Acuerdo de los trabajadores de Sintel

Acuerdo de los trabajadores de Sintel

«Mereció la pena»

Entrevista a Valeriano Aragonés, presidente del Comité de Empresa de Sintel-Madrid

Jordi Escuer
IU Madrid

Los trabajadores de Sintel ponían final a 187 días de acampada en el madrileño Paseo de la Castellana el pasado mes de julio. Por fin se había llegado a un acuerdo, el Gobierno se compromete a que cada miembro de la plantilla tendrá una salida digna mediante una prejubilación o un puesto de trabajo en una contrata directa de Telefónica. «Se podrán sacar muchas conclusiones —dice Valeriano Aragonés, presidente del Comité de Empresa de Sintel/Madrid—, pero tal vez la más evidente es que para luchar es fundamental organizarse, que con la lucha organizada se avanza, se progresa, que la lucha no es patrimonio de una época pasada y, sobre todo, que la defensa de los derechos y de la dignidad es posible en cualquier tiempo, lugar y circunstancia. ¡Mereció la pena!».

¿En qué consiste el acuerdo que habéis alcanzado?

El acuerdo con el Gobierno se puede agrupar en tres grandes bloques. Primero, las medidas sociales, que consistiría básicamente en prejubilaciones para los mayores de 50 años, a los que se garantizaría el poder adquisitivo hasta la edad de jubilación mediante un convenio especial. Esta medida afectaría a algo más de 500 trabajadores, alrededor de un tercio de la plantilla. Además, se contemplarían bajas incentivadas voluntarias y también los casos de compañeros que, por motivos de salud, no pudieran seguir trabajando.

En segundo lugar, el pago a todos los trabajadores de los salarios adeudados - son 11 meses en total - de los que se ha cobrado ya la mayor parte, y, en tercer lugar, un plan laboral para la recolocación del resto de la plantilla.

¿Como se aplicará eso?

El Gobierno se ha comprometido a que si hay una empresa dispuesta a hacerse cargo de Sintel, estudiaría la propuesta. Sabemos que eso es difícil y, en cualquier caso, el acuerdo es que el Gobierno y Telefónica se comprometen a emplear a los trabajadores de Sintel en contratas directas de esta última, con contrato indefinido y con la misma distribución geográfica que teníamos. Eso es básico pues estamos distribuidos por 38 provincias y en 14 comunidades autónomas, colocarnos a todos en una misma empresa en Madrid, por ejemplo, no sería ninguna solución. Se ha establecido un plazo hasta el mes de marzo del 2002, se ha creado una Asociación de trabajadores de Sintel con una comisión de seguimiento formada por el antiguo Comité Intercentros que velará por el cumplimiento del acuerdo y que se mantendrá mientras no esté resuelta la situación de toda la plantilla. Tal y como hemos defendido desde el principio, sólo admitíamos una salida que fuera global, para todos los trabajadores. Nos queda un trabajo duro por delante para garantizar el cumplimiento de los acuerdos, pero el resultado es un éxito rotundo.

El acuerdo fue apoyado por los trabajadores…

Prácticamente por unanimidad, hubo sólo 5 votos en contra y 9 abstenciones.

Rechazastéis la propuesta anterior.

Sí, porque se nos hizo una promesa meramente verbal y, después de tantos incumplimientos que hemos sufrido no podíamos fiarnos de eso. Estábamos dispuestos a llegar al acuerdo pero que tenía que ser por escrito y con un compromiso firme. En realidad, con la primera oferta trataban de desprestigiarnos ante la gente, mostrándonos como intransigentes, como si nosotros no quisiéramos trabajar. Sin embargo, fracasaron, pues todo el mundo entendió la exigencia de un compromiso escrito y claro.

Vuestra lucha ha sido muy larga.

Sí, empezó en 1996 desde que vendieron la empresa. Cuando decidimos acampar llevábamos más de 200 días de huelga a nuestras espaldas y seis meses sin cobrar. Con ello queríamos romper el aislamiento del conflicto que, hasta entonces, era muy poco conocido. Desde luego, cuando plantamos nuestras tiendas en la Castellana, en enero, ninguno esperábamos que íbamos a pasar ahí 187 días.

Teníamos unos objetivos muy claros - nuestros salarios, los puestos de trabajo... - , pero además estábamos luchando por nuestra dignidad como trabajadores. La firmeza y la unidad de todos los compañeros ha sido vital. A pesar de que en marzo se aprobó el expediente de despido de más de 700 trabajadores, que empezaron a cobrar el paro, todos continuaron en el campamento. Nadie se iba a ir sin arreglar el problema, o todos o ninguno.

También hay que destacar el apoyo de nuestras mujeres y compañeras que, con su encierro en la Catedral de la Almudena durante 81 días, han jugado un papel muy importante en el desenlace final. La incorporación de las familias, mujeres e hijos, al Campamento durante las vacaciones escolares, también le demostró al Gobierno que no estábamos dispuestos a irnos con las manos vacías.

Este conflicto ha sido muy duro, ha habido momentos de mucha tensión y de desánimo pues, al fin y al cabo, somos humanos. No podemos olvidar que ha costado vidas, pues desde su inicio en el año 96 han fallecido 14 compañeros por infartos o suicidios. Al poco tiempo de estar acampados falleció un compañero. Hace pocos días hemos enterrado a un compañero de León que ha fallecido por un derrame cerebral a los 44 años de edad. Una sola muerte, por un puesto de trabajo, ya es demasiado.

Si ha habido un elemento importante para ganar esta lucha ha sido la solidaridad.

Mucha gente se ha sentido identificada con nuestra lucha y ha visto que en ella se jugaba mucho más que el despido de 2.000 trabajadores.

El respaldo de los sindicatos, fundamentalmente de CCOO —sindicato al que están afiliados un 90% de la plantilla—, y de una gran parte de la sociedad a nuestra lucha ha sido muy importante para el resultado alcanzado. La implicación de la izquierda política, encabezada por Izquierda Unida, cobró una enorme importancia cuando, el 17 de abril propuso una moción parlamentaria que se aprobó por unanimidad instando al Gobierno a intervenir para la solución del conflicto. Para nosotros esta propuesta ha sido el eslabón fundamental, junto con la presión en la calle, para la resolución del conflicto.

Muchos militantes de IU se han volcado en el día a día del conflicto, las asambleas con propuestas en los ayuntamientos, juntas municipales, comidas...

Además, nuestra lucha a tenido repercusiones en otros países de Europa. De hecho, un grupo de compañeros estuvimos en las protestas de Génova y en septiembre vamos a dar una charla en la Fiesta del Partido Comunista de Francia.

También hemos recibido el apoyo de gente muy destacada del mundo de la Cultura como José Luis Sampedro, Miguel Ríos, Vázquez Montalbán, Luis Pastor - me enseña la carta de Sampedro y su compañera, felicitándoles por la victoria y mostrando su indignación por un folleto que el Ayuntamiento de Madrid ha publicado para «denunciar» lo mal que los trabajadores de Sintel han dejado el Paseo de la Castellana - .

La simpatía de la gente por vuestra lucha ha sido evidente para todos y lo habéis notado en muchas ocasiones.

Sí, a los pocos días de instalarnos en la Castellana, empezamos a quedarnos sin comida. Se me ocurrió dirigirme con un grupo de compañeros al mercadillo que hacen en la localidad donde yo vivo. Hablamos con la gente de los puestos - la mayoría de frutas y verduras - , explicándoles que éramos trabajadores de Sintel, que necesitábamos comida para el Campamento y que agradeceríamos cualquier ayuda. También hablamos con los vecinos que esa mañana estaban haciendo sus compras y nos pusimos a la salida, preparados para recoger lo que nos dieran. Al cabo de un tiempo, sorprendidos, comprobábamos que la furgoneta con que habíamos venido no era suficiente para cargar toda la comida que la gente empezó a traernos y que seguía amontonándose.

También nos ha llamado la atención a quienes hemos seguido y apoyado el conflicto, el respeto que toda la plantilla tiene por los miembros del comité de empresa. Todas las semanas teníais asamblea en el Campamento para informar de cualquier novedad, discutirla y preparar las intervenciones.

La verdad es que en esta lucha hemos recogido los frutos de una labor de 25 años en la que el Comité nunca le ha fallado a la plantilla, ni ésta al comité.

En este conflicto han coincidido la intención de Telefónica de desprenderse de una plantilla que se negaba a renunciar a sus derechos laborales y el pelotazo económico que se da con el desmantelamiento de Sintel, así mataban dos pájaros de un tiro, todo ello con la aquiescencia del Gobierno.

Desde luego, algunos han dado el pelotazo y de paso quitaban de enmedio a una empresa sindicalizada, con un convenio decente y que no pasábamos por el aro. El objetivo era precarizar nuestra situación, obligándonos a trabajar como autónomos para ellos. Nuestra lucha nunca ha sido para mejorar condiciones sino para defender el empleo y cobrar lo que nos debían

El mes de julio, el juez Garzón admite a trámite la querella criminal contra los gestores de Sintel, llamando a declarar a éstos, a José Luis Vilallonga y a Cesar Alierta - antiguo y actual presidentes de Telefónica respectivamente - porque ve indicios razonables de fraude. Para nosotros eso es muy importante por que demuestra que Sintel se hunde no por falta de rentabilidad - siempre ha sido rentable - , sino por que ha habido unos gestores que la han llevado a esta situación con la connivencia de Telefónica y el Gobierno.

Lo triste de esta situación es que se han cargado una buena empresa, precisamente una de las mejores empresas de un sector que ha estado en auge estos años como es el de las telecomunicaciones. Pero, al menos, han tenido que pagar el peaje por hacerlo.

Desde luego, otra característica de vuestra lucha ha sido la politización del conflicto, que ponía en evidencia la faz genuina de la globalización capitalista. En vuestras intervenciones siempre se hacía referencia a ello y nunca se limitaba vuestra lucha a un conflicto meramente laboral, aunque ese fuera el punto de partida.

Desde luego, no nos fuimos a la Castellana por casualidad. Siempre hemos sabido que acampábamos en el salón de estar del PP, en el escaparate del «España va bien», que nuestra actuación les ponía en evidencia y cuestionaba el sistema, el capitalismo, pues acampábamos en la arteria principal del sistema financiero de este país, simplemente para defender nuestro derecho a trabajar y a cobrar por nuestro trabajo, para defender nuestra dignidad como trabajadores y como seres humanos. Estaban acostumbrados a resolver sus problemas con macrocifras, pero no a ver a sus víctimas en el salón de su casa metidos, a hombres, mujeres y niños tirados en la calle, que sólo exigíamos un trabajo y que se nos pagase el sueldo.

A nosotros se nos decía que a finales del siglo XXI nuestro campamento era un anacronismo, y les contestábamos que el anacronismo era que un gobierno «democrático» permitiera que hubiese familias sin cobrar sus salarios y en la calle.

En este mundo del liberalismo económico y político, donde el único valor es el de la ganancia, el de las acciones, el del dinero, donde no se tiene en cuenta para nada los valores ético-humanos, donde se potencia al máximo el consumismo egoísta, apoyado en el individualismo que trata de sustituir cuando no anular la anular a la solidaridad. En estas circunstancias, los trabajadores y trabajadoras de Sintel éramos unos más de esos miles, millones de personas, víctimas de las decisiones tomadas por los poderes, injustos e irracionales que nos condenaban a la marginación y a la exclusión social.

Decidimos no aceptar pasivamente y sin luchar el destino que para nosotros y nuestras familias «alguien» había decidido. Fijamos un objetivo, diseñamos una estrategia, elegimos un escenario y con la bandera de la unidad y la fuerza de la razón iniciamos la lucha conscientes de que elegíamos un camino largo, lleno de amargura y de incertidumbre, sin ninguna garantía de éxito pero con la convicción firme de que nuestra causa era justa y la lucha por defender el salario, el empleo, pero sobre todo la dignidad.

Todo indica que asistimos a una reanimación del movimiento obrero y, al tiempo, a un cambio en el ciclo económico ¿qué enseñanzas nos brinda vuestra lucha de cara a encarar esta nueva etapa?

Claramente estamos a las puertas de un ciclo recesivo de la economía. Se podrán sacar muchas conclusiones, pero tal vez la más evidente es que para luchar es fundamental organizarse, que con la lucha organizada se avanza, se progresa, que la lucha no es patrimonio de una época pasada y, sobre todo, que la defensa de los derechos y de la dignidad es posible en cualquier tiempo, lugar y circunstancia.

La lucha sirve para algo y la lucha de clases existe. No es fácil, desde luego, pero es necesario organizarse, tomar parte en nuestras organizaciones de clase, así se puede plantar cara a las injusticias. No es que haya que acampar cada día, eso no hay que hacerlo, pero sí hay que exigir un respeto a los derechos de los trabajadores por parte de los empresarios y tiene que haber un gobierno que haga cumplir esos derechos.

Cuando no hay más remedio hay que utilizar los mecanismos que tenemos, huelgas y movilizaciones, no hay otra forma de hacer las cosas. Siempre hemos sido partidarios de la negociación pero eso va unido a una presión y una movilización, puesto que no nos dejan otra alternativa.