VI Asamblea Federal de Izquierda Unida

VI Asamblea Federal de Izquierda Unida

Una alternativa socialista frente al posibilismo socialdemócrata

Todo parece indicar que el período favorable del que hasta ahora ha gozado el gobierno del Partido Popular, empieza a cambiar. Hasta hace poco parecía que todo iba a su favor, hasta el punto de acuñar la tan famosa como engañosa consigna de "España va bien".

Desde el triunfo electoral de marzo de 2000 son muchos los factores que le habían hecho la vida fácil al gobierno de Aznar; en primer lugar la bonanza económica, en el contexto del auge vivido por los principales países capitalistas de occidente. En segundo lugar la paz social de la que ha gozado, no sólo como consecuencia de una economía en constante crecimiento, sino sobre todo por una política sindical que ha aceptado la colaboración con el gobierno para llegar a acuerdos, por raquíticos que fueran, en vez de medirse con él a través de la movilización, y, unido a esto, la profunda crisis en que estaban sumidas las fuerzas de la izquierda y de la que aún no han salido. Por si fuera poco, la tregua de ETA, que aunque ha sido deliberadamente desaprovechada por el gobierno rechazando la opción de una salida política al conflicto del País Vasco, sí que le había dado réditos electorales, ya que pudo presentarlo como una situación de debilidad de los independentistas vascos y, al mismo tiempo, atizar una campaña de nacionalismo español exacerbado que consolidase su apoyo en oposición al nacionalismo vasco.

Sin embargo, han surgido en el horizonte nuevos elementos que a corto plazo pueden dar paso a un marco político bastante diferente al actual. El gobierno ha fracasado en el control de la inflación que crece por encima de los precios, provocando una pérdida del poder adquisitivo de los salarios. Mientras el Indice de Precios al Consumo (IPC), ha crecido un 3"4% los salarios lo han hecho como media un 2"8%. Además los funcionarios tuvieron una subida del 2% sin derecho a revisión. Al tiempo las empresas obtenían un incremento medio de sus beneficios en el primer trimestre del año de un 6"2%. La realidad es más cruda que la estadística si tenemos en cuenta que en los factores que más afectan a las familias trabajadoras, las subidas son espectaculares; la vivienda ha incrementado sus precios en un 6"5% en el primer semestre del año, la subida de los carburantes está batiendo todos los límites, por encima del 20% en los casos de menor incremento. Los tipos de interés, en un país donde el consumo privado se basa en endeudarse hasta los ojos, han subido dos puntos, lo que supone un grave encarecimiento de las hipotecas.

Durante estos años de crecimiento económico las diferencias sociales lejos de amortiguarse han aumentado, según un estudio reciente el Estado español ha pasado de ser el país "más igualitario" de la Unión Europea a ocupar el octavo lugar. Esto, unido a la precariedad del empleo y el alto índice de endeudamiento provocará consecuencias sociales de gran envergadura con el cambio de ciclo económico. Y ese cambio se ve venir, a pesar del alto crecimiento que se espera para este año, en torno a un incremento del 4% en el PIB, todos los indicadores anuncian un cambio en la coyuntura. Las tensiones inflacionistas empujarán a los precios y los salarios, la economía española está perdiendo competitividad con el consiguiente desequilibrio en la balanza de pagos, y, el año que viene, la economía empezara a decaer con toda probabilidad. La mayoría de los analistas económicos coinciden en afirmar que la economía española ha tocado techo, los más optimistas pronostican un aterrizaje suave, pero eso esta por ver. No podemos olvidar un contexto internacional marcado por las incertidumbres que crea la subida de precio del petróleo, y, sobre todo, en el que la economía de los Estados Unidos ya anuncia una clara desaceleración del crecimiento económico que ha mantenido durante 114 meses ininterrumpidamente.

La perspectiva del fin de la fase alcista del ciclo económico llevará a la burguesía a intentar mantener su tasa de beneficios a costa de la población recortando gastos sociales y manteniendo los salarios por detrás de los precios. En este sentido un informe del BBVA (El País 6-8-00) recomienda mantener las pensiones y los salarios en un incremento del 1% en el año 2001.

Este tipo de política, unido al tratamiento de la sanidad y la educación pública, creará elementos de tensión social en el próximo período. Los sindicatos y los partidos obreros debieran prepararse para un panorama bastante diferente del vivido hasta ahora bajo los gobiernos del PP.

No sólo en el terreno económico y social las cosas van a cambiar para el gobierno del PP, la cuestión nacional vasca también está sufriendo una evolución que puede rebotarle en la cara.

Indudablemente la política de mano dura y exclusividad de la vía policial y penal para combatir a ETA, estimulando el nacionalismo español, a corto plazo le está dando apoyo electoral al PP, que se ha permitido, respaldado por todos lo medios de comunicación, practicar la política de "quien no está conmigo está contra mí", metiendo en el mismo saco a ETA, EH, PNV...

Esta táctica ha podido tener éxito en la medida en que ETA se ha lanzado por una senda tan reaccionaria como descabellada al poner en su punto de mira preferente a cualquier miembro del PP, con la solidaridad por simpatía que esto despierta y el ambiente de venganza, más que de solución del problema, que se azuza desde los medios oficiales. La burguesía española a través del PP ha visto la oportunidad de tomar su revancha histórica contra el nacionalismo vasco, y lo hace a costa de llevar el enfrentamiento civil en Euskadi hasta límites nunca vividos antes. Este camino, rentable políticamente a corto plazo, se puede convertir en su contrario al estrellarse con la realidad, pues el PP lejos de resolver el problema por la vía de la represión, descartando cualquier salida política, agravará la situación desembocando en un fracaso que tarde o temprano le pasará factura.

Éste es el contexto que los dirigentes, y la militancia en general de IU, debe tener en cuenta al enfrentarse a los debates de la VI Asamblea que se celebrará a finales de octubre. Debemos mirar al futuro, a los grandes problemas frente a los que debemos dar una respuesta, en vez de quedar atrapados en una mirada anclada en el pasado y en las rencillas internas. Sería un grave error, con negativas consecuencias tanto para IU como para aquellos que miran hacia nosotros esperando una alternativa, que nos centrásemos en la disputa de los nombres de los dirigentes, de quién es el próximo Coordinador General, perdiendo de vista que el auténtico debate se debe centrar en la realidad económica, social, política y cultural de las familias trabajadoras, de la mujer, de la juventud, de los pueblos que componen el Estado español.

Lo que da la medida de una organización no es el nombre de un dirigente u otro, esto sólo tiene una importancia relativa frente a la capacidad de intervenir en la realidad para transformarla. Esa es la primera cuestión: ser realmente una fuerza transformadora, una fuerza que no acepta la sociedad tal cual es, y que se atreva a decir que el socialismo es la alternativa que necesitamos, que un mundo basado en la riqueza de unos pocos a costa de la miseria de la mayoría es un mundo que se puede y se debe transformar, y que esa transformación sólo puede llegar de la mano del socialismo convirtiendo en propiedad pública lo que hoy es propiedad privada: los recursos esenciales de la economía productiva, de las finanzas, de la tierra. Que proclame los derechos democráticos de la mujer como exigencias, que reivindique sin complejos el derecho de autodeterminación de las nacionalidades.

Replegarse a un posibilismo socialdemócrata, siguiendo las presiones del sistema, sería renunciar al motivo de ser de IU, proclamar un camino para transformar la sociedad, sería dar una nueva esperanza en que realmente sí somos necesarios.