Movilizaciones contra la LOU - Diario de una semana de lucha

Movilizaciones contra la LOU

Marta López, estudiante de Periodismo y miembro del Comité de Huelga

Diario de una semana de lucha

DÍA 1; 19 de diciembre

Adán, Pablo y Pili están elaborando el calendario de actividades para mañana, cumpliendo con el turno de vigilancia que tenemos que cubrir hasta las cinco de la madrugada, y lo están haciendo envueltos en el más tranquilizador de los silencios. Las tiendas están llenas ya de sueños y el tráfico ha dejado de contaminar con su ruido nuestras largas conversaciones. Por primera vez en todo el día, el sosiego se ha apoderado de esta acera que, en pocas horas, hemos convertido en nuestro hogar. Cierro los ojos e intento atrapar  un soplo de aire que guarde en memoria el olor a ilusión que lo impregna todo, emanado por la relajada respiración que llega desde las tiendas de campaña, llenas ahora de mentes y cuerpos exhaustos, después de un día de agotadora actividad .

Nuestra vida en común ha nacido hoy, día 19 de diciembre a las doce de la mañana. El lugar, la hora y la estrategia a seguir estaban sobradamente claras, cada uno de nosotros sabía exactamente cuáles eran los pasos a seguir para dar comienzo a la construcción de nuestro «campamento de la esperanza», así que no hicieron falta muchas palabras, no se precisaron demasiadas presentaciones, los que aún no nos conocíamos, sabíamos que pronto íbamos a hacerlo, aunque desde el principio el sentimiento de espontánea hermandad impregnó todos y cada uno de los numerosos gestos de complicidad.

El carácter indefinido de esta acción traía de la mano la necesidad de organizarlo todo bien para tratar, en la medida de lo posible, de agilizar el trabajo que veníamos a realizar y sentirnos, en definitiva, como en casa. Cocina, dos pasillos de tiendas de campaña, espacio para una mesa informativa permanente, un puesto de venta de camisetas, una sala de estudio, y la puerta del Ayuntamiento como salón, está fue la disposición de la que a partir de entonces se convertiría en nuestra gran morada.

DÍA 2; 20 de diciembre

HOY EMPIEZA TODO. Éste, además del título de una hermosa obra cinematográfica, ha sido el lema de la jornada de lucha de hoy, y los acontecimientos acaecidos no han podido dar más sentido a tal consigna.

La conversación que nos despertó a todos de golpe durante el primer desayuno no podía ser otra: la Ley se ratifica hoy en el Congreso, hoy comienza nuestra lucha, hoy se encrudece. Con el primer despertar comenzó la actividad de forma frenética. Las ansias por hacer habitable el espacio que habíamos ocupado acortaron el tiempo del desayuno, y cada uno se dispuso a llevar a cabo la labor que tenía encomendada. Mi misión, transmitir a los medios de comunicación la voz de mis compañeros y compañeras, se iba desarrollando con normalidad a lo largo de la mañana. Llamadas de teléfono, entrevistas para la radio y la voz como único medio para transmitir el sentir general tras el paso del primer día de acampada.

Entre llamada y llamada fui observando cómo iban llegando efectivos de la Policía Local y Nacional. A medida que «nuestra casa» iba siendo ocupada por los cuerpos de seguridad, la desconfianza y el nerviosismo iban adueñándose de nuestras caras. Mis sospechas se ratificaron cuando vi la cara de Adán, la compenetración que nos une hace posible una conversación con una sola mirada de complicidad. En cuanto me crucé con sus ojos miel supe que había problemas. Me acerqué a él e intentó, tembloroso, explicarme lo que ocurría tras las puertas del Ayuntamiento. El grupo socialista, que a través del Sr. Gallardo había dialogado con nosotros en los días precedentes  a la acampada, nos daba la espalda y nos negaba el apoyo que, mediante pacto verbal, se nos prometió en su día. Se retiraba cualquier tipo de apoyo logístico y se «nos invitaba» a desalojar la acera. El caos se instauró sin pedirnos permiso. Yo me encerré en el despacho de Izquierda Unida y me dispuse a llamar a todos los medios de comunicación y el máximo número de compañeros posible, a fin de ejercer presión para evitar el desalojo. Veinte minutos fueron suficientes para llenar el campamento de gente, de cámaras, de caras preocupadas ante la inminencia del desalojo. Rodeados de Policía y medios de comunicación, se desarrolló una Asamblea de urgencia en la que se tomó la decisión de responder mediante resistencia pasiva a cualquier tipo de represión. En todo momento, la serenidad y el sentido común presidieron las intervenciones de mis compañeros, dando a todo aquel que observaba, una lección de democracia. No fue necesario poner en práctica tal dictamen, ya que en medio de la confusión, las furgonetas de la Policía Nacional se fueron yendo, tal como llegaron, ante nuestros desconfiados ojos. Una falsa tranquilidad se apoderó del campamento, una vez realizadas las declaraciones de rigor a los medios por ambas partes.

Durante toda la tarde se vivió con cierta intranquilidad la puesta en marcha de los talleres y charlas que teníamos planeados. Nadie se ha movido del campamento, ante la posibilidad de que la Policía volviera, una vez desecho el espectáculo mediático.

DÍA 3; 21 de diciembre

Tengo turno en una de las mesas informativas hasta las tres de la tarde. Es en estas mesas donde los viandantes protagonizan los debates que dan vida a esta acampada, y resulta enormemente enriquecedor escuchar los argumentos que cada uno esgrime para defender una u otra postura, no ya sólo ante la Ley Orgánica de Universidades, sino también sobre las posibles repercusiones de una mayoría absoluta en el Gobierno o sobre la supuesta predisposición de la juventud a protestar deliberadamente por todo lo protestable.

Además de por todo esto, la ubicación de esta mesa informativa me permite observar desde un lugar privilegiado las actividades con las que mis compañeros y compañeras de lucha están dando vida a esta acera. Ismael y Curro dan clases particulares de Matemáticas en la Sala de Estudio a Ángel, uno de nuestros primeros pupilos. Álvaro, enfrascado en una de las partidas que se están desarrollando en el taller permanente de ajedrez, fija su mirada en el tablero, tan grande como es, en una silla tan pequeña. Salva, Mari Carmen y Juanjo hacen la comida ayudados por casi una decena de improvisados pinches. Hoy comemos patatas guisadas con chocos.

Esta noche apenas si he podido conciliar el sueño, y no precisamente por la incomodidad del suelo, al que he mi espalda ha llegado a acostumbrarse,  sino por la dificultad de crear un discurso que convenciera a mi madre de la imperiosa necesidad que siento de quedarme aquí a pasar la Nochebuena, la primera sin mi padre cerca. En este momento en el que cualquier obstáculo sirve como revulsivo para seguir en pie, ahora que cualquier mensaje de ánimo hace olvidar las críticas más malintencionadas, ahora que están tomando forma las charlas divulgativas y los talleres gozan de una inesperada participación,  no puedo irme y se lo tengo que hacer comprender a mi madre.

DÍA 4 22 de diciembre

Anoche tuve turno de vigilancia de seis a nueve de la mañana y nos habíamos acostado a las tres de la madrugada leyendo la Ley y estructurando la puesta en marcha del objetivo que nos mueve a estar aquí: que el claustro de la Universidad de Sevilla se posicione con respecto a la desobediencia civil a la LOU, como ya han hecho otras Universidades españolas, que los actuales Claustros no se disuelvan, en definitiva, que el rechazo generalizado a la Ley se materialice en la no acatación de la misma.

El desayuno de hoy ha tenido como música de fondo el repetitivo soniquete del cántico de los eternos niños de San Ildefonso y el goteo constante de gente interesada en nuestras actividades durante toda la mañana, ha culminado por la tarde en una explosión de compenetración con el resto de viandantes, que se han ido acercando al recital poético que dio comienzo a las ocho de la tarde. Sentada alrededor de un hilo de velas, compartiendo las palabras que alguna vez me enseñaron algo, con aquellos que comparten ahora mi vida, comprendí que estaba rodeada de caras que no puedo dejar de retener por siempre en mi retina, nombres que no quiero olvidar, voces que golpearán por siempre mi subconsciente.

La cena y la Asamblea de hoy han estado impregnadas por el dulce sabor que proporciona el trabajo bien hecho, tanto por el más que satisfactorio desarrollo de las actividades programadas, como por la puesta en pie de una carpa para protegernos de la inminente lluvia, hecha con nuestras propias manos.

DÍA 5; 23 de diciembre

La lluvia lo ha barrido todo, incluso la más permanente de las sonrisas. El día de hoy ha sido, sin duda el más duro de todos cuantos llevamos aquí. Tiendas inundadas, mantas y sacos empapados y un frío monstruoso reflejado en nuestras caras pero no así en nuestras manos, que no han parado de trabajar en todo el día, junto con la de algunos padres y madres que estaban hoy invitados a pasar el día con nosotros para que la morriña familiar no empezara a hacer mella en nuestro ánimo. Los padres y las hermanas de Lito, venidos desde Cádiz, y los compañeros de Izquierda Unida, a los que no agradeceremos nunca lo suficiente su apoyo, no sólo logístico, sino también humano, han trabajado codo con codo con todos nosotros en la reconstrucción del campamento desalojando tiendas completamente inundadas, separando la ropa seca de la mojada y recogiendo los cartones que antes servían como carteles informativos, convertidos ahora en una desagradable pasta marrón. Sus palabras y gestos de ánimo, así como una abrazo a tiempo de alguno de mis compañeros me han permitido mantener la cabeza fría y el ánimo alto y evitar esta sensación de desazón que produce el tirar a la alcantarilla tantas horas de trabajo bien hecho.

DÍA 6; 24 de diciembre

-¡BUENOS DÍAS SEVILLA!-. La de Jaime vuelve a ser voz que me da los buenos días, retumbando en las paredes de mi tienda. Seguimos aquí y hoy es Nochebuena, aunque nadie lo diría. Estamos tan enfrascados en nuestra labor diaria que no hemos tenido tiempo para reparar siquiera en que hoy puede ser una de las noches más duras, la más cruel para la salubridad de nuestro ánimo.

Flores de papel celofán rojas y verdes, velas del mismo color decorando los pasillos de las tiendas, hojas secas pintadas de color dorado e improvisados candelabros sustentados sobre nueces color oro constituyeron los adornos con los que impregnamos de espíritu navideño «nuestra gran casa».

Enfrascados en estas labores nos sorprendió la noche, lo que vino acompañado de cierto desasosiego ante la llegada de la hora de la cena, temprana, dada la necesidad de intentar implicar al resto de la ciudadanía en esta acción que tanto esfuerzo nos suponía a todos.

A las 21.00 comenzó el improvisado ágape. Una larga mesa nos mantuvo a todos reunidos alrededor de ella, repleta de llamativos platos de plástico, cuyo contenido, en su mayoría, había venido a lo largo de la tarde de la mano de familiares de alguno de nosotros o de personas desconocidas que se habían acordado de nuestra situación y nuestra causa aun en una noche tan señalada. Entre brindis y brindis, la melodía de algún móvil traía la nostalgia a nuestro improvisado salón. Pero nada de llantos. No estaban permitidos y además no cabían en nuestras caras llenas de plenitud por lo que habíamos conseguido hacer: que la acampada se mantuviera repleta de gente, casi sin bajas en una noche tradicionalmente inapropiada para anteponer tus intereses a los de los otros. En uno de los pocos momentos que tuve ocasión de reflexionar sobre lo que estaba pasando, descubrí que estaba rodeada de gente extraordinaria, de personas con las que he aprendido más sobre civismo y respeto en dos semanas de convivencia que en tres años rodeada de catedráticos.

Besos y caricias y gestos de ánimo y comprensión por alguna que otra mirada empañada coparon una noche que acabó antes de lo normal, por lo menos para mí, en noches como esta. El día nos sorprendió a unos cuantos debajo de la carpa que protege la cocina riéndonos a carcajadas por las sarcásticas frases de Ricardo.

DÍA 7; 25 de diciembre

Hoy el día se planteó como jornada de descanso, un receso que creímos necesario si no queríamos acampar la próxima semana en el hospital. Para ello, además de los habituales turnos de vigilancia hasta las nueve de la mañana, se estableció uno extraordinario hasta las doce a fin de hacer efectivo ese necesario reposo. La mañana transcurrió en la más completa calma, acorde con lo que se vivía fuera de la acampada. Calles inundadas por un sol mil veces deseado, gente, familias paseando en un intento desesperado por darse un baño de calor después del inusual frío. Cuando desperté, ya estaba todo recogido, todo limpio, todo en su sitio, incluso alguna que otra sonrisa marchitada anoche por la nostalgia. Tras la comida «familiar» de rigor, el día transcurrió con la misma tranquilidad con la que dio comienzo.

DÍA 8; 26 de diciembre

Álvaro me ha despertado con una grata noticia: el Defensor del Pueblo Andaluz nos visita esta tarde para mostrar su apoyo a nuestra acción, hecho que nos puede repercutir muy favorablemente de cara a la opinión pública. Me alegra que hayamos conseguido el apoyo de este líder mediático, pero me entristece que, además de ser el único que lo haga, un simple paseo de este señor por las calles de nuestro campamento tenga más repercusión que ocho días de trabajo infatigable.

DÍA 9 27 de diciembre

Hoy no ha ocurrido nada especial, o mejor dicho, nada fuera de la normalidad, porque el hecho de estar viviendo con 65 personas en la calle las 24 horas del día ya resulta de por sí extraordinario para cualquier persona. La tranquilidad se ha apoderado del día de hoy y no porque la desidia se haya instalado en «nuestra casa», sino porque la rutina que acarrean nueve días de trabajo sin descanso, permiten que la jornada se desarrolle con fluidez. Todos conocen ya su función aquí. El día da comienzo a las nueve. Mañana de charlas y clases particulares. Almuerzo. Tardes de talleres, recitales poéticos, mesas redondas o proyecciones. Cena. Asamblea diaria para evaluar el día y preparar el siguiente. Esa es mi vida aquí, y hoy, afortunadamente, no ha sido diferente.

DÍA 10; 28 de diciembre

Hoy le hemos dado la vuelta a nuestro discurso, a fin de ser acordes con el sarcasmo que impera en el día de hoy, el día de los santos inocentes. Hoy estamos «a favor de la LOU». Una concentración con carteles alusivos a «lo beneficiosa que resulta la Ley para la creación de Universidades de elite y el consecuente detrimento de la Universidad pública», ha bastado para captar la atención de todos los viandantes, que al principio contrariados y posteriormente sorprendidos, han recibido con humor esta original protesta.

DÍA 11; 29 de diciembre

Esta tarde, intentando concentrarme en los apuntes de Derecho de la Información, me he dado cuenta de lo que está suponiendo en mi vida dejarlo todo atrás y centrar mis esfuerzos en esta lucha que es la que me mantiene ahora en pie. Llevo dos meses volcada en la lucha por conseguir el modelo de educación pública que yo y millones de personas defendemos, basándonos en un modelo de formación de personas y no de simples autómatas que vengan a engrosar los números de esta macroeconomía que pretende manejar los hilos de nuestras vidas. Estoy dispuesta a ceder ciertas cosas, es cierto, pero no estoy dispuesta a vender mi educación, y la de los que vengan tras de mí, a la ley de la oferta y la demanda. Eso no. Por eso estoy aquí, durmiendo en el suelo, y seguiré, y estoy convencida que los que me rodean, también, el tiempo que haga falta.