Conflicto por la primacía en Europa

Cumbre de la Unión Europea en Niza

Conflicto por la primacía en Europa

Domingo Echevarría
Pamplona

La reunión celebrada a principios de diciembre por los gobiernos de los actuales 15 países miembros de la Unión Europea (UE), después de trifulcas muy virulentas en sus primeras jornadas, alcanzó un acuerdo a última hora, con nocturnidad y alevosía, cuya redacción final sigue siendo todavía objeto de polémica.

Estando en el orden del día la ampliación de países miembros (que podrían llegar hasta 27 ó 30), no debe extrañar la ferocidad con la que se discutió sobre el peso que habrían de tener tanto los actuales como los nuevos. En juego estaba perpetuar la primacía de los cuatro grandes (Alemania, Francia, Reino Unido e Italia) con la "España va bien" de Aznar implorando sumarse el selecto club de los escogidos; la numantina defensa por los países más pequeños de sus posiciones, entre las que se encuentran los jugosos Fondos de Cohesión; y las ansias de los aspirantes por beneficiarse de un ingreso próximo.
Las intrincadas discusiones sobre los vetos, los bloqueos y las mayorías cualificadas, sobre las materias susceptibles de ser aprobadas de una u otra manera fueron un escenario idóneo para el reverdecer de las artes de la diplomacia secreta, de las alianzas tras las bambalinas y de las pomposas declaraciones a los medios de comunicación. Como señalaba el diario económico Financial Times (12.12.2000), "la enérgica defensa de los intereses nacionales sugiere que el Superestado europeo está muy lejos". Reaparecían así unas rivalidades nacionales históricas que el actual proceso de unidad europea no ha superado y que las inevitables crisis del capitalismo se encargarán de hacer resurgir con una virulencia que hoy nos puede parecer inimaginable.
Pero, al cabo de la calle, ha sido la burguesía alemana quien ha emergido como la gran vencedora, por mucho que José Mari Aznar y su amigo Tony Blair cantaran también victoria. Aunque Chirac, presidente derechista de Francia, consiguió salvar formalmente la cara, manteniendo la paridad con Alemania, su acritud no era gratuita. Resquebrajado el tradicional eje franco-alemán, el centro de gravedad de la UE está desplazándose de forma inexorable a Berlín, potencia dominante en sus satélites del Este europeo, sujetos a un flagrante colonialismo económico. Malos tiempos son, pues, los que corren para la "grandeur" del imperialismo galo.
Si a algún iluso le quedaban dudas, Niza ha vuelo a confirmar cómo la UE es concebida por los gobiernos y por la burguesía europea como un instrumento para desarrollar su mercado interior y protegerlo de la amenaza exterior que suponen tanto Estados Unidos como Japón y sus respectivas áreas de influencia. Toda la política de la UE está orientada a erigir la "Fortaleza Europa" y guiada por la defensa del capitalismo y de una política "liberalizadora" (es decir, antiobrera) a ultranza.

¿Por qué la ampliación?
Se ha dado luz verde a la incorporación de los países del Este y el Centro de Europa, es decir, a los antiguos países estalinistas (con la importante marginación de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, lo que tendrá importantes consecuencias) y el Mediterráneo, que se articulará de forma gradual y no simultánea a partir del año 2004, si cumplen los requisitos. Para algunos de ellos (Rumanía, Bulgaria…) es mera música del futuro para consumo propagandístico de sus gobiernos, dado el caos de todo orden en que se encuentran inmersos, y puede que también lo acabe siendo para otros si los actuales nubarrones que asoman sobre la economía de los países más avanzados acaban descargando en forma de ralentización importante del crecimiento o incluso de recesión.
Sin embargo, tras las palabras de bienvenida de la UE a los "hermanos descarriados" del Este de Europa no hay ningún ánimo benéfico, sino una codicia prepotente por dominar sus mercados, algo que particularmente la Alemania unificada viene consiguiendo desde 1989 por medio de su supremacía económica en Europa, hasta el punto de que está logrando por medios "pacíficos" lo que la burguesía imperialista alemana no pudo conseguir con dos guerras mundiales.
Llama también la atención el hecho de que, siendo la libre circulación de trabajadores uno de los principios declarados de la UE, esté hablándose ya de limitaciones de todo tipo a la misma para frenar un éxodo masivo de trabajadores desde el Este en busca de El Dorado occidental, por muy desigual que esté repartida su riqueza y por muy leoninas que sean las condiciones laborales que tengan que padecer.
Entre las preocupaciones de los actuales miembros se encuentra el futuro de la Política Agraria Común (PAC), rubro más importante del presupuesto de la Unión compuesto por las ayudas de todo tipo al sector. Extender la subvención de los productos agrícolas del Este europeo en las actuales condiciones es insostenible financieramente.
Como decía el semanario conservador británico The Economist (14/ 12/ 2000), "la cumbre ni siquiera tocó el espinoso asunto de cómo la UE va a reformar su PAC para que se incorporen a ella los países pobres del Este". Téngase en cuenta que, por ejemplo, la agricultura supone el 25% del Producto Interior Bruto de Polonia. Bruselas está abocada a una difícil disyuntiva: incrementar sus fondos, lo que cuenta con el rechazo de los gobiernos; o recortar las ayudas, lo que tampoco es del agrado de los actuales países miembros porque podría provocar serios conflictos sociales con el sector.

EL MAL DE LAS VACAS LOCAS
Por cierto, el escándalo de las "vacas locas", que tratan de desactivar con nuevas subvenciones y destruyendo una parte de la cabaña a cambio de compensaciones pecuniarias criticadas por pequeñas por las asociaciones de productores, ha puesto en evidencia cómo los gobiernos han autorizado unos piensos para animales a sabiendas de que podrían causar enfermedades trasmisibles al ser humano.
Según Miguel Ángel Toro (experto del Centro Nacional de Investigaciones Agrarias), cuando en 1988 se vinculó en Gran Bretaña la Encéfalopatía Espongiforme Bovina (EEB) con la ingestión de piensos animales con extractos de carne y huesos de ovejas infectadas, la Thatcher prohibió su uso en su país, pero no su exportación y "el resultado es que el mal de las vacas locas se ha extendido por toda Europa, España incluida" (El País, 15.01.2001).
Algunos años más tarde se propagó una epidemia de este mal en el Reino Unido. Se dijo entonces que estaba localizada y sirvió como excusa para bloquear sus exportaciones cárnicas y favorecer la ganadería de sus rivales en el continente. Ahora no hay rincón europeo, en mayor o menor medida, libre del mal.
Un trágico ejemplo, no el único, de cómo para la UE y los gobiernos más importante que la salud de la población es la protección del beneficio particular y rápido de los productores privados. No ha hecho falta esperar a que remitieran las noticias en los medios de comunicación para que los precios de la carne vacuna "segura" se disparen, los de la "dudosa" bajen, los de las otras carnes a que se desvía el consumo (en la UE ha caído el de vacuno en un 27% desde octubre) suban, y todo ello en aras a la sacrosanta ley de la oferta y la demanda.
Por cierto, las compensaciones a los ganaderos por el sacrificio de parte de la cabaña, en el Estado español y en otros países, van a ser satisfechas por la UE, el Estado (33%), las Comunidades Autónomas y el sector, en un porcentaje aún por establecer. Parece que toma cuerpo la idea, para sufragar este gasto extraordinario, de imponer bien una tasa, bien un impuesto que acabaremos pagando los trabajadores y nuestras familias, ya que si es sobre el precio final recaerá sobre nosotros directamente y si lo es sobre la cadena alimentaria, nos lo acabarán repercutiendo también.
Así las cosas, es inevitable preguntarse dónde y cuándo surgirá el siguiente escándalo que ponga en evidencia que nuestra salud está permanentemente amenazada, aunque sólo ocasionalmente nos informen de ello, por las invisibles leyes que rigen el sistema capitalista y que lo orientan no a la satisfacción de las necesidades sociales sino al beneficio particular de una pequeña minoría. ¿Será en la cadena alimentaria? ¿Será en el medio ambiente?

¿UNA Unión Europea DEMOCRÁTICA Y SOCIAL?
Tratar de democratizar la actual UE y dotarla de un contenido social es una quimera irrealizable, como se ha comprobado una vez más en Niza. Continuar apelando a la buena voluntad empresarial y a la bondad intrínseca de las demandas sindicales de una Carta Social no es, en el mejor de los casos, sino un brindis al sol y en el peor una alimentación de ilusiones infundadas para evitar el meollo del asunto, la denuncia del capitalismo.
La Carta de Derechos Fundamentales, cuyo contenido se queda a años luz de derechos formalmente reconocidos en muchas Constituciones y que en la práctica son papel mojado, ha recibido un pase sin trascendencia práctica alguna.
La Carta de Derechos Sociales ha corrido también patética suerte, en una época en que la burguesía quiere destruir conquistas y reducir derechos de los trabajadores y en absoluto ampliarlos. La política motriz de la burguesía, de los gobiernos nacionales y de la UE es la "flexibilización" y la "desregulación", es decir, destruir las conquistas que la clase obrera ha conseguido durante décadas de lucha. La igualdad de condiciones y derechos que quieren es a la baja, no al alza.
Tomemos como ejemplo las pensiones. La Comisaria europea de Empleo y Asuntos Sociales, la socialdemócrata Anna Dimiantopoulou, poco después de la reunión insistió en que, para salvar el futuro de las pensiones públicas, "las jubilaciones anticipadas tienen que acabarse" (El País, 23.12.2000). En Alemania, el gobierno Schroëder está impulsando un drástico recorte de lo que califica de "arcaico sistema de protección social". ¿Dónde queda esa Arcadia feliz que prometían los reformistas del sistema en la que, gracias al desarrollo tecnológico trabajaríamos menos, mejor y nos jubilaríamos antes? Bajo el capitalismo, estamos trabajando más, en peores condiciones y quieren que trabajemos más años. Todo ello en un momento de la historia en que el desarrollo de las fuerzas productivas lo permitiría si se controlara y planificara democráticamente por parte de los trabajadores los principales resortes económicos.
Tampoco, como cabía esperar, la siniestralidad laboral que siega las vidas y deja lisiados a miles de trabajadores en todo el Continente mereció la atención de los próceres europeos, por mucho que sus trágicas secuelas sean más visibles que las de las intoxicaciones alimentarias o del medio ambiente. Del control del poder de las grandes multinacionales, de sus fusiones, de sus despidos, ni mención.
Una vez más, la burocracia europea, en su doble vertiente administrativa y parlamentaria (el número de eurodiputados crecerá hasta 732 con la ampliación), se arroga prebendas sin fin sin que pueda haber ningún control democrático sobre tan ingente superestructura. Que tanto Romano Prodi (presidente de la Comisión Europea) como el Parlamento hayan criticado lo acordado en Niza no demuestra que haya sido un acierto para los trabajadores europeos, sino que lo hacen desde la defensa de sus sinecuras.

UNA EUROPA CONTESTADA

En este contexto, las protestas contra la Europa de los Mercaderes está creciendo, como se pudo comprobar en las calles de Niza en los días anteriores a la reunión. Que miles de sindicalistas de todo Europa se manifestaran convocados por la Confederación Europea de Sindicatos refleja este movimiento de fondo, máxime si se tiene en cuenta que las direcciones europeas y nacionales de los sindicatos no agitan las banderas de una alternativa internacionalista y socialista frente al "liberalismo" tan en boga.
La experiencia misma de la lucha contra las multinacionales en sectores como el automóvil, por ejemplo, tiene que conducir inevitablemente a su generalización europea si se aspira a desbaratar sus planes antiobreros. Es labor de los sindicalistas más conscientes dar ese contenido político, internacionalista y socialista a las acciones antiglobalización para que vaya recabando apoyos en las filas de las grandes organizaciones sindicales europeas y consiga implicar en las mismas a sectores cada vez más amplios de la clase obrera y la juventud.
Fue elocuente ver cómo quienes alardean de ser representantes de sus pueblos tuvieron que recurrir a un despliegue policial impresionante para acceder a la reunión. Los nutridos cinturones policiales no se limitaban al perímetro del lugar de encuentro, sino que se extendían por toda la ciudad e impedían el acceso de los manifestantes reteniéndolos en la frontera con Italia, en la estación de ferrocarril e incluso parando numerosos convoyes de tren.
Testigos presenciales poco sospechosos de radicalismo (el columnista de El País José Vidal-Beneyto entre ellos) reconocían que los incidentes que se produjeron fueron escasos y aislados, e incluso algunos fueron provocados por las llamadas fuerzas del orden, que se emplearon con inusitada agresividad. Las imágenes de la televisión, poco menos que apocalípticas, se sirvieron de esos choques para magnificarlos y tratar así de desacreditar la más que justificada protesta.
A los trabajadores sí que nos conviene la unión de Europa, pero no ésta Unión Europea, creada a imagen y semejanza de la burguesía que la promueve. Nos interesa una Europa que generalice el trabajo, los derechos, las prestaciones sociales y que esté controlada por la mayoría de la población. Una Europa en la que sus ingentes recursos tecnológicos y humanos sean planificados democráticamente para satisfacer las necesidades sociales y no, como actualmente, un mercado guiado por el interés de una pequeña minoría voraz y parasitaria. Una Federación Socialista Europea que, controlando los principales resortes de la economía, permita el desarrollo armónico, en pie de igualdad, de los Estados, Nacionalidades y Regiones que están asentados en el viejo Continente. Una Europa, en fin, en las antípodas de la de Niza y lo que representa.