Comienza la recesión económica

Comienza la recesión económica

Los efectos de la crisis ya llegan al Estado español

Ricardo Jimeno/CCOO Navarra

 Desde que la economia de EEUU, a principio de año, comenzó a dar síntomas de desaceleración, se ha producido un proceso muy de rápido repercusión en las cifras de crecimiento del resto de zonas del mundo. Los economistas y políticos han achacado este proceso a la globalización de la economía mundial. Sin embargo hay otras razones inherentes al sistema capitalista, al estado de desarrollo de sus contradicciones y comportamiento cíclico, en las distintas zonas del mundo.

Con respecto a Japón y los países asiáticos, salvo China, no nos puede extrañar el agravamiento de su crisis económica, ya que no habían salido de ella. Japón lleva 10 años, con un estancamiento de su economía, con cifras de crecimiento alrededor del 1%, en incluso con años de cifras negativas demostrando su incapacidad para superar su recesión económica. Y ha sido así a pesar de que los sucesivos gobiernos en estos años han aplicado medidas inflacionistas, inyectando enormes cantidades de yenes, para relanzar el consumo, salvar quiebra de grandes corporaciones industriales y bancarias y potenciar la inversión. Sin embargo todas estas recetas han fracaso, añadiendo un nuevo problema a la economía japonesa; un enorme déficit público.

Sus vecinos, caracterizados  en la década pasada como «Tigres y Dragones Asiáticos», como muestra de su crecimiento explosivo y su fortaleza económica, han sido incapaces de superar la crisis financiera, que sufrieron en el año 1999. A todos estos países, la recesión del mercado norteamericano, sólo puede tener un efecto de agravamiento, ya que sus economías se sustentan fundamentalmente en las exportaciones de productos, ya que los bajos salarios que se pagan, hacen muy difícil el desarrollo de un mercado interior.

Lo mismo se puede decir de todo el continente Latinoamericano, inmerso en una crisis económica muy anterior a la recesión norteamericana. Primero fue la debacle del sistema financiero Mejicano, posteriormente, Brasil, luego Argentina y como un castillo de naipes, han ido cayendo todos los demás países.

En este contexto internacional, Europa y sobre todo la Unión Europea, parecía la zona del mundo mejor preparada para no verse arrastrada por la crisis de EEUU Pero tampoco en este caso, las perspectivas optimistas se han cumplido y la economía europea, ha dado unos síntomas de debilidad, en cuanto han aparecido los primeros nubarrones recesivos al otro lado del Atlántico. Aquí, las razones también son variadas. Con respecto a la economía alemana, podemos decir que los problemas de digestión de la Alemania del Este no han terminado, a pesar de haber pasado más de una década de la reunificación. El capitalismo Alemán, aunque es el más poderoso del continente, ha sido incapaz de incrementar el nivel de vida de los alemanes orientales, recuperar las tasas de actividad y dotar a estos Lander de las infraestructuras necesarias, para transformarse de un lastre económico a un elemento de crecimiento. Esto es un serio aviso, para los países menos desarrollados de la Unión Europea, (como España) que han proclamado a los cuatro vientos las excelencias de la UE y de la entrada en vigor del Euro.

El caso de Gran Bretaña, es más previsible, ya que su economía, tiene un ojo puesto en USA y otro en la UE, por lo que inevitablemente la recesión del gigante americano le ha afectado inmediatamente.

«España, va bien»

España, según Aznar «va bien». Pero, a pesar de haber estado creciendo con cifras anuales del 4%, a pesar de las relativas ventajas en el consumo del afloramiento del dinero negro, a pesar del crecimiento de los beneficios empresariales, por los bajos incrementos salariales y los aumentos de la productividad de las empresas, la sombra de la recesión económica se ha cernido sobre nosotros desde el inicio del 2001. Y digo la sombra de la recesión, porque todavía el PIB siguen siendo positivo, pero la desaceleración del crecimiento es clarísima. Comenzamos el año, hablando de crecimientos del 4% y acabamos el año con cifras entre el 2% y el 1,8%. Pero el peor síntoma de estos datos económicos, es el comportamiento de los empresarios. A los primeros síntomas de desaceleración económica, han comenzado a despedir una gran cantidad de eventuales y  trabajadores de ETTs, a pedir  regulaciones de empleo y a pedir reducciones salariales. Se puede afirmar que los empresarios, rápidamente, están tratando de cargar la crisis económica que viene, a las espaldas de los trabajadores, poniendo la venda antes de que aparezca la herida.

El caso de Navarra, es muy aleccionador. La economía Navarra, es muy dependiente de la industria del automóvil. La presencia de la factoría de Volkwagen, con 6.000 empleos directos y otros 12.000 indirectos, tiene una influencia decisiva en todos los sectores de la Comunidad Foral. En septiembre del 2001 ha cambiado el modelo de automóvil fabricado en la factoría de Pamplona, parando la cadena de montaje del viejo Polo, iniciando lentamente la fabricación del nuevo coche. Esta decisión organizativa, que estaba planificada desde hace más de un año, ha producido el despido masivo de los eventuales en todas las empresas subsidiarias, y la entrada en regulación de empleo de muchas plantillas. Este es un ejemplo de cómo los errores organizativos de los empresarios, son pagados por los trabajadores, en forma de despidos o prestaciones por desempleo. Además, con la ralentización del consumo, el sector del automóvil que es uno de los que primeros nota la bajada en las ventas, también lo traducen  en más despidos. Estos dos factores, están generando una sensación en la clase obrera Navarra de inseguridad, que hacia muchos años que no se veía.

El capitalismo ha dado una falsa imagen de seguridad y solidez. Todos los mecanismos que la legislación laboral capitalista ha creado en estos últimos años, ahora se muestran en toda su crudeza. Dejando en el paro a miles de jóvenes (ya que son los que más sufren la precariedad laboral) a las primeras de cambio. Muchos de estos jóvenes se habían creído las proclamas oficiales, de que el capitalismo había acabado con sus crisis cíclicas, se enfrentan a la cara más dura del capitalismo en los países industrializados, con despidos masivos, falta de coberturas sociales y un coste de la vida, muy alto.

Esta situación, debe hacer reflexionar a una generación entera de trabajadores, sobre la necesidad de enfrentarse a la tarea de transformar esta sociedad, en un modelo social más solidario, con una planificación de los recursos y una producción basada, no en el beneficio privado de los empresarios, sino en las necesidades de toda la sociedad.