Elecciones en Euskadi Más allá del 13 de mayo

Elecciones en Euskadi

Más allá del 13 de mayo

La carrera electoral ya se ha desatado en la Comunidad Autónoma Vasca, de hecho se vivía un ambiente preelectoral desde hace mucho tiempo, consecuencia del contexto de crisis que ha caracterizado esta breve legislatura del Parlamento de Vitoria.

La pregunta que inevitablemente surge es, más que los resultados, si estas elecciones pueden contribuir en algo a suavizar la crisis que se vive, o más bien la agravarán. De antemano todos descartan la posibilidad de que un solo partido obtenga la mayoría necesaria para gobernar en solitario y las combinaciones para un gobierno de coalición se presentan francamente complicadas. En gran medida se puede afirmar que la complicación a la que se va a enfrentar el parlamento que surja de las elecciones del 13 de mayo, no es sino un reflejo de la complicada situación que vive la sociedad vasca. Desde que la Cámara, ahora disuelta, inició sus tareas tras las últimas elecciones, se han producido acontecimientos que han llevado a una crispación cada vez más aguda. El gobierno vasco se constituyó mediante una alianza entre el PNV y Eusko Alkartasuna (EA), pasando después a contar con el apoyo de Euskal Herritarrok (EH) a través de un acuerdo. Era el momento en que el PNV había apostado por una táctica que podía llevar a la integración en la vida parlamentaria de EH y el fin de las actividades de ETA.

Esta apuesta era muy arriesgada, pero en caso de dar resultado hubiese tenido un efecto positivo en la situación y hubiese reportado al PNV una rentabilidad electoral indudable, al presentarse como los pacificadores de Euskadi. Aunque hoy pocos lo recuerden, se abrieron grandes esperanzas con el acuerdo de Estella-Lizarra, y la posterior declaración de tregua por parte de ETA.

Es necesario afirmar que se crearon las mejores condiciones que habían existido, desde la Transición, para abordar el problema del terrorismo, y durante más de un año cesó la actividad del terrorismo etarra. Pero el Pacto de Lizarra tenía varios puntos débiles que le hacían incapaz, por sí mismo, de llevar la situación a buen término. Suponía abrir una puerta pero no daba una solución. En primer lugar se trataba de un acuerdo entre organizaciones, y la base para encontrar una alternativa pasaba, y pasa, por un respaldo popular, por la movilización de una parte decisiva del pueblo vasco con unos objetivos comunes. Sólo así el PSOE podía haber cambiado de posición para unirse a una solución política a la situación de Euskadi, y sólo así se podría conseguir que el gobierno del PP hubiese cedido. En vez de eso el Pacto de Lizarra derivó hacia las posturas soberanistas, es decir a reforzar las posiciones del nacionalismo vasco, favoreciendo al mismo tiempo la consolidación del bloque del nacionalismo español formado por el PP y la dirección del PSOE.

La ausencia de una movilización decidida por objetivos claros, permitió al PP contar con el respaldo de la dirección del PSOE, que en un principio se vió afectado por el efecto de Lizarra, y pasar a una ofensiva para torpedear cualquier posibilidad de que la tregua de ETA se mantuviese. Es evidente que el gobierno del PP hizo todo lo que estaba en sus manos, que era mucho, para que la opción política que podía haber representado el Pacto de Estella, fracasase. La situación entró en un calllejón sin salida, al reforzar el choque en términos nacionalistas, y ETA aniquiló cualquier posibilidad al volver a los atentados terroristas con más virulencia aún que antes de la tregua.

En esas condiciones el PNV quedó atrapado, y el PP vio la posibilidad de rentabilizarlo electoralmente, y desde entonces su única obsesión era la disolución del Parlamento para obtener réditos electorales.

El PP no puede obtener un resultado electoral que le permita gobernar en la CAV por sí mismo, ellos lo saben, y es la prueba de que lo único que pretenden es ganar terreno al nacionalismo vasco convirtiendo la situación en ingobernable, azuzando en enfrentamiento civil en el País Vasco.

El PSOE está atrapado por sus propias contradicciones; en estos momentos, si refuerza al PP para formar gobierno, tendrá una crisis, pues las consecuencias de tal alianza repugnarán a parte de sus militantes y a una parte aún mayor de su electorado. Pero si pacta un gobierno con el PNV puede llegar, después de la política que está practicando, al borde de una escisión.

Francamente se puede decir que el PSOE se ha metido, el solo, en una ratonera de la que le va a costar salir. Por supuesto, toda la situación daría un vuelco si el PSOE se decidiese a salir de esa alianza contra natura que mantiene con el PP, y en lugar de arrojarse en brazos del PNV, como hizo en el pasado, se decidiese a levantar una alternativa de clase junto a IU-EB. Esto unido a la defensa de los derechos democráticos del pueblo vasco, en primer lugar el derecho de autodeterminación, que le permitiría conectar con un sector mayoritario de la población, podría romper la actual dinámica de polarización nacionalista y abrir otra perspectiva de futuro.

El PNV en alianza con EA, es posible que sea la lista más votada, pero con un resultado insuficiente para disponer de un gobierno con mayoría en la Cámara. Y todavía queda la incógnita de qué postura adoptara EH. Es evidente que algunos sectores, los más vinculados a las tesis de ETA, no se sienten disgustados con un gobierno presidido por Mayor Oreja, pues aún defienden la vieja y descabellada tesis de "cuanto peor, mejor", pero no es así en sus bases, que a pesar de todo ven como un desastre dejar que el Lehendakari fuese del PP.

No cabe duda de algo: la situación de crisis se va a mantener tras las elecciones. Sencillamente porque no se aportan claves para enfrentarse a ella, y se trata simplemente de una confrontación entre ambos nacionalismos, el español y el vasco. Precisamente por ello, IU-EB tiene una enorme responsabilidad, no puede competir electoralmente, pero si puede contribuir a lanzar un mensaje que una la defensa de los derechos democráticos con una alternativa de clase. Debemos mirar más allá del 13 de mayo. No cabe duda de que el PP y la dirección del PSOE entienden algo del papel que IU-EB puede jugar, si no sería difícil explicarse por qué han puesto tanto empeño en intentar subir el listón del porcentaje exigible para obtener parlamentarios del 3% actual, al 5%, para intentar arruinar las posibilidades electorales de IU-EB, que tiene la opción de conseguir un escaño por cada uno de los tres territorios.

Desde una posición de izquierdas, no nacionalista, no se podrá dar una solución a corto plazo a una crisis de tal envergadura, pero si se puede sembrar la semilla de una alternativa que encontraría cada vez más apoyo entre un sector importante de la población que es consciente de la necesidad de forjar una alternativa que responda a las aspiraciones del pueblo trabajador vasco y no a los intereses de la burguesía vasca ni de la española, que defienda la apertura de un diálogo sin exclusiones ni condiciones previas, los derechos democráticos y los intereses de las familias obreras. Una alternativa así tendría un efecto en recuperar los votos de IU-EB, pero además sería vista con simpatía entre muchos de los sectores que en el pasado han apoyado al PSOE o al nacionalismo vasco.