Los resultados electorales en la Comunidad Autónoma Vasca y el proceso de pacificación
Los resultados electorales en la Comunidad Autónoma Vasca y el proceso de pacificación

Se recrudece el enfrentamiento entre el nacionalismo español y el vasco

Javier Jimeno y Koldo Usín
Miembro de la Ejecutiva de IUN-EBN y parlamentario de IU/EB, respectivamente

Los resultados en la Comunidad Autónoma Vasca sólo se pueden entender, y sacar conclusiones, situándolos en su relación con los resultados generales. Por ello la primera parte de este documento va indisolublemente unida a esta segunda.

Respecto a las elecciones generales de 1996 sólo el PNV y el PP han aumentado en votos, siendo el avance más importante el del PP que pasa de 231.286 votos en el 96 a 319.804, mientras que el PNV lo hace de 315.793 a 344.542.

El resto de las organizaciones desciende claramente: el PSE pierde 34.784 votos, IU/EB 54.427, EA 17.636, y EH fracasa en su intento de capitalizar el crecimiento de la abstención, aunque mantiene su base electoral anterior a la tregua.

Estos resultados son el reflejo del ambiente social que ha vivido nuestra comunidad. Caracterizado en un primer momento por las diferentes actitudes frente a la tregua de ETA y el proceso de pacificación, pero que ha ido evolucionando progresivamente a un enfrentamiento abierto entre el nacionalismo español y el vasco, capitalizado el primero por el PP, y el segundo por el PNV, en la medida que EH optaba por la abstención.

En la medida que la izquierda, no ha sido capaz de diferenciarse de esta dinámica ha jugado un papel completamente subalterno de las dos grandes fuerzas en conflicto, pagándolo electoralmente.

El PSE, aunque ha intentado en el último periodo desmarcase del PP, ha sido incapaz de lograrlo, cómo tristemente quedó reflejado en los acontecimientos que rodearon al asesinato de Fernando Buesa.

Por su parte IU/EB hemos seguido pagando nuestra incapacidad de diferenciarnos del nacionalismo vasco mientras estuvimos en el Pacto de Lizarra, quedando en una especie de «tierra de nadie» tras el abandono del mismo.

El principal reto de la izquierda, tanto en la CAV como Navarra, es salir de su encuadramiento bien dentro del bloque llamado «constitucionalista o navarrista» o bien dentro del bloque del nacionalismo vasco.

El escenario político que sale de estas elecciones es altamente preocupante. La mayoría absoluta hace al PP más preso de su política inmovilista frente al «conflicto vasco». Si hasta la fecha su política se ha basado en un discurso de firmeza antiterrorista y antinacionalista, orientado a criticar a los demás de tibios, complaciente e incluso colaboradores indirectos de ETA, ahora se van a ver en la obligación de pasar de las palabras a los hechos, pues su base social de apoyo les va a exigir algo más que manifestaciones de repulsa sí ETA sigue cometiendo atentados.

Desgraciadamente debemos contemplar como una hipótesis de trabajo posible que en los próximos meses, incluso durante buena parte de la legislatura, el PP opte claramente por la represión judicial y policial de todo el entramado del MLNV, hasta que termine comprendiendo que este camino no conduce a ninguna parte, salvo alargar el sufrimiento derivado de este conflicto político.

Lo que podría evitar esta perspectiva sería que, o bien EH se decidiese a condenar abiertamente las acciones terroristas de ETA y la kale borroka, o bien ETA declarase una nueva tregua indefinida. En ambos casos la constitución de una «mesa de diálogo» sin exclusiones sería posible, quedando el PP en una difícil situación para aplicar en solitario sus «soluciones policiales» desde el Gobierno Central.

En cualquier circunstancia, la izquierda debe explicar claramente que tanto el nacionalismo español del PP, como el nacionalismo vasco son incapaces de resolver el conflicto vasco, pues aunque ambos han avanzado electoralmente, lo han logrado al precio de enfrentarse frontalmente a la otra parte de la sociedad vasca que no le ha apoyado. Frente a este bloqueo social, la izquierda debe ofrecer una alternativa concreta basada en los siguientes puntos:

Defensa del reconocimiento de todos los derechos democráticos de los presos, incluido el acercamiento, oponiéndonos al mercadeo con ellos en la lucha contra ETA.

Reconocimiento a todas las víctimas del terrorismo y la represión policial desde 1968, de tal forma que se vea en su conjunto toda la dimensión del problema de la violencia sufrida por todas las partes del conflicto.

Reconocer que los vascos tiene un problema de territorialidad pues, en mayor o menor número, hay personas que se sienten vascas repartidas en dos comunidades autónomas (CAV y Navarra) y dos estados (español y francés). Si se reconoce su derecho democrático a sentirse vascos (y en consecuencia a desear estar unidos territorialmente) se debe ofrecer una solución que concilie la opinión mayoritaria de los habitantes de cada una de las actuales comunidades por separado (CAV, Navarra e Iparralde) con las aspiraciones de quienes se sienten vascos. Esto se puede lograr mediante el desarrollo de Órganos de Cooperación Permanentes entre ellas, preservando su plena soberanía mientras sus habitantes respectivos no decidan democráticamente cambiar su estatus actual.

Explicar nuestra propuesta de un estado federal solidario basado en la libre colaboración de todas la Comunidades Autónomas, basada en el reconocimiento del derecho a la autodeterminación, para desarrollar una política económica y social orientada a la satisfacción de las necesidades sociales de la mayoría de la población, para lo cual es imprescindible que todas las Comunidades Autónomas y Nacionalidades aporten según sus posibilidades y reciban según sus necesidades. Con un enfoque así quedarían muy claras las diferencias entre el modelo social y de estado de la izquierda frente a las demagogias nacionalistas del PP, CiU y PNV.

Seguir manteniéndonos en nuestra propuesta de la necesidad de formar una mesa de dialogo sin exclusiones en el Parlamento Vasco y Navarro, pero rechazando que esta iniciativa se deba vincular a la formación de un Gobierno Vasco entre PNV, EA, PSE e IU. Una cosa es trabajar por avanzar en un proceso de pacificación y otra las tareas propias de un Gobierno en el cual las diferencias programáticas entre IU/EB y la derecha son insalvables.

Mantenernos en una actitud abierta a la colaboración con el PSE, sin ocultar nuestras diferencias, pero buscando aquello que nos pueda unir para que el acercamiento por la base en la lucha por temas sociales mediante movilizaciones conjuntas favorezca también el acercamiento en una salida desde la izquierda al «conflicto vasco».