Retrocede la producción industrial en los principales países

Retrocede la producción industrial en los principales países

La economía mundial va hacia una recesión

Jesús Mª Pérez García/IU Madrid

En los últimos tres meses han proliferado los titulares de prensa pesimistas sobre la situación de la economía mundial: «enfriamiento global en la nueva economía», «el mundo se queda sin motor económico», «el crecimiento económico alemán se para en seco», «los organismos económicos internacionales rebajan de nuevo las previsiones de crecimiento», hay «fatiga industrial para crear empleo»... y así podríamos seguir con muchos encabezados de artículos que reflejan un cambio importante en el panorama tanto nacional como internacional. Los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos agravan la situación económica, básicamente por la incertidumbre política que existe y el riesgo de un conflicto en una zona de la que mana la mayor parte del petróleo mundial. Sin embargo, la crisis económica no se gesta en las ruinas de las Torres Gemelas de Nueva York, sino que la economía mundial ya muestra un claro agotamiento del ciclo alcista que hasta ahora hemos vivido y nos adentra en una nueva etapa, esta vez de retroceso económico.

Son datos objetivos y no opiniones subjetivas los que demuestran que el periodo de crecimiento económico, vivido en la mayoría de los países más desarrollados durante los últimos diez años, se ha agotado.

Crisis internacional

En Japón, el PIB decreció un 0,8% en el segundo trimestre de 2001. Su economía está al borde de la tercera recesión en 10 años y la crisis norteamericana reduce la tradicional válvula de escape nipona que es la exportación. Los siete fabricantes de hardware informático que hay en la zona asiática prevén tener pérdidas este año, y ya han anunciado más de 80.000 despidos en sus fábricas. El paro ha alcanzado al 5% de su población activa lo que supone el nivel más alto desde la II Guerra Mundial. La economía nipona no levanta cabeza desde la crisis asiática a pesar de que la clase dominante ha inyectado 160 billones de pesetas de dinero público en los últimos 8 años. Se ha demostrado en la práctica que dicha crisis no fue sólo bursátil, sino que se trata de un problema de sobrecapacidad productiva, frente a la cual la burguesía japonesa aplica las recetas clásicas del capitalismo, que consisten en la destrucción de una parte de las fuerzas productivas y el incremento de la explotación de los trabajadores, con recortes drásticos de plantillas y reducciones salariales.

En EEUU, las cifras publicadas del segundo trimestre de 2001 son ya más propias de una recesión económica. El PIB creció un exiguo 0,2% mientras la inversión de las empresas en equipamientos decrecía un 14,6% respecto al mismo periodo del año anterior, tendencia que era alentada por la caída del 2% en los beneficios. El sector industrial lleva 13 meses en recesión y el paro ha alcanzado a 7 millones de trabajadores, 1,2 millones más que en agosto de 2000.

Alemania, que se ha convertido en el segundo exportador mundial por delante de Japón, ve como su economía ha pasado de crecer al 3% el año pasado a un ritmo del 1,2% según las más recientes previsiones. Dada la importancia de la economía alemana en el contexto europeo las previsiones de crecimiento del PIB para la Unión Europea se han visto reducidas de nuevo del 1,9% al 1,25%. La producción industrial de la UE que en diciembre de 2000 creció un 8%, tras una caída del 0,5% en abril, aumenta ahora a un ritmo del 1,6%.

Lo cierto es que las tres principales economías del mundo están estancadas (EEUU y UE) o en recesión (Japón). Por primera vez en 25 años, la economía retrocede al tiempo en Japón, EEUU y Alemania, aunque lo haga en distinto grado.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) estima que el comercio mundial crecerá entre el 3 y el 5% este año, mientras el pasado su crecimiento fue del 13%.

Y esta vez no pueden echar la culpa al incremento del precio de las materias primas como hicieron en la crisis del 74 que fue bautizada como la crisis del petróleo. La crisis también se transmite por diversos cauces a los pueblos del Tercer Mundo que ven como los precios de sus exportaciones se hunden. En el primer semestre de este año los precios de las materias primas (exceptuando el petróleo) cayeron un 10%, reduciendo los recursos de los países productores del Tercer Mundo.

Los datos indican que se está produciendo un proceso de generalización de la crisis económica. Mientras la economía crecía, los defensores del sistema presentaban la «globalización» como un proceso que acabaría beneficiando a todo el mundo, aunque en realidad vimos cómo profundizaba las diferencias sociales. El problema que presenciamos hoy es que el ciclo recesivo se contagia más rápidamente, tiende a unificarse y a globalizarse: Hay una caída generalizada de las inversiones y de los beneficios en las tres zonas; Japón, EEUU y UE. Los despidos y el paro crecen. Si la economía de estas zonas no ha caído en picado es porque aguanta el consumo, pero si el paro sigue creciendo y las bolsas haciendo perder dinero a los accionistas, ¿cuánto va a tardar en retroceder el consumo?

Las intervenciones conjuntas de los bancos centrales de los principales países reduciendo los tipos de interés y garantizando la liquidez de la economía, pueden aliviar la situación, pero por mucho que se abaraten los créditos, la población - que ya está muy endeudada - empieza a sufrir el desempleo y es poco probable que vaya a plantearse comprar ni nuevas viviendas ni coches.

El Estado español

En el caso español hay datos macroeconómicos que pueden dar a entender que la economía está aguantando mejor el tirón recesivo pero es pura fachada. El crecimiento del PIB ya se ha revisado limitándolo al 2,5%. Efectivamente, no se puede hablar de recesión, pero el ritmo de desaceleración es mayor del que preveían las autoridades económicas. Más preocupante es que un simple aminoramiento del crecimiento ya ha provocado un frenazo en seco en la creación de empleo. El dato de crecimiento del paro en agosto es el peor desde 1990.

Los beneficios de la banca (+25%) y de las grandes empresas que cotizan en bolsa (+20%) siguen creciendo de forma desorbitada, pero ya hay sectores empresariales que ven como retroceden sus ganancias. La mitad de las empresas de alimentación empeoraron sus resultados en el primer trimestre de este año respecto al mismo periodo del año anterior. En el sector de metalmecánica el retroceso fue del 13,5%.

De hecho en lo que respecta a la producción industrial lleva 6 meses, de febrero a julio, en claro retroceso. En el mes de julio decreció un 1,6% respecto a julio del 2000. En los siete primeros meses del 2001 la producción industrial cayó un 1,2%, mientras en igual periodo del año anterior había crecido un 5,7%.

Ante este panorama que amenaza claramente con una recesión económica que puede ser muy fuerte, ¿qué podemos esperar del Gobierno del PP? Pues ya vimos cual fue la reacción del Secretario General de Empleo, Juan Chozas, el día que se hizo pública la cifra de aumento del paro en agosto. Propuso una «reforma para reducir las prestaciones de desempleo».

La cúpula de la CEOE ya expuso su programa el pasado 24 de mayo:

  • Poner límite a la creación de empresas públicas en el ámbito autonómico y local.
  • Continuar con las privatizaciones.
Estos dos puntos no necesitan comentario.
  • Adecuación de las plantillas de funcionarios a las necesidades de los servicios.
  • Reducir el gasto corriente en la administración; aumento de las inversiones.
En pocas palabras, menos trabajadores en la sanidad, la enseñanza y los servicios públicos y más obras para las grandes empresas (léase Olimpiadas en el 2012...).
  • Afrontar el problema de las pensiones.
No se refieren a que las pensiones se eleven a niveles dignos sino a privatizar su gestión.
  • Desregulación y liberalización de mercados, especialmente el laboral.

Los empresarios no quieren trabas de ningún tipo y menos para despedir a los trabajadores. Aún les parece muy caro el despido en este país. Este es el programa de la CEOE y el programa del Gobierno del PP. Si durante los años en que la economía ha crecido se han hecho mucho más profundas las diferencias sociales entre los más ricos y el resto de los mortales, una recesión que se afronte con ese programa de actuación las profundizará mucho más, provocando tensiones que harán que cambie el ambiente y la conciencia frente al poder, tanto económico como político.

Ya hemos visto cuánto les ha costado a los trabajadores de Sintel evitar quedar en la calle, sin nada, e incluso con deudas salariales, debido a la destrucción de su empresa por las maniobras de los directivos de Telefónica, el expolio de la familia Mas Canosa y la pasividad del Gobierno Aznar. Una recesión recorta el margen de maniobra de la burguesía para hacer concesiones cuando los trabajadores reclaman lo que es suyo. Y sin embargo está habiendo, por primera vez en diez años, una aumento de la conflictividad laboral que preludia una etapa de enfrentamientos entre los empresarios y el gobierno, por un lado, y los trabajadores y sus organizaciones, por otro.

En la crisis de 1993 se perdieron en poco más de un año todos los puestos de trabajo que se habían creado en el periodo de crecimiento entre el 85 y el 92. ¿Qué puede pasar ahora cuando hay más de 3,5 millones de trabajadores temporales y el despido de los fijos es, en muchos casos, más barato que entonces para los empresarios?

La burguesía se prepara para no pagar las consecuencias de la crisis y plantea su programa a su gobierno para que defienda sus intereses. Los trabajadores también tenemos que prepararnos para ser capaces de defender lo que es nuestro. Una de las conclusiones claves que han sacado los compañeros de Sintel es que hay que estar unidos y organizados. De no haber sido así no habrían ganado.