Cartas desde el país del dólar
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Cartas desde el país del dólar

Nat Lerner
Salinas, California (Estados Unidos) Marzo 2001

El altruismo con la infancia de las empresas farmacéuticas

Según una investigación de The Boston Globe parece que los experimentos medicinales en este país han matado por lo menos a ocho niños y cientos más han sufrido efectos secundarios dañinos durante los últimos siete años. Estas tragedias son sólo un anticipo de los problemas que va a haber si el gobierno federal insiste en que se acelere este año el programa de pruebas farmacológicas con niños.

Para dificultar aún más cualquier intento de averiguar el alcance de los daños a través de las investigaciones, ni las empresas farmacéuticas ni la Administración Federal de las Medicinas (FDA) dan ninguna información de los problemas encontrados durante las pruebas de los fármacos si tales medicamentos no son aprobados. Y aún siendo aprobados, la FDA siempre tarda demasiado en dar al público los detalles de las pruebas. Además no se hace ningún esfuerzo para hacer un seguimiento de las pruebas hechas con niños ni hay ninguna centralización de la información sobre los efectos secundarios.

Actualmente hay unos 45.000 niños que participan en pruebas de nuevos medicamentos realizadas por la industria farmacéutica, tres veces más que en 1997 que eran 16.000. ¿Por qué ocurre? El 75% de las medicinas infantiles nunca han sido comprobadas con niños, ni su eficacia ni su seguridad. Esto incluye medicamentos como el Albuterol, recetado ampliamente para el tratamiento de asma. Los médicos han cometido errores recetando a niños dosis inapropiadas de fármacos que son para adultos.

En respuesta a las peticiones que los pediatras han hecho desde 1997, el Congreso ha ofrecido a las empresas farmacéuticas una extensión muy lucrativa de seis meses de las patentes existentes si hacen pruebas con niños. También, desde diciembre, la política de la FDA insiste que cada nueva medicina necesita ser comprobada con niños además de las pruebas con adultos.

En la actualidad las empresas farmacéuticas gastan aproximadamente mil millones de dólares anualmente en pruebas con niños. Hay muchas pruebas seguras y éticas. Pero al examinar las investigaciones con niños desde 1994 se muestra que la combinación de niños vulnerables, investigadores ambiciosos, las ganancias posibles y unos débiles controles configuran un escenario muy peligroso para los niños. Los niños han sufrido en nombre de la ciencia desde infecciones mortales en Memphis a un dudoso diagnóstico en Arkansas. Inevitablemente hay publicidad cuando los padres presentan demandas o hay pronunciamientos fuertes por parte de los tribunales.

Los centros de Cáncer siempre han sido los líderes en las pruebas clínicas con niños con programas de investigación sobre todo tipo de enfermedades. Y en esos casos, a pesar de las buenas intenciones, no siempre dan buen ejemplo.

En 1998 y 1999 murieron tres niños por complicaciones en un experimento hecho en el St. Jude Children's Research Hospital, en Memphis, cuando los investigadores intentaron mejorar la tasa de curación en niños de 5 años enfermos de leucemia limfoblasica aguda, que es una de las formas de cáncer sanguíneo más fáciles de tratar.

Hasta el momento presente no hay ningún indicio de que los abusos hayan llegado al extremo de lo que sucedió en Fernald State School, en Waltham, durante los años 40 y 50, cuando se dieron cereales dosificados con radiación a niños atrasados en una prueba patrocinada por MIT y Quaker Oats. Pero siguen saliendo a la luz muchos ejemplos preocupantes de investigación que muestran el débil control del creciente número de estudios.

Más luz sobre la electricidad de California: un cuento de dos crisis

California sufre dos crisis de energía. La primera consiste en la posibilidad de cortes de luz esporádicos cuando hay un alto nivel de demanda. La segunda es la posibilidad de quiebra de las grandes empresas eléctricas y, por tanto, que ninguno de sus clientes (dos tercios del Estado de California) reciba energía eléctrica de ninguna forma.

Después de 32 días de alerta nivel 3 (cuando existe menos de 1,5% de capacidad en reserva) y la amenaza de cortes repartidos por todo el Estado, la primera crisis terminó temporalmente a finales de febrero. Todo el mundo sabe que volverá en verano cuando los aparatos de aire acondicionado y los aspersores de agua (residenciales y comerciales) se pongan en marcha. Otra vez los guardianes de las redes eléctricas declararán que las reservas de energía son peligrosamente bajas y rogarán a los californianos que apaguen sus luces y esperen hasta la media noche para utilizar sus secadoras. Por tanto, la carrera para encontrar soluciones viables ha empezado.

Se están construyendo cuatro nuevas centrales en California, pero según las previsiones más optimistas ninguna de ellas funcionará antes de julio. Recientemente se han aprobado los planes para la construcción de otra gran central eléctrica y se están revisando 23 más. Pero no hay ninguna garantía de que las vayan a construir.

La segunda crisis ha recibido más atención. El 23 de febrero el Gobernador Gray Davis hizo público el acuerdo con la empresa Southern California Edison que incluye la venta de toda su red eléctrica al Estado. Davis admite que el acuerdo no valdría nada si no es capaz de lograr un acuerdo similar con la empresa más grande del Estado, Pacific Gas & Electric Co, que ha hecho oídos sordos a sus plegarias hasta ahora.

Anteriormente el Senado del Estado votó para crear una organización eléctrica pública para generar su propia luz y venderla a precio de coste a los consumidores. Esta agencia sería autorizada a vender 5 billones de dólares en bonos para construir, comprar y tener sus propias centrales eléctricas. El Estado podrá controlarlas él mismo o en sociedad con las empresas privadas. Además la agencia ayudaría a financiar programas para el uso eficaz de la electricidad, la conservación y mejoras en el medio ambiente de las centrales existentes. El plan ha provocado mucha palabrería y un fuerte debate partidista sobre la financiación y el control público de las centrales eléctricas contra lo privado. Y hay más por venir...

Inversión en la contracultura de antaño

Antes de trasladarme a Salinas, California, en 1996, me dijeron que "la gente de bien" de la zona despreciaba a su conciudadano más famoso. Seguramente era cierto hace unas décadas. El libro y la película de John Steinbeck Al Este de Edén (con James Dean) mostró con demasiado acierto las vidas de las familias dirigentes. Su obra previa mejor conocida fue otro libro hecho película, Las uvas de la ira (presentando a un joven Henry Fonda). Presentó con todo realismo las condiciones de los obreros inmigrantes en la California de la depresión y las dificultades con que se enfrentaban al sindicalizarse. Para mi sorpresa una nueva generación de líderes cívicos estaban recaudando fondos, muy activamente, para construir un Centro Steinbeck Nacional en honor del hombre y su obra. Hoy en día el centro acoge muchos actos y también es sede permanente de exposiciones de las obras de Steinbeck.

Hace poco había una exposición de Woody Guthry (sindicalista americano de principios del siglo XX) en el centro. Uno de los patrocinadores era la empresa Knight Ridder. La misma empresa que aplastó a los sindicatos hace unos años al comprar el periódico local, The Monterey Herald. Despidieron a toda la plantilla e hicieron que todos tuvieran que volver a pedir empleo bajo "nuevas condiciones". Hoy patrocina una exhibición en "honor" de un hombre que luchó para sindicalizar a todos los obreros, que hizo un arma de su guitarra, su poesía y sus canciones en esta lucha y que encontró su inspiración en la vida y lucha de la gente corriente.