Cartas desde el país del dólar
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Cartas desde el país del dólar

Nat Lerner/Salinas, California,
agosto-septiembre de 2001

El nuevo curso escolar

A finales de agosto, alumnos y padres de California preparan el nuevo año escolar. Por tanto, no es ninguna sorpresa que mi periódico local ha dedicado varias portadas a la educación. En la costa, el Distrito Escolar Unificado de la península de Monterey, afronta una disminución del número de estudiantes inscritos. Esto podría parecer bueno porque se hizo un esfuerzo grande estos últimos años para reducir el número de estudiantes por clase. Lamentablemente, el Estado de California aporta 4.600 dólares por estudiante y, consecuentemente, el Distrito afronta unos recortes de 1,7 millones de dólares, una parte de los cuales provienen de la reducción en 150 del número de estudiantes. El Distrito tiene los mismos gastos fijos y tiene que reducir las clases, combinando en una sola clase alumnos de cursos distintos.

Mientras tanto, en Salinas, a 30 km de distancia, existe un problema totalmente diferente. Con escuelas reestructuradas para tener clases de 20,4 estudiantes o menos, el programa de reducción del ratio de estudiantes patrocinado por el Estado desde hace cinco años parece una buena idea. Pero los padres y profesores de los distritos más atestados dicen que el programa ha obligado a la dirección de las escuelas a crear nuevas clases. Semanas y hasta meses después del comienzo del nuevo año escolar están reorganizando las clases, interrumpiendo en las aulas el desarrollo de las relaciones habituales y necesarias entre los chiquillos en sus primeros años de educación. A veces ellos se ven obligados a hacer una planificación del curso a ciegas debido a la migración estacional. La dirección no sabe cuantos estudiantes va a tener cada año debido al carácter estacional del trabajo de sus padres, empleados en la agricultura. Algunos años, los estudiantes se marchan con sus padres a Arizona mientras otros se quedan con sus parientes. Si aciertan en el número de los traslados, reducen el número de alumnos por clase, pero, si esto no ocurre, tenemos la búsqueda urgente de profesores nuevos y la reorganización de clases.

La educación solía ser financiada por los impuestos sobre transmisiones patrimoniales locales, con poca contribución del gobierno Estatal o de Federal. En 1978, esto cambió cuando se realizó un referéndum en California, que aprobó una ley que modificaba el valor de las propiedades. Su efecto a largo plazo ha sido reducir severamente la base tributaria en las ciudades, cuando son las arcas de estos municipios las que normalmente financian los equipamientos escolares.

¿Comercio libre o Comercio justo?

Usted no tiene que vivir en Estados Unidos para saber que el Presidente Bush, como su antecesor demócrata, es un firme partidario del «comercio libre». Por lo tanto, leí con un gran interés dos recientes discursos en los que apoyó decididamente la protección de las industrias estadounidenses.

En primer lugar, dirigiéndose a los granjeros, describió la capacidad de producir alimentos como una cuestión de seguridad nacional, y luego, el 27 de agosto, hablando a los siderúrgicos recordó a los sindicalistas que fue él quien recientemente ordenó una investigación a la Comisión Internacional de Comercio sobre el presunto dumping del acero. «El acero es una industria importante; y también es una importante cuestión de seguridad nacional», afirmó. No era ninguna coincidencia que pronunciara esas palabras en Pensylvania, un Estado donde había sido derrotado por Gore. ¿Esto significa que ha cambiado su postura sobre el Comercio libre? Nada. ¡Lo que realmente muestra es su capacidad de cortejar a quien haga falta para ganar una segunda elección presidencial!

¡Un impuesto, digan lo que digan!

Guillermo Shakespeare escribió, «Una rosa, aunque la llamáramos con cualquier otro nombre, olería igual de bien» para expresar la idea de que la cosa y su nombre no son lo mismo. Hay que acordarse de esto cuando valoramos los impuestos. En términos simples, esto significa menos en mi bolsillo y más para que el Gobierno pueda gastar. Esa es la visión simplista que la administración de Bush desea cultivar, mientras ellos dicen que van a «devolvernos nuestro dinero» con la actual rebaja fiscal. Esto parece maravillosamente simple y el Presidente Bush quiere rebatir a sus opositores políticos en esos términos. ¿Pero si el Gobierno pone algunos de sus gastos a cargo de mi bolsillo, cuál es el efecto neto?

En agosto, el Gobierno envió cheques a la mayor parte de aquellos contribuyentes que habían hecho la declaración de renta de año 2000. Aquellos que se registraron como solteros recibieron hasta 300 dólares. Aquellos que se registraron como cabeza de familia recibieron hasta 500 dólares y aquellos que se registraron como pareja recibieron hasta 600 dólares. ¡Entonces dio la impresión de que el Gobierno nos devolvía un poco de lo que antes había cogido! Más tarde los detalles aparecieron. ¡La devolución no era una devolución de parte de los impuestos pagados, sino un adelanto sobre la devolución prevista este año, puesto que la tasa fiscal se va a reducir del 15% al 10%, pero mientras tanto nos siguen reteniendo dinero en base a las tasas viejas!

¡Entonces nos dan el dinero que actualmente están reteniéndonos de nuestros salarios! ¡Esto no les pasa a los ricos a los que no se les retiene ningún dinero!

Mientras tanto para algunas personas, el dinero que el gobierno había prometido pagarles ha sido retrasado o denegado. Según la Associated Press del 28 de agosto, el «Acta de Compensación por la Radioactividad» fue aprobada por el Congreso en 1990 para compensar a los mineros del uranio, y la gente expuesta a las consecuencias radiactivas de pruebas con armas nucleares. Los mineros del uranio de superficie, transportistas de mineral y molineros, fueron agregados al programa el año pasado y podrían comenzar a solicitar pagos de 100.000 dólares en enero. Al menos 141 transportistas de mineral y molineros solicitaron la compensación, pero ninguno ha cobrado. Ahora la Administración dice que es necesario otro estudio para determinar si algunos trabajadores de las minas de uranio tienen realmente derecho a la compensación. Los críticos dicen que los retrasos significan que más trabajadores morirán antes de percibir cualquier dinero. «En definitiva, están practicando un vulgar obstruccionismo y esto es una enorme vergüenza», dijo Ed Brickey, el presidente del Consejo de Trabajadores de Uranio del Colorado. «Tenemos gente que muere debido a su trabajo».

El mismo día, The New York Times informó de que «analistas del presupuesto del Congreso advirtieron... que el descenso económico y el paquete de corte fiscal del Presidente Bush obligaría al Gobierno federal a gastar 9.000 millones de dólares del superávit de la Seguridad Social de este año y mil millones más durante los tres próximos años. Esto significa quitar el dinero de los ingresos de la Seguridad Social en el futuro o la imposición de impuestos adicionales sobre los futuros trabajadores. A pesar de su retórica, Bush no mide con el mismo rasero a todo el mundo, igual que Clinton con sus recortes fiscales selectivos. ¡Qué opinaría William Shakespeare!

 

 

 

Después de la tragedia del día 11

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El alcance

Todos tenemos vínculos personales con la tragedia. De los cinco miembros de mi equipo de trabajo hay una persona que vive y trabaja en New Jersey, localidad desde la que muchos se desplazan a trabajar en Nueva York y conoce a muchas personas afectadas directamente. Ella viaja con regularidad en el vuelo de Newark a San Francisco, el mismo que se vio implicado en el desastre. El novio de una compañera de trabajo, que se sienta a tres metros de mí, trabaja en el Pentágono. Afortunadamente estaba fuera, en un curso, aquel día fatídico. La hija de mi prima trabaja a dos manzanas del World Trade Center, pero aquel día llegó tarde a trabajar y terminó volviendo a casa a pie. Mi prima vive en Brooklyn y podía oler el humo de los edificios quemados.

Las historias de gente que por casualidad ese día no estaba allí, hacen que todos se den cuenta de lo cerca que han estado de convertirse en víctimas muchos seres queridos. Al usar los aviones y sus pasajeros han tocado a todo el mundo de manera mucho más directa de lo que lo hubiera hecho una bomba, un terremoto o un incendio.

La reacción

No pretendo repetir la información que se ha dado en los medios estadounidenses y mundiales. Sin embargo, hacen falta algunas matizaciones. Muchos han comparado lo sucedido con Pearl Harbour, pero hay algunas diferencias importantes.

Inmediatamente después del atentado de Oklahoma, hace unos años, los árabes y musulmanes americanos estuvieron en el punto de mira de las sospechas y fueron vistos como enemigos. Hoy, una vez más, estos grupos han recibido insultos y ataques violentos. Para ellos es una doble tragedia porque sufren el dolor y el miedo a la vez. Pero hay diferencias con 1941. Hoy, toda la clase política intenta condenar esta caricatura racial y religiosa, procurando incluirles de manera ostensible en los actos organizados con motivo de la tragedia. Tampoco es probable que haya ahora mismo internamientos de árabes o musulmanes en campos de concentración, como se hizo con los japoneses nortemericanos en la Segunda Guerra Mundial.

Dada la falta de otra alternativa, la mayoría de los estadounidenses apoyan alguna variante de venganza o guerra. Muchos son conscientes de que pueden caer en la contradicción de cometer los mismos actos que hoy condenan, aunque no tengan la valentía o la lógica para rechazar la validez de la guerra, abogarán por limitar lo más posible el número de víctimas civiles.

En la medida que se va calentando la retórica presidencial de jueves a sábado, también ha aumentado la «militarización» del dolor de la gente. El Congreso aprobó una resolución para dar una bandera nacional al pariente más cercano de cada una de las víctimas, sin importar si fueron miembros o no de las Fuerzas Armadas. Así convirtiendo a civiles en «héroes de guerra», pidiendo que todos nos vistamos de blanco, rojo y azul en solidaridad con las víctimas, se han convertido los cinco minutos de silencio, del medio día del viernes, «Día Nacional de Memoria y Oración», en una frenesí de patriotismo. Una vez más van a relacionar la bandera con el poder militar en vez de los ideales de "libertad y justicia par todos" con que se jura a la bandera.

Pero también hay otras historias. Una viuda dijo que la última cosa que querría su marido sería ser la razón para matar a otra gente. Preguntado «entonces ¿no harías nada?», y contestó: «Empezaría por hablar», dijo abrazando a la persona que le había preguntado.

La representante de Oakland en el Congreso norteamericano, Barbara Lee, fue la única que votó en contra (420 a 1) de la resolución «para autorizar el uso de las Fuerzas Armadas de los EEUU contra los responsables de los ataques contra los EEUU».

Ella explicó su disconformidad como «un llamamiento a la autodominio. Hace falta que alguien diga, un momento y pensar en las implicaciones de nuestras acciones hoy y que comprendamos sus consecuencias». Lee dijo: «Ya hay demasiados muertos inocentes». Habló de la resolución del Golfo de Tonkin que dio al Presidente Lyndon Johnson libertad total para hacer la guerra de Vietnam.

Su actuación ha sido vista con simpatía por algunos de sus electores. Como ejemplo la prensa local citó a una asistente de una tienda de joyas en Oakland, Angela Nevin, que afirmó: «Hace falta mucho coraje moral para decir lo que ella ha dicho, aunque parezca que actúa como el abogado del diablo, alguien tiene que mantener la cordura».

Nat Lerner
El 16 de Septiembre, 2001