Ley de extranjería
Ley de extranjería

«La mejor ley de extranjería es la que haga desaparecer la palabra extranjero del diccionario»

Riduan Asouik, portavoz de la Asociación de Emigrantes Marroquíes en España

Jesús María Pérez - Madrid

La elaboración y aprobación de la Ley de Extranjería en el Parlamento ha dejado al descubierto la escasa voluntad democrática del Gobierno de Aznar. Ha sido un final de legislatura con un gran valor sintomático. El PP por primera vez pierde un votación importante en el Parlamento después de intentar desnaturalizar en el Senado una ley pactada con todos los demás grupos políticos en el Congreso. Si el PP vuelve a ganar las elecciones de marzo ya ha manifestado su intención de cambiar el contenido de la Ley aprobada, con el único fin de eliminar los limitados derechos democráticos reconocidos a los emigrantes.

En esta situación hemos querido conocer la opinión de alguno de los sectores directamente afectados por esta situación. Hemos entrevistado a Riduan Asouik, portavoz de la Asociación de Emigrantes Marroquíes en España (AEM).

Quedamos en un viejo café de Lavapiés. Riduan llega algo tarde. El cuidado de su hija pequeña no le ha permitido llegar a la hora que habíamos concertado. Nos presentamos y rápidamente empieza a hablar. Riduan tiene el verbo fácil. Se nota que le gusta hablar, comunicarse. Lleva muchos años en nuestro país. «Llegué en el 82 y aunque también estuve en otros sitios, como París, aquí el abismo cultural es menor. Estoy casado con una española y me gusta el centro de Madrid, porque hay contacto directo con la gente, la convivencia, aunque con problemas, es mayor».

¿Cuál es vuestra opinión respecto de la Ley de Extranjería?

Nosotros defendemos el derecho a la ciudadanía sin restricciones. Reivindicamos el derecho a ser un ciudadano más. Cualquier ley de tipo apartheid es discriminatoria. Cualquier ley que recorte los derechos a los que no son de aquí, es discriminatoria. Eso es una política de despachos, no del ciudadano de a pie. No se ha consultado ni con los que son de aquí ni con los de fuera.

¿Y con respecto a lo que se pactó en el Parlamento?

El espíritu de control policial de la emigración se mantiene. Se mantiene la idea de que se puede detener a alguien por no ser de aquí y encerrarle hasta el día de su expulsión. ¿Es eso democrático?

¿Cómo vivís la cuestión del trabajo?

Se discrimina por la misma razón; no ser de aquí. No depende de la cualificación. El trabajo tampoco es una cuestión de caridad, es un derecho que debería ser igual para todos; hayamos nacido aquí o no.

¿Y frente a la Administración Justicia?

La verdad es que con un emigrante el Ministerio del Interior puede hacer lo que quiera. El artículo 13 de la Declaración de los Derechos Humanos dice que toda persona puede elegir libremente el país que desee para residir. Sin embargo no es así. ¿Por qué un alemán puede hacerlo y un marroquí no? Se pretende imponer por ley que el emigrante, sobre todo si es del Sur, es un ser inferior. Es la misma discriminación que se ejerce sobre la mujer en muchos trabajos, sólo por el hecho de que puede quedar embarazada.

La ironía es que se llame Ley de Derechos y Libertades de los Extranjeros cuando es lo contrario, una ley para limitar esos derechos. Nosotros creemos que es mejor que no haya una Ley de Extranjería sino que se apliquen las Leyes Internacionales.

En otras palabras, ¿pedís tener los mismos derechos que un ciudadano español?

Exactamente. El problema es que si un emigrante comete una falta o un delito en vez de juzgarle y condenarle por lo que ha hecho, se le expulsa. Si es un criminal, un ser peligroso para los demás, lo es aquí y también en su tierra.

Entonces vosotros, ¿no reclamáis la mejora o reforma de la Ley, sino su retirada?

Sí. Hemos participado en manifestaciones en contra de la Ley, incluso hemos sido detenidos algunos de nosotros. Rechazamos la Ley de Extranjería por su espíritu policial. Ya es suficiente la experiencia vivida bajo una ley de extranjería policial desde 1985, que para nosotros ha sido como vivir bajo una dictadura. Es discriminatoria y no respeta los Derechos Humanos. Para nosotros la mejor Ley de Extranjería es la que haga desaparecer la palabra extranjero del diccionario.

No se trata igual a alguien del «Norte» que del «Sur». La policía no trata igual a un alemán que a uno de nosotros. Sólo por el hecho de tener un color de piel un poco más oscuro o de pertenecera un mundo diferente, se es sospechoso. El racismo se ve incluso en los anuncios de publicidad. Se renuncia a la propia imagen. Todos los que salen son rubios, altos y con los ojos azules. ¿Es acaso ese el tipo del español medio?

¿Esperáis algo del PP?

Tras el concepto de extranjería hay toda una filosofía, una forma de ver la sociedad. Y esa filosofía es en realidad un conjunto de prejuicios. Un ejemplo gráfico; A la puerta del Parlamento español hay dos leones y bajo ellos hay una leyenda que dice: «Hechos con los cañones arrebatados al enemigo en la guerra de África». ¿Cómo pueden discutir la Ley de Extranjería tras esas placas que definen al vecino como enemigo? Tendrían que hacer desaparecer esas placas y poner otras en favor de la convivencia entre los pueblos.

No esperamos nada del PP. Son más bien los herederos de los Reyes Católicos. En sus tratos con Latinoamérica y otras partes del mundo muestran que les gustaría volver al Imperio.

¿Qué opináis de los cambios que está habiendo en Marruecos tras la muerte de Hassan?

Los medios de comunicación españoles dieron un apoyo enorme a los cambios políticos en Marruecos. El cambio existe pero no gracias a Hassan ni a su hijo, sino a la resistencia de todo un pueblo, al mantenimiento de una larga y profunda lucha a pesar de la tremenda represión que ha sufrido. Esa lucha es la que obligó a los de arriba a moverse. No podían mantener el poder absoluto de Hassan. El odio hacia Hassan era general. En unos casos era silencioso y otros muchos casos se expresaba en luchas en las fábricas y otros lugares.

El nuevo monarca quiere resucitar la imagen de su abuelo, Mohamed V, como monarca abierto y democrático. A nosotros no nos engañó Mohamed V que fue aliado del Imperialismo.

Algunos analistas desprecian la situación de Marruecos diciendo que no merecen la democracia.

Pero si el nuevo monarca quiere romper con el pasado de su padre lo primero que debería hacer es abolir la vieja Constitución y levantar otra que recoja las aspiraciones de todos los sectores sociales.

La gente se alegra de los cambios pero eso pasa rápido porque las condiciones se mantienen; la prueba es que sigue habiendo huelgas, las pateras siguen cruzando el estrecho...

Otro cambio necesario es el del Código Civil que trata a las mujeres de forma feudal.

Es necesario un cambio verdadero en el que deben participar las organizaciones de trabajadores, de parados, de la mujer, de estudiantes, de niños, de la cultura Es necesario reconocer la cultura y el idioma bereber.

La monarquía debe apartarse y dejar que las organizaciones de la sociedad civil protagonicen el cambio. Hace falta un consenso democrático para elaborar una nueva Constitución. Hay que evitar los enfrentamientos absurdos como los que vemos en Argelia. No se trata de una revolución radical sino de que se cumplan los derechos básicos, los derechos humanos. Los cambios palaciegos siempre nos han llevado a la miseria y a los conflictos armados. Por eso el protagonismo debe ser de la sociedad civil. Que el pueblo decida su futuro.