Ante los atentados de ETA - No  caer en la trampa
Suplemento extra con:
No caer en la trampa - por Javier Jimeno
Contra el terrorismo individual- por    Alberto Arregui y
una declaración - por Koldo Usín Diputado de Izquierda Unida/Ezker Batua (IU/EB) en el Parlamento Vasco

Ante los atentados de ETA

No caer en la trampa

Javier Jimeno

Miembro de la Comisión Ejecutiva de IUN/NEB de Navarra

El asesinato de Fernando Buesa y su escolta Jorge Díez es un nuevo mazazo de ETA contra las aspiraciones mayoritarias del pueblo vasco en favor de la paz. ETA ha demostrado que puede seguir actuando, pero si piensa que con ello va a conseguir una mejor posición cara a futuras conversaciones sobre la pacificación de Euskadi se equivoca.

Con cada nuevo asesinato las espectativas generadas durante la pasada tregua se evaporan, siendo sustituidas por una atmósfera cada vez más irrespirable en el seno de la sociedad vasca.

La creciente radicalización en las manifestaciones de rechazo a ETA, junto a la sensación de impotencia ante estos asesinatos, refleja que un sector cada vez mayor de la sociedad vasca comienza a considerar seriamente que la única solución es responder al MLNV con los mismos métodos que ellos emplean y justifican.

Quizás ETA considere justificado, para lograr sus fines, conducir a la sociedad vasca hacia un enfrentamiento civil, pero lo único que puede salir de una situación así es el hundimiento de cualquier esperanza a corto plazo de resolver los problemas políticos de Euskadi.

Los dirigentes de HB deben ser conscientes de que todas las organizaciones políticas, sociales y sindicales que les tendieron una mano para buscar una salida dialogada a este conflicto, han visto truncados todos sus esfuerzos por la actitud de ETA. Los dirigentes abertzales tienen que tomar una decisión: o dicen claro y alto a ETA, ¡BASTA YA!, o dan la espalda a las aspiraciones de la mayoría del pueblo vasco, que sin renunciar a la diversidad de ideas que existen en su seno, pide masivamente que ETA se disuelva definitivamente.

No se trata de repetir una y otra vez que HB no practica la lucha armada, sino de tomar posición clara respecto a las acciones de ETA exigiendo a la organización armada que cese de forma inmediata, incondicional y definitiva sus actividades dejando en manos de la sociedad vasca la lucha por resolver sus problemas.

Parece increíble cómo en tan breve espacio de tiempo se ha pasado de la tregua más larga de ETA a una situación dificilísima en Euskadi. Los esfuerzos del PNV por intentar una solución han fracasado, el Pacto de Lizarra ha muerto con estos atentados y el acuerdo de Gobierno entre PNV, EA y EH ha quedado roto.

Pero se equivocaría el PP si piensa que estos acontecimientos les dan la razón.

El Gobierno del PP, con su inmovilismo durante la tregua de ETA, no sólo ha dejado pasar una oportunidad histórica de resolver este conflicto, sino que ha utilizado los intentos de una parte del nacionalismo vasco para resolver este problema como excusa para identificar a todo el nacionalismo vasco con ETA.

También Izquierda Unida ha probado el sabor amargo del acoso mediático, impulsado por el PP con la connivencia de los dirigentes del PSOE, que ha identificado su participación en el Pacto de Lizarra con una actitud de tibieza y justificación de ETA.

Ya no basta con condenar los atentados de ETA, o se respalda acríticamente la política antiterrorista del Gobierno o eres presentado prácticamente como colaborador indirecto de la organización armada.

Esta política del PP les puede haber dado buenos resultados electorales a corto plazo, pero al precio de generar un enorme resentimiento y hostilidad en una parte muy importante del pueblo vasco (sobre todo entre muchos nacionalistas vascos honrados) que difícilmente perdonaran al PP que se haya aprovechado de sus esfuerzos por alcanzar la pacificación de Euskadi.

Quizás Mayor Oreja piense que la salida del Lehendakari Ibarretxe por la puerta de atrás de la Catedral Nueva de Vitoria en los funerales de Fernando Buesa, ante la hostilidad de miles de personas, es un gran éxito de su política, pero se equivoca.

Hoy no estamos igual que antes de la tregua de ETA, la situación es mucho más grave pues la brecha que se está abriendo en la sociedad entre nacionalistas vascos y españoles en la CAV, y entre navarristas y nacionalistas vascos en Navarra puede tener consecuencias incalculables.

En el presente ambiente parece que puede ser sencillo acabar con ETA mediante una política represiva que va a contar con un importante apoyo social en Euskadi, pero sería un gravísimo error olvidar que también ETA cuenta con suficiente apoyo social como para seguir actuando.

Una vez más se está al borde de un enfrentamiento civil en Euskadi. Qué en pasadas ocasiones no se haya llegado a él no quiere decir que no se pueda llegar. Sólo es necesario que se inicien acciones incontroladas contra militantes del MLNV, en respuesta a los atentados de ETA y la kale borroka, para que se entre en una espiral incontrolable.

En esta situación la izquierda tiene la llave para lograr una reorientación positiva de los acontecimientos. Ni el PNV ni el PP pueden ofrecer una salida. Son el PSOE e IU los que deben tomar la iniciativa para desbloquear la situación. Una victoria electoral de la izquierda en las elecciones generales es la llave para que desde el nuevo gobierno se plantee un nuevo plan de pacificación que contaría con el apoyo del PNV, EA y los sectores del MLNV partidarios de terminar con esta situación.

Pero si los dirigentes del PSOE se siguen negando a tratar este tema en las elecciones, por no enfrentarse al PP y sus voceros, cara al futuro «pintan bastos».

El asesinato de Fernando Buesa ha estado dirigido a bloquear el acercamiento que se estaba produciendo entre el PSOE y el PNV. Caer en esta trampa sería un lamentable error.

 

Contra el terrorismo individual

Alberto Arregui

Ante un atentado como el que ha cometido ETA, provocando la muerte de Fernando Buesa y Jorge Díez, se pueden lanzar muchas condenas y emplear distintos calificativos tratando de expresar el rechazo que producen en la sociedad, pero es absolutamente imprescindible abordar el problema en sus raíces para intentar comprender que es lo que lleva a que esto se produzca y saber si existe un camino para evitarlo en el futuro. Podríamos decir, citando a Shakespeare en boca de Hamlet: «Incluso siendo locura tiene un método».

Es lógico que cualquier crimen absurdo provoque una reacción humana de rechazo, pero al igual que en una guerra, o con la delincuencia común, todos deberíamos entender que no basta con lamentar las muertes sino que tenemos que buscar los medios para evitarlas. Sólo si entendemos los mecanismos que llevan a las naciones a provocar carnicerías espantosas como las que hemos visto en Chechenia o en Kosovo, la guerra del Golfo Pérsico, Ruanda y un largo etcétera, podremos llegar algún día a evitar que se produzcan. Una condena moral puede estar bien, pero no cuesta nada hacerla, a veces son los propios responsables directos de estas masacres quienes ponen un rostro más compungido para lamentar «los daños colaterales» de sus crímenes.

Los atentados de ETA provocan muchas, y lógicas reacciones viscerales, pero por encima de ellas, sólo un análisis de sus causas, puede conducir a una política fructífera frente a ellos, y aún es más necesario este análisis cuando podemos comprobar el fracaso de las políticas desarrolladas por todos los gobiernos (UCD, PSOE, PP), que han prometido acabar con el problema y sin embargo parece que lejos de resolverse se agrava.

La primera clave a resolver es si nos encontramos ante un fenómeno con raíces políticas.

De lo que no cabe ninguna duda es de que los efectos sobre la sociedad no se limitan a la conmoción, las consecuencias políticas son evidentes. Las acciones etarras son determinantes en la elaboración de leyes represivas, influyen en el comportamiento del voto de una gran parte de la población, y ocupan los debates de los representantes políticos. No sólo eso sino que en muchas ocasiones centran la atención de la sociedad apartándonos de otros debates imprescindibles. Una prueba clara la tenemos en este último atentado. Todo el ambiente político estaba centrado en el debate «izquierda-derecha», en la dimisión del Ministro de Trabajo del gobierno de Aznar, en la política a desarrollar por el gobierno que surgiese de las elecciones… Y de la noche a la mañana todo eso ha quedado en un segundo plano. Todo ello muestra no sólo que el terrorismo es un problema político de primera magnitud, sino que además tiene una influencia perniciosa al jugar un papel de cortina de humo sobre los profundos problemas que padece nuestra sociedad, tales como las privatizaciones de las empresas públicas o de la Sanidad y la Enseñanza, el paro, los accidentes laborales, el empleo precario, el racismo con brotes tan graves como el de El Ejido…

Las acciones de ETA suponen una distorsión de toda la vida política en el conjunto del Estado español. Además, sirven de justificación a medidas reaccionarias que llevan a la limitación de la libertad de expresión, como fue el cierre del diario Egin, o el encarcelamiento de la Mesa de HB, o, lo que aún es más grave, el surgimiento de los GAL, que fue justificado por mucha gente incluidos destacados personajes de la política. En definitiva, las acciones de ETA refuerzan ideas reaccionarias, basadas en el deseo de venganza o de acabar con ellos por cualquier medio, o reimplantar la pena de muerte. Cada atentado terrorista, lejos de ayudar a comprender la situación en Euskadi colabora a enturbiarla y refuerza ideas reaccionarias.

Por supuesto los propios etarras consideran, que sus acciones son una forma de lucha política. Su planteamiento para justificar los atentados es tan brutal como simple. Según ellos a través de los asesinatos y el terror podrán forzar al gobierno a ceder ante sus reivindicaciones, que en última instancia conducen a la independencia del País Vasco.

Pero en lo que se refiere a Euskalherria, los años de atentados de ETA, sobre todo desde las elecciones de Junio de 1977, no sólo no han contribuido a resolver los problemas del pueblo vasco sino que los han agravado.

El terrorismo lleva implícito un desprecio absoluto al pueblo, supone el punto de partida de que las masas, los trabajadores, los jóvenes, ni comprenden ni pueden resolver los problemas.

ETA se considera a sí misma como representante de los intereses del pueblo vasco, no ya porque este pueblo no sea capaz de expresarse, sino que llegando al absurdo político, aunque este pueblo se exprese masivamente en contra de ETA, tal como esta sucediendo en estos días. Los objetivos por los que dicen luchar no sólo no los han conseguido sino que con sus métodos cada día los hacen más difíciles.

Sólo aceptando que el terrorismo, en el caso vasco, es la expresión , por absurda que nos parezca, extrema de un conflicto político, estaremos en condiciones de comprender el camino para abordarlo. En cuanto a las raíces de la cuestión nacional vasca no vamos a repetir aquí lo que ya se explica en otras páginas de esta misma revista(ver artículo de Koldo Usín), pero no cabe duda de que los excesos históricos del nacionalismo español, sobre todo con la guerra civil y la dictadura de Franco, fueron los que crearon el ambiente que hizo posible no ya que surgiese un grupo terrorista como ETA, sino que tuviese y mantenga apoyo en un sector de la población.

Y esta es la clave más política de la cuestión que tratamos: el apoyo, o al menos la comprensión, que los activistas etarras encuentran entre un sector nada despreciable de la población vasca. Sin este apoyo ETA no podría haber sobrevivido, sin el respaldo electoral de HB (ahora de EH), sin las manifestaciones masivas o la militancia activa de Jarrai, no se puede entender este fenómeno. Y ese respaldo existe, no es la expresión de un problema policial sino de un problema político, de un planteamiento, unos objetivos y unos métodos que encuentran eco en un sector de la población.

A través de detenciones, de controles, de encarcelamientos, de dispersión de presos, y de represión en general, el problema no sólo no disminuye sino que hemos visto como se agrava. Si se da el paso de un enfrentamiento civil, tal como el PP está estimulando, aún será peor.

El único camino posible para frenar las acciones terroristas es el de un programa político que conduzca a eliminar, o reducir al máximo, el apoyo a ETA. Se trata pues de una encrucijada política. Las posturas de radicalización, de llamada al aislamiento, de ambiente de progromo contra el nacionalismo vasco por parte del nacionalismo español, agudizarán el enfrentamiento.

La única posibilidad está en el reconocimiento de todos los derechos democráticos del pueblo vasco (que obviamente deben ser defendidos al margen de que exista o no ETA), empezando por el derecho de autodeterminación, en no dejar ni un resquicio democrático sin ser defendido por las organizaciones de izquierdas, tal como el acercamiento de los presos, o el fin de cualquier limitación a la libertad de expresión, así como abordar los problemas sociales que afectan a Euskadi, especialmente las condiciones de vida de la juventud, ya que la frustración de carecer de futuro, genera también un ambiente propicio a salidas desesperadas. Sólo si los partidos mayoritarios de la clase obrera toman en sus manos estas reivindicaciones y muestran la existencia de una firme voluntad por transformar la sociedad pueden cerrar el paso a las prácticas de terrorismo individual o a la kale borroka.

En resumen, consideramos el terrorismo individual como la expresión de una enfermedad de la sociedad. Un método que perjudica la causa del pueblo vasco, que daña los intereses del conjunto de los trabajadores del Estado español, y que suministra argumentos a los sectores más reaccionarios de la sociedad. Pero afirmamos que se trata de un problema político, y sólo por vías políticas puede ser combatido. Un incremento de la represión o el enfrentamiento civil no hará sino estimular una espiral infernal de terrorismo y represión.

Para cortar el nudo gordiano de este conflicto es necesario no sólo no limitar los derechos democráticos, sino aumentar estos derechos, especialmente los que se refieren a los derechos democráticos de las nacionalidades, y combatir las lacras sociales de la sociedad capitalista.

 

Koldo Usín

Diputado de Izquierda Unida/Ezker Batua (IU/EB) en el Parlamento Vasco

Las tesis más duras del conocido como Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) se han impuesto en estos momentos a través de sus medios habituales: el coche bomba y las pistolas.

Al margen de las discrepancias que se pudieran mantener con las posiciones políticas de Fernando Buesa, su asesinato y el de Jorge Díez, además de ser una salvajada, representa un peligroso paso en Euskadi hacia la crispación social que también es atizada por el PP.

El PP y ETA representan los dos polos intransigentes del nacionalismo español y del nacionalismo vasco.

En estos momentos, a pesar de la dificultad y resistiendo la presión de los intransigentes, debemos seguir defendiendo con mayor fuerza aún si cabe, la necesidad de buscar una salida política al conflicto vasco apoyándonos en la movilización social.