CALSEG, S

CALSEG, S.A. Artajona (Navarra)

Cierra a pesar de tener beneficios

El miércoles 31 de octubre, tras 23 años de actividad, la empresa CALSEG, S.A. de Artajona cerró. De la noche a la mañana, la principal fábrica de la localidad, la que ha generado riqueza y ha sustentado a dos generaciones, bajó la persiana. Además de los 140 puestos de trabajo directos que se esfuman, el cese de la actividad afectará también a un colectivo de otras 40 personas que se encargaban del cosido del calzado o de las labores de limpieza y mantenimiento.

UNA EMPRESA SANEADA

La rentabilidad de CALSEG estaba fuera de toda duda. En 1999, facturó 2.207 millones de pesetas (un 25% más que en 1998) y obtuvo un beneficio neto de 115 millones (un 6,1% más que el año anterior). Había alcanzado una producción anual rondando los 850.000 pares anuales de calzados de seguridad, de la que el 70% se exportaba, sobre todo a Francia (70%) y a Alemania (20%).

En realidad, este cierre, como ya explicábamos en Nuevo Claridad nº 34 (junio de 2001),  obedece a la política empresarial del grupo financiero británico CVC Capital Partners, que en febrero de este año compró la multinacional francesa Jallatte (propietaria de Calseg) y que ha decidido trasladar a Túnez las plantas que ésta tiene en Francia, Alemania e Italia, además de la de Artajona, con el único objeto de reducir costes salariales y rentabilizar al máximo la firma. Siendo como es un grupo financiero, no tardará en ponerla de nuevo a la venta.

Aviso a navegantes: este grupo CVC Capital Partners, que tiene 180.000 empleados en el casi centenar de empresas que controla en todo el mundo, está presente también en otras empresas en Navarra como la papelera Sarriopapel de Leitza (compró el grupo Torras, al que pertenece la factoría leitzarra) y podría estarlo también en VAW (la antigua INASA, de Irurtzun) pues es uno de los candidatos a hacerse con ella.

UN NUEVO DESASTRE PARA LA INDUSTRIA DE LA ZONA

La desaparición de CALSEG  añade nuevos nubarrones a las perspectivas de empleo en la Zona Media de Navarra entorno a Tafalla, que es la Cenicienta del supuesto «milagro industrial y económico» de Navarra. Los niveles de desempleo no ceden y la reindustrialización para sustituir a importantes empresas recientemente cerradas como Eurovestir en Olite y Castillo de Marcilla apenas si se nota (en todo caso, con condiciones laborales precarias).

De los 1.637 habitantes de derecho de Artajona, un centenar estaba en su plantilla, completada con otros trabajadores y trabajadoras procedentes, principalmente, de localidades colindantes (Larraga, Berbinzana, Mendigorría y Miranda). Se da la circunstancia que prácticamente el 100% del empleo indirecto eran mujeres de Artajona, que ahora van a tener muy difícil encontrar otro puesto de trabajo, a no ser que la política de reindustrialización anunciada fructifique, ya que este último colectivo, al no pertenecer a la plantilla, carece de la protección del Plan Social consensuado por la Dirección y el Comité de Empresa (4 representantes de UGT, 3 de LAB y 1 de la Confederación de Cuadros).

LA FUNDACIÓN ARTAJONA

El mismo Gobierno de Navarra de UPN que hace un año se opuso con uñas y dientes a que se creara una Antena de Empleo en Eurovestir (220 puestos de trabajo destruidos) como la que en su día se creó en COMEPOR (antigua Porcelanas del Norte) para recolocar a la plantilla, esta vez sí la ha creído conveniente para facilitar la recolocación de los 140 trabajadores de CALSEG. A tal fin ha tomado parte activamente en la creación de la FUNDACIÓN ARTAJONA.

Esta Fundación, en la que junto al Gobierno participan  el Ayuntamiento de Artajona (UPN), el grupo Jallatte (propietario de Calseg) y los sindicatos UGT, LAB y Confederación de Cuadros, tratará de recolocar a los trabajadores que se acojan al Plan Social y reindustrializar la Comarca. La gestión se ha encargado a la firma consultora especializada MOA, Groupe BPI, que cuenta con un plazo de un año para procurar nuevo empleo a los acogidos al Plan.

Del total de la plantilla, alrededor de 85 trabajadores han decidido no acogerse al Plan Social y se les va a pagar una indemnización económica de 60 días por año trabajado con un límite de 36 mensualidades.

Así, han sido finalmente tan sólo 55 las personas adheridas al proyecto (41 hombres y 14 mujeres), que aguardan ahora a que MOA les procure un trabajo más o menos adecuado a su perfil individual y que debe cumplir tres requisitos: un contrato indefinido, un salario anual bruto no inferior a 2.200.000 pesetas (13.222,27 euros) y que el centro laboral no diste más de 35 kilómetros de su domicilio.

La indemnización para los que esperan ser recolocados es de 45 días por año trabajado con el mismo tope de 36 mensualidades. Si transcurren seis meses sin que el trabajador haya sido reubicado, Jallatte aportará 500.000 pesetas (3.005,06 euros) por persona que irán a parar a un fondo con el que se complementará el 100% del subsidio de desempleo. Y si transcurriese un año, que en principio es el plazo dado a MOA para llevar a cabo su labor, las personas sin empleo recibirían una cantidad compensatoria correspondiente a 15 días por año trabajado con el límite de 36 pagas.

El grupo Jallatte también se ha comprometido a aportar 300.000 pesetas (1.803,04 euros) por cada trabajador recolocado, cantidad con la que la Fundación Artajona decidirá entre guardarla ante un posible despido o entregarla al empresario empleador como incentivo. Jallatte cede también las instalaciones y los terrenos de la factoría (aportados en su día por el Ayuntamiento), valorados en cerca de 200 millones de pesetas (1,20 millones de euros), además de correr con el cargo de la póliza de seguro. El grupo multinacional francés, que recibió 57 millones de pesetas (340.000 euros) en ayudas del Gobierno de Navarra, ha fijado también una condición irrevocable y que habla por sí sola ante la hipotética llegada de nuevos empresarios: que la nueva actividad industrial no se enmarque dentro del sector del calzado.

La alegría con que la empresa está haciendo estos desembolsos para destruir empleo recuerda, inevitablemente, una operación similar que acometió hace unos años en Sevilla la multinacional GILLETTE. E indigna tanto como ella. En ambos casos, la Administración no ha hecho nada para forzar el mantenimiento de la actividad y en las dos las centrales sindicales se han resignado a su cierre.

EL GOBIERNO MIRA PARA OTRO LADO

¿Cómo se permite, la paralización de una empresa, en plena producción, con una buena cartera de pedidos y con beneficios? La multinacional Jallatte debería haber recibido el mensaje de que si cerraba su factoría de Artajona, no vendería ni un solo par de zapatos de seguridad en todo el mercado español. Por el contrario, se le permite que abra un almacén logístico en Barcelona, para que traiga en barco desde Túnez su calzado y siga copando una parte importante del mercado.

Por otra parte, una empresa del calzado, como la de Artajona, con una buena calidad, con tecnología propia, con una red de clientes, donde la publicidad tiene muy poca importancia y lo que se valora es la calidad y el servicio, con cierto apoyo gubernamental podría haber mantenido su actividad, prescindiendo de la marca (que es lo único que aportaba Jallatte).

Los firmantes del Plan Social ensalzan su contenido y pronostican que va a tener éxito. Qué duda cabe que frente a la ausencia de cualquier medida para tratar de paliar los daños del cierre, como conscientemente hizo el Gobierno foral para castigar a las rebeldes trabajadoras de Eurovestir de Olite, este Plan puede despertar expectativas y tal vez conseguir algún resultado.

Con todo, que la mayor parte de la plantilla haya optado por recibir las indemnizaciones y buscarse la vida por su cuenta sin pararse a esperar a que fructifique la labor reindustrializadora anunciada, no es precisamente síntoma de confianza en el Plan. Está por ver también si estos 85 trabajadores encontrarán por su cuenta nuevos empleos.

Crece asimismo el temor a que haya desbandada en el pueblo, a que la gente joven encuentre trabajo en otras localidades cercanas y opte por trasladar su domicilio. Teniendo en cuenta que Pamplona se encuentra a 32 kilómetros, y por tanto dentro del límite geográfico de «recolocación», puede producirse una diáspora hacia la capital Navarra como la que era habitual antes de que se instalara la fábrica de calzado.

Que la consultora MOA consiguiera trabajo para los excedentes de DANONE en 1995, en medio de un auge económico, no garantiza que lo vuelva a repetir ahora. Las circunstancias de incertidumbre y de crisis económica que están propagándose van a hacer más complicado encontrar trabajo en condiciones laborales dignas para ese colectivo de 55 personas y para los 40 indirectos que, sin estar en el Plan, han perdido sus empleos.

Pero es que, aunque lo tuviera, lo que es inaceptable desde el punto de vista de los trabajadores es la destrucción de empleo en aras al sacrosanto beneficio de las multinacionales. Lo que las centrales sindicales que han negociado este Plan (conviene recordar que UGT y LAB han ido de la mano en esta empresa, aunque no sólo en ella) tenían que haber exigido era la continuidad de la actividad  y de la totalidad de la plantilla y que por parte del Gobierno se adoptaran iniciativas para traer industrias que absorbieran el desempleo de la zona. Porque si hay industrias y empleo para establecerse en la comarca, deberían absorber a los parados que ya hay. Si no las hay, al colectivo actual de parados se les sumarán más de un centenar proviniente de CALSEG. En otras palabras, se estará desvistiendo un santo para vestir a otro...