Editorial - Se detiene la creación de empleo los últimos seis meses - Los trabajadores pagan el cambio de ciclo económico

Editorial

Se detiene la creación de empleo los últimos seis meses

Los trabajadores pagan el cambio de ciclo económico

El número de personas ocupadas en el Estado español ha disminuido en 5.700 desde octubre del año pasado hasta marzo del presente1. Es un dato muy significativo pues revela que la creación de empleo se ha estancado a pesar de que la economía española todavía está creciendo a un ritmo superior al 3%. La pregunta que podemos hacernos es evidente: ¿qué pasará con una desaceleración mayor de la economía?, por no hablar ya de una recesión, es decir, una reducción de la producción. Apenas la economía muestra los primeros síntomas de debilidad, la creación de puestos de trabajo se desploma, después de haber alcanzado cifras cercanas a los 600.000 nuevos empleos anuales, evidenciando la inestabilidad del trabajo en la época del capitalismo global.

A pesar de que en el conjunto del año 2000 se crearon cerca de 500.000 empleos —la cifra se acercó a 700.000 de 1999, el año récord2—, en el último trimestre del pasado año la población ocupada disminuyó en 10.700 personas a lo que debemos sumar un incremento de 5.000 experimentado en el primer trimestre de 2001. Por tanto, la dinámica en la creación de empleo ha cambiado con una brusquedad inusitada.

El pinchazo en la creación de empleo, no sólo es una cuestión cuantitativa, sino que la calidad del mismo también tiende a empeorar, pues en el primer trimestre de 2001 el número de contrataciones de carácter indefinido se ha reducido en 3.300 personas, mientras en el mismo período del año anterior había crecido en 133.7003.

Carlos Solchaga, ex-ministro en varios Gobiernos del PSOE, llamaba la atención sobre lo que sucedió en 'la recesión de finales de 1992 y 1993. En esos dos años se perdieron en España unos 800.000 puestos de trabajo, con un crecimiento conjunto del bienio de menos 0,7%[del PIB]'4. En aquel entonces se destruyó el 85% del empleo creado en los seis años previos5. La economía española ha generado 2.763.294 empleos desde 19946, cuando se inició la recuperación que ahora empieza a declinar ¿cuántos puestos de trabajo se pueden destruir en esta nueva etapa? No podemos perder de vista que en esos años la tasa de temporalidad en el empleo era mucho menor, mientras que en el presente supone más del 31% del total, y a los fijos es más barato despedirles.

Las perspectivas para la economía española en este año apuntan a una reducción del ritmo de crecimiento. En el año 2000, el incremento de la producción fue menor a consecuencia de la disminución de la demanda interna, con una caída tanto del consumo como de la inversión, especialmente de esta última. Las exportaciones fueron el colchón que impidió un enfriamiento mayor de la economía, pero en la actualidad, con el agostamiento de la economía norteamericana y europea no se puede esperar una repetición de dichos resultados. Por tanto, pintan bastos para el empleo en nuestro país.

La contracción de las ventas que se está produciendo a escala mundial así como los recortes de personal que estamos viendo, particularmente en Estados Unidos, empujan a Europa y al Estado español por la misma senda. Acostumbrados a unos años de fuertes aumentos en sus ganancias, las empresas tratan de seguir acrecentándolas al mismo ritmo. El presidente de SEAT declaraba recientemente que a su compañía no debe importarle tanto el volumen de ventas como como su rentabilidad7. Las empresas pueden empezar no sólo dejar de contratar gente, sino despedirla para ajustar sus plantillas, algo de lo que ya empezamos a tener ejemplos.

Empleo más 'flexible' y barato

No es fruto de la casualidad la reciente imposición de la nueva Reforma Laboral por parte del Gobierno del PP. La caída de las inversiones productivas es uno de los factores determinantes en la abrupta reducción de la creación de empleo. El Gobierno quiere estimularlas mediante el incremento de la rentabilidad, es decir, facilitándole a las empresas una mano de obra cada vez más barata y fácil de despedir. Pero basta observar el ejemplo norteamericano para comprender que esas medidas ante todo suponen que el empleo reflejará con más brusquedad los cambios en el ciclo económico, con creación de empleo más intensa en las épocas de alza y más drástica destrucción del mismo en los períodos de crisis.

De hecho, en nuestro país ya es muy sencillo despedir, dada la abundancia de contratos precarios, y la mano de obra es 'barata'. Además, los salarios han perdido poder adquisitivo durante los últimos años. Las medidas del Gobierno no resolverán el problema del desempleo pero sí permitirán que los trabajadores sufran una explotación aún más intensa por parte de las empresas, las cuales podrán adaptar sus plantillas al ciclo económico con más facilidad, al tiempo que dispondrán de una mano de obra abundante y barata, precisamente por su desprotección. Si del auge los trabajadores nos llevamos la peor parte, los sacrificios y el trabajo realizado se verán 'recompensados' con la carga sobre nuestras espaldas del grueso de los costes de la crisis.

Tras años de insistir en que caminábamos hacia una desaparición del desempleo y un bienestar para todos, que los esfuerzos de hoy serían premiados con un futuro mejor, lo único que tenemos es una existencia cada vez más insegura y precaria. El presidente del Comité de Empresa de Sintel nos recordaba a todos en una de las últimas manifestaciones de los trabajadores de esta empresa, que para el capitalismo global sólo somos números en la pantalla de un ordenador. Si caen las ganancias, se despide a tantos y resuelto, poco importa que detrás de las cifras haya el drama de miles de familias.

Una trabajadora de los almacenes Marks & Spencer, que ha anunciado el cierre de todas sus tiendas en el continente europeo, decía '¿qué hacemos ahora?, ¿vender el piso?, ¿irnos a acampar en la Castellana con los de Sintel?'. Una compañera suya explicaba qué pensó cuando recibió la noticia del cierre: 'se me heló la sangre, imaginaba que podrían cerrar alguna tienda, pero nunca se nos había pasado por la cabeza todo esto'8.

El cambio en la situación económica pone fin a una de las bazas que brindaba estabilidad al Gobierno de José María Aznar, el auge económico, que atenuaba las peores consecuencias de su política. Pero la desgracia de la derecha no trae aparejada la fortuna de la izquierda, si ésta no es capaz de proponer un alternativa al capitalismo real y sus consecuencias.

Sin duda, una crisis económica tendrá profundas consecuencias en la psicología del conjunto de los trabajadores. Sin embargo, es conveniente que al tiempo el conjunto de la izquierda reflexione sobre si merecían la pena tantos años aceptando medidas regresivas para los intereses de los trabajadores, contribuyendo a la desmovilización creciente de la clase obrera, para llegar a esta situación, que sorprende a la mayoría del movimiento obrero desorientado y bajo mínimos.

La posición de UGT negándose a suscribir el acuerdo de Pensiones y llamando a la huelga general, es un buen síntoma que muestra el agotamiento de la política de acuerdos con el Gobierno, errónea antes y cada vez más imposible de sostener. Pero no basta sólo con gestos si queremos ser capaces de defender los intereses de los trabajadores. Es evidente, que la terca realidad empujará al movimiento a luchar, pero la izquierda necesita una autocrítica sincera y reorientar su política para que el camino que se nos abre por delante y que inevitablemente recorreremos, sea mucho más transitable para el conjunto del movimiento obrero.

  1. Cinco Días, 17 de mayo de 2001
  2. El País, 13 de febrero de 2001
  3. El País Negocios, 20 de mayo de 2001
  4. Cinco Días, 19 de mayo de 2001
  5. El País Negocios, 20 de agosto de 2000
  6. El País, 13 de febrero de 2001.
  7. El País, 18 de abril de 2001.
  8. El País, 30 de abril de 2001.