con la excusa de reducir un supuesto excesivo gasto en farmacia, sin embargo este capítulo crece un 10% en el próximo año.
-Se recortan las ayudas fiscales por la compra de vivienda cuando en 1999 se espera una subida del precio medio de la vivienda en un 8%.

Los recortes, más o menos explícitos, más o menos descarados, de los presupuestos sociales en el Gasto del Estado contrastan con la situación de las empresas y los privilegios de sus dueños. «En 1999 el volumen de negocios y ganancias de las grandes compañías experimenta avances interanuales en muchos casos superiores al veinticinco por ciento. (...) Algunos grupos han multiplicado por dos, tres o cuatro su volumen de ventas. Muchos han dado saltos de gigante gracias a la expansión en Latinoamérica. Y qué decir del valor en Bolsa de las primeras compañías españolas que se ha multiplicado entre seis y diez veces en la mayoría de ellas» (Actualidad Económica 25.X.99). Esta publicación resume la situación actual como «tiempos en que sonríe la fortuna económica».
Pero no sonríe a todos por igual. Frente a «la fortuna» de unos, la mayoría seguimos teniendo problemas para llegar a fin de mes. No nos ha llegado nada de esa «fortuna» si no ha sido gracias a jornadas de trabajo extenuantes, pérdida de derechos democráticos y bajos salarios.
Pero el Gobierno ya tiene planes para el futuro para nosotros. Si el PP gana las elecciones del 2000 ya están pensando en la creación de un nuevo contrato indefinido con despido aún más barato para los empresarios (20 días por año trabajado), descentralizar los convenios colectivos (es decir, romper los convenios nacionales o provinciales para restar la capacidad de presión de los trabajadores) y un sistema de copago en la asistencia sanitaria.
No es casualidad la insistencia de Aznar y su equipo en querer dar una imagen de centrista. Su «viaje al centro» no es más que un truco publicitario para tratar de ocultar su verdadera política conservadora y reaccionaria al servicio de banqueros y empresarios. Con este Gobierno se está produciendo una concentración de la riqueza y del poder en pocas manos sin precedentes. La banca ya está concentrada en tan sólo dos grandes bancos; El BSCH y el BBVA controlan unos activos de más de 80 billones de pesetas (más del 80% del PIB previsto para el 2000). Esta concentración lleva consigo la de las grandes empresas industriales y de servicios. La política de privatizaciones, fusiones y liberalización no está teniendo beneficios para la mayoría de la población, pero sí grandes y rápidos dividendos para el puñado de capitalistas que controlan la economía.
El auge económico no está siendo aprovechado por el Gobierno del PP para repartir la riqueza, cosa que sólo algunos ingenuos creían posible, sino para enriquecer todo lo posible a los que ya eran ricos. Los trabajadores necesitamos un Gobierno que represente nuestros intereses. Para conseguirlo se hace imprescindible una política de unidad de la izquierda que en torno a un programa de transformación social sea capaz de generar un movimiento alternativo que barra a la derecha del poder.