Girling-TRW Chantajes de las multinacionales

Girling-TRW

Chantajes de las multinacionales

Lucas Girling es una empresa suministradora de componentes del sector de la automoción (equipos de frenado) situada en Orcoyen (Navarra), propiedad del grupo norteamericano TRW desde finales de 1999, tras una efímera fusión en 1997 con la multinacional también americana Varity.

Si hace unos 10 años la plantilla rondaba los 700 trabajadores, antes de la negociación de este último Convenio se había quedado reducida a poco más de 500, todo ello después de que en 1997 hiciéramos una huelga de 5 días por el Convenio que consiguió que 84 trabajadores eventuales pasaran a fijos, eso sí, en turno de fin de semana (librando dos días entre semana) para quienes fueron contratados a partir de 1994, manteniéndose los tres turnos de lunes a viernes para los veteranos. En todo este tiempo, las inversiones han brillado por su ausencia.

Hasta 1999 la empresa reconocía cuantiosos beneficios, produciéndose desde entonces una pérdida de algunos clientes importantes. La entrada de TRW como nuevo propietario despierta preocupación por el futuro, ya que en el Polígono Industrial de Landaben (cercanías de Pamplona), a parte de otras fábricas que tiene en Navarra, tiene una fábrica dedicada al mismo segmento (direcciones) que emplea a unos 900 trabajadores, incluidos eventuales.

Así las cosas, todo el año 2000 pasó sin que se firmara Convenio alguno y, justo antes del verano, la Dirección nos planteó un ultimátum para que aceptáramos un decálogo que serviría para "posibilitar la viabilidad futura de la empresa". Los puntos más destacados eran:

  1. Paz Social durante la vigencia de un Convenio de 10 años, renunciando al derecho a la huelga.
  2. Congelación salarial: subida IPC.
  3. Reducción de la jornada anual en 24 horas en los 10 años.
  4. Revisión-incremento de productividad.
  5. Las vacaciones que siempre se tomaban en julio, pasarían a disfrutarse entre junio y setiembre.
  6. Flexibilidad: fábrica abierta 360 días, entrando toda la plantilla a trabajar a cuatro turnos de lunes a domingo, rotando toda la misma.

La multinacional nos decía que, salvo que aceptáramos sus condiciones, no traería nuevos productos y en un plazo de 3 ó 4 años la fábrica de Orcoyen estaría cerrada. Que la ausencia de trabajo es un arma que usa a su antojo TRW para imponer condiciones leoninas sobre los trabajadores queda bien claro si al mismo tiempo que nos amenaza con la falta de pedidos, abre plantas nuevas para fabricar lo mismo, por ejemplo, en Polonia.

Saltándose al Comité, tratando de desautorizarlo una vez más, convocó un Referéndum sobre el Decálogo en el que, con un vago compromiso de que si se aceptaba aseguraría el trabajo para la planta. Si bien en Oficinas obtuvo 67 síes y unos 15 noes, en Taller fue rechazado por abrumadora mayoría (280 noes y ni siquiera 100 síes). El No al Decálogo paralizó de nuevo las negociaciones del Convenio y, en diciembre, la Dirección presentó un Expediente de Rescisión de 82 contratos.

En enero de 2001, ante el vencimiento del plazo de negociación sin que la empresa retrocediera, se convocó una huelga indefinida de 4 semanas desde el día 22 de enero. Sólo el anuncio de la lucha ya sirvió para que se sentaran a negociar.

Desgraciadamente, por parte de todo el Comité (5 UGT; 4 CISU (ex-CCOO); 2 LAB, 1 CC.OO. y 1 CAL en el Taller; 3 Independientes y 1 UGT en Oficinas) se entró al juego de plantear alternativas al Decálogo, en vez de rechazarlo de plano. El Gobierno de Navarra, por su parte, se ofreció para mediar, aunque la verdad sea dicha, su identificación con las pretensiones empresariales era diáfana. Entre tanto, la Dirección enviaba cartas individuales amenazantes a todos los trabajadores por si seguíamos con la movilización y anunciaba que un solo día de huelga dejaría sin viabilidad futura alguna a la factoría. Ni estos chantajes ni cinco días de intensas negociaciones bajo los auspicios del Gobierno bastaron para impedir el arranque de la huelga el día 22 de enero.

A las 6 de la mañana de ese lunes, se celebró una concurrida Asamblea a la que acudieron numerosos empleados de Oficinas poco asiduos en ese tipo de reuniones. Se conoce que, a instancias de la empresa, con su presencia se lograría desconvocar la huelga y que tragáramos el Decálogo. Intento fallido, pues fue rechazado de nuevo por amplia mayoría. Ese día, en que nadie trabajó, continuaron las negociaciones y al mediodía se realizó una nueva votación en la que más de 250 trabajadores votamos a favor de continuar la lucha y 110 se inclinaron por volver a trabajar.

Reanudadas las negociaciones, Dirección siguió sin mover ni un ápice sus planteamientos y, en un momento dado, se pegó el farol de dar una hoja en blanco al Comité para que pusiera las condiciones que quisiera en un Convenio de 2 años, pero que se supiera que era el principio del fin. El Comité se asustó y retrocedió y, tras una interminable noche de negociaciones, propuso a la Asamblea que, retirando el Expediente de Rescisión de Contratos la empresa, se firmara el Convenio y se volviera a trabajar. Ante la ausencia de alternativas por ninguna de las Centrales Sindicales, la Asamblea acabó aceptando un Convenio cuyos aspectos principales son:

  1. Vigencia 6 años (2000-2005), sin compromiso de paz social (renuncia a huelgas) aunque sí de buscar salidas intermediadas y negociadas a los desacuerdos.
  2. Subida salarial IPC, si bien un 1% de la misma se destinará a pagar 400.000 pesetas anuales a quienes voluntariamente pasen a trabajar en turno de fin de semana y una única paga a todos de 95.000 pesetas por ampliar el corredor de vacaciones.
  3. Reducción de jornada de 16 horas (a razón de 8 horas en 2002, 2004 y 2005).
  4. Vacaciones partidas entre julio y agosto.

La flexibilidad, propósito central de la empresa, va a suponer que la fábrica esté abierta 352 días al año. Las Regulaciones de Empleo se aceptarán durante la vigencia del Convenio. 15 trabajadores de Oficinas habrán de optar, entre pasar a Taller con una indemnización de 1 millón de pesetas o la Baja incentivada con 45 días por año (tope 20 millones). Las Bajas voluntarias que puedan producirse en Taller (3 hasta el momento) son con 45 días sin tope.

Las necesidades que la empresa plantea, ante la previsión de la llegada de nuevos productos, es de 68 trabajadores más de los actuales que hay en fines de semana (que a partir de ahora librarán 15 fines de semana al año, cuando antes ninguno) pasen a ese 4º turno de voluntarios, con las compensaciones antes señaladas

.

Los trabajadores somos conscientes de que se ha aceptado un mal Convenio, contrario a nuestros intereses, y que no hay garantía ni compromiso alguno de que la Dirección vaya a traer nuevos productos. Las interrogantes sobre el futuro aumentan si tenemos en cuenta que, a tan sólo 1 kilómetro de distancia, hay dos empresas del mismo grupo TRW, y que la compra ha supuesto que se hayan ido directivos con multimillonarias indemnizaciones, que nada tendrán que ver con las que nos corresponderán a nosotros si nos echan.

Esta es la jungla de las multinacionales, que traen trabajo sólo si se hace en las draconianas condiciones que pretenden, gozando del apoyo entusiasta de los gobiernos nacionales y regionales. Este es el mundo de unos planes globales que se sirven de las pérdidas, reales o provocadas, de clientes para chantajear a las plantillas. Unas reglas de juego, en fin, que los asalariados hemos de quebrar.

Un trabajador de Lucas Girling (ahora TRW).