Elecciones/12 de marzo
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Pacto PSOE-Izquierda Unida

Una oportunidad para vencer al PP

El ambiente ante las elecciones del 12 de marzo ha sufrido un cambio radical. Algo ha cambiado y ha introducido un elemento nuevo que no estaba previsto. Los principales partidos de la izquierda, PSOE e IU, han alcanzado un acuerdo electoral y de investidura que puede tener un efecto muy importante en el cómputo final.

Pero no se puede «vender la piel del oso antes de cazarlo». Ahora tanto el voto al PSOE como a IU es un voto útil para derrotar a la derecha, pero solo será así si los trabajadores, los jóvenes, y todas las «gentes de izquierda» participamos masivamente en las elecciones, porqué la derecha se va a movilizar masivamente para impedir que la izquierda gane al PP. Es muy importante votar masivamente, porque hay que intentar que la suma de los diputados del PSOE e IU suponga una mayoría absoluta en el Parlamento para que el Gobierno que se forme no tenga las manos atadas ni por los nacionalistas burgueses de CiU, ni los del PNV.

La primera reacción de la derecha española, cuando Almunia lanzó públicamente la primera oferta a IU, descubrió lo que verdaderamente piensan y a quién representan. Rápidamente recurrieron al lenguaje más alarmista y a los argumentos más reaccionarios que se les ocurrieron. Lanzaron a los cuatro vientos la amenaza de un gobierno «social-comunista» y la lista de todos los desastres que provocaría no dejaba de crecer en cada nueva edición de prensa y en cada telediario.

Ellos, que se creían vencedores seguros de las elecciones, y que incluso se planteaban alcanzar la mayoría absoluta en el Parlamento, de repente, sin entender qué pasaba, veían una enorme sombra en su camino. De forma instintiva entendían que si se unían los votos de la izquierda ellos tenían que movilizar a su electorado y la forma más rápida era resucitando los fantasmas del «comunismo». Poco a poco, y en la medida que el acuerdo electoral no cuajaba en listas conjuntas del PSOE e IU para el Congreso, fueron tranquilizándose y cambiando de postura, cubriéndose de nuevo con la piel de cordero «centrista».

Todas las elecciones son importantes para la clase trabajadora, pues se decide el gobierno que vamos a tener, o padecer, durante cuatro años. Sin embargo, éstas, tienen una importancia especial. Si la derecha vuelve a ganar las elecciones el programa económico y social de la próxima legislatura va a ser mucho más duro para las familias obreras que el de los cuatro años anteriores. Aznar y compañía seguirán los «sabios» consejos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE): Recortar las pensiones (que califican de «generosas»), alargar el período de cotización y favorecer los sistemas privados de pensiones; «Flexibilizar» el sistema de negociación salarial (traducido, romper todos los convenios colectivos que puedan); Favorecer la movilidad geográfica; Reducir las «elevadas» prestaciones por desempleo y adecuar la legislación; Seguir con las privatizaciones, y como ejemplo ponen el de RTVE, para la que proponen que, de seguir en manos públicas, se haga pagar a todo el mundo un canon; Reducir las desgravaciones fiscales y regímenes especiales en el IRPF... Si gana la derecha les faltará tiempo para entrar con el cuchillo privatizador en la Sanidad Pública a través de las «Fundaciones», o para tratar de cambiar, en líneas reaccionarias, la Ley de Extranjería, algo que ya han avisado que harán. Todo ello irá destinado a seguir trasvasando riqueza de los trabajadores a los grandes capitales, que con la política de compras y fusiones empresariales siguen siendo los mismos, pero cada vez concentrando más poder y riqueza.

Ante esta perspectiva, y con la muy probable victoria del PP, las elecciones se presentaban para muchos trabajadores como un trámite poco atractivo. El acuerdo entre el PSOE e IU brinda una oportunidad para tratar de evitar la victoria del PP. Por eso ha cobrado una importancia especial esta convocatoria a las urnas.

Por primera vez en mucho tiempo se ha abierto una vía defendida insistentemente desde las páginas de esta revista: La Unidad de la Izquierda. Esta puerta que se ha abierto a la perspectiva de la unidad puede ilusionar políticamente a mucha gente desanimada por la crisis que ha arrastrado la izquierda en el último periodo.

Creemos que el acuerdo que más ilusión podía haber generado, porque hubiese sido el que más garantías de victoria ofrecía, era el de candidaturas conjuntas en una coalición del PSOE e IU en todo el Estado y tanto para el Congreso como para el Senado, tal y como propusieron los representantes de IU en las negociaciones. Los dirigentes del PSOE han desconfiado de esta alternativa y ellos mismos son los que han limitado el efecto del pacto.

De cualquier forma el Acuerdo de Investidura es un gran paso adelante pues asegura los votos de los parlamentarios de IU a favor del candidato socialista frente al de la derecha. También es un paso adelante el Acuerdo electoral para presentar candidatos conjuntos al Senado, pues ofrece la posibilidad de tener una mayoría que permita una reforma progresista de la segunda Cámara.

Una vez asegurado el apoyo al candidato más votado de la izquierda en la investidura de un nuevo gobierno, es necesario insistir en la importancia de que crezca el apoyo a IU: cuanto más apoyo tenga, más posibilidades habrá de empujar a un gobierno encabezado por Joaquín Almunia a la izquierda. En otras palabras, el voto a IU es útil, primero, para derrotar a la derecha y, segundo, para presionar a favor de una política en beneficio de los trabajadores.

Sin embargo, el Acuerdo sobre Programa de Gobierno, aunque cuenta con puntos muy positivos, como es el pronunciamiento inequívoco sobre la defensa de la Sanidad Pública, –destacando la supresión de las Fundaciones Sanitarias–, en términos generales, es demasiado ambiguo. El programa presenta muchas buenas intenciones, pero pocas concreciones. Baste como ejemplo los siguientes:

-Empleo: Se defiende la necesidad de la reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales para crear empleo, pero nada se dice de una ley que la implante. Con «medidas legales» se puede quedar todo en lo mismo que hizo la Junta de Andalucía. Una serie de «incentivos» para que las empresas apliquen la reducción. De esa manera ni se ha creado empleo ni se ha reducido de forma significativa la jornada para los trabajadores andaluces. Se plantea, también, la revisión de la normativa de las ETTs, reconociendo que se están utilizando para la explotación de los trabajadores, especialmente jóvenes, pero no se plantea su eliminación. Se plantea la ampliación de la cobertura de desempleo para los parados de larga duración, pero no se concreta ni la cantidad, ni los requisitos para alcanzarla. Se defiende el aumento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) hasta el 68% del salario medio, pero la gradualidad de su aplicación queda sin concretar (¿en un año, en dos, en cinco o en diez?).

-Vivienda: Se apuesta por un parque de viviendas en alquiler asequible, sobre todo para los jóvenes, pero no se concreta ni cuántas, ni plazos de ejecución.

-Política Autonómica: El nuevo sistema de financiación autonómica no tiene ninguna concreción. En financiación Municipal, de la que depende buena parte de las actuales y nuevas competencias de los Ayuntamientos, el compromiso es alcanzar progresivamente que las Corporaciones Locales participen en un 25% del total del gasto de las Administraciones Públicas, pero se vuelve a no especificar plazo (en 1, 2, 3, 5 o 10 años?).

Pero sobre todo, contempla tres apartados totalmente contrarios a los planteamientos de la coalición, que los negociadores de IU han firmado. Uno es «el mantenimiento de los compromisos en materia presupuestaria en el marco de la Unión Económica y Monetaria». IU votó en contra de los criterios de Maastricht en el Parlamento. El segundo es el «mantenimiento de nuestros compromisos internacionales en materia de seguridad y defensa». IU no sólo votó en contra de la integración en la OTAN sino que encabezó la oposición en el referendum y siempre ha manifestado su postura de acabar con las Bases americanas en suelo español. Los «compromisos internacionales en materia de seguridad y defensa», no son nuestros. Y en tercer lugar, respecto a la lucha contra el terrorismo se apuesta por «la lucha policial» y «el restablecimiento de la unidad de las fuerzas democráticas», es decir, vuelta a la división de la sociedad entre «demócratas» y «violentos» lo que nos retrotrae, en el mejor de los casos, a la fracasada vía del Pacto de Ajuria Enea. Nada diferente a lo que propone el PP.

Si este es el programa del discurso de investidura de Almunia, le apoyaremos porque frente a Aznar no puede haber dudas. Pero IU no debería participar en ese gobierno por la sencilla razón de que si mantiene esa política se enfrentraría a los trabajadores y a los jóvenes. ¿Podemos participar en un gobierno, que como hicieron los de González manda a la policía contra los trabajadores que luchan por sus derechos o contra quiénes reclaman el derecho de autodeterminación? ¿Qué sucedería si se repite una intervención de la OTAN como la de Yugoslavia? El papel de IU no puede limitarse a aceptar el programa de los dirigentes del PSOE, sino que debe impulsar un cambio a la izquierda en el PSOE y eso no se consigue mimetizándose, sino a través de la unidad, pero explicando las diferencias, dejando claro cuales son de principios y hasta dónde puede llegar la colaboración. IU debería mantenerse en la oposición y, desde la izquierda, explicar cuándo apoya las medidas del gobierno y cuándo no, y por qué. Una cosa es impedir con nuestros votos que la derecha llegue al poder y otra muy diferente que, con nuestros votos, se lleve a cabo una política como la de los gobiernos de Felipe González. No podemos olvidar que esos gobiernos fueron los que dieron luz verde a las ETTs, los que llevaron a cabo la reforma laboral, los que llevaron a cabo las reconversiones salvajes de la industria, los que aprobaron las Fundaciones Sanitarias, los que nos metieron en la OTAN...

El acuerdo electoral entre PSOE e IU es un cambio que saludamos con optimismo, pero no es el final de la lucha. Más bien es el inicio de una nueva etapa esperanzadora para la izquierda transformadora. Una etapa que no llegará a su punto culminante con una victoria electoral, sino con un cambio en la percepción que los jóvenes, los trabajadores y las trabajadoras tienen de su propio papel en la sociedad. Un cambio que les lleve a la conclusión de que es necesario transformar la sociedad para resolver sus problemas y que su participación activa en los sindicatos, los partidos u organizaciones sociales es imprescindible para que se dé en un sentido progresista. Este cambio se está forjando y el propio pacto entre el PSOE e IU es un reflejo indirecto de un proceso de toma de conciencia que, aunque a veces es poco visible, no para de avanzar. La realidad y la experiencia son las que mandan, y la realidad que impone el capitalismo está forzando a las masas a buscar una alternativa.