VIIº Congreso Confederal de CCOO
VIIº Congreso Confederal de CCOO

¿Cambio de líder o cambio de política?

Ricardo Jimeno - Secretario General de la Federación de Químicas-CCOO de Navarra

El próximo 12 de Abril se va a celebrar el 7º Congreso de CCOO. El aspecto que más está destacando en los medios de comunicación, es la retirada de Antonio Gutiérrez de la Secretaria General. Este hecho y la discusión sobre quién iba a sucederle, han ocultado el necesario debate que se tiene que tener sobre lo ocurrido en estos últimos cuatro años de acción sindical, desde la ruptura producida en la dirección del sindicato, con la presentación de dos candidaturas lideradas por Gutiérrez y Agustín Moreno y la destitución de Marcelino Camacho como Presidente de la Confederación Sindical.

Las divergencias se han mantenido, aunque si en algunos territorios o federaciones se han soslayado, conviviendo en el trabajo sindical cotidiano las distintas opiniones, en otros lugares han sido las medidas disciplinarias y las expulsiones las que han acallado las discrepancias y el debate.

Pero estos cuatro años, también han significado una profunda transformación de la vida sindical. Resulta paradójico que hayan sido en estos años de convivencia con el Gobierno del PP, cuando más acuerdos se han firmado entre las direcciones sindicales y el Gobierno. La mayoría de estos acuerdos han sido liderados por CCOO, ya que la UGT, en la medida que avanzaba la legislatura, ha ido cambiando de actitud ante el Gobierno de Aznar, rechazando los últimos acuerdos y teniendo un discurso más crítico con la política del PP. Se puede achacar que este cambio de la UGT, ha sido motivado por un nuevo acercamiento a la estrategia del PSOE, que una vez fuera del Gobierno, necesita que el sindicato ugetista erosione al Gobierno de Aznar para volver al poder.

Sin embargo, aunque ésta fuera la razón de fondo, la percepción de los trabajadores es que UGT ha radicalizado algo su política sindical, mientras CCOO mantiene unas relaciones privilegiadas con el Gobierno de la derecha y un discurso sindical, extraordinariamente moderado. Y la mejor demostración han sido los resultados de las elecciones sindicales, ya que mientras en el 96 la diferencia entre CCOO y UGT era de más de 5.000 delegados a favor del primero, a 31 de diciembre de 1.999, la diferencia se había reducido a unos 2.300 delegados.

La dirección de CCOO, ha defendido en estos años que había que negociar y pactar con cualquier tipo de Gobierno, ya fuera de derechas o de izquierdas, lo mismo que en la acción sindical diaria hay que firmar acuerdos y convenios con los empresarios. Pero simplificar las cosas a ese exiguo argumento es perder la perspectiva del futuro del capitalismo, de la clase obrera y del propio sindicato.

Cuando Aznar ganó las anteriores elecciones en el 96, entró al Gobierno con una posición muy débil, al tener una pequeña ventaja en votos sobre el PSOE, y sosteniéndose sobre los votos de CiU, PNV y Coalición Canaria, que con un acusado mensaje populista, a la primera dificultad importante abandonarían a su socio estatal, como habían hecho anteriormente con el último Gobierno de Felipe González.

En esta situación, Aznar lo primero que busca es controlar el movimiento obrero, para evitar problemas en este terreno. Esta táctica, que cualquier analista político novato podía comprender, le lleva a ofrecer pequeñas concesiones a las direcciones Sindicales, en algunos terrenos, como Formación, Contratación y Reformas Legales. Estas concesiones, también vienen facilitadas porque la política de los últimos Gobiernos de Felipe González había sido tan antiobrera, con su reforma laboral del 94, la legalización de las ETTs y otras eliminaciones de derechos, que hasta un Gobierno de derechas con interés de hacerse un poco popular, podía corregir algunas salvajadas laborales.

Sin embargo, aspectos fundamentales para una política de derechas que beneficie a los empresarios y perjudique a los trabajadores, no sólo no son eliminadas sino que se ponen en marcha con inusitada rapidez: las privatizaciones de las empresas públicas rentables, la reforma fiscal favorable a las grandes fortunas, la reducción del gasto público reduciendo los salarios de los funcionarios y el abandono de la enseñanza y la sanidad pública, son acciones del gobierno de Aznar que no han tenido la necesaria oposición de las direcciones sindicales. Pero es que es muy difícil estar firmando un día con el ministro de turno un acuerdo, y convocar movilizaciones serias y efectivas al día siguiente.

Esta política sindical nos ha llevado a una situación de desmovilización, muy peligrosa, porque si el Gobierno y los empresarios, nos pierden el respeto y el miedo, sus ataques hacia nuestros derechos se harán cada vez más contundentes y continuados. Sólo hay que observar las cargas policiales contra los últimos conflictos laborales y las sanciones, cada vez más numerosas, contra los convocantes de huelgas y manifestaciones, como está ocurriendo con el conflicto de RENFE.

Pero hay otro peligro en esta colaboración con el Gobierno, es la dependencia cada vez mayor de la financiación de toda la estructura sindical de las subvenciones y ayudas, de los Gobiernos central y autonómicos. La estructura de todos los sindicatos ha crecido enormemente, pero la proporción de los gastos que cubre la cuota de los afiliados es cada vez menor. Esto nos hace cada vez más rehenes de la voluntad del Gobierno, que conscientemente ha potenciado esta situación, ya que no se puede decir que Aznar haya sido poco generoso con las subvenciones sindicales. ¡Al contrario!, las ha incrementado ostensiblemente con respecto a la época del PSOE. En esta situación, un recorte en los presupuestos de las partidas hacia las organizaciones sindicales, provocaría el cierre de muchos locales y el despido de muchos liberados.

Además, este incremento de la estructura sindical, sin guardar relación con el incremento de apoyo entre los trabajadores por una mayor afiliación, también está teniendo un efecto negativo, ya que muchos de los nuevos trabajadores del sindicato, no se acercan al sindicato, por ideología, sentimiento de clase o inquietudes solidarias, sino por un puesto de trabajo técnico. Como si CCOO fuera una empresa de servicios. El control del sindicato, en manos de técnicos desideologizados, tendría unas consecuencias nefastas a medio plazo. Esta transformación interna, comienza a asustar algunos dirigentes, y ya ha creado algunas tensiones en la mayoría sindical de Gutiérrez.

De hecho, el enfrentamiento inicial entre las candidaturas a secretario general, entre Fidalgo y Lito, escondían algunas razones, más allá de afanes protagonistas de unos u otros. Al final, un acuerdo de última hora, para que Fidalgo sea el candidato único, ha escondido el debate que hoy existe sobre qué tipo de estructura debe tener el sindicato.

Pero los cambios que debe tener CCOO no pueden ser solamente de dirigentes o de estructura, también son necesarios cambios profundos en la política sindical. Las ponencias oficiales, parecen tirar la toalla, en cuanto a tratar de luchar contra el capitalismo. Hay un pesimismo generalizado en cuanto poder cambiar el actual sistema, aceptando que debemos adaptarnos a él, ya que es indestructible. También contienen un gran pesimismo, sobre la capacidad de movilización de la clase obrera, planteando que es muy difícil organizar luchar generalizadas y exitosas. Sin embargo se olvidan de analizar las grandes contradicciones que el capitalismo está acumulando en su interior, en materias como las desigualdades entre los mundos y los países, o la bolsa especulativa financiera que amenaza con arrastrar a la economía real a una recesión sin paralelo en la historia (contra más alto subes, más dura es la caída) o la destrucción de recursos y el medio ambiente poniendo en peligro la supervivencia de millones de personas, animales y plantas.

Con este panorama, adaptarte a la situación, es adaptar el cuello del ahorcado a la cuerda. Es necesario, reconstruir un sindicato fuerte, decidido a defender los derechos de los trabajadores. El sindicato de servicios es útil, como complemento del sindicato reivindicativo, no como sustituto de éste. Un giro en este sentido, presionaría también a UGT, para que abandonase sus veleidades de tocar poder, si vuelve al Gobierno el PSOE, ya que su radicalismo verbal no se ha reflejado en un acción sindical más radicalizada o reivindicativa, sino que ha seguido profundizando en un modelo sindical burocrático.

El 7º Congreso de CCOO no debería pasar sin debatir estos temas, ya que si perdemos esta oportunidad, será la dura realidad de los hechos la que nos obligará a cambiar.