Informe sobre el Desarrollo de Naciones Unidas
Informe sobre el Desarrollo de Naciones Unidas

Hombres ricos, hombres pobres

El primer Informe sobre Desarrollo Humano realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en 1999 es gráficamente demoledor para los defensores del sistema capitalista. A pesar de que empieza con una declaración de apoyo incondicional al mercado, los datos que va proporcionando demuestran, cada uno de forma más contundente que el anterior, cómo se va formando un abismo creciente entre el polo de la riqueza y el de la pobreza en el mundo.

La desigualdad entre países ha aumentado de forma espectacular a lo largo de la historia del sistema capitalista según ha ido creciendo la riqueza producida. La diferencia de ingreso entre el 20% de la población mundial que vive en los países más ricos y el 20% que vive en los países más pobres era de siete a uno en 1820; de once a uno en 1913; de treinta a uno en 1960; de sesenta a uno en 1990; y alcanzó la cota de 74 a 1 en 1997.

Los países más pobres a finales del siglo XX tienen ingresos per capita inferiores a los que tenían los más pobres a principios del siglo XIX. Los británicos tenían en 1820 un ingreso que era alrededor de seis veces superior al de los etíopes en 1992. Pero es que los chinos, que eran los más pobres en 1820, tenían casi el doble que los etíopes en la actualidad (520 dólares frente a 300).

La ley económica que caracteriza al capitalismo parece implacable; a más riqueza, más desigualdad. Así el ese 20% más rico dispone del 86% del PIB mundial, mientras el 20% más pobre tan sólo tiene el 1% (en 1997). No es de extrañar esta relación si tenemos en cuenta que los precios de los productos básicos (aquellos que los países pobres exportan) son los más bajos en 150 años.

La crisis económica asiática de 1997-99 dejó sin empleo a 13 millones de trabajadores, provocó el aumento espectacular de los precios al tiempo que descendían bruscamente los salarios reales, que en el caso de Indonesia se calcula entre el 40 y el 60%.

Al tiempo que esto sucedía, «las 200 personas más ricas del mundo veían duplicarse con creces su activo neto en los cuatro años anteriores a 1998, a más de un billón de dólares». Su activo es superior ahora al ingreso combinado del 41% de la población mundial.

Los activos de los tres principales multimillonarios son superiores al PNB combinado de todos los países menos adelantados y sus 600 millones de habitantes».

La concentración de la riqueza es la otra cara necesaria del empobrecimiento de los países y sectores de la población más desprotegidos. «Más de 80 países tienen ingresos per capita inferiores a los de hace un decenio o más». De las 16.000 personas que sufren el contagio del SIDA cada día el 95% viven en los países menos desarrollados. El SIDA se ha convertido en el azote de los pobres reduciendo en gran medida su esperanza de vida. En 9 países de África la previsión es que hacia el año 2010 la esperanza de vida se haya reducido en 17 años, regresando a los niveles de 1960.

Con esta realidad no es de extrañar que la propia burguesía se vea obligada a reconocer la necesidad de dar a la mundialización un «rostro humano» porque lo cierto es que para cientos de millones de personas la economía capitalista es «infrahumana».