Balance del XXXV Congreso del PSOE

Balance del XXXV Congreso del PSOE

Continuidad política con renovación del aparato

Jesús María Pérez
IU/Vicalvaro (Madrid)

El 35 Congreso del PSOE, celebrado del 21 al 23 de julio, se saldó con un sobresalto para los representantes del viejo aparato del partido. Su candidato, José Bono, fue derrotado en la elección del nuevo Secretario General. Este puesto lo ocupa un joven dirigente, Jose Luís Rodríguez Zapatero, que hasta ahora figuraba en segunda o tercera fila en la jerarquía de su organización. Durante la campaña que los cuatro candidatos realizaron antes del Congreso, se le presentó como el "tapado" de Felipe González, y, de hecho, parece mantener muy buenas relaciones con él. El nuevo secretario general representaba a la corriente Nueva Vía, que se sitúa en la línea política de la Tercera Vía de Tony Blair y compañía.

  Tras la derrota electoral de marzo, en la que el PSOE pierde 1,6 millones de votos, estalla la crisis interna en el partido socialista. Una crisis que había estado larvada desde la anterior derrota en 1996, pero la dirección se había negado a aceptar. La dirección y el aparato burocrático del PSOE estaban convencidos de que el PP ni siquiera lograría completar la legislatura, y ellos volverían al Gobierno en olor de multitudes. Esa perspectiva ciega y errónea les llevó a cruzarse de brazos durante cuatro años. Su labor de oposición al Gobierno burgués fue nula, "un fracaso", como reconoce la Ponencia Marco que se aprobó en el Congreso. Ese error le puso en bandeja al PP no sólo el triunfo electoral sino la mayoría absoluta en el Parlamento.

Una de las expresiones de la crisis desatada en el PSOE es que, por primera vez, ha habido cuatro candidatos a la secretaría general. Esta proliferación de aspirantes a número uno, sin embargo, no ha llevado consigo un auténtico debate político sobre los errores del pasado que han llevado al PSOE a perder un importante apoyo social. Lo cierto es que el debate más importante en los meses pre-congresuales fue sobre el procedimiento para elegir al candidato en el Congreso. Sobre si debía ser a una o dos vueltas se llenaron páginas y páginas en la prensa diaria. Sobre ideas poco, por no decir nada. La actitud de los dirigentes del PSOE ha quedado bien plasmada en la Ponencia política que el Consejo Político Federal presentó al Congreso, así como en las intervenciones y declaraciones de todos los dirigentes. Todo su análisis se basa en una posición acrítica con su propio pasado, sobre todo en lo que respecta a su actuación en el Gobierno durante 13 años. La ponencia, aprobada en el Congreso, reivindica todo lo que defendió e hizo el PSOE en el periodo de la Transición, y reivindica activamente, y con orgullo, todo lo que hicieron los gobiernos socialistas del 82 al 96. "El país que diseñamos entonces es el que en buena medida, hemos construido. Y el que desean preservar la inmensa mayoría de los ciudadanos. Por eso son tan indiscutibles los logros del periodo de gobierno socialista y muy pocos los españoles que se arrepienten del camino recorrido a lo largo de esos trece años...".

No ha habido ni una palabra de crítica para la política de reconversión industrial que llevaron a cabo los Solchaga-González y que supuso la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo sin reponerse por otros nuevos, ni una sóla crítica a la política de reforma del mercado laboral que ha supuesto un retroceso histórico en las condiciones de trabajo para millones de trabajadores, o hacia la política de privatizaciones de empresas estatales que comenzó con el PSOE. Por el contrario, en base a esas medidas explican el éxito de la política económica del Gobierno Aznar, y reclaman insistentemente nuevas "medidas liberalizadoras para fomentar la competencia". Parece que han relegado al último rincón de su memoria el clamor de las 3 huelgas generales que les exigía que pusieran en marcha una política en beneficio de la mayoría de la población trabajadora, enfrentandose a los poderes tradicionales.

  Ni una sola crítica

No ha habido ni una sóla palabra de crítica hacia otras actuaciones del PSOE que sembraron el desánimo entre sus propios votantes: la entrada en la OTAN, la participación en la Guerra del Golfo, Mastricht, la implicación de parte de sus dirigentes en la guerra sucia contra el terrorismo (GAL), la implicación de otros muchos en la corrupción institucionalizada,... mencionando sólo aquellas cuestiones más conocidas. Tampoco ha habido una sóla crítica hacia todo lo que no hizo el PSOE en esos 13 años y la mayoría de sus votantes esperaba.

Con este punto de partida el análisis político de los dirigentes del PSOE se mete en un callejón sin salida. Por un lado, se atan de pies y manos para poder criticar abiertamente la gestión del PP en el Gobierno, ya que están continuando la política iniciada por los Gobiernos del PSOE. Y, por otro lado, anticipan cual es su alternativa; una política liberal burguesa con ribetes sociales. Es decir la continuación de la política de los gobiernos felipistas.

Tal es su obsesión por defender la actuación de su partido en el pasado que llegan a alabar la realidad actual abrazando una postura que sólo puede calificarse de conservadora. "Hoy la sociedad española es una sociedad más justa, más equilibrada, más cohesionada. Es una sociedad que ha visto cómo encontraban cauce y solución, en el marco constitucional, los problemas tradicionales de nuestra convivencia: el conflicto de clases, el conflicto militar, el conflicto religioso, el conflicto territorial. Es una sociedad constituida por ciudadanos más cultos que nunca, integrados con normalidad en el mundo, que se sienten protegidos contra los riesgos de la enfermedad, la vejez, el desempleo, la incapacidad. Es una sociedad de ciudadanos que se saben protagonistas de un sistema de convivencia democrática..." (Ponencia Marco).

Todo esto se afirma después de cuatro años de Gobierno burgués del PP. Si la sociedad española es "más justa, más equilibrada, más cohesionada", y se han solucionado los conflictos "de clases, militar, el religioso y el territorial", somos "más cultos que nunca", estamos "integrados con normalidad", nos sentimos "protegidos", y somos protagonistas de la "democracia", ¡¡pues que siga el PP en el Gobierno indefinidamente!! Ellos mismos están dando argumentos para consolidar al PP. Y lo más grave es que son argumentos irreales forzados por un análisis que sólo trata de justificar su propio pasado.

  Más desigualdad social

Nuestra sociedad no es ni más justa ni más equilibrada. Por el contrario, la desigualdad social crece sin cesar. Según el Informe de Desarrollo Humano 2000, elaborado por la ONU, en 1998 España ha pasado de ser el país en el que la diferencia entre ricos y pobres era menor en la Unión Europea, a ser el octavo. Los ricos ganan fortunas indecentes en días mientras la mayoría va tirando con sueldos cada vez más bajos y jornadas laborales cada vez más duras. Si en el último periodo han disminuido temporalmente los conflictos de clase no es porque se hayan eliminado las causas que los motivan.

En cuanto al "conflicto militar" no está claro a qué se refieren los dirigentes del PSOE pero si es a la ausencia de guerra, no podemos olvidar la participación del ejército español en los conflictos de Irak y Bosnia a pesar de que se disfracen de "intervenciones humanitarias". Y si se refieren a la conversión democrática de los mandos militares, tampoco podemos perder de vista que el ejército español, en su estructura y concepción sigue siendo básicamente el mismo que bajo el franquismo.

Si no ha habido conflicto religioso es porque la jerarquía eclesiástica ha conservado bajo su control lo más importante para ellos, incluso durante los gobiernos socialistas. No sólo han contado con subvenciones multimillonarias sino que han mantenido su influencia a través de la educación, e incluso se ha extendido gracias a la estructura de las ONGs.

Y respecto a la "solución del conflicto territorial" es más enigmático aún. Si se refieren a que el llamado Estado de las Autonomías ha dado cauce a las reivindicaciones democráticas de las nacionalidades y regiones del Estado español, la verdad es que dista mucho de estar resuelto. El más grave siempre ha sido el del País Vasco, y así sigue siendo. ¿Acaso está resuelto el problema del terrorismo y ETA?

Y qué decir de que somos ciudadanos "integrados", "protegidos" y "protagonistas de la democracia". Pues que suena muy bien pero que no tiene nada que ver con la situación de cientos de miles de familias que cuentan con todos sus miembros en el desempleo, o que tienen graves problemas en su seno por razón de enfermedad, vejez o incapacidad y que ven cómo las ayudas oficiales son insuficientes, se reducen o simplemente no existen, como para que puedan sentirse "integrados en el mundo" y, menos aún, "protagonistas de la convivencia democracia".

  Análisis conformista

Este análisis conformista de la realidad refleja hasta qué punto los dirigentes del PSOE han abandonado toda idea no sólo de transformar la sociedad, la idea del socialismo, sino que han olvidado todo su lenguaje socialdemócrata basado en la reforma del sistema capitalista. En su boca el socialismo es una palabra vacía de contenido que sólo describe la posibilidad de alternancia en el poder cuando el PP se desgaste. Hoy en día los dirigentes del PSOE no defienden el cambio de sistema a través de reformas progresivas, sino que defienden el sistema capitalista, la sociedad de mercado, y la democracia burguesa, como su sistema. Como dijo Felipe González, "el mejor sistema de los posibles".

Pero si a alguien le quedaba alguna duda de la posición política de los dirigentes del PSOE, en su Ponencia Marco también abordan el tema de la caída de los paíeses del Este, y su interpretación pocas diferencias tiene con la opinión liberal burguesa: "La caída del muro de Berlín hace una década supuso el símbolo de este cambio de era... ( ) ...la libertad volvía a reconocerse como condición esencial de la persona... la democracia se extendió por todo el mundo como sistema de organización de la convivencia entre hombres y mujeres libres e iguales ante la ley...". ¿De qué libertad e igualdad hablan los dirigentes del PSOE? ¿Qué libertad, "como condición indispensable de la persona" se reconoce hoy en Rusia? ¿Qué democracia reivindican los dirigentes del PSOE? ¿Acaso la norteamericana con 45 millones de pobres, 1'5 millones de presos en las cárceles de los que la mayoría son negros e hispanos?

Pero continuando el análisis, la Ponencia Marco remacha: "Junto a la democracia... se generalizó la aceptación del mercado... Desde entonces democracia y mercado marcan, definitivamente, la senda del progreso y el bienestar de las sociedades. Desde entonces se ha fortalecido el socialismo democrático, porque siempre entendió que el mercado y liberdad formaban parte de una misma exigencia de la ciudadanía... siempre defendió que sólo el establecimiento de un poder demcrático fuerte y no subordinado a intereses económicos particulares puede garantizar un sistema de libre mercado socialmente eficaz".

Democracia y mercado marcan, "definitivamente", la senda del progreso. "Definitivamente". ¡Por fin hemos encontrado el sistema social "definitivo"! Esta afirmación se acerca peligrosamente a la afirmación del "final de la historia" del economista americano F. Fukuyama.

¿Dónde existe ese "poder democrático fuerte y no subordinado a intereses particulares que puede garantizar un sistema de libre mercado socialmente eficaz"? Es simple. Esa utopía de "un sistema de libre mercado socialmente eficaz", no existe. Sólo existe en la mente de los dirigentes socialdemócratas. El socialismo se acabó como "objetivo estratégico", o "a largo plazo". La alternativa que nos proponen los dirigentes del PSOE es "un sistema de libre mercado socialmente eficaz". En otras palabras, defienden lo que hay pero tratan de convencernos de que sólo ellos pueden hacer que la sociedad de libre mercado sea "socialmente eficaz".

  Un "Partido de Gobierno"

Por esa razón la propia ponencia define al PSOE como "un partido de Gobierno". "Es un partido para la acción política de todos los españoles..." que "quiere ser reflejo de los intereses generales...". Ya no es un partido obrero, de clase, ni siquiera es un partido que defiende los intereses de los sectores sociales más desfavorecidos, "es un instrumento de la sociedad y no propiedad de sus militantes". ¿Es un instrumento de qué sociedad? ¿De la sociedad burguesa? La expresión "intereses generales" es la que ha utilizado siempre la clase dominante para justificar la defensa de sus propios intereses, haciendo que la sociedad en su conjunto los asuma como "generales".

El problema de la Ponencia Marco que los dirigentes socialistas han adoptado es que no aporta nada nuevo al bagaje político de la izquierda. En un momento de crisis de todas las organizaciones tradicionales que conforman el movimiento obrero no marca una orientación, un camino, para superarla y afrontar el futuro con esperanza y confianza en un mundo mejor. Por el contrario, cediendo a las presiones de la situación, hacen una declaración de aceptación del sistema capitalista tan sin tapujos que, aún conociendo bien la historia reciente de este partido, hay que leerla dos veces para creerla.

  Cambios, pero ¿qué cambios?

En esta línea en un artículo aparecido en El País en vísperas del Congreso, Jose Luís Rodríguez Zapatero pedía cambios: "Hacer cambios. ¿O es que el PSOE es lo único que no va a cambiar en España?... Necesitamos un cambio... el partido tiene que asumir una honda transformación interna... una nueva manera de hacer política...". Pide cambios una y otra vez, pero en ningún momento concreta los cambios que son necesarios en su partido o en la sociedad. En consecuencia el Congreso del PSOE ha hecho cambios, pero sólo ha cambiado los dirigentes. Ha habido una cierta renovación generacional de la cúpula del partido, pero nada más. En el terreno político, si juzgamos por las ponencias aprobadas y por las declaraciones posteriores del nuevo dirigente, la dirección del PSOE está más a la derecha que antes, si cabe. Para demostrarlo, lo primero que ha hecho Zapatero es ofrecer a Aznar "una actitud de colaboración y de lealtad con el Gobierno" que se concreta en tres grandes acuerdos: Inmigración, lucha antiterrorista y reforma de la Justicia. Es decir, más de lo ya visto.

Las demás corrientes tradicionales en el PSOE —Izquierda Socialista, borrellistas y guerristas— han tenido una oportunidad de oro para dar una alternativa política a la que ofrecía la dirección. Pero han sido incapaces. Los guerristas presentaron una ponencia que, aunque intentaba conservar un lenguaje más socialdemócrata, no difería en lo sustancial con la oficial. Tan sólo han insistido en culpar a la dirección de todos los males que ha padecido el PSOE en los últimos años. Pero lo han hecho sin señalar qué había que haber hecho, y sobre todo, sin proponer una dinámica diferente. Su postura parecía más dictada por el resquemor de haber sufrido la marginación de puestos importantes que por defender una alternativa diferente.

El Cambio "tranquilo"

El propio Zapatero ha calificado lo sucedido en el Congreso del PSOE como un "cambio tranquilo". Es decir, se produce un cambio de caras, lo que era imprescindible tras las derrotas interna y externa que sufrió Almunia, pero no cambia nada más. Ni una palabra sobre la unidad de la izquierda, ni una palabra de cómo acabar con el Gobierno de la derecha, ni una palabra de cómo defender los intereses de los trabajadores...

Juan Carlos Rodríguez Ibarra en una intervención en el pleno del Congreso dijo, y con buena parte de razón, que este congreso sería "frustrado, como el de 1997, por tener todos los discursos un tono continuista".

Miedo a la presión de la base

El PSOE ha cambiado la cara de sus dirigentes pero no ha resuelto los problemas ni ha cambiado la dinámica que le ha hecho perder terreno electoral y confianza entre la población. Siguen mirando hacia la derecha buscando la solución en el sistema, en las capas medias... y se resisten a mirar hacia la izquierda, hacia su base, hacia los trabajadores que es de donde puede venir una auténtica renovación, no sólo de personas sino de ideas, del socialismo y de la izquierda en su conjunto. Chaves, en su informe al Congreso como Presidente de la Comisión Política que preparó el congreso, hizo una descripción elocuente de esta resistencia del aparato del PSOE al pedir "prudencia" frente a las peticiones de democratización del partido (primarias, limitación de mandatos, listas abiertas, incompatibilidades...). Esta actitud refleja el miedo a que la presión de la base provoque un cambio más profundo en el partido del que desean sus actuales dirigentes.