La Asociación Cultural Emancipación publica un nuevo libro

La Asociación Cultural Emancipación publica un nuevo libro

La izquierda y el Estado

portada.jpg (7329 bytes)La Asociación Cultural Emancipación publica La izquierda y el Estado, un nuevo libro que además de un análisis sobre la validez del punto de vista marxista sobre el Estado en nuestra época recoge dos textos clásicos: El Estado y la revolución, de Lenin y El Estado obrero, termidor y bonapartismo de Trotsky.

La cuestión del Estado, su papel en la sociedad y la actitud de las organizaciones de izquierdas hacia él, es un tema de enorme importancia para la lucha política. Este libro, La izquierda y el Estado, trata exponer el punto de vista del marxismo respecto a un asunto que apenas se debate en el seno de la izquierda con el rigor y la importancia que requiere. Además, hemos querido tratarlo no sólo desde la perspectiva del Estado en los países capitalistas, sino también abordando el carácter del Estado en los antiguos países del Este y en la ex-Unión Soviética. Para ello, además de nuestra propia elaboración en dos de los textos publicados –uno de ellos, que da nombre a este libro, con el título de La izquierda y el Estado, y otro titulado La caída de los países del Este– hemos recogido dos trabajos de lectura obligada: El Estado y la revolución de Vladimir I. Lenin, y El Estado obrero, Termidor y bonapartismo de León Trotsky.

Lenin fraguó El Estado y la revolución al calor de la propia Revolución Rusa de 1917, en los meses de agosto a septiembre, cuando los bolcheviques sufrían una tenaz persecución por parte del gobierno de Kerensky. Poco después, la revolución de Octubre le impediría terminar el trabajo como él pretendía analizando la experiencia de la propia Revolución Rusa. Ya nunca añadiría ese séptimo capítulo a su obra. En El Estado y la revolución encontraremos una exposición sistemática de la cuestión del Estado, de los puntos de vista de Marx, Engels y el propio Lenin, contrastados con los planteamientos reformistas.

El Estado obrero, termidor y Bonapartismo, fue escrito por el compañero de Lenin, León Trotsky, en 1935, analizando el carácter del Estado en la Unión Soviética. A partir de una analogía con el período del mes de Termidor (julio) de 1794, –año en el que cae el gobierno revolucionario de los jacobinos, a manos del sector más conservador de la burguesía, abriendo el camino al futuro emperador Bonaparte–, Trotsky desgrana los argumentos para determinar el carácter de clase del régimen de Stalin, sus características políticas y sus tendencias internas, comparándolo con la Revolución Francesa, señalando sus semejanzas y las sustanciales diferencias. Sus conclusiones, tal y como podrá comprobar el lector, son imprescindibles para entender qué ha sucedido en estos países. El trabajo de Trotsky contribuye a completar la labor de Lenin a la hora de comprender el papel del Estado..

A continuación publicamos la introducción del libro, que puedes adquirir dirigiéndote a la Asociación, al precio de 1.500 pesetas.

Los viejos esquemas del pensamiento humano, basados en la superstición se derrumban ante el avance de los conocimientos científicos. Resultaría ridículo que en la época en que el hombre está alcanzando las claves del origen de la vida, en que aborda el conocimiento del genoma humano, se mantenga la idea de que Dios creó al hombre de un trozo de barro, y a la mujer de una costilla de éste, en un lugar situado entre el Tígris y el Éufrates.

Paradójicamente, en filosofía y política, se mantienen ideas tan arcaicas como la institución monárquica, que tiene sus raíces en una autoridad estatal derivada de la delegación directa del poder divino, y de carácter hereditario.

Parece que hemos avanzado mucho más en la comprensión de un misterio tan vasto como el origen de la vida sobre la tierra, que en algo mucho más asequible como cuál es el origen de las instituciones de la sociedad, y especialmente de dónde surge el Estado.

Pero si elementos del pensamiento como "la sangre azul", tan incompatibles con nuestros conocimientos científicos se mantienen, no es sino como consecuencia de que el poder del Estado necesita fundamentarse en viejas creencias para sobrevivir.

La existencia de un poder coercitivo e ideológico en nuestra sociedad, que dotado de un inmenso aparato de funcionarios, policías, militares, curas, jueces... justifica su existencia en el mantenimiento de la sociedad tal cual es, está fuera de toda duda. La discusión surge en el momento en que tratamos de establecer cuál es el origen de ese poder, cuál su función.

En lo que se refiere al primer aspecto, es indudable que el poder estatal no existía en la vieja sociedad primitiva; el poder elevado por encima de la sociedad aparece con la división en clases, con la creación de un excedente en la producción que permite el mantenimiento por el conjunto de la sociedad de una minoría que no está dedicada directamente a las tareas de la producción material, sino que se dedica a funciones religiosas o militares.

Se trata, por tanto, de un proceso histórico. El surgimiento del Estado, su fortaleza, su evolución, no son la consecuencia de una delegación divina, ni de un contrato social conscientemente establecido, sino un producto de la Historia.

Marx y Engels, dieron a este problema, por primera vez, un enfoque libre de prejuicios e interpretado a la luz de una visión de conjunto de la evolución de la sociedad humana, incluyendo también, una perspectiva de superación del Estado actual.

En la obra donde Marx incluye condensada su visión filosófica de la sociedad, las claves más desarrolladas de su pensamiento, se aborda esta cuestión:

"A saber, que toda forma de producción engendra sus propias instituciones jurídicas, su propia forma de gobierno, etc. La grosería y la incomprensión consisten precisamente en no relacionar sino fortuitamente fenómenos que constituyen un todo orgánico, en ligarlos simplemente como un objeto y su reflejo. Los economistas sospechan que la producción es más fácil con la policía moderna que en los tiempos del derecho feudal (Faustrecht). Ellos olvidan solamente que el Faustrecht (el derecho del más fuerte) es también un derecho, y que este derecho del más fuerte se perpetúa bajo otra forma en su ‘Estado de derecho’".

(Introducción general a la crítica de la economía política)

"Tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que radican, por el contrario en las condiciones materiales de vida[…]".

"En la producción social de su existencia, lo hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se eleva un edificio jurídico y político y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia¨.

(Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política)

O como dice Engels:

"En realidad, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la república democrática que bajo la monarquía; y en el mejor de los casos, un mal que se transmite hereditariamente al proletariado triunfante en su lucha por la dominación de clase".

(Introducción de Engels a La guerra civil en Francia de Marx)

Engels profundizó en la cuestión del Estado en el transcurso de la polémica con los anarquistas sobre este asunto:

"Bakunin afirma que el Estado es el creador del capital, que el capitalista posee su capital únicamente por obra y gracia del Estado. Y puesto que el Estado es, por tanto, el mal principal, hay que acabar ante todo con él, y entonces el capital hincará el pico por sí solo. Nosotros, en cambio, sostenemos lo contrario: acabar con el capital, que es la concentración de todos los medios de producción en manos de unos pocos, y el Estado se derrumbará por sí solo. La diferencia entre los dos puntos de vista es fundamental: la abolición del Estado sin una revolución social previa es un absurdo; la abolición del capital es precisamente la revolución social e implica un cambio en todo el modo de producción".

(Carta de Engels a Theodor Cuno)

Desde esa perspectiva, Marx plantea la cuestión de la toma del poder político como la condición previa para una transformación del Estado y de la sociedad:

"...toda clase que aspire a implantar su dominación, aunque ésta, como ocurre en el caso del proletariado, condiciona la abolición de la sociedad anterior y de toda dominación, en general, tiene que empezar conquistando el poder político para poder presentar su interés como el interés general".

(La ideología alemana).

Esta necesidad de conquistar el poder político es condición indispensable para llevar a cabo la transformación del Estado:

"Si te fijas en el último capítulo de mi Dieciocho Brumario, verás que expongo como próxima tentativa de la revolución francesa no hacer pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como venía sucediendo hasta ahora, sino demolerla, y ésta es justamente la condición previa de toda verdadera revolución popular en el continente".

(Carta de Marx a Ludwig Kugelmann)

¿Se mantiene hoy vigente el pensamiento de Marx y Engels acerca del Estado? Ésta es la cuestión que nos proponemos tratar.

En el pensamiento humano es incompatible el dogmatismo con el carácter científico, debemos estar dispuestos a contrastar las ideas con la experiencia, atender los nuevos avances, y en esa medida superar o rechazar ideas anteriores. Se nos puede decir que desde que el marxismo estableció sus opiniones acerca de esta cuestión ha pasado mucho tiempo, y así es. Sin embargo, para poder superar las ideas de Marx, desde el propio campo del socialismo, necesitaríamos contrastarlas con nuevas ideas, y aquí surge la dificultad; desde nuestro punto de vista no hay nuevas ideas acerca del Estado, lo que tenemos es en todo caso un intento de volver a ideas premarxistas, o dicho más claramente: de aceptar las ideas de la burguesía en un terreno tan clave como éste. No se trata de una superación, sino de una vuelta atrás, de una adaptación a las ideas de la clase dominante.

En definitiva podríamos decir que la ideología burguesa del Estado se puede resumir en decir que éste representa al conjunto de la sociedad, "el bien común", "el interés general". Ése ha sido siempre el planteamiento de las clases dominantes en toda sociedad de clases. Con distintos envoltorios se trata de convencer de que las instituciones, el aparato del Estado no representan a una clase en particular, sino un interés común. Eso se podía llamar designio divino, contrato social, o modernamente "Estado de derecho".

Quienes hoy nos predican una superación del punto de vista de Marx y Engels, lo hacen para volver a la vieja idea de que el Estado es una institución neutral, que debe responder al interés común de toda la sociedad, como si fuese posible una compatibilidad de los intereses de las distintas clases sociales. A decir verdad no hacen sino retomar teorías que siempre se han defendido por la clase dominante. En la sociedad de la Grecia clásica, donde la democracia convivía con el esclavismo, el gran filósofo Aristóteles, ya daba una definición tan clara como ingenua, de este punto de vista:

"Las desviaciones de las constituciones mencionadas son: la tiranía, que corresponde a la monarquía; la oligarquía, que corresponde a la aristocracia, y la democracia, que corresponde al gobierno constitucional; la tiranía, en efecto, es una monarquía que gobierna en favor del monarca; la oligarquía, un gobierno que mira a los intereses de los ricos; la democracia, un gobierno orientado a los intereses de los pobres; y ninguna de estas formas gobierna con la mira puesta en el provecho de la comunidad".

( Aristóteles. Política, Libro III. Ediciones Aguilar. 1967)

Así pues, parece que no es muy moderna la idea de considerar que existe un interés común de la sociedad por encima de las clases sociales. El problema es que, precisamente, la clase dominante en una sociedad dada, siempre considera que su propio interés de clase es el interés común de la sociedad. De esta manera en las guerras de rapiña, emprendidas por la clase dominante, el pueblo es sacrificado en los campos de batalla en nombre, de la "patria", "el Estado", "la religión", y demás banderas que encarnan el supuesto interés común.

La clave del pensamiento socialista está precisamente en haber demostrado el carácter de clase del Estado, su función de defender los intereses materiales de una determinada clase social. Por ello quienes aceptan la entelequia del "Estado de derecho", no hacen sino aceptar las ideas burguesas, aceptar la dominación de clase de la burguesía y renunciar a la defensa de los intereses de las clases oprimidas, pues, necesariamente, el derecho en la sociedad burguesa no es sino la expresión, en lo fundamental, de la defensa de los intereses materiales de la clase dominante. Como Marx y Engels dijeron, en el Manifiesto Comunista:

"Mas no discutáis con nosotros mientras apliquéis a la abolición de la propiedad burguesa el criterio de vuestras nociones burguesas de libertad, cultura, derecho, etc. Vuestras ideas mismas son producto de las relaciones de producción y de propiedad burguesas, como vuestro Derecho no es más que la voluntad de vuestra clase erigida en ley; voluntad cuyo contenido está determinado por las condiciones materiales de existencia de vuestra clase".

No es casual que estos mismos sectores de la izquierda abandonen cualquier vocabulario clasista, y en vez de hablar de burgueses y proletarios, o de clase burguesa y clase obrera, nos hablen de ricos y pobres, o vencedores y vencidos, o cualquier otra terminología abstracta que puede ser compartida por los curas, y hasta por los políticos burgueses.