Acuerdo para la Negociación Colectiva del 2002

Acuerdo para la Negociación Colectiva del 2002

¿A quién beneficia este acuerdo?

Ricardo Jimeno

El pasado 13 de diciembre de 2001, los sindicatos CCOO, UGT y la CEOE, con el beneplácito del Gobierno, firmaron un acuerdo sobre los criterios que deben seguirse en la negociación de los convenios en este año.

El contenido del acuerdo, muy ambiguo sobre los aspectos concretos de la negociación de los convenios, esta compuesto por dos títulos y 5 capítulos, donde se describen consideraciones y criterios sobre competitividad, empleo, subida salarial, seguridad y salud en el empleo y procedimientos negociadores.

El documento, analiza en primer lugar la situación económica mundial, con un tono muy pesimista, aceptando como inevitable una recesión en los tres bloques (EEUU, Japón y Europa) con una caída del comercio mundial del 12% de crecimiento en el 2000, al 2% en el 2001 y el 0% en el 2002. También reconoce que el paro crecerá este año en toda Europa y que de este proceso no se salvará España.

Pero cuando plantea soluciones, establece un compromiso entre organizaciones empresariales y sindicales para superar la crisis. Para ello, hay que mejorar la competitividad de la empresa, con dos medidas fundamentales: moderación de costes salariales y flexibilidad por un lado, y calificación profesional, formación, inversión en nuevas tecnologías y mejora de la calidad por otro.

El primer error que existe en este planteamiento es, ¿por qué debe hacernos corresponsables a los trabajadores de la crisis económica, cuando ni la hemos provocado, ni hemos desperdiciado los años de auge económico para mejorar la competitividad de las empresas? Durante toda la década de los 90, hemos visto crecer de manera desbocada los beneficios empresariales, mientras los salarios subían poco más del IPC, y el empleo permanecía tan precario como siempre. Y ahora, en vez de exigir a la Patronal y el Gobierno que demuestren si habían hecho «los deberes», salimos en ayuda de los empresarios, firmando acuerdos, con llamamientos conjuntos a la moderación salarial.

Sobre la subida salarial, se plantea aprobar subidas salariales iguales al IPC previsto por el Gobierno, o sea, el 2%. Llevamos los sindicatos 3 años denunciando la falsedad de las previsiones del Gobierno en materia de precios, porque siempre se marcan cifras de IPC irreales para que el Salario Mínimo Interprofesional, los salarios de los funcionarios  y el Seguro de Desempleo, pierdan poder adquisitivo todos los años, (ya que su subida está relacionada con el IPC previsto) para aceptar ahora estos criterios restrictivos en materia salarial.

En cuanto a subidas salariales superiores a la inflación, el acuerdo las condiciona a una mejora de la productividad. La productividad, en el capitalismo es un factor económico decisivo en la competencia entre empresas, sectores y mercados. Pero las mejoras de productividad, para ser eficaces a largo plazo, deben basarse en inversiones productivas continuas, mejoras en la organización del trabajo y en la investigación en innovaciones tecnológicas. Tasas de inversión altas en renovación tecnológica e investigación, con respecto al PIB, son síntomas de economías potentes y muy competitivas. Pero la realidad de la economía española es bien distinta. Durante décadas, los empresarios españoles han desperdiciado las oportunidades de modernizar su aparato productivo, invirtiendo sus beneficios en investigación y desarrollo. Incluso en la ultima década del siglo XX, cuando sus beneficios se incrementaron en cifras récord, y la implantación del Euro provoca un incremento de la competencia entre los países de la UE, la distancia con los países europeos más desarrollados, en Investigación y Desarrollo,  apenas ha disminuido.

Son estas contradicciones, las que deberíamos estar denunciando los sindicatos, criticando la política económica del PP y el carácter reaccionario de la clase empresarial, que nos va a llevar a una desventaja enorme en el proceso de desarrollo del mercado único europeo. Sin embargo, lejos de hacer esto, nos embarcamos en llamamientos unitarios con la Patronal, y en misiones imposibles de incrementos de productividad. Los incrementos de productividad que buscan los empresarios, son el abaratamiento de los salarios, como único factor ventajoso de «su economía», pero con efectos desastrosos para el nivel de vida de los trabajadores. Este tipo de acuerdos, van a tener los efectos contrarios, a los que buscamos los trabajadores. Dará un respiro a los empresarios, ya que junto a la preocupación lógica, que los trabajadores tienen con la llegada de la recesión, conseguirán reducir las peticiones y reivindicaciones laborales, precisamente en un año en el que los precios van a subir de manera importante por la implantación de la nueva moneda. Pero pensar que estos "ahorros salariales", se van a dedicar a inversiones productivas o mantenimiento de puestos de trabajo fijos, es una ingenuidad inaceptable en unos dirigentes sindicales. Si no lo han hecho en los años de vacas gordas, es muy improbable que lo vayan hacer en estos años de recesión y crisis.

El ejemplo del Banco Santander es muy claro. Desde 1999 ha pasado de 6.463 a 4.165 oficinas y la plantilla ha adelgazado un 37%, 18.446 personas. Esto la primera empresa del país, al menos en volumen de beneficios acumulados en los últimos años. Pero es que su estrategia sigue en la misma línea. Pretenden recortar los costes desde el 54% de los ingresos hasta el 40%. Esto sólo lo podrán hacer con más despidos y mayor explotación de los trabajadores que queden en activo.

Con respecto al capítulo de empleo, los compromisos de mantenimiento de empleo, potenciación de empleo estable, potenciación de la formación y de la igualdad  entre hombres y mujeres, son objetivos y declaraciones de buenas intenciones pero no hay ninguna concreción, ni compromiso concreto. Lo mismo ocurre en materia de Salud Laboral.

El último capítulo está dedicado a presentar seis medidas para evitar que la negociación colectiva acabe con la realización de huelgas.

En resumen, un acuerdo que tiene muy pocas cosas concretas que beneficien a los trabajadores y muchas declaraciones grandilocuentes de colaboración con los empresarios, para salvar la economía de la crisis. Lo más preocupante del acuerdo, son los efectos que puedan tener en el estado de ánimo de los trabajadores, para luchar por defender sus derechos. Derechos y salarios, que si han mejorado en la ultima época, no ha sido con regalos empresariales, sino con negociación y presión, pues desgraciadamente es el único lenguaje que muchos empresarios entienden. Esperemos que acuerdos de este tipo, no colaboren a retroceder en derechos y en poder adquisitivo, pero la experiencia pasada no nos pueden hacer muy optimistas.