Sintel - Una lucha por la dignidad de los trabajadores

Sintel

Una lucha por la dignidad de los trabajadores

Entrevista a Valeriano Aragonés, Presidente del Comité de Empresa de Sintel en Madrid, y miembro del Comité Intercentros de Sintel

Jordi Escuer y Miguel Ángel Longo

Los trabajadores de la empresa Sintel y sus familias están llevando a cabo una lucha ejemplar frente a un poderoso adversario: Telefónica, la empresa Mastec -propiedad de la famosa familia Mas Canosa, afincada en Miami- y, en última instancia, el propio Gobierno de José María Aznar, que dista mucho de ser neutral en este conflicto. Hasta el momento en que publicamos estas líneas llevan siete meses sin cobrar, innumerables días de huelga, manifestaciones, casi cincuenta días acampados en el madrileño Paseo de la Castellana y cerca de un mes de encierro en la Catedral de la Almudena de Madrid, jalones de una movilización modélica, que esconde muchas lecciones para el presente y el futuro del movimiento obrero. Su tenacidad en la defensa de sus puestos de trabajo y sus derechos, nos recuerda a todos que aquello que conquistamos los trabajadores con nuestros esfuerzos y movilización, no está garantizado para siempre, sino que este sistema social, con su insaciable sed de beneficios, amenaza con arrebatárnoslo a la primera ocasión. Sin embargo, también nos obliga a reconocer la capacidad de lucha de la clase obrera, a pesar de cuantos quieren enterrarla. Apoyar con todas nuestras fuerzas a los trabajadores de Sintel y aprender de su experiencia, es una obligación que tenemos el conjunto de la izquierda.

Sintel: Manifestación

Lleváis mucho tiempo en la brecha…

La lucha no empieza hoy, ni siquiera de los 44 días que dura la acampada. La historia de Sintel, la última etapa, comienza en 1996 cuando todavía éramos filial de Telefónica y ésta, aún pública en parte, decidió vender Sintel a la familia cubano-americana -afincada en Miami- de Jorge Mas Canosa. Dicha venta por sorpresa, el 30 de marzo de 1996, de la que no se informó para nada a los representantes de los trabajadores, fue la respuesta de Telefónica a la oposición que siempre habíamos mantenido los trabajadores de Sintel a sus intenciones de segregar todas las empresas filiales. Primero Telefónica suprimió el convenio que teníamos y nos presentó uno de una hoja, que los representantes de los trabajadores rechazamos exigiendo el mantenimiento del anterior convenio. Inmediatamente después aparece la noticia en la prensa de la venta de Sintel a la empresa de Mas Canosa. En ese momento empieza el problema que nos trae hasta aquí.

La venta a la familia Mas Canosa, a su empresa Mastec, no fue una operación muy limpia… Sintel es vendida a Mastec por 4.000 millones de pesetas, cuando Telefónica se acababa de gastar más de 15.000 en el saneamiento, y con una cartera de trabajo garantizada de 75.000 millones de pesetas. Un verdadero pelotazo donde los haya. De hecho, con el anuncio de la venta, la valoración en Bolsa de Nueva York de la empresa Mastec subió más de un 400%.

Según Telefónica, toda la operación se hace para mantener el empleo de Sintel, diciendo que lo que mejor que se podía hacer en aquel momento. Sin embargo, los hechos demostraron que esa no era cierto. En el contrato de compra-venta había una cláusula en la que se planteaba que si Mas Canosa no pagaba, Telefónica le retiraba la cartera de trabajo. Sin embargo, cuando MasTec no pagó, Telefónica no fue a los tribunales si no que nos retiró la cartera de trabajo. Al final, Mas Canosa no pagó la empresa y Telefónica nos dejó sin empleo a 1000 personas en 38 provincias, dándole el trabajo a otras empresas al mismo precio, y el poco trabajo que había se desviaba a subcontratas. Esto dio lugar a cuatro expedientes de regulación de empleo desde el año 97 al 2000. Unos expedientes se retiraron por las huelgas que efectuamos los trabajadores. Otros por resolución de la propia Dirección General de Trabajo como sucedió con el último, presentado el año pasado.

¿Qué acciones habéis llevado a cabo?

Frente a estos expedientes hemos tenido que hacer la friolera de 213 días de huelga, en una lucha para mantener los empleos y cobrar los salarios. Telefónica nos debe todavía más de 6.000 millones de pesetas por trabajos realizados. En octubre del año pasado se acumulaba una deuda de 4 nóminas sin cobrar, entonces nos encerramos 30 compañeros en la Catedral de La Almudena de Madrid. Después de 3 días alcanzamos un acuerdo con el Secretario de Estado de Empleo, Ramón Marimón. En dicho acuerdo, se comprometían a pagarnos las nóminas que nos debían, a presentar un plan de viabilidad y que no nos iban a presentar ningún expediente de regulación de empleo. La realidad es que sólo pagaron tres de las nóminas, no presentaron el plan de viabilidad y sí nos pusieron sobre la mesa el expediente de regulación de empleo, el día 21 de diciembre, para la extinción de 1.201 puestos de trabajo.

Desde entonces se han acumulado 7 nóminas. Eso fue lo que nos hizo tomar la determinación, el día 29 de enero, de viajar a Madrid toda la plantilla y acampar en el Paseo de la Castellana, donde seguimos hasta hoy. Hasta ese momento habíamos hecho cuatro viajes a Madrid, y a este último lo denominamos el viaje "sin retorno", puesto que no vamos a volver a nuestro domicilio mientras no nos paguen las nóminas que nos deben, retiren el expediente y se abra la mesa de negociación. Hay que ser conscientes de lo que supone para las familias después de tantos meses sin cobrar. Estamos acampados 1.500 personas de 14 comunidades autónomas y 38 provincias, que no podemos volver a casa sin arreglar el problema.

¿Cómo está la situación en este momento?

El expediente de 1.200 trabajadores es lo que teníamos encima de la mesa, y ayer [el lunes 12 de marzo], el Ministerio de Trabajo, aprobó el despido de 796 trabajadores, haciendo caso omiso a los informes de las 14 comunidades autónomas, que son contrarios a la aprobación del expediente. También ha ignorado el informe de la Inspección Central de Trabajo de Madrid, que es negativo al expediente. Y, por último, tampoco ha tenido en cuenta el informe del Instituto de Ciencia y Tecnología, también contundentemente en contra del expediente. El Gobierno sabrá por qué, a pesar de todo eso, plantea los despidos. Suponemos que en el fondo estará el pacto de silencio entre Felipe González, José María Aznar y la empresa Mastec que dejaron la empresa en manos de un mafioso como Jorge Mas Canosa.

Desde luego, el Comité de Empresa de Sintel no aceptamos esa decisión. Vamos a recurrirla, a mantener nuestra acampada y el encierro en la Catedral de la Almudena, donde están encerradas nuestras compañeras desde el 24 de febrero, y vamos a reforzar nuestras movilizaciones ampliando el calendario de acciones hasta el 1 de mayo. También vamos a abrir el radio de acción de las mismas, abarcando el conjunto de la Comunidad de Madrid.

Nuestras exigencias son claras: tenemos que cobrar las siete nóminas que nos deben; hay que abrir una mesa de negociación donde el Gobierno, Telefónica y los sindicatos puedan pactar un plan de futuro real para la empresa -que pertenece a un sector, el de las telecomunicaciones, en expansión a escala mundial- y la retirada de los expedientes de extinción de empleos. Hemos presentado una denuncia ante la Fiscalía Anticorrupción el 27 de noviembre de 2000 y sabemos que ésta ya ha decidido abrir las diligencias para investigar una posible venta fraudulenta de Sintel.

Entonces el Gobierno está mostrando a las claras qué intereses defiende Este gobierno defiende los intereses de la patronal, de los monopolios, no los de los trabajadores. Además, no podemos olvidar las buenas relaciones Mas Canosa con el PP [contribuyó a la financiación de las campañas electorales del partido de Aznar] Uno de los motivos fundamentales por los cuales este expediente no se tenía que haber aprobado es el mismo por el que lo rechaza la Inspección de Trabajo, porque el Plan de Viabilidad presentado por la empresa no garantiza la continuidad de dicha empresa. Cualquier expediente de extinción de empleos, tiene que estar basado en que con la plantilla que quede hay una viabilidad de futuro para la empresa, lo que no sucede con el expediente que han presentado, el expediente carece totalmente de capacidad técnica para su aprobación, pero el Ministerio de Trabajo sabrá porque lo ha aprobado y al servicio de quién.

¿Habéis encontrado apoyo y solidaridad?

Estamos recibiendo apoyos de todo tipo. A título individual, de asociaciones de mujeres, de jubilados, de residencias de ancianos, de partidos políticos de izquierda, de secciones sindicales, de comités de empresa. Hemos recibido infinitos telegramas dándonos ánimo, y también estamos recibiendo aportaciones económicas que nos ayudan a resistir y afrontar esta situación, que no es nada fácil, porque hay que mantener un "ejército" de 1.500 personas.

¿Sintel era una empresa rentable?

Sintel ha tenido beneficios durante toda su historia, excepto el año 2000 que ha sido saqueada por una cuadrilla de mafiosos que se han llevado más de 10.000 millones de beneficios, aquí no han dejado ni una peseta… y han dejado la empresa en la bancarrota.

¿Quién está haciendo vuestro trabajo?

Subcontratas y empresas de nueva creación, pero Sintel es necesaria en el sector de las telecomunicaciones porque tiene una capacidad técnica demostrada de más de 25 años de experiencia, hemos trabajado en Libia, Buenos Aires, Marruecos… Sintel es una empresa de probada capacidad técnica que hace un proyecto desde su inicio hasta la instalación de todo tipo de equipos de telecomunicaciones… Es evidente lo que persiguen, Sintel tenía casi 4.000 trabajadores hace siete años y ahora quedamos poco más de 2.000. Telefónica quiere sigamos trabajando para ellos como autónomos o desde subcontratas, en precario, y dejar Sintel como una empresa de gestión.

Sois conscientes de que vuestra lucha está siendo un ejemplo, algo excepcional en estos años de tan escasas movilizaciones…

No somos nosotros quien tiene que decir si somos o no un ejemplo, si somos o no un símbolo, si somos algo que se necesitaba, algo que la clase trabajadora estaba esperando, sino el resto de la clase trabajadora será quien lo diga. Sintel es una empresa organizada, con más del 80% de la plantilla afiliada a CCOO, es la empresa más asamblearia de este país, hemos conseguido formar sindicalmente a un montón de gente y nunca nos hemos dejado manipular por los intereses de la compañía Telefónica. No es sólo un problema político, sindical o laboral, sino que estamos ante un problema social que ha trascendido nuestras fronteras que ha recogido la prensa norteamericana, francesa… Han estado representantes de los sindicatos alemanes e italianos viendo la acampada. Estamos ante una lucha por los derechos más elementales de la clase trabajadora, del ser humano. Se trata de la supervivencia y la dignidad. Una empresa no puede tener siete meses sin cobrar a sus trabajadores, porque nos dejan sin capacidad de respuesta. Cualquier trabajador, si nos dejan un mes y otro sin ningún ingreso nos obligan a agachar la cabeza por que tenemos que seguir manteniendo a nuestras familias. Algo falla, en una empresa en suspensión de pagos los acreedores están protegidos pero los trabajadores no.

La repercusión que este conflicto ha tenido a nivel social posiblemente es la consecuencia de que todos han podido ver cómo nos organizábamos para enfrentarnos a unos poderes muy grandes -Telefónica, el Gobierno, la familia Mas Canosa, la mafia de Miami-, y se nos ha podido ver como la lucha de David contra Goliat.

Los medios de comunicación han jugado a favor de Goliat.

Desde luego, si hasta ahora han sacado lo menos posible del conflicto, les ha faltado tiempo para informar del expediente de despido, presentándolo como el mal menor y tratando de mostrarnos a los sindicatos como intransigentes por no aceptarlo. Si actuásemos como corderitos en manos del capital y hubiéramos colaborado en la labor de amortajar cadáveres, en el sentido laboral, seguro que saldrían diciendo qué responsables son los sindicatos, qué bien lo hemos hecho y cómo hemos colaborado a llevar la empresa a la salvación. Pero no lo vamos a asumir ese expediente, lo vamos a recurrir y a continuar con nuestras exigencias hasta las últimas consecuencias.