Necesitamos recuperar las ideas del Socialismo

La crisis de la izquierdaPortada Nuevo Claridad Nº30

Necesitamos recuperar las ideas del Socialismo

Los resultados de las últimas elecciones generales son señalados por muchos comentaristas como la causa de la crisis en que se ven sumidas las organizaciones políticas y sindicales del movimientos obrero. Más bien, deberíamos decir que la derrota electoral no ha hecho sino poner al descubierto las deficiencias que ya se venían padeciendo desde hace muchos años. Si la derecha ha podido ganar por mayoría absoluta se debe a la profunda crisis en la que está instalada la izquierda en los últimos años.

Las bases del PSOE se sintieron claramente ilusionadas por el pacto pre electoral con IU, instintivamente lo veían como la posibilidad de un giro a la izquierda en sus dirigentes. Pero este pacto no correspondía a un cambio de la política de este partido sino a una táctica de urgencia para tratar de evitar lo inevitable, lo que se juzga en unas elecciones no son las promesas de última hora sino los acontecimientos de años. Ya hemos analizado en detalle las elecciones y dado nuestras opiniones sobre las mismas (Nuevo Claridad nº 29), pero baste decir aquí que los dirigentes de las organizaciones de la izquierda han sido incapaces en los últimos años de ejercer una oposición al gobierno de Aznar que demostrase la existencia de una alternativa creíble a su política, que ilusionase a la gente, que demostrase en la práctica que la política del PP estaba enfrentada a los intereses de la población, y que, por tanto, arrastrase a la movilización social contra la política del Gobierno. Al contrario, el PSOE ha sido incapaz de asumir una autocrítica por su política en el gobierno durante casi trece años que acabó sumida en el rechazo social, que se mereció tres huelgas generales y que se hundió entre los escándalos de corrupción, los GAL, las promesas incumplidas, la precarización del empleo, etc.

Ahora, mientras la base del PSOE está conmocionada por la derrota, sus dirigentes se aferran a sus sillones, y en vez de girar a la izquierda, intentan un nuevo giro a la derecha. Lo expresa de una manera muy gráfica su ruptura con IU, cuando una de las condiciones para salir del atolladero pasa necesariamente por la unidad de la izquierda como requisito imprescindible para movilizar a la sociedad frente al gobierno del PP. Una de las corrientes que aspira a «cambiar algo para que no cambie nada», la llamada «Nueva Vía», no lo ha podido decir más claro por boca de uno de sus portavoces: «se trata de reivindicar el liberalismo». En definitiva son liberales convencidos, y a lo que aspiran no es a enfrentarse con el sistema capitalista, sino a demostrar que ellos pueden gestionar el capitalismo mejor que el PP. Una ratificación de esta orientación es la disposición de la dirección del PSOE a aceptar los pactos de Estado ofrecidos por Aznar, y su seguidismo en la política respecto al País Vasco formando un bloque de nacionalismo español.

Otro de los síntomas más alarmantes de esta orfandad ideológica de la izquierda lo hemos vivido en el congreso de CCOO, donde se ha hecho una alabanza de la política del gobierno del PP, y en consecuencia, de la paz social vivida durante estos últimos cuatro años. Era todo un símbolo ver sentados respetuosamente a los delegados del congreso mientras un ex-ministro de Trabajo del PP les dirigía la palabra y elogiaba la «responsabilidad de los sindicatos». Así que podíamos leer como Fidalgo, nuevo secretario general explicaba que no le preocupaba la mayoría absoluta del PP, ya que si habían ganado era porque habían asumido la defensa de las conquistas sociales. O cómo Cándido Méndez, secretario general de UGT, aprovechaba la ocasión para explicar que la frase «eres más tonto que un obrero de derechas», era un grave error porque es lógico que haya obreros de derechas.

Por su parte el espectáculo que está dando la dirección de IU es poco digno de entusiasmar a la clase obrera y a la juventud. Mientras se aplaza la discusión de la crisis, una vez más, hasta octubre, la crisis no espera, la discusión se produce pero marginando a la base, pues se reduce a los círculos de dirigentes que maniobran y se agrupan para tomar posiciones de cara a la VI Asamblea, sustituyendo el debate de ideas y programas por el de lealtades y la búsqueda de un nuevo líder. En una extensa entrevista en El País (23/4/00), Francisco Frutos cita un único error de IU, según él; la entrada de esta organización en el Pacto de Lizarra, precisamente una de las cosas más valientes y positivas en el haber de esta coalición, pero algo que sus dirigentes no han sido capaces de explicar y convencer porque ellos mismos no estaban convencidos. Ahora algunos dirigentes de IU, Frutos entre ellos, reivindican la peor parte del pacto con el PSOE, esto es, el programa pactado, que no era el de IU, sino el de los dirigentes socialdemócratas. Es imprescindible reivindicar la unidad de acción de la izquierda, pero no para defender un programa socialdemócrata, sino para conducir a la movilización e ir demostrando en la práctica la necesidad de una política de clase.

Si se quiere resolver un problema, el primer paso consiste en entenderlo, en este caso concreto en comprender por qué se ha producido la derrota electoral, pero no sólo es eso, también es decisiva la ideología de la que se parta, los objetivos que se persiguen, por eso tras los análisis postelectorales no sólo se esconde la mayor o menor capacidad de entender lo que sucede en la sociedad, sino, sobre todo la posición de clase que se adopte, es decir qué intereses queremos defender, qué proyecto de sociedad defendemos.

Para decirlo claro, si compartimos con la derecha la idea de que el capitalismo, el neoliberalismo, es la mejor sociedad posible, y a lo único que aspiramos es a gestionar mejor o peor esta sociedad, limando sus asperezas, jamás podremos sacar la conclusión de que necesitamos dotarnos de un programa socialista que defienda la transformación de la sociedad como fórmula para atraer al electorado y recuperar la capacidad de la izquierda de ilusionar a la sociedad.

Y este es el problema de fondo: la mayoría de los dirigentes del PSOE, de CCOO, de UGT, y ¿por qué no decirlo?, de IU, hace tiempo que han renunciado a la idea del socialismo. Esta es ni más ni menos, en última instancia, la raíz de la crisis de la izquierda.

Si se renuncia a la idea de transformar la sociedad se renuncia también inevitablemente, en la práctica, a la defensa de aquellas reivindicaciones que suponen un cuestionamiento de fondo de este sistema clasista en el que un puñado de privilegiados controlan la economía y la política. En vez de defender la supresión de las ETTs, se plantea simplemente corregir sus excesos, en vez de abandonar la OTAN se acepta mantener los compromisos internacionales, frente a la reducción por ley y de forma inmediata de la jornada laboral a las 35 horas se verá la manera de estimular paulatinamente esta reducción, en lugar de buscar una salida política al conflicto vasco se acepta el respaldo a la vía policial… y así sucesivamente. La diferencia entre socialismo y socialdemocracia no es sólo una diferencia en el objetivo final, sino que lo es inevitablemente en la práctica cotidiana, porque la lucha por el socialismo cuestiona el sistema existente, y el reformismo lo apuntala.

Sólo con una perspectiva socialista se pueden abordar los problemas que hoy atenazan a la izquierda. La necesidad más imperiosa es romper con el modelo burocrático que ahoga al PSOE y a IU, dando la palabra al conjunto de la organización, y más aún al conjunto del movimiento obrero. La táctica, frente a la mayoría absoluta del PP sólo puede basarse en la movilización social, en la transformación de UGT y CCOO en instrumentos útiles en manos de los trabajadores y no en oficinas vacías de militancia sostenidas con fondos públicos. Las reivindicaciones tienen que ser aquellas que responden a los intereses materiales y a las ideas de los sectores más desfavorecidos, más progresistas de la sociedad. Y el proyecto no puede ser otro que el de la formación de un gobierno de los partidos de izquierdas, pero para aplicar un programa que conduzca a la transformación socialista de la sociedad. Por todo ello esta discusión, la que puede sacarnos de la crisis, comienza por reivindicar la vigencia del programa del socialismo.

La crisis del PSOE y de IU se mantendrá mientras no se aborde esta problemática a fondo, si no se toma la iniciativa será una crisis prolongada, pues se mantendrá el descontento y la falta de militancia. Puede prolongarse durante un proceso de años hasta la irrupción de un movimiento en la sociedad que fuerce a las organizaciones a cambiar dirigentes y políticas, en nuestras manos está el que sea un período lo más breve posible a través de una intervención consciente para restaurar los métodos de lucha de la clase obrera y sus ideas, que no son otras que las del socialismo.