La izquierda no debe ser comparsa ni del PP ni del PNV

Euskadi

La izquierda no debe ser comparsa ni del PP ni del PNV

Javier Jimeno
Ejecutiva de IUN/NEB

Tras las elecciones generales la situación institucional de la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) esta presidida por una gran inestabilidad. La ruptura del acuerdo de legislatura entre el Gobierno Vasco y EH, derivado de la ruptura de la tregua de ETA y los atentados posteriores, ha dejado al Gobierno Ibarretxe en minoría, contando en la cámara vasca con el apoyo de 27 diputados sobre 75.

En esta situación, el enorme avance del PP en las pasadas elecciones generales, ganando al PNV en 10 de la 15 ciudades más importantes de la CAV, ha animado a este partido a exigir la convocatoria inmediata de elecciones anticipadas con el objetivo de que el próximo gobierno vasco deje de estar presidido por el PNV por primera vez desde la aprobación del Estatuto de Gernika.

El PNV está intentando evitar la convocatoria anticipada de elecciones, aplazando la decisión hasta después del verano, para en el caso de convocarlas, procurar que no se reproduzcan los resultados de la elecciones generales.

¿Es posible evitar las elecciones anticipadas?

La tarea se presenta complicada. Un Gobierno Vasco con un apoyo parlamentario mayoritario sólo puede producirse en tres hipótesis: que ETA declare una tregua total, definitiva e incondicional que permitiera que EH volviera a darle el apoyo (PNV, EA y EH suman mayoría absoluta). Qué el PSE entrase en el Gobierno (PNV, EA, PSE también suman mayoría absoluta). Y por último que el PP diera su apoyo a Ibarretxe.

En el primer caso las posibilidades de que ETA declare una tregua es difícil, aunque no imposible. El retorno a la actividad armada por parte de ETA ha producido un enorme daño a la izquierda abertzale como ha quedado reflejado en el fracaso estrepitoso de su campaña por la abstención tanto en la CAV como en Navarra.

Si en algún momento el terrorismo ha demostrado lograr todo lo contrario a lo que dice pretender es ahora. Objetivos estratégicos del MLNV como el reconocimiento del Derecho a la Autodeterminación o la unidad territorial de Euskal Herria se alejan cada vez más con cada atentado.

Los resultado en Navarra, donde UPN ha obtenido el 49,88% de los votos en base a una campaña frontalmente antivasquista, es una condena aplastante al retorno de ETA a la actividad armada.

Órganos de colaboración transfronteriza entre Navarra, la CAV y Aquitania (donde están incluidos los territorios vasco-franceses) han sido rotos por UPN sin ninguna reacción social.

Por otra parte, la arrogancia de UPN le ha llevado a preparar una revisión de la vigente legislación lingüística más restrictiva respecto al Euskara en Navarra.

También en el terreno represivo las perspectivas para el MLNV son francamente oscuras, pues el PP percibe que el endurecimiento de la represión no va a tener a corto plazo ninguna reacción social en contra.

El problema radica en que ETA se encuentra atrapada en una dinámica de la cual le es muy difícil salir. Si retorna a la tregua las exigencias del PP van a ser mucho más duras que en la pasada tregua (y eso que entonces su actitud fue muy intransigente) y las concesiones mínimas, pues también el PP esta atrapado por su discurso de firmeza. Y esperar que el PNV se vuelva a mojar tanto como en la pasada tregua es poco probable, pues ha salido muy «trasquilado» de la experiencia como para volver a intentarlo, salvo que esta vez ETA apueste por su total disolución, para lo cual no parece que esté preparada toda su base social de apoyo.

Por lamentable que sea, es probable que ETA opte por mantener un pulso prolongado con el PP hasta que las condiciones políticas cambien. Si ETA comete nuevos atentado las elecciones anticipadas son prácticamente inevitables.

La segunda posibilidad es que el PSE optase por entrar al Gobierno Vasco, para lo cual el PNV debería romper todos sus contactos públicos con EH, o lo que es lo mismo, romper el Pacto de Lizarra.

Esta posibilidad es difícil pero no imposible. En realidad Ibarretxe está intentando desesperadamente formar un nuevo foro de partidos con sede en el parlamento vasco que sustituyera el Pacto de Lizarra, pero con atentados de ETA es muy difícil que salga adelante, pues el PP se seguirá negando a formar parte de una mesa en la que esté EH y el PSE no tiene intención de participar en ningún foro en el que no participe también el PP, por miedo a las críticas e intoxicaciones informativas que recibiría de este partido en todo el Estado español.

Da la impresión que los dirigentes del PSE estarían dispuestos a entrar en un Gobierno con el PNV y EA después de unas nuevas elecciones que dejasen claro que el nuevo gobierno nada tiene que ver con el actual presidido por Ibarretxe.

Por último, la posibilidad de que el PP apoyase al actual gobierno parece imposible. Su objetivo es desalojar al PNV del Gobierno de Vitoria lo cual solo sería posible con nuevas elecciones, confiando en unos resultados que les permitiera formar un gobierno con el PSE. Pero esta perspectiva es muy improbable pues, salvo que EH no se presentase a las elecciones autonómicas, el PP y PSE no lograrían una mayoría absoluta.

En resumen, salvo el PP, nadie tiene mucho que ganar con la anticipación de las elecciones, pero el bloqueo institucional es tan grande que nuevos atentados de ETA y la presión consiguiente del PP las puede hacer inevitables.

¿Resolverán algo unas elecciones?

El problema del terrorismo asociado a la cuestión nacional vasca no se resolvió tras la caída de la dictadura, y permanece desde las primeras elecciones generales hasta nuestros días.

En este dilatado periodo de tiempo se aprobó el Estatuto de Gernika y se han sucedido numerosos gobiernos en la CAV, Navarra y Madrid sin encontrar una solución.

Asociar la solución a este fenómeno a unas elecciones o un cambio de Gobierno Vasco no deja de ser un recurso electoralista por parte de quien lo utilice.

Tanto el PP como el PNV están cometiendo un mismo error desde dos puntos de vista completamente antagónicos. Los primeros pretenden separar la existencia de ETA del conflicto histórico entre el nacionalismo español y vasco. Mientras que el PNV ha intentado resolver el problema de ETA ignorando la existencia de este conflicto.

El PNV pensó que la tregua de ETA sería suficiente para que el PP aceptase un statu quo respecto al nacionalismo vasco semejante al que ha mantenido en los últimos años con el nacionalismo catalán. Sin embargo el PP ha encontrado en la lucha antiterrorista el camino para intentar implantar el nacionalismo español en un territorio en el cual siempre había sido extremadamente débil.

Del primer asalto en este pulso, el nacionalismo vasco ha salido bastante «escaldado», probablemente porque no se esperaba la reacción del PP. Es llamativo cómo en pocos años Arzallus ha pasado de considerar a Aznar un «gran hombre de Estado», ha considerarlo el azote de Euskal Herria, evolución que ha marchado pareja al endurecimiento de la política del PP respecto al PNV.

Por su parte el PP ha utilizado una táctica, que a corto plazo le ha sido muy rentable, basada en explotar los sentimientos populares de horror frente a las salvajadas de ETA, orientando este sentimiento hacia una condena general del nacionalismo vasco.

Si de lo que estuviéramos hablando fuera de un conflicto que afectase sólo a los dirigentes del PP y el PNV el problema no revestiría una gran importancia, pero con lo que se está jugando es con los sentimientos de importantes sectores de la sociedad vasca.

Durante años ETA ha basado su existencia en un sector de la sociedad vasca claramente independentista que vive el conflicto entre el nacionalismo vasco y español como un acto de opresión nacional del primero sobre el segundo, mientras que la mayor parte de los nacionalistas vascos (incluidos partidarios de la independencia) aceptaban la realidad institucional existente sin gran dramatismo.

El problema ahora es que, aun estando en contra de ETA, el conjunto de los nacionalistas vascos viven su relación con el nacionalismo español como la lucha contra un enemigo.

Por su parte el PP y UPN han generado otro ambiente entre importantes sectores de la sociedad en la CAV y Navarra, de abierta hostilidad contra el nacionalismo vasco.

La manifestación de Vitoria contra el asesinato de Fernando Buesa y su escolta fue una expresión palpable de cómo, aun estando todos en contra de ETA, el enfrentamiento social era más que evidente.

En la misma fecha en Pamplona una manifestación contra este atentado terminó impidiendo al presidente del Parlamento Foral leer el comunicado en Euskera a pesar de que la manifestación estaba apoyada por el PNV y EA.

Unas elecciones autonómicas en la CAV no van a cambiar sustancialmente las cosas. El nacionalismo vasco, preparándolas con tiempo y desplegando toda su influencia institucional y mediática, obtendrá unos buenos resultado, mientras que el PP, si ETA sigue atentando también mantendrá su apoyo. La principales víctimas de este enfrentamiento serán el PSE e IU/EB.

La izquierda en el conflicto vasco

Es lamentable ver cómo quienes tienen la llave para desbloquear este conflicto están siendo incapaces de utilizarla.

Aunque aparentemente la posición del PP parece fuerte, sin embargo, y a pesar de sus avances, es débil. Si en lugar de dividir el voto de las elecciones generales entre nacionalistas y no nacionalistas, como hace el PP para sus análisis, lo dividiéramos entre nacionalistas vascos (PNV, EA, sin incluir la abstención de ETA), nacionalistas españoles (PP) e izquierda (PSOE, IU/EB), el Partido Popular ocuparía la última posición.

El PP está intentando desarrollar en la CAV la misma táctica que en Navarra: intentar alcanzar una posición de dominio apoyándose en el PSOE.

No se trata de que la izquierda se resigne a ser comparsa del PP o del PNV. Es necesario que la izquierda sea capaz de ofrecer una posición propia basada en la defensa de un federalismo de izquierda.

IU/EB debería ser el principal impulsor de esta idea, llamando de forma insistente a los dirigentes del PSE para que rompan sus acuerdos con el PP, con el objetivo de impulsar una posición independiente.

Los ejes de esta política, aunque ya han sido expresados muchas veces desde estas paginas merece la pena repetirlos: Frente a este bloqueo social, la izquierda debe ofrecer una alternativa concreta basada en los siguientes puntos:

Defensa del reconocimiento de todos los derechos democráticos de los presos, incluido el acercamiento, oponiéndonos al mercadeo con ellos en la lucha contra ETA.

Reconocimiento a todas las víctimas del terrorismo y la represión policial desde 1968, de tal forma que se vea en su conjunto toda la dimensión del problema de la violencia sufrida por todas las partes del conflicto.

Reconocer que los vascos tiene un problema de territorialidad pues, en mayor o menor número, hay personas que se sienten vascas repartidas en dos comunidades autónomas (CAV y Navarra) y dos estados (español y francés). Si se reconoce su derecho democrático a sentirse vascos (y en consecuencia a desear estar unidos territorialmente) se debe ofrecer una solución que concilie la opinión mayoritaria de los habitantes de cada una de las actuales comunidades por separado (CAV, Navarra e Iparralde) con las aspiraciones de quienes se sienten vascos. Esto se puede lograr mediante el desarrollo de Órganos de Cooperación Permanentes entre ellas, preservando su plena soberanía mientras sus habitantes respectivos no decidan democráticamente cambiar su estatus actual.

Explicar nuestra propuesta de un estado federal solidario basado en la libre colaboración de todas la Comunidades Autónomas, basada en el reconocimiento del derecho a la autodeterminación, para desarrollar una política económica y social orientada a la satisfacción de las necesidades sociales de la mayoría de la población, para lo cual es imprescindible que todas las Comunidades Autónomas y Nacionalidades aporten según sus posibilidades y reciban según sus necesidades. Con un enfoque así quedarían muy claras las diferencias entre el modelo social y de estado de la izquierda frente a las demagogias nacionalistas del PP, CiU y PNV.

Seguir manteniéndonos en nuestra propuesta de la necesidad de formar una mesa de dialogo sin exclusiones en el Parlamento Vasco y Navarro, pero rechazando que esta iniciativa se deba vincular a la formación de un Gobierno Vasco entre PNV, EA, PSE e IU. Una cosa es trabajar por avanzar en un proceso de pacificación y otra las tareas propias de un Gobierno en el cual las diferencias programáticas entre IU/EB y la derecha son insalvables.

Mantenernos en una actitud abierta a la colaboración con el PSE, sin ocultar nuestras diferencias, pero buscando aquello que nos pueda unir para que el acercamiento por la base en la lucha por temas sociales mediante movilizaciones conjuntas favorezca también el acercamiento en una salida desde la izquierda al «conflicto vasco».