Latinoamérica

Latinoamérica

Soplan nuevos vientos en todo el continente

Joaquín Sainz

Por más que durante años nos hayan tratado de explicar lo mucho que se estaba desarrollando, América Latina cada vez más se parece a sí misma. El crecimiento económico de esta región no se ha repartido entre toda la población sino que ha servido para profundizar más aún las diferencias entre ricos y pobres. Lo mismo que en el resto del mundo.

«La pobreza en el mundo se está intensificando. Hay 1.200 millones de personas que viven en condiciones de extrema pobreza, lo que equivale a casi la cuarta parte de la población del planeta. Más inquietante aún es la brecha entre pobres y ricos» (...) «He visitado muchísimos países que se encuentran prácticamente aislados de la economía mundial donde el agua está tan contaminada que no se puede beber, donde los niños mueren por falta de alimentos». El autor de estas palabras no es un militante social sino el presidente del Banco Mundial James Wolfensohn. Claro que sus conclusiones no son del tipo de redistribuir la riqueza sino que pide a los activistas del mundo desarrollado aliarse para «ayudar a los pobres» y los convocó a «unir energías" para actuar de manera creativa «para hacer cosas milagrosas». Está claro que para esta gente la solución está en el reino de los milagros porque no piensan variar sus políticas.

La realidad económica de los países andinos los ubica entre los países más pobres de la tierra y los pone en primera línea también en conflictividad social. El reciente levantamiento campesino en Bolivia detonado por un aumento del precio del agua, y que impulsó a Banzer al establecimiento del estado de sitio, ha puesto de manifiesto la debilidad del gobierno. Como nadie hacía caso del estado de sitio, el presidente sorprendió a todos en la mañana del 20 de abril y lo levantó. Claro que la represión se hizo notar, pero el gobierno tuvo que enfrentar en medio del levantamiento campesino una rebelión de la policía y los militares que exigían más sueldo, logrando un insólito 50% de aumento. Por otro lado Banzer tuvo que ceder a casi todas las demandas de los sectores campesinos más conflictivos. En el problema del agua el resultado ha sido que la Ley de Aguas fuera modificada y la empresa norteamericana que llevaba a cabo este costoso proyecto fuese prácticamente «expulsada» del país. Todo esto deja al gobierno de Banzer en una situación de extrema debilidad abriendo la puerta a más reivindicaciones sociales tanto de los campesinos como de los trabajadores para lo que este gobierno no tendrá más respuesta que la represión. Las organizaciones de estudiantes universitarios y los sindicatos de maestros han anunciado una ola de protestas en demanda de mejoras presupuestarias. El ministerio de Educación adelantó que no aceptaría las demandas de los estudiantes, en gran medida porque carece de los fondos.

En lo referente al ejército y la policía el gobierno no ha terminado de resolver las exigencias salariales y existe la posibilidad de nuevos amotinamientos a gran escala.

De acuerdo con noticias de última hora el gobierno en pleno ha presentado su dimisión a Banzer abriendo un nuevo capítulo en la crisis.

Pero la crisis social y política no se detiene en Bolivia sino que recorre toda la región. Perú, Ecuador, Venezuela... No hay país que no atraviese por una situación de crisis aguda. Y si bien cada país tiene sus particularidades, y vaya si las tiene, el proceso de descomposición social es escalofriante.

Argentina

Los tres presidentes que desde la caída de la dictadura ha tenido la Argentina empezaron por intentar un ataque al movimiento obrero, bien enmascarado tras el rótulo de reforma laboral (Alfonsín, y ahora De La Rua), bien rompiendo la unidad de la CGT (Menem). Resulta más que llamativo que todos traten de empezar sus tareas por el mismo punto. Pero si tiramos un poco del hilo nos encontraremos al otro extremo con los muchachos del FMI monitoreando estos pasos.

Hasta el pasado 19 de abril en que perdió el control de la fuerza policial el gobierno de la Alianza pagó un sinnúmero de costos políticos por un proyecto que al final no es seguro que garantice una mejora de los índices de paro. Pactó con los dirigentes sindicales más desprestigiados, como Daer, Cavallieri y Barrionuevo, que son los que han quedado en la CGT oficial. A cambio del apoyo a esta ley, el gobierno suavizó aquellos puntos que reducían el poder centralizado en la burocratizada dirección sindical. Pero la presión de los sindicatos más radicalizados en este momento, como los camioneros y otros sectores, hizo que los sindicalistas que habían acordado con el gobierno el apoyo a la reforma laboral pidieran modificaciones a la ley.

El resultado final de esta pelea todavía está abierto, pero ya está teniendo un coste muy alto para el gobierno sobre todo después de que todo el país viese por televisión las imágenes de la policía en la plaza del Congreso reprimiendo a tiros, palos e incluso utilizando cuchillos. A pesar de que el ministro del interior a puesto a disposición judicial a 12 policías, las exigencias de su dimisión surgen de todos los ángulos de la oposición sindical y política.

Gobierne quien gobierne

Cuatro meses nada más lleva este gobierno en Argentina, con un verano por medio que tiene un verdadero efecto atenuante del ritmo político, y ya están saliendo chispas por todas partes.

El principal «mecenas» de la campaña del presidente De la Rúa, un empresario, amigo y coordinador del comité de campaña, Norberto D’Elía, resulta ser un evasor de impuestos de tomo y lomo. Hace pocos días De la Rua anunció que metería en la cárcel a quienes no pagasen impuestos. Pues ya puede demostrar el valor de sus palabras.

También la ministra para asuntos sociales, Graciela Fernández Meijide, que hizo su carrera política basándola en una línea anticorrupción y de defensa de los derechos humanos, se está viendo afectada por algunos posibles casos de corrupción y tráfico de influencias.

El Canciller del gobierno (ministro de asuntos exteriores) acaba de votar contra Cuba junto a EEUU en la ONU, abriendo fisuras entre los sectores socialistas y de izquierdas de la Alianza en el gobierno.

Las declaraciones del ministro de economía diciendo que Argentina va a tener un crecimiento superior al 4% anual, pero que tardará tiempo en dejar sentir sus efectos sobre la población trabajadora. Y el impuestazo inicial golpeando sobre los sectores populares, son en resumen los temas más importantes que están dando qué hablar en este país.

Si unimos todo esto a la postura totalmente complaciente del gobierno para con los militares, por delitos como el secuestro de niños y la desaparición de personas, por no hablar del resto, puede verse que el ritmo y la intensidad de los acontecimientos es fuerte. Posiblemente Argentina pertenece a ese tipo de países que producen más historia de la que pueden digerir. Muchos votantes de la Alianza, que la votaron como una opción progresista no pueden asimilar tanto desgaste en tan poco tiempo. Lo que los trabajadores y los sectores populares están empezando a ver es que gane quien gane las elecciones, al final siempre la factura la pagan ellos.

¿Se abre una perspectiva de luchas?

El periodista más cualificado en la investigación sobre represión en Argentina, Horacio Verbitsky, el 16 de abril comenzaba su columna habitual diciendo "El gobierno nacional está poniendo a punto dispositivos para la represión de lo que denomina «indisciplina social». Esto incluye la sanción de nuevas leyes, la coordinación de esfuerzos entre la Nación y las provincias, los intercambios de inteligencia y la actuación de las Fuerzas Armadas en cuestiones de seguridad interior, con el pretexto de combatir el contrabando, el narcotráfico y el terrorismo".

Por otro lado un dirigente metalúrgico en alza, Francisco Gutiérrez, acaba de decir que «con su intransigencia, el gobierno avanza hacia un grado de conflictividad muy alto». Si leemos sin tapujos estos síntomas veremos que de ambos lados de la contienda se prevén secuencias cada vez más duras de la lucha .

No es casual que la presión social se eleve tan rápidamente tras la victoria de la Alianza encabezada por De la Rúa y Chacho Alvarez. Si bien para amplios sectores más o menos progresistas este gobierno representa un paso adelante frente al derrotado Menem. Para los peronistas, que son mayoría en el movimiento obrero, está teniendo otro efecto. Bajo Menem los trabajadores fueron sometidos a políticas de austeridad, que al venir de un gobierno peronista las iban tragando, unos con más oposición, otros con más resignación. Pero a la larga todos vieron que frente a sus sacrificios se habían amasado gigantescas fortunas en poquísimos años. Algunos se hicieron ricos de golpe, otros incrementaron su patrimonio escandalosamente. Durante años los libros más vendidos en la Argentina han sido los que denunciaron todos estos escándalos. Pero la crítica y la denuncia por sí mismas, sin alternativas, no construyen soluciones. A veces incluso pueden tener un efecto saturador en la conciencia de las masas que tienen que procesar solas toneladas de escándalos.

El efecto que ha tenido el abandono de la inmensa mayoría de la intelectualidad de la idea de una nueva sociedad ha sido importante. En los años sesenta y setenta, la crítica política aparecía vinculada a la idea de la acción política para la transformación. Pero hoy la crítica política de la llamada intelectualidad está castrada, carece de lo más importante, la llamada a la acción. De qué les sirve a los pobres que les cuenten cómo amasan las fortunas los ricos, y lo que es peor, los políticos a los que ellos votan. Sin la idea de la acción para cambiar ese estado de cosas la crítica es un mero ejercicio intelectual sin mas consecuencias que las de un soplo de viento sobre un velero sin velas.

Si para mantenerse en el poder, la clase dominante necesita mantener a las clase trabajadora en permanente confusión, no cabe duda de que en la Argentina lo están consiguiendo por largo tiempo. Pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Soplan nuevos vientos en todo el continente. Hay una conciencia cada vez más clara de que el actual sistema nos ha conducido a un mundo en el que no hay sitio para todos. Sobran todos los que no tengan la suerte de tener un trabajo. Los estados son cada vez más policiales y aplican leyes más restrictivas. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, el peronista Rukauf, ganó las elecciones con la consigna de una bala para cada delincuente. Está claro que el origen de la delincuencia está en la pobreza y para estos señores es más barato fabricar balas que crear empleo. ¿Qué hay de nuevo y de creativo en estas doctrinas...? ¿Y estos señores son los que acusan al socialismo de ser una idea del pasado?

Hay que reconocer que han hecho de la mentira un valor en alza. Y si analizamos el funcionamiento de las bolsas de todo el mundo veríamos que esto no es una metáfora. Pero a pesar de todas las mentiras vertidas siempre no pudieron evitar el levantamiento sistemático de los trabajadores, los campesinos, los jóvenes. En todas partes. Forma parte de su juego hacernos creer que todo eso es parte del pasado, que ya no es políticamente correcto ser de izquierdas y que si crees que es posible un mundo mejor que este, donde todo se planifique en beneficio de todos entonces estás chiflado o eres un resentido social. Allá ellos. Pero la realidad es más compleja y se empeña en abrir siempre nuevas oportunidades. Las elecciones al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, están siendo un hervidero. Uno de los síntomas más interesantes es la decisión detectada en las encuestas de cortar papeleta, votando a Jefe de gobierno al candidato de la Alianza pero a parlamentarios a partidos de ultraizquierda. La importancia de estas elecciones es muy grande y merecerían tratarse aparte una vez se desarrollen el 7 de mayo.

En la Argentina, lo mismo que en el resto de Latinoamérica, Africa, Asia, su sistema ha fracasado siempre y solo se mantiene por la aplicación cíclica del terror. Fujimori, Banzer, son sólo expresiones suaves de lo que están dispuestos a hacer por mantenerse en el poder. Videla, Pinochet, no son sólo cosas del pasado. El libro de la historia más reciente está ahí. Sólo hay que detenerse y mirarlo de frente. No es valor lo que le falta a los pueblos latinoamericanos. Basta con mirar las últimas movilizaciones en Perú, Bolivia, Argentina etc. La tarea más difícil será, como siempre, desarrollar un programa de acción que surja de la experiencia práctica de la lucha de los trabajadores y los campesinos, capaz de poner las cosas en el lugar que les corresponde.

La abundancia de los países del primer mundo no es el mejor caldo para el desarrollo de las ideas socialistas. Pero, paradójicamente, la miseria y la lucha por sobrevivir, tampoco dejan mucho margen para la misma tarea. Jornadas de 12 y 14 horas más dos o tres horas de viaje diario para ir y volver del trabajo son un tratamiento muy eficaz para mantener un alto grado de alienación de las más amplias y profundas capas de la clase obrera. El enemigo a vencer es poderoso más que por lo que logra por sí mismo por lo que logra hacer de nosotros. Tomar conciencia de esto, combatir sus efectos con esfuerzo y militancia es el primer paso hacia la emancipación, primero ideológica y luego política y social de los trabajadores.

Latinoamérica se mueve hacia una nueva época de convulsiones y revoluciones. Hay que estar sordo y ciego para no verlo. Unas cuantas líneas como estas sólo pueden pretender aportar un poco a la comprensión de lo que allí está pasando. Como siempre es responsabilidad fundamental de los trabajadores y los pueblos latinoamericanos lo que hagan con sus propios destinos. Ellos saben que los errores se pagan siempre muy caros. Pero debemos saber que nosotros, los socialistas y revolucionarios del Estado español tenemos una forma de apoyar las luchas de aquellos trabajadores. Luchando y organizándonos nosotros mismos. Un gran movimiento socialista en el Estado español tendría efectos estimulantes en todo aquel continente.