México: Histórica derrota del PRI

México: Histórica derrota del PRI

El voto a Fox (PAN) expresa distorsionadamente el malestar social

Domingo Echevarría

Tras más de 70 años en el poder, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) recibió un inapelable varapalo en las elecciones presidenciales y parlamentarias celebradas el pasado 2 de julio. Esta vez, ni sus tentáculos caciquiles en las zonas rurales, ni sus desvergonzadas prácticas de coacción y compra de votos, ni su control de la Administración estatal y regional fueron suficientes para abortar su derrota electoral a manos de Fox y del Partido de Acción Nacional (PAN, de derechas). En tercer lugar quedó Cárdenas (candidato del Partido de la Revolución Democrática, PRD, socialdemócrata) con un 17% del voto, partido que retuvo el Gobierno del Distrito Federal (más de 20 millones de habitantes) y, semanas más tarde, ganó el de Chiapas, aparte de los buenos resultados de Michoacán

A diferencia del pasado, en estas elecciones, sectores muy importantes de la burguesía (sobre todo los ligados a las multinacionales) y de los medios de comunicación construyeron una imagen de Fox como el único candidato alternativo que podía poner fin al dominio priísta, el más longevo en el mundo. En esta polarización por el "voto útil", les interesaba dejar al margen al PRD, fuerza política a través de la que se expresan los sectores más avanzados de la clase obrera, el campesinado y la juventud. Temían una repetición de las presidenciales de 1988 cuando el malestar social lo galvanizaron Cárdenas y el PRD, a quienes con todo tipo de trucos sucios y manejos se les arrebató, con el beneplácito de las potencias "democráticas", la mayoría obtenida en las urnas y que Cárdenas no quiso defender en la calle .

Una nueva victoria del PRI bien podía haber provocado una explosión social. Por el contrario Fox, en un primer momento, puede tener un cierto respiro mientras las masas comprueban que sus grandes promesas de cambio y mejoras para los sectores más explotados de la sociedad son sólo un cascarón vacío. Son promesas incompatibles con su proclama de seguir una ortodoxa política neoliberal de privatizaciones (PEMEX, Energía Eléctrica, Educación,...) y de "reformas laborales" (es decir, contrarreformas) que los Gobiernos de Salinas y Zedillo no acometieron.

Que la burguesía ve con buenos ojos a Fox ha quedado patente en el exquisito traslado de poderes que anuncia Zedillo, el presidente saliente, pese a que los sectores ultrarreaccionarios del PRI (los llamados "dinos", abreviatura de dinosaurios) no querían dar su brazo a torcer y a que siguen controlando importantes partes del aparato estatal desde el que pueden poner chinas en el camino de la nueva administración.

Como respuesta, Fox, que hasta la víspera electoral bramaba contra la corrupción y los vínculos del PRI con el narcotráfico, habla de formar un Gobierno "plural" de unidad nacional en el que participarían priístas honestos. Su política económica y social va a ser continuadora y profundizadora de la del PRI, como lo acredita su disposición inicial a mantener en sus puestos al Gobernador del Banco de México (Guillermo Ortiz) y al Secretario de Hacienda (Miguel Ángel Gurría) fervientes seguidores del neoliberalismo.

También las multinacionales esperan grandes cosas de Fox: "Su perfil neoliberal y las reformas prometidas incrementan la confianza de los mercados de capitales en la economía mexicana"(El País, 30 de julio). De los beneficios del crecimiento económico actual, como en tantos otros lugares, los trabajadores y campesinos han quedado marginados tras haber visto empeoradas sus condiciones de vida en las recesiones que sacudieron al país en años pasados. Con todo, este crecimiento no es sólido pues depende en gran parte de los altos precios del petróleo y de las exportaciones, que en un 80% tienen como destino los Estados Unidos. Cualquier baja del petróleo y el menor problema en la economía del Gran Hermano al norte del Río Grande.

Las consecuencias de este terremoto electoral van a sacudir a toda la sociedad mexicana. El monolítico PRI puede saltar en pedazos, con sectores dispuestos a defender con uñas y dientes sus privilegios y con otros abiertos a colaborar con Fox, que no tiene mayoría en la Cámara de Diputados. En la Confederación del Trabajo Mexicano (CTM), cuyos dirigentes fueron un pilar decisivo del PRI para controlar el movimiento obrero con el que ahora no podrá contar en igual medida el PAN, es inevitable que surjan distintas corrientes ante los ataques contra la clase obrera, el campesinado pobre y la juventud que más pronto que tarde realizará el nuevo Gobierno y que éstos no aguantarán de brazos cruzados.

El propio PRD va a sufrir también una importante crisis. Hasta el último momento, sectores de su dirección nacional, con la Presidenta Amalia García a la cabeza, trataron de alcanzar un acuerdo antinatura con el PAN, lógica consecuencia de una política derechista que no ha ofrecido una política claramente alternativa a la de los partidos de la burguesía (PRI y PAN) y que ha dejado en la estacada a sectores sociales (estudiantes de la UNAM, electricistas, maestros, Chiapas, sindicalistas de la Universidad de Chapingo...) en sus recientes luchas con el PRI. Tampoco la política seguida en el Gobierno del Distrito Federal ha servido para levantar entusiasmo, pues los problemas más apremiantes en la capital del país siguen intactos.

Pese a los malos resultados electorales, el PRD sigue siendo el partido de referencia para millones de trabajadores y jóvenes, que lo quieren no sólo como referencia parlamentaria sino también como un instrumento de lucha. El abandono de las políticas derechistas no será milagroso, sino que requiere que vaya fortaleciéndose en su seno una corriente de izquierdas que defienda la necesidad de un programa por la transformación socialista de la sociedad, como único cambio real que puede satisfacer las necesidades y aspiraciones de la mayoría de la población.