Argentina «¡Que se vayan todos!»

Argentina

«¡Que se vayan todos!»

Joaquín Sainz

Con ese grito como una de las consignas centrales se manifestaron cientos de miles, quizás millones en toda Argentina en el cacerolazo del 25 de enero. El pueblo argentino ha derribado cuatro presidentes a golpe de cacerola. Más de lo que cualquiera hubiera imaginado un solo día antes de el 19 de diciembre. Parece mucho tiempo transcurrido pero es poco más de un mes. Claro que han sido unas semanas preñadas de acontecimientos. Argentina siempre ha producido más acontecimientos de los que puede digerir. Las únicas alegrías se han producido con las renuncias presidenciales. Pero la alegría —si a ese sentimiento se le puede llamar así—  duraba lo que tardaba en conocerse el nombre del sucesor.  Y ahí precisamente está el problema. Nadie conoce a nadie que pueda sacar a la sociedad argentina de este infierno. Hay una crisis social total y no hay recambio a la vista.

Estamos bajo la crisis más extensa y profunda que haya sacudido a la Argentina en muchas décadas. Desde el punto de vista económico la gravedad es mayor que en los años 70. La diferencia fundamental estriba en que en aquella década existía una enorme politización y una gran participación de los diferentes sectores y clases sociales en los partidos políticos, como en los sindicatos obreros. Hoy cualquier discusión política entre la inmensa mayoría de la población comienza con un rechazo absoluto a los «políticos». Hacer política está identificado con el robo, la corrupción, el soborno, el tráfico de armas, drogas, los privilegios, la buena vida... de todos los políticos. La riqueza de origen oscuro que han logrado los políticos es inmensa y además la han exhibido con una obscenidad imposible de encajar por millones de trabajadores cuya vida se ha convertido, desde hace ya tiempo, en una lucha cruel contra el hambre y la falta de cobertura estatal ante lo más elemental como es la salud, la jubilación, la educación, la vivienda, el desempleo forzoso. En fin una situación tan imposible que reventó de la única manera que podía reventar, con asaltos a supermercados por parte de las masas más pobres del Gran Buenos Aires (la periferia de la capital) y con la mayoría de los políticos escondidos, en estado de semiclandestinidad por miedo a las agresiones de la gente en bares, y lugares públicos.

Igual que en los asaltos a supermercados del año 89, fueron los más empobrecidos los primeros que dijeron BASTA. Hoy el ataque económico ha sido tanto más amplio y profundo que no contentos con reducir el nivel de la clase trabajadora han desfalcado los ahorros de las clases medias. Así que el poder ha propiciado de hecho la unidad de acción en las calles de casi toda la sociedad, desde las clases medias para abajo, que ha dado una fuerza inmensa a la protesta dejando a todos los partidos del establishment colgados del pincel. La marcha de los Piqueteros que arrancó el pasado domingo desde el municipio de La Matanza con sólo 700 personas, llegó tras una marcha de 40 kilómetros a la Plaza de Mayo con más de 40.000 personas en medio de un ambiente de apoyo de las clases medias de la Capital Federal.

El estallido del 19 de diciembre ha cerrado una época en la que la burguesía argentina, los políticos a su servicio y también los imperialistas habían infravalorado la capacidad de respuesta de los trabajadores y el pueblo argentino. Por mucho menos de lo que venía pasando ahora el pueblo argentino ponía patas arriba el país. De tanto repetir las idioteces del nuevo orden mundial y la globalización acabaron creyéndoselas ellos mismos y se olvidaron de que este es el país de la Semana Trágica, la Patagonia Rebelde, el 17 de Octubre, El Cordobazo, el Rosariazo, la Resistencia contra las diferentes dictaduras y un sin fin de luchas que han llenado de gloria al movimiento obrero y popular argentino. Luchas con un componente espontáneo que no deberían olvidar ni los canallas que han llevado al pueblo a esta situación ni a los burócratas que ejercen el control burocrático-empresario de la mayoría de los sindicatos. El 19 de diciembre ha sido un grito dado con casi 10 años de retraso  por las víctimas de  este modelo de país.

CÓMO SE HA LLEGADO A ESTO

Durante los últimos años se veía un deterioro en la economía cuyo primer efecto fue más frenar que impulsar las luchas. Cuatro años ya de recesión sobre una sociedad que arrastra carencias históricas ya habían causado un enorme daño. El crecimiento económico que se produjo entre el 91-95 fue más el resultado de un plan perverso orientado a obtener revalorizaciones financieras por la vía del endeudamiento externo y la privatización de las empresas del estado que de los méritos propios de una política pretendidamente productiva. Pero la verdadera clave para entender la actual situación está en el golpe de estado de 1976 y la imposición de un plan económico a largo plazo que desde entonces se ha aplicado sin interrupción. Para resumir diremos que entre 1976 y hoy la deuda externa argentina se multiplicó por 16 pasando de 7.600 a 132.000 millones de dólares (155.000 millones sumando la deuda privada), a lo que hay que agregar 40.000 millones ingresados por la privatización de empresas nacionales. Al mismo tiempo la fuga de capitales alcanzó en ese periodo los 120.000 millones de dólares. Al mismo tiempo Argentina tuvo que pagar por sus compromisos con la deuda externa la friolera de 200.000 millones de dólares.  Entretanto, el paro pasó del 3% al 20%; la pobreza extrema de 200.000 personas a 5 millones; la pobreza  de 1 millón a 14 millones; el analfabetismo del 2% al 12 % y el analfabetismo funcional del 5% al 32%  Argentina, alumno predilecto y modelo del neoliberalismo, resultó un desastre en todo, en lo brutal del latrocinio y en sus consecuencias sociales. El último ejemplo de esto nos lo dio Cavallo, el superministro válido para cualquier gobierno al servicio del FMI y de los grandes intereses financieros nacionales y extranjeros. Los últimos días de Cavallo fueron más parecidos a los de un delincuente enloquecido haciendo todo lo posible para evitar que los ciudadanos de a pie sacaran sus depósitos de los bancos. Echaba mano de las reservas para pagar los compromisos de la deuda externa, mientras permitía que los grandes inversores y especuladores sacasen del país en torno a 19.000 millones de dólares. Cómo no va a estallar la situación social. Lo increíble es que no hubiera estallado antes.

De la Rua «Luis XXXII»

Fernando De la Rua, el represor  más pusilánime de la historia argentina se despidió a lo «isabelita» de la Casa Rosada», claro que esta vez no fue desalojado por los militares sino por los trabajadores y las clases medias que no hace mucho confiaron en él. El helicóptero que se lo llevaba desde la terraza presidencial hizo planear el mal recuerdo sobre la Plaza de Mayo de aquella presidenta que de carambola y por méritos de alcoba entraba tristemente en la historia argentina. El, a pesar de todo, persistente y corrosivo humor argentino bautizó a este presidente «autista» como Luis XXXII porque sencillamente era el doble de boludo que Luis XVI. Qué intuitivamente certero que es el humor popular. Salvando las distancias históricas, las actitudes y los diálogos de este inmerecido presidente para los argentinos recuerda la estupidez de aquel monarca francés. ¿Será que cuando las masas populares se ponen en marcha y apuntan al  poder limitan el entendimiento de los que lo ostentan? Sea como fuere al primer empujón cayó este presidente que nunca mereció serlo.

De la Rua se fue como un traidor a los ojos de la inmensa mayoría de la sociedad pero también se fue con las manos manchadas de sangre. Este hombre que siempre fue expresión del ala más conservadora del radicalismo nunca hubiera sido presidente de no ser por el apoyo prestado por el FREPASO, peculiar formación política fundada por Chacho Alvarez, disidente moderado por la izquierda del peronismo en los años 80. Chacho Alvarez tuvo la virtud de conectar con amplias capas de las clases medias por medio de un discurso anticorrupción. Para quien conoce la situación argentina es claro que ser un luchador consecuente contra la corrupción constituye un mérito y un riesgo enorme. La existencia de mafias que anidan en lo más alto del poder político, con todo tipo de tráficos a sus espaldas, y el asesinato de personas que se atrevieron a investigarlos, como es el caso del periodista Cabezas, rubrican esta afirmación. No hay que olvidar que hay indicios serios —para ser cautos en el lenguaje—  de que personajes o personajillos como el expresidente Menem están implicados en ellas. Incluso según circula entre la población de la provincia de Buenos Aires, el actual presidente Duhalde sería el capo de ciertos negocios vinculados con la droga y la prostitución. Claro que son muy pocos los que asumen el riesgo de una sola denuncia.

Chacho Alvarez, siendo vicepresidente, y tras mucho dudarlo, se atrevió a denunciar un hecho de corrupción en el Senado que implicaba a muchos senadores incluso de su propia fuerza en el cobro de sobornos a cambio del voto para aprobar una reforma laboral. No será desde aquí de donde se apoye la renuncia-abandono-huída carente de coraje de Chacho como vicepresidente, pero no hay que dudar de que las presiones que este hombre recibió tuvieron que ser de lo más demoledoras. De la Rúa, que no hubiese sido presidente sin el apoyo de Chacho Alvarez, le pagó a la romana los servicios prestados. Resultó muy sospechoso que con el comienzo de la rebelión el portal de la casa de Chacho Alvarez fue baleado. Esto no pudo ser hecho por nadie más que por los que quieren que cualquier dirigente de proyección nacional, por tímido que éste sea, le de dirección a la protesta.

Con la salida de Alvarez se legalizó el giro más a la derecha del gobierno que puso en el gabinete al siempre-listo Cavallo. Un sentimiento de angustia empezó a recorrer el estómago de millones de argentinos que iban a ser víctimas por tercera vez de este verdugo del gran capital. Si Cavallo que había sido alto funcionario con los militares, superministro de economía de Menem podía serlo también de los radicales y del autodenominado progresista FREPASO,  ¿donde está la diferencia entre las políticas económicas de los peronistas, progresistas, radicales, y lo que es peor, donde está la diferencia entre la política económica de todos ellos y la de los militares? Es duro, es intragable, pero los millones de personas que gritaban ¡QUE SE VAYAN TODOS! han empezado a comprender que se trata de eso, de que en el fondo todos han aplicado la misma política económica. Esto no significa no distinguir entre un gobierno militar y uno civil, hay 30.000 desaparecidos y cientos de miles de detenidos y torturados de diferencia, pero el objetivo de sus políticas económicas ha sido el mismo. La frialdad de los datos lo verifica.

A partir de 1995 hubo un proceso hacia el empobrecimiento de la clase trabajadora y las clases medias que ha culminado con la confiscación de los ahorros de los pequeños ahorristas y el hambre de millones de nuevos pobres que se suman todos los días a los ya existentes . Recuperar la confianza de toda esa gente para el sistema financiero será tan fácil como olvidar que te robaron los ahorros de toda la vida.

LUCHAS AL MARGEN DE LOS SINDICATOS

En los últimos años y como resultado del total colaboracionismo de los dirigentes sindicales de las  dos CGTs y de la dificultad para la reconstrucción de un movimiento sindical combativo y democrático se han venido desarrollando luchas de tipo espontáneo principalmente en torno a los llamados «Piqueteros» cuya principal herramienta de lucha son los cortes de carreteras duramente reprimidos por la policía. Este movimiento compuesto por parados al margen de los sindicatos y abandonados por ellos tiene su origen principal en militantes peronistas de las zonas y barrios más pobres del país. Estas luchas fueron creciendo irradiando su ejemplo y su valentía al resto del movimiento obrero. Poco a poco iban creciendo las huelgas de los trabajadores activos. En el último año la más emblemática fue la de los trabajadores de Aerolíneas Argentinas que luchaban por mantener gran parte de los puestos de trabajo que estaban en peligro.

La crisis se desplegaba a galope tendido y el gobierno creía que tenía todo bajo control. Pero la presión social crecía imparable. Los dirigentes de las dos CGTs se veían obligados a convocar huelgas generales que no deseaban. Astutos como son saben que para mantener el control de las bases a veces hay que convocar luchas. De otro modo no podrían perdurar en el aparato sindical. Todo iba indicando que la tormenta se acercaba, las elecciones parciales del pasado 14 de  octubre resultaron un fuerte varapalo para el gobierno de De la Rua. Un 40% de abstención y una perdida de 5 millones de votos entre radicales y peronistas por un lado. Por otro un cierto crecimiento de las pequeñas y siempre divididas izquierdas en la Argentina, preanunciaban un cambio en el ambiente. Nadie en el gobierno ni en el peronismo tomaba nota. Total tantos años de desmovilización general, de apatía, de «cada cual a lo suyo...» pero «La noche no es eterna, solo es oscura»,  decía una pintada de militantes de base en un paredón de Buenos Aires.

El 19 de diciembre se ha ganado una página de gloria en la historia argentina porque puso fin a la noche. «Finalmente la Argentina estalló . La mansedumbre de una sociedad con un nutrido historial de luchas  y alto nivel de organización  política, sindical y corporativa , iba resultando asombrosa. Por muchísimo menos  que una tasa del 20% de desocupados, 14 millones de personas viviendo por debajo de los umbrales de pobreza y una pérdida del poder adquisitivo cercana al 50% en los últimos cinco años, los argentinos solían poner el país patas arriba (...) parecía que la sociedad se encontraba aturdida, impotente para manifestar su descontento en una situación insostenible. Pero el miércoles 19 de diciembre los argentinos recuperaron su instinto vital.» (Le Monde Diplomatique, enero 2002)

¿ALGUIEN QUIERE SER PRESIDENTE...?

Los asaltos del 19 por la tarde detonaron el mensaje de De la Rúa decretando el Estado de Sitio que a su vez detonó la primera cacerolada. 26 muertos en la primera jornada ya eran muchos muertos por culpa de un presidente que ni supo gobernar ni supo dimitir a tiempo. Pidió ayuda a los peronistas y estos que tienen un especial olfato para el poder lo abandonaron. Luego se desató la carrera entre ellos para ver quién y como se hacía con el bastón de mando. A parte de las dos renuncias del presidente del Senado que es presidente en funciones, tuvo que dimitir Rodríguez Saá, quien dejó su gobernación en San Luis para cumplir «el sueño del pibe», ser Presidente de la Nación. Nada pudo hacer. Ni el anuncio de una nueva moneda (el Argentino) ni sus promesas de crear empleo y salir de la crisis convencieron al pueblo que le bajó el pulgar a golpe de cacerola. Se seguían sumando muertos y manifestaciones. Un policía mataría a tres jóvenes en un bar por una discusión sobre los acontecimientos. La policía mató y torturó en Plaza de Mayo a personas predeterminadas. Duhalde no había leído su discurso de investidura cuando ya oyó el estridente ruido de las cacerolas. La situación es muy complicada para todas las fuerzas en pugna. Los de arriba no pueden frenar a los de abajo y los de abajo no saben cómo reemplazar a los de arriba.

Para desarticular la protesta, tal como dicen desde el gobierno, tienen que hacer mucho y pronto. Y no están pudiendo hacerlo. No tienen reservas, han roto la cadena de pagos, el desempleo crece sin parar y solo ven solución en la ayuda externa, del FMI y de otros países. El FMI y Bush dicen que no habrá ayuda sin antes mucho sufrimiento. Por lo visto no han hecho sufrir bastante. 

El propio gobierno no es digno de confianza. Duhalde acaba de nombrar ministro de la Producción a De Mendiguren que es un empresario de la confección textil. Su empresa, Coniglio, diseñaba prendas, contrataba su producción con China y la importaba. Aunque se jacta de su creatividad porque, dice, inventó la alpargata con suela de goma (¡). La lista de productos que importa lo revela como un experto en importaciones sustituyendo la producción nacional, entonces, ¿qué diablos hace en el ministerio de la Producción? Esta es la visión que tiene este gobierno de la solución de los problemas.

NADIE SABE QUÉ VA A PASAR

Lo único que sabe todo el mundo en Argentina es que nada será igual que antes del 19 de diciembre. El radicalismo se siente herido de muerte y ya hay quien piensa que deberían cambiar de nombre y refundar el partido. No sería de extrañar que esa idea penetre también en el peronismo. Una solución a la italiana. Pero Argentina no es Italia. La crisis no deja margen para demasiados experimentos. La confianza en la acción recuperada en poco tiempo por sectores amplísimos de la población desnuda aún más esa debilidad. Por otro lado el movimiento de masas resultado de las movilizaciones de los sectores más empobrecidos y de las clases medias confiscadas, constituye un movimiento embrionario que se va desarrollando pero con más lentitud que la situación aunque hay que prestar mucha atención a su evolución. Las asambleas vecinales se ha desarrollado incluso entre los presos de las manifestaciones que están detenidos en las comisarías y han empezado a mandar representantes a las reuniones que los coordinan.

Los ideólogos de la burguesía están realmente asustados con la situación. Se saben sin soluciones y tienen delante a la mayoría de la sociedad que les exige trabajo, sanidad, jubilaciones, educación, vivienda, en fin todo lo que muchos de ellos han tenido hasta hace poco y les ha sido arrebatado. De hecho en el gobierno de Duhalde empiezan a pensar en unas elecciones como salida si las cosas se les van de las manos.

En cuanto a las organizaciones de izquierda, históricamente pequeñas y muy divididas no cabe esperar nada nuevo a lo que ya ocurrió con ellas en el pasado. Cada periodo de luchas les dio oportunidades que no supieron aprovechar y a lo más podrán resultar en nuevas divisiones con nuevos nombres como es el caso del MAS (Movimiento Al Socialismo) partido que a fines de los 80 y primeros de los 90 tuvo un aumento considerable de su fuerza dando lugar por lo menos a dos organizaciones nuevas. Es seguro que este tipo de organizaciones atraerá a sectores jóvenes de militantes, pero su visión particularmente sectaria de la política no les permite un desarrollo serio.

El movimiento de asambleas vecinales por barrios y ciudades es una expresión de la necesidad de una nueva organización política que represente los intereses de los trabajadores, los jóvenes y todos los sectores sociales explotados por los grandes empresarios. Pero el alumbramiento de un nuevo partido no es algo que ocurra fácilmente. Hacen falta condiciones muy especiales para esto. Las asambleas vecinales son una expresión genuina de la necesidad de nuevos cauces de participación. Su coordinación es una condición esencial para darle continuidad y elevarla a niveles superiores de participación. Esa tarea ya se está realizando. También es necesario que los trabajadores desarrollen sus propias asambleas democráticas por fábricas  y cinturones industriales. Lo que está sucediendo es el primer acto de una obra que tendrá muchos más. Y los más fuertes están por venir. El movimiento actual está aprendiendo y trata de hacerlo con rapidez, pero hay mucho que hacer y en los consejos de administración de los bancos, y las grandes empresas trabajan sin descanso para seguir manteniendo el control de la sociedad.

El sistema social argentino está en crisis total en todos sus niveles, todos los representantes del viejo sistema están profundamente desprestigiados pero no pueden ser reemplazados porque las fuerzas que empiezan a moverse no tienen todavía la conciencia de su propia fuerza y del papel que deben desempeñar. Por decirlo en una vieja frase, saben lo que no quieren pero no saben como conseguir lo que quieren. Y esa  es la tarea de los próximos años.

Argentina es un país con las venas abiertas, que se desangra con rapidez. Parte de su juventud no ve futuro y la busca en la emigración. Eso es una pérdida enorme de capital humano que la sociedad no puede permitirse. Pero   el actual orden de cosas los expulsa. Claro que Argentina es mucho país para que se desintegre sin dar batalla. Las fuerzas del progreso que estaban encadenadas se han comenzado a liberar. Pero necesitan dotarse de una política y de una organización. Ya hay quien desde el poder, en parte para asustar, y en parte porque lo piensa, avisa de los riesgos golpistas que se corren de seguir este «caos» social. En un país como Argentina estas cosas nunca son tomadas a la ligera. Pero todo el mundo sabe que la historia de 1976 no se puede repetir de la misma manera. El dato aparecido estos días en la prensa de Buenos Aires de que en la provincia de Buenos Aires hay más de medio millón de armas sin declarar, es un dato que hace pensar a cualquiera. La historia Argentina está escrita con demasiada sangre como para no recordarla en momentos como estos. No hay que olvidar que el cacerolazo que derribó a De la Rúa fue contra la implantación del Estado de Sitio. La clase media que en su mayoría  en el 76 no se opuso al golpe, hoy derribó junto a los desesperados y empobrecidos del cinturón industrial a su propio gobierno, de signo radical, y otro de signo peronista. Esta unidad de acción es la que hay que desarrollar y articular. Por ahora la ventaja está del lado del pueblo trabajador y las clases medias. En sus manos, y sólo en sus manos está la posibilidad de construir una nueva sociedad. Pero nadie se engaña en Argentina, los salvapatrias vestidos de uniforme ya están haciendo sus cálculos. Los provocadores ya están haciendo su trabajo en cada manifestación. Muchos de los cristales rotos hay que anotarlos en el haber de los servicios secretos. En esta vuelta de la historia los más atrasados en sus preparativos son los trabajadores y los jóvenes. Ellos, los señores de la muerte, nunca dejaron de prepararse. Pero hay tiempo, todavía hay tiempo. Aunque los riesgos de que el proceso de luchas se complique aún más son varios. En la medida en que no aparezca una organización política capaz de dirigir las luchas a la victoria cabe la posibilidad de que surjan grupos armados al estilo de los Montoneros o el ERP de los años 60 y 70. Está en las tradiciones argentinas este tipo de organizaciones y las condiciones para que surjan están madurando. Esto sería un factor complicador de la situación.

Pero son muchas cosas las que ya han cambiado en Argentina en un mes. La principal es la pérdida del miedo a manifestarse y a derribar todo tipo de obstáculos. Nunca cayeron tantos gobiernos en tan pocos días.. Pero con todas estas victorias parciales ningún cambio será suficiente ni duradero si no se transforma el Estado actual corrompido y perverso y se remplaza por un estado nuevo, cuya base sean los trabajadores y las clases populares. Solo así se podrá fundar una nueva Argentina. Es la Tarea más colosal que tienen los Argentinos desde su existencia como nación independiente. Energía no les falta.