Barcelona, 16-M: Cientos de miles de personas contra la Europa del Capital

Barcelona, 16-M: Cientos de miles de personas contra la Europa del Capital

¡Por una alternativa socialista e internacional a la globalización!

Domingo Echevarría
IU-Pamplona

La cumbre de Jefes de Estado de los actuales países miembros de la Unión Europea y los candidatos a serlo, bajo la presidencia de ese pequeño y circunstancial Aznar que tan grande e histórico se cree en todos los terrenos (política exterior, presuntos milagros económicos internos, adalid del nacionalismo español más rancio abocado a la victoria sobre el pérfido nacionalismo vasco,...), ha confirmado cómo la orientación de los dirigentes políticos al mando tiene como norte nuevos recortes de derechos y conquistas sociales que requirieron décadas de lucha y esfuerzos de las generaciones trabajadoras que nos precedieron.

Eso sí, con matices que por sutiles parecen, porque lo son, inapreciables entre los convictos y confesos derechistas como Aznar o Berlusconi (santos de la devoción, a su vez, de un laborista británico Blair entusiasta vocero de ese gran «campeón de la libertad» que es el presidente norteamericano George Bush jr.) y quienes, como Jospin (Francia) o Schroeder (Alemania) cuidan algo más las formas. Sus discrepancias gravitan sobre los ritmos, no sobre el fondo. Conviene recordar que los actuales gobiernos socialdemócratas europeos (incluido el de Blair) obtuvieron sus mayorías porque los trabajadores de sus países creyeron que adoptarían políticas de izquierda y socialistas en defensa de sus intereses y derechos. Expectativas que los hechos, una vez más, están desbaratando, y que están dando pié a algunas disidencias, por el momento pequeñas y diletantes, en los partidos socialdemócratas y algunas tensiones con los sindicatos.

Para el diario británico Financial Times (Editorial, 17.03.2002), «aparte del modesto acuerdo sobre energía (liberalización de la contratación de energía para los consumidores no domésticos a partir de 2004), poco más hay que celebrar, Se fijaron nuevos plazos. Se reafirmaron los objetivos. Ha surgido un mayor sentido de urgencia». Algo sí que satisface al diario ultracapitalista: « El resultado más estimulante es que la Unión Europea está apuntando todavía en la dirección correcta. Aun con todas las peticiones de los sindicatos, no hay ningún signo de un regreso a la agenda europea de la regulación social o la armonización fiscal». Es decir, de Europa Social, nada de nada, ni siquiera en forma de vagas promesas.

Una ciudad «sutilmente» sitiada

La goebbeliana campaña de intoxicación de los medios de comunicación controlados por el Gobierno del Partido Popular, los públicos y los privados, con sus augurios de todo tipo de violencia callejera en las manifestaciones de protesta convocadas durante la semana, sirvió como excusa para establecer poco menos que un estado policial en las zonas de la capital condal donde iban a celebrarse las reuniones y en sus aledaños. Para evitar el Apocalipsis que traerían no los caballos bíblicos sino los manifestantes antiglobalización, «docenas de autobuses fueron detenidos en la frontera francesa. España suspendió el Tratado de Schengen, que garantiza el libre movimiento de los ciudadanos de la Unión Europea, durante la duración de la cumbre de la UE»  (Financial Times, 18.03.2002). Los registros se extendieron en la Autopista a muchos otros autobuses provenientes sobre todo de la Comunidad Autónoma Vasca y Navarra.

Si ya la masiva marcha organizada por la Confederación Europea de Sindicatos el jueves 14 de marzo desbordó todas las previsiones de asistencia, lo del sábado fue para verlo. Tanta policía, tantas vallas y alambradas, tantas sirenas durante tantos días no evitaron que el centro de Barcelona se inundara con una marea humana, que aún hubiera sido mayor sin el miedo que metían en el cuerpo con sus soflamas de que sumarse a la protesta era poco menos que comulgar con el terrorismo de ETA y arriesgar la integridad física ante la previsible actuación de centurias violentas perfectamente organizadas en un totum revolutum por la extrema izquierda, abertzales vascos y sectores del independentismo catalán. Casi nada.

Los ecos de la manifestación contra la Europa del Capital y contra la «Globalización» no se habían apagado bajo la torre de Colón. Muchos manifestantes ni siquiera habían tenido ocasión de iniciar la marcha de tan abarrotadas que estaban las calles que había que recorrer desde la Plaza de Catalunya hasta el Muelle de la Fusta. Entonces, con la disculpa de las actuaciones de pequeños grupos violentos, «ellos» hicieron su aparición como si no quisieran renunciar al protagonismo protector del «orden público» en una jornada sin incidentes.

Brutal intervención policial

Más que celos suyos, aunque la saña con la que se emplearon algunos números parecía que les iba algo personal en el asunto o que llevaban mucho tiempo sin poder dar rienda suelta a sus peores instintos y conocimientos profesionales, parece que lo eran de sus jefes políticos. Como días antes habían representado los «muñecos del guiñol», Aznar tenía que demostrar que los manifestantes eran violentos y que los casi 10.000 policías desplegados en la ciudad durante casi una semana eran eficaces. Si en algún caso había que llegar a la provocación, ¿por qué no?

El País publicó alguna foto en que se veía practicando detenciones a policías de paisano cuya vestimenta y apariencia se ajustaba al estereotipo de los anti-sistema. Esperemos que pronto salgan a la luz otras en que se les veía actuar como agentes provocadores, tirando petardos, piedras o incitando a participantes en la manifestación a enfrentarse violentamente con la policía, para acto seguido detenerles, les hicieran o no caso, y sacudirles bien sacudidos.

Azules. Como el color del PP, azules eran sus uniformes como lo eran las luces de las furgonetas policiales con sus estruendosas sirenas. Blancas creo que eran las motos biplaza ideales para la persecución de manifestantes «violentos», reales o en la imaginación interesada. El equipo antidisturbios (cascos ergonómicos y escudos con una franja transparente, aunque siempre presente la porra, ¿sería de diseño?) era lo último.

Para lucir su equipamiento y para «lucirse», cientos de policías pusieron fin a una multitudinaria y pacífica protesta con un espectáculo de luz, sonido y tacto (pelotas de goma y porrazos). Entre los mandos políticos de las operaciones «preventivas» y represivas, un apellido ilustre y con raigambre: la actual delegada del Gobierno Sra. García Valdecasas, que en los últimos años ha demostrado en varias ocasiones su talante antidemocrático, es hija de un tristemente famoso rector que tuvo en los años 60 la Universidad de Barcelona, martillo literal de los movimientos de protesta contra el franquismo. Un padre que sin duda estaría orgulloso de su hija.

Tirios y troyanos padecimos la brutal actuación policial. Algunos compañeros, arrodillados y abriendo sus mochilas, fueron apaleados sin razón alguna. A otro, en el suelo, le destrozaron el reloj. Uno fue detenido, sin que supiéramos por qué y parece ser que iba a disfrutar de un par de días de cama y comida en Comisaría, sin perjuicio de que luego el Juez le acuse o no de algún delito. Imágenes que a algunos nos evocan tiempos pasados y que para otros han sido, por lo inesperado, un brutal shock.

Que pequeños grupos provoquen altercados con la policía no van a frenar la «globalización». Por el contrario, sirven para justificar la represión indiscriminada y para la guerra sucia mediática que tilda de violentos por naturaleza a quienes participamos en las protestas contra el sistema. La gran mayoría de los detenidos este fin de semana es muy posible que sólo fueran detenidos por encontrarse en el lugar equivocado en el momento equivocado, pero subliminalmente se les asocia con los pequeños grupos que conscientemente decidieron enfrentarse a la policía. La rotura de unas cuantas lunas no quiebra el poder de las entidades bancarias, como tampoco la posición de los dirigentes sindicales se alterará porque se ataque sus sedes, como pasó con la de Comisiones Obreras. Las energías antisistema han de volcarse en el debate y la organización, en extender el movimiento y proponer alternativas al sistema capitalista que padecemos. En ese sentido, los frutos de la manifestación del 16 de marzo en Barcelona aún están por recoger.

Por una alternativa socialista e internacional

No es éste artículo el lugar ni tiene la extensión suficiente para entrar a fondo en el debate sobre lo que se ha dado en denominar la «globalización», fenómeno que por otra parte no es nuevo.

Por un lado, se trata de una manifestación de cómo el desarrollo de las fuerzas productivas se rebela contra la existencia de las fronteras nacionales, avanzándose hacia la integración de las economías en el mercado mundial. Por otro, demuestra dolorosamente cómo mientras la propiedad de los principales resortes de la economía sigan en manos privadas (concentradas cada vez en menos manos fruto de la concentración del capital que magníficamente representan las multinacionales), zonas enteras del mundo están condenadas a la explotación y marginación. Bajo el capitalismo, y sin abolirlo este proceso económico pervivirá, hay un intercambio desigual de productos con más valor añadido agregado (producidos en los países desarrollados) por materias primas o productos sin elaborar a que son condenados en la división internacional del trabajo los países del despectivamente llamado Tercer Mundo). En los propios países desarrollados, las diferencias entre ricos y pobres no dejan de crecer, y nada indica que tal fenómeno vaya a contenerse.

Basta hojear la prensa para ver la variedad de puntos de vista que se sostienen en el movimiento antiglobalizador. Algunos, les preocupan sólo lo que creen que son sus efectos «perversos». Hablan de dar un carácter social, humano, a la «globalización». Otros (ATTAC), proponen que se introduzcan impuestos como la Tasa Tobin sobre los movimientos financieros especulativos para crear un fondo destinado al desarrollo de los países subdesarrollados. Miles de jóvenes y trabajadores rechazan la «globalización», pero dudan sobre cuál puede ser la alternativa a la misma. En los últimos tiempos, por razones de imagen, algunos representantes gubernamentales europeos han llegado a aparecer en Foros como el reciente de Porto Alegre (Brasil).

En otras palabras, está surgiendo un debate apasionante en el que quienes reivindicamos el socialismo marxista hemos de participar aportando nuestra postura anticapitalista, nuestra denuncia de que el sistema de producción y de distribución, en este caso el capitalismo, van íntimamente unidos hasta el punto de que sin alterar las relaciones de producción en que se basan (propiedad privada de los principales medios de producción) los actuales desequilibrios se perpetuarán y crecerán.

Para los marxistas, la lucha contra la «globalización», para no terminar en un callejón sin salida, es una lucha contra el capitalismo que, por su propia naturaleza, ha de tener un carácter internacional. Hoy, en el mundo, hay suficientes recursos económicos y técnicos para que, planificándose democráticamente en aras a la satisfacción de las necesidades sociales y no del beneficio de unos pocos, el hambre, la miseria y multitud de enfermedades a ellas asociadas pasaran a ser un mal recuerdo. Para ello, hay que quebrar el poder de las multinacionales y el gran capital industrial, económico y financiero. Conseguir que estas ideas y propuestas calen y se extiendan tanto en las organizaciones tradicionales de los trabajadores (partidos y sindicatos) como en el movimiento antiglobalización, es el siguiente paso en esa dirección.