Diputado socialista critica al gobierno de Lagos

Diputado socialista critica al gobierno de Lagos

Publicamos unos breves extractos de una larga carta escrita por Sergio Agulo, portavoz del grupo parlamentario socialista chileno, que ha dimitido de su cargo así como de la comisión política de su partido tras criticar duramente la política económica y social del Gobierno de la Concertación, encabezado por el socialista Lagos, y del que forma parte su partido. La carta y la dimisión ha sido el detonante de un fuerte enfrentamiento entre el Presidente del Gobierno, Ricardo Lagos, y la dirección del Partido Socialista Chileno. El PS pide un cambio de política económica mientras Lagos defiende la política de su ministro de Hacienda.

NO ESTAMOS CONSTRUYENDO UNA SOCIEDAD ESPERANZADORA PARA LOS POBRES Y PARA AMPLIOS SECTORES DE LA CLASE MEDIA DE NUESTRO PAÍS

Chile entre dos derechas

Por Sergio Agulo Mesa,
Diputado Socialista

En diciembre del año pasado, religiosas de Talca de una congregación que mantiene un hogar de menores en riesgo social, vivieron una experiencia traumática que, por desgracia, se ha repetido en otros lugares del país: al momento de ir a matricular a los niños a la escuela pública más cercana, se encontraron con el rotundo rechazo de la directora del establecimiento, bajo el argumento de que había que mantener el prestigio de la escuela, el cual se podría ver afectado con la incorporación de estos niños. En los siguientes establecimientos donde fueron a golpear puertas les ocurrió otro tanto. Sólo mucho más tarde, y después de reclamos y protestas, lograron ubicar matrícula para sus niños, en escuelas más apartadas y con menor desarrollo académico. El derecho a la educación de estos niños, precisamente de estos niños pobres, marginados y marginales, fue gravemente vulnerado. Esto ocurrió justamente en las escuelas públicas, en aquellas que creó el Estado para garantizar el derecho a la educación de todos los chilenos.

En la educación superior, el panorama es suficientemente conocido: miles de jóvenes, no obstante sus capacidades y talentos, quedan todos los años al margen de la posibilidad de continuar sus estudios exclusivamente por razones económicas.

En otro ámbito, en las últimas semanas, miles de familias de nuestro país, especialmente aquellas que viven en regiones donde se privatizó la empresa sanitaria local, constataron con estupor el exorbitante aumento de las tarifas del agua potable, las que en muchos casos duplicaron las cuentas del mes inmediatamente anterior. En el caso de los cesantes y de los jubilados con rentas bajas, esto se traducirá rápidamente en un incremento del número de hogares con el suministro de agua potable cortado.

Así también, nos encontramos con que, según antecedentes actualizados al mes de Junio del 2001, la lista de espera por atenciones de médicos especialistas en los hospitales del país, superaba la cifra de 150.000 personas. Se trata de una espera mayor de seis meses y de una cifra que subdimensiona el fenómeno, ya que no todos los servicios de salud regionales han actualizado sus antecedentes.

LOS NUEVOS TEMORES

Sabemos que muchos compatriotas se encuentran hoy experimentando una sensación de temor, de inseguridad, de riesgo, de desesperanza (…) Inseguridad por no tener un trabajo estable o por la posibilidad de perderlo en el futuro; riesgo de enfermarse y de no ser atendido; temor a no dejarle a sus hijos ni siquiera la herencia de una buena educación.

Que contradictoria pareciera ser esta visión con la que tienen de Chile los organismos financieros internacionales, la mayor parte de la prensa mundial y la opinión pública exterior. Chile cuenta con el sólido prestigio de tener una economía sana y de llevar adelante una transición exitosa. Pero basta escarbar apenas un poco para encontrar información sólida, con las comparaciones pertinentes, elaborada por instituciones tan solventes y de reconocida reputación como Naciones Unidas,  para caer en la cuenta que nuestro país se encuentra, por ejemplo, entre las diez naciones con la más desigual distribución del ingreso del planeta; que nuestro país se encuentra entre los más inequitativos e injustos del mundo.

No es exagerado decir que un país, en donde el 10% más rico de su población acapara más del 42% de todo lo que se produce, donde el 20% más pobre de su población apenas se queda con el 3,7% del Ingreso, y donde el Estado ha sido incapaz de construir una  red de protección social, cuenta con un potencial de conflictividad  que puede llegar a amenazar la estabilidad y la paz social.

Definitivamente, no estamos construyendo una sociedad esperanzadora para los pobres y para amplios sectores de la clase media de nuestro país.

Como ha dicho P. Bourdieu, una de las razones de la desesperación de todas esas personas procede, en realidad,  de que el Estado se ha retirado, o está a punto de hacerlo, de cierto número de sectores de la vida social que le correspondían y de los que se responsabilizaba: la vivienda social, la escuela pública, la salud pública, entre los más relevantes.

La Dictadura retiró al Estado de su responsabilidad con la seguridad social de los adultos mayores, privatizando el sistema previsional; nosotros, es decir la Concertación, retiramos al Estado de su tarea de proveer a un costo razonable los servicios de agua potable y alcantarillado, privatizando buena parte de las empresas sanitarias del país; la Dictadura retiró al Estado de su función de asegurar que todos los jóvenes capaces llegaran a la educación superior; nosotros estamos retirando al Estado, al menos en parte, de su responsabilidad con la vivienda social , al traspasar a la banca privada el financiamiento que hasta ahora le correspondía al SERVIU; la Dictadura  inició el retiro del Estado de la salud pública disminuyéndole drásticamente los recursos y creando las Isapres como seguros privados; nosotros, a pesar de haber destinado mayores recursos a hospitales y consultorios, corremos el riesgo de terminar consolidando un sistema sanitario con predominio de actores privados, poniendo en serio peligro el ejercicio del derecho a la salud del conjunto de los chilenos (si prosperan las iniciativas que hasta ahora han inspirado a integrantes del equipo de la Reforma).

En lo que a los chilenos les preocupa ahora —no sería razonable que juzgáramos esas preocupaciones quienes precisamente tenemos un trabajo estable y un sueldo más que suficiente—, las agendas de la Concertación y de la Alianza por Chile son, en lo fundamental, idénticas. Son de derecha, sin más. Y ese es el principal problema político de nuestro país en estos tiempos: tener que optar entre dos derechas.

Derecha democrática o derecha autoritaria, esa pareciera ser la cuestión. Pobre cuestión para un país orgulloso de su tradición democrática y de su imagen progresista.

En cuatro años más, cuando estas alternativas estén planteadas directamente en el terreno electoral, es muy probable que los chilenos tiendan a optar, como lo advirtiera con preocupación Carlos Huneus en una reciente entrevista,  por el original y no por la copia.

¿UN DESTINO INEVITABLE?

Como rendidos frente a la sentencia, más famosa en francés, de «así es la vida», pareciéramos pensar, aunque no siempre dispuestos a confesar, «que frente a una economía y a una sociedad globalizada bajo los parámetros del neoliberalismo, nada significativo se puede hacer». Así, cada vez es más evidente que ante la ausencia de un proyecto colectivo o ante la ausencia de esfuerzos visibles por construirlo, nuestros empeños se encaminan en la búsqueda de logros personales, que en la política suelen ser el poder, la figuración mediática, el prestigio propio y, aunque por fortuna de manera muy excepcional todavía, el dinero.

Podemos decir, sin una gota de sarcasmo, que se ha administrado con gran sensibilidad social el modelo neoliberal que heredamos.

El punto es, sin embargo, que la sociedad que se dibuja en el horizonte, proyectada para los próximos años a partir de la administración de lo que hoy tenemos, es rechazada por la mayoría de los chilenos y no convoca los entusiasmos, los sueños ni las energías de los militantes de la Concertación.

Ya hemos hecho bastante, en verdad todo lo que podíamos hacer, administrando un modelo neoliberal. Es hora de cambiar.

No es un cambio a la revolución. Ni a nada dramático, en verdad. Es un cambio a lo que Ricardo Lagos comprometió en ese histórico discurso en Curanilahue, al comienzo de su campaña, cuando sentenció recordando a Violeta Parra que "Chile limita al centro de la injusticia", y trazó la que sería su principal tarea (que luego se transformó en la consigna de la campaña): Crecer con Igualdad.

Hoy, para organizar sus prioridades en los próximos cuatro años, el Gobierno nos presenta su agenda bajo el título de «Crecimiento con Protección Social». Suponemos, de buena fe, que ambas consignas apelan a lo mismo: a que en una sociedad como la nuestra, el Estado tiene un rol insustituible en la promoción del empleo; en el subsidio a la cesantía cuando inevitablemente se produce; en la salud pública; en la educación pública; en la seguridad social previsional; en la promoción de la cultura y en garantizar el acceso equitativo a los bienes culturales a todos los chilenos; en garantizar el ejercicio de sus derechos a todos los habitantes del país, especialmente a sus minorías discriminadas; en promover y hacer respetar los derechos de los trabajadores; en la redistribución del ingreso, etc.

Así, no es el cambio de consigna lo que debe preocuparnos, sino la absoluta falta de voluntad para llevar a la práctica las tareas y esfuerzos que inevitablemente se desprenden de su enunciación.

Para participar de un proyecto colectivo que se proponga hacer de Chile un país más igualitario y más justo, sobre todo más protector de los débiles, que reduzca y ojalá elimine el temor y la incertidumbre que hoy agobia a miles de compatriotas, hay mucha gente todavía en Chile. Ese es nuestro gran capital. Está, por cierto, toda la Concertación y creo que también la llamada izquierda extraparlamentaria. Sobretodo, están muchos jóvenes que sueñan con participar de un proyecto colectivo, que se comprometa con la dignificar nuestra sociedad y con un real respeto a los derechos de cada uno de nuestros compatriotas.