"Los empresarios nos han perdido el respeto"

2001. Un año decisivo para los derechos de los trabajadores

"Los empresarios nos han perdido el respeto"

Ricardo Jimeno
CC.OO. Fiteqa-Navarra

La situación del movimiento obrero, en estos últimos meses, se puede catalogar de "preocupante", debido a las grandes incertidumbres que aparecen en el horizonte de la política económica del Gobierno y de la actitud de éste y la Patronal, en relación con los derechos laborales.
El final del año 2000 no ha sido muy bueno. El ciclo alcista de la economía mundial y sobre todo de la española da síntomas claros de agotamiento. Este proceso está agravado, por las altas tasas de inflación (4,1% en noviembre), el doble de la media de los países de la zona Euro, y 2,1% por encima de las previsiones del Gobierno a principios de año. Este dato, que trata de justificarse por el aumento de los precios del petróleo y la devaluación del euro, sobre el dólar, indica la debilidad crónica de la economía española y su falta de competitividad. Los gurús económicos del PP que presumían hace pocos meses de su gran capacidad de gestión, ahora tratan de ocultar que también a los demás países europeos les suben el precio del petróleo y tienen como moneda para sus intercambios el Euro, pero su inflación es la mitad que la nuestra. También ocultan que en España han subido más los carburantes que en el resto de los países de nuestro continente. Y que son los que más "se equivocan" en sus previsiones de IPCs anuales. Lo que está detrás de estos "errores mal intencionados", es una política económica consciente de transvasar renta salarial hacia los beneficios empresariales. Los salarios suben relacionados con el IPC previsto, pero los precios y los beneficios lo hacen con el IPC real. Los salarios son mermados directamente, por las subidas de las gasolinas (que cuando bajan nunca vuelven a los precios iniciales) ya que la mayoría de los trabajadores, amas de casa o estudiantes, deben utilizar coches o autobuses para desplazarse, pero los beneficios de las petroleras suben a cifras escandalosas. El salario mínimo interprofesional, el seguro de desempleo y los sueldos de los funcionarios, se incrementan con el IPC previsto, con lo que el ahorro del gobierno en estas partidas presupuestarias es enorme. Pero los excedentes presupuestarios son dedicados a la reducción de impuestos a las grandes fortunas y a las empresas.
Con todos estos precedentes, iniciamos el año 2001, con toda la negociación colectiva pendiente, y varios temas de derechos de los trabajadores encima de la mesa de negociación de Gobierno, Patronal y Sindicatos, como las Pensiones, la Salud Laboral y la Contratación.
Desde luego, no podemos esperar ningún tipo de comprensión, ni generosidad por parte del Gobierno o de los empresarios. El primero, sigue con su política de IPCs previstos irreales y reducción salarial a los funcionarios. Además su famoso defícit presupuestario cero, es "más de lo mismo": coger los excedentes del desempleo y de la Seguridad Social y trasvasarlo a los empresarios. Estos, lo único que quieren es abaratar el despido, seguir abusando de la eventualidad y amasar beneficios a corto plazo. Además el tándem patronal-PP tienen una premura enorme en poner en práctica todas sus medidas anti-obreras, porque intuyen que el desgaste del Gobierno comienza a hacerse patente y temen que si no aplican sus políticas ahora, en un futuro próximo lo pueden tener más difícil.
Con estas expectativas, la responsabilidad de los dirigentes sindicales en las mesas de negociación es enorme. Tras unos años, sin apenas movilizaciones, y con una táctica de conseguir pequeños logros de un ciclo económico alcista y de un Gobierno de derechas en minoría, que no quería luchas sociales, las cosas han cambiado drásticamente. Las movilizaciones realizadas el 12 y 13 de diciembre del 2000, han sido tímidos cambios en la situación sindical que no han asustado ni a empresarios ni al gobierno. Sólo pueden tener sentido, si son el inicio de movilizaciones mucho mejor preparadas y continuas que deben darse desde el mismo mes de enero.
Hay que enviar mensajes a toda la clase obrera de que debe movilizarse si quiere defender los derechos vigentes, recuperar otros perdidos y mejorar las condiciones salariales y laborales. Pero estos mensajes deben ir acompañados de una actitud decidida de ruptura con el Gobierno y con su política. No se puede convocar una manifestación un día contra el Gobierno y aparecer de la mano de Aznar al día siguiente.
Los trabajadores, no sólo quieren razones para luchar, sino garantías de que las luchas sirven para algo y que no se les va a abandonar a mitad del camino. La tarea de CCOO y UGT, no sólo es dirigir las luchas, sino romper con el escepticismo sindical y la atonía social, provocada por errores cometidos en estos últimos años.
Como dicen muchos trabajadores: "los empresarios nos han perdido el respeto". Debemos recuperar el respeto, o el miedo, que deben tenernos los empresarios y el gobierno. Pero sólo podemos recuperarlo, demostrando nuestra verdadera fuerza, como organizaciones sindicales y como clase. Y esto únicamente lo podemos recuperar luchando.