Argentina - La noche no es eterna, sólo oscura

Argentina

La noche no es eterna, sólo oscura

Joaquín Sainz

A la salida de la dictadura uruguaya en 1985 tuve la oportunidad de entrevistar a un militante del grupo guerrillero Tupamaros que acababa de salir de una larga estancia en una cárcel cruel hasta en el nombre, "Libertad". Aquel hombre, hijo de un anarquista español que había luchado en nuestra Guerra Civil, hablaba de la tortura a la que había sido sometido tomando tal distancia que parecía estar hablando de otra persona. Contaba cómo después de un cierto tiempo de cárcel podía conversar con sus torturadores acerca del tipo de tortura que le iban a aplicar ese día. En la jerga carcelaria los diferentes castigos tienen su propio nombre: "el submarino", "la parrilla" y así un largo etc. Ese "tupa", que no tenía otra perspectiva que la de sobrevivir, llegó a un punto tal de acostumbramiento al castigo que "negociaba" con sus torturadores la tortura del día. "Hoy, submarino no", solicitaba, como quien come a la carta, a su "ángel exterminador". Cuesta creer algo así, pero las miles de historias que han contado los prisioneros de las dictaduras de aquellos países dan para creer eso y mucho más.

Me ha venido esta pequeña historia a la cabeza pensando en la capacidad de soportar el sufrimiento que pueden tener los pueblos en determinadas circunstancias. La medicina define esto como la elevación del umbral del dolor. Algo completamente necesario para soportarlo y sobrevivir.
Hace 17 años la dictadura caía en Argentina en medio de grandes movilizaciones y una euforia democrática comparable con la de la transición española. El entonces flamante Presidente Alfonsín se desgañitaba en los mítines afirmando que no pagaría la deuda externa con el hambre del pueblo. Los militares habían dejado una Argentina endeudada en 43 mil millones de dólares con el FMI y los otros organismos internacionales. Pues bien hoy el FMI y compañía acaban de otorgar un préstamo de casi 40 mil millones de dólares para intentar dar un respiro a la muy deprimida economía argentina. En otras palabras el préstamo de hoy casi iguala a la deuda total de hace 17 años, que ya era impagable, y sin embargo ante esta enorme lluvia de dólares nadie se cree que se vaya a resolver nada. Escepticismo total.
Treinta meses de recesión continua han arrasado con el humor de la mayoría de la gente, sin distinción de clases. Los diarios argentinos están repletos de datos, estadísticas y declaraciones que en otras circunstancias podrían haber generado un movimiento social de imprevisibles consecuencias. Pero al igual que aquel tupamaro, la mayoría de los trabajadores, jóvenes, profesionales, pequeños comerciantes y muchos empresarios... ante el fracaso de los sucesivos gobiernos radicales y peronistas, y la incapacidad del resto de los partidos de izquierda y diferentes sindicatos, sólo pueden pensar a corto plazo en sobrevivir o escapar.
Según una encuesta del mes de diciembre, el 50% de los padres argentinos están de acuerdo en que sus hijos se vayan del país a buscar mejor suerte. Y, al menos en este punto, los hijos están de acuerdo con sus padres. Todos los días hay colas de gente interminables, en los consulados que un día vieron llegar a sus propios padres o abuelos, buscando en la emigración la salida que sus gobiernos hoy no les dan. Hay que situarse históricamente para darse cuenta de lo que significa esto en Argentina, país tradicionalmente receptor de inmigrantes. Y la verdad es que aún lo sigue siendo. Millones de chilenos, peruanos, bolivianos, uruguayos, paraguayos están cruzando la frontera buscando en Argentina lo que sus países les niegan.
El solo hecho de que la mitad de la gente se quiera ir de un país es la mayor demostración de la impotencia de su clase dirigente, sus políticos, sus empresarios. Pero al mismo tiempo habla de un estado de ánimo, de una falta de perspectiva y de futuro para la población.

EL GOBIERNO DE LA "ALIANZA" EN CRISIS
Hace sólo 13 meses asumían el gobierno Fernando de la Rúa y Carlos (Chacho) Álvarez. El desastre del gobierno de Menem hizo que la población recibiera este gobierno con un algo más de esperanza que de confianza. Ahí estaba De la Rúa con su cara de hombre bueno y honesto tomando el relevo del gobierno de manos del malvado y corrupto Carlos Saúl Menem. Para darle más credibilidad Chacho Álvarez (con fama bien ganada de díscolo y rebelde ex-peronista) ocupando el flanco izquierdo desde la Vicepresidencia. Nadie se hubiera jugado el mísero sueldo de un día por este gobierno, pero la gente necesitaba creer... ¿Qué otra alternativa había...?
Cuando todavía nadie se había hecho a la idea de que por fin Menem se había ido, el bueno de Fernando de la Rúa va y les mete un impuestazo por vía de decreto de necesidad y urgencia que dejó perplejos incluso a los más fieles seguidores de la Alianza gobernante. Pero había que seguir creyendo. El peronismo salía destrozado tras 10 años de gobierno corrupto y "autodestructor" de las conquistas sociales logradas en décadas. Sus bases no estaban para batallas inmediatas. Los votantes de la Alianza, mayoritariamente con un deseo de cambio en líneas reformistas, necesitaban seguir creyendo en su recién estrenado gobierno cuando de repente estalla la crisis política más seria de los últimos años. El gobierno estaba lidiando por sacar una ley de Reforma Laboral, mas bien anti-laboral, y necesitaba algunos votos de otros partidos (principalmente del peronismo) en el senado. Los detalles son imposibles de contar en corto espacio así que diremos que al ministro de trabajo, Flamarique, un peso pesado del partido de Chacho Álvarez, no se le ocurre mejor cosa que decir que él tiene la tarjeta de crédito para comprar los votos que necesita en el senado. Antonio Cafiero, dirigente histórico del peronismo sale al ruedo a denunciar (revalorizando así su devaluada imagen) que él tiene pruebas de quiénes son los senadores y los políticos implicados. Chacho Álvarez, cuyo estandarte más sagrado ha sido la lucha anticorrupción, y en su condición de Vicepresidente y Presidente del Senado, no tiene mejor idea que pedir la dimisión de todos los senadores corruptos, sin dar nombres. En caso contrario no presidiría ninguna sesión más del senado. Por supuesto que ningún senador iba a entonar el mea culpa, y nadie dimitió. Chacho Álvarez, prisionero de su propio (y limitado) discurso no encontró mejor salida que dimitir e irse a casa. Esto dejó en la más profunda orfandad a todos sus seguidores. Casi dos meses ha estado Álvarez ausente de la política pública dando lugar a todo tipo de especulaciones y críticas. Lo cierto es que este hombre encarnaba la esperanza de una salida "progresista" para la Argentina y, haciendo las cosas como las hizo, ha dilapidado mucho de su capital político. Uno de los más destacados dirigentes de su partido, Eugenio Zaffaroni, declaró refiriéndose él con dureza: "Tengo que pensar que tiene un grave problema psicológico, que le teme al liderazgo" "que le teme al desorden, a las multitudes". Y cuando le preguntaron por el FREPASO, su partido, dijo "prefiero no hablar del FREPASO. ¿Existe el FREPASO?".
Para entender un poco la importancia de este político recurriremos a uno de los mejores periodistas argentinos, Martín Granovsky, quien acaba de publicar un libro sobre la dimisión de Chacho Álvarez: "Mi intención fue entender un hecho histórico que sólo podía pasar como algo normal en un país neurótico: es loco que un vicepresidente renuncie por teléfono una mañana antes de la ducha mientras camina descalzo por el living de su casa. Es además loco si ese vicepresidente no está al final de un mandato y es, además, una de las grandes figuras políticas argentinas"... "Es un gran escenógrafo de la política argentina... el problema es que después de haberla montado no se queda a ver la obra entera."
El problema es muy serio en la medida en que no se vislumbra ninguna alternativa. Las posibilidades de que De la Rúa haga un gobierno medianamente aceptable son ínfimas. Toda la política argentina, las diferencias entre partidos, se ha reducido a un problema de estilo. La política económica es la misma desde el golpe de estado de 1976. El colmo del disparate es que Cavalho, el súper ministro de economía de Menem, fue también un alto funcionario de la dictadura y ahora tiene muchas posibilidades de acabar dentro del gobierno de la Alianza. De hecho ya forma parte de una comisión para tratar temas impositivos. ¿Cómo no ser escéptico?

HACE FALTA OTRA VISIÓN DE LA SOCIEDAD
Lo único que puede sacar del escepticismo a la gente sería, por un lado, una visión de la sociedad completamente distinta, una política que priorice lo social por encima de lo individual. Por otro, un movimiento social tan poderoso que eleve la conciencia de los oprimidos a tal punto que se consideren capaces de coger el destino del país en sus manos. Para que una visión socialista se fuera apoderando de los trabajadores y los sectores oprimidos haría falta un esfuerzo de divulgación tan inmenso que hoy no existe fuerza capaz de realizarlo. No hay partido, corriente o tendencia con fuerza y política capaces de cambiar el ambiente. Y el problema no está en que la gente no sepa lo que pasa. En cualquier periódico mínimamente informado se ve como el paro se multiplica, la pobreza crece y la riqueza, que se sigue creando, se la quedan unos pocos. Todos saben que las cosas van a peor. Hoy el 63% de la población cree que su estándar de vida es inferior al de sus padres y el 42% piensan que sus hijos vivirán peor que ellos. Cuando se vive con esa idea y se arrastran las secuelas de una dictadura que fue derribada para dar lugar a una seudo democracia corrupta e impotente, sólo ideas fuertes y coherentes pueden sacar de la apatía a las clases oprimidas. Claro que durante décadas sólo se han escuchando falsas promesas de liberación y crecimiento económico. Revolución productiva, Salariazo y mil cosas mas que no sólo no se cumplieron sino que nadie asume su incumplimiento. Hace unos días se ha sabido el dato de que un trabajador tiene que trabajar 13 años para alcanzar los ingresos de un legislador en un mes. Cómo no ser desconfiado con los políticos. Pero "La noche no es eterna, sólo es oscura" decía una pintada en un paredón de Buenos Aires arrojando no poca sabiduría a quien la quisiera leer.
No hay otro camino que el de la acción, y la acción en serio. Defender hoy una política genuinamente socialista en un país europeo puede tener sus dificultades pero nunca se podrá comparar con lo que significa militar en esa línea para un obrero o un joven en un país latinoamericano. No valen las medias tintas, hay que jugarse el tipo por lo que se dice. El despido de los obreros combativos es moneda corriente, y no es fácil volver a trabajar. Es una lucha donde se decide no sólo las condiciones de trabajo del futuro sino el mismo hecho de trabajar al día siguiente. La actividad sindical clasista debe ser realizada bajo ciertas normas de clandestinidad. Y a pesar de todo hay algunos síntomas de que no todo está perdido. A pesar de la mayoría de los dirigentes sindicales traidores, como el líder de la CGT oficial, Daer, que trafican con los trabajadores como si fuesen mercancía.

PERO SE MUEVE...
Con todo lo dicho, hay sectores de la clase obrera que se mueven. Meses de salarios no cobrados empujan a miles de trabajadores a luchar por sobrevivir en el más literal de los sentidos. Las huelgas generales del último noviembre lejos de hablar bien de muchos de sus convocantes, explican una situación en la que la burocracia sindical aprovecha el descontento para sacar partido en su negociación con el gobierno. Desde la derecha sindical de Daer hasta las expresiones sindicales "rebeldes" como la CGT de Moyano, o el CTA liderada por De Genaro no han tenido más remedio que convocar para frenar el avance del gobierno sobre los sindicatos. Sin embargo, el mismo hecho de que hasta la más rancia burocracia sindical convoque una huelga general refleja que el gobierno no puede triturar al movimiento obrero organizado al punto que les gustaría a los grandes empresarios y a los intereses imperialistas, incluyendo a los españoles de Telefónica, Repsol-YPF, Iberia, grandes bancos como el Santander, etc.
En Argentina, pese a quien pese, no hay margen para una democracia seria. La destrucción de una sanidad pública que era ejemplar, lo mismo que su educación, en beneficio de las empresas privadas. El reemplazo de la jubilación pública por una privada que no va a poder garantizar el pago a los jubilados de aquí a pocos años. La condena a por lo menos cinco millones de trabajadores a trabajar en negro, con una baja en los salarios del 25%, sin que los empresarios realicen por ellos cotización de ningún tipo, preparan un futuro orwelliano.
Pero la noche no puede ser eterna... Los piqueteros, cortando las carreteras en diferentes provincias del país exigiendo el pago de sus salarios atrasados de seis o nueve meses, enfrentándose con una policía nada familiarizada con métodos persuasivos, son una señal de lo que viene.
En los cimientos de la sociedad argentina se está acumulando material explosivo suficiente. Un gobierno, una clase dirigente que acepta prestamos de 40 mil millones de dólares de los cuales 35 mil millones son para financiar los pagos de la deuda externa, y presenta esto como un logro que permitirá el crecimiento, no pueden constituir ninguna salida a la situación. La debilidad de este gobierno es tan grande que ya ha empezado la carrera presidencial para las próximas elecciones y en el peronismo preparan sus candidatos. Carlos Rucauf, actual gobernador de la provincia de Buenos Aires y quizá el más firme de los candidatos de este partido trata de ganar puntos en esta carrera proponiendo a las Abuelas de Plaza de Mayo para el Premio Nobel de la Paz. Un bello gesto de no ser que este individuo fue el que en 1975 firmó el decreto de aniquilamiento que puso a la sociedad bajo la bota militar. Este demócrata, que fue protegido por el entonces almirante Emilio Massera (quien cumple arresto por el robo de bebés), propone resolver la delincuencia matando a los delincuentes y ha sido denunciado por los familiares de las víctimas de la mutual judía de Buenos Aires como encubridor. Este es (de no cambiar mucho las cosas) un posible ganador de las próximas elecciones presidenciales en el 2003.
La clase obrera argentina no tiene otra alternativa que luchar. La salida no puede estar en otro lado. Los cortes de carretera, son una táctica que revela más la debilidad que la fuerza del movimiento, pero es lo que los trabajadores están pudiendo hacer frente a la inacción y abandono de sus dirigentes. Esta es una modalidad que está creciendo. Según los últimos datos en noviembre hubo 238 cortes de carretera, seis veces más que el mes anterior. El gobierno pretende ilegalizar estas protestas, pero las protestas poco a poco se abrirán camino y darán lugar a protestas mas organizadas y eficaces. El movimiento irá creando a sus propios dirigentes templándoles en la lucha dando lugar a una nueva generación de líderes obreros. Porque les guste o no a los actuales falsos dirigentes, la noche no es eterna, sólo oscura.