Cine

Cine

En tierra de nadie (Bosnia, 2001)

RETRATO INTELIGENTE DE UNA GUERRA

Domingo Echevarría

Esta película sobre la guerra que desangró esa República ex–yugoslava durante casi un lustro en los años 90 supera, lo que ya de por sí es muy meritorio, la tentación de convertir ese período en una simple lucha entre «buenos» y «malos», papel este último siempre reservado a los serbios según los gobernantes y los medios de comunicación occidentales. La trama es sencilla. Una unidad guerrillera, aparentemente bosnio-musulmana, se pierde en la noche en medio de una espesa niebla. Al amanecer, descubren con pavor que están al alcance del fuego de un puesto militar serbio. Las banderas de unos y otros sólo aparecen fugazmente en un par de escenas, por lo que hubiera tenido igual credibilidad de haberse situado con otros contendientes.

Percatados de su presencia, las fuerzas serbias efectivamente les disparan y mueren la mayoría de los guerrilleros. Uno de ellos, herido, termina en una trinchera central en la tierra de nadie que da título al film. Finalizada la escaramuza, la unidad serbia envía una avanzadilla para revisar el terreno. A falta de voluntarios, el jefe nomina a un veterano y a un novato de aire despistado.

El veterano refleja un tipo de personajes que sin duda proliferó en todos los bandos contendientes. Puede que ya antes de la guerra fuera un canalla asesino, pero puede también que fuera, y los hubo en todos los bandos, una de esas personas aparentemente pacíficas, cultas y bien educadas que, en las condiciones extremas de la guerra, se transformaron en crueles carniceros, ultranacionalistas sectarios y reaccionarios.

Este individuo, en la trinchera central y debajo de lo que aparenta ser el cadáver de un guerrillero, coloca una mina-trampa. Ojo al dato: la mina es de fabricación norteamericana y, como luego se verá, una vez montada no se puede desactivar. En un tiroteo, el guerrillero superviviente mata al veterano e hiere al novato. Si se mueve el cuerpo que oculta la mina, todo saltará en pedazos en 50 metros a la redonda. Es la crónica de una muerte anunciada.

Al poco, descubren con sorpresa que el herido vive, pero que no lo pueden mover. Para salvarle la vida, ¿qué mejor sino que acudir a las fuerzas de las Naciones Unidas (UNPROFOR) para que envíen un especialista en explosivos? «Por azar», unos periodistas extranjeros interceptan las ondas de UNPROFOR y tienen la ocasión de hacer el reportaje de su vida. Mientras los mandos militares de las «fuerzas internacionales de paz» tratan ora de apartarlos de la zona ora de aparecer ante la televisión como los benefactores indebidamente maltratados por los contendientes, se libra una sorda lucha por la exclusiva entre los «periodistas independientes».

El desarrollo de la historia, la evolución de los personajes y sus relaciones, están bastante conseguidos. Nos ilustra sobre cómo los terribles acontecimientos produjeron, como tantas otras veces, como ayer, hoy o mañana, cambios insospechados en las personas, sacando a la luz los odios y rencillas atávicos que estaban cubiertos por una fina capa de civilización. Algo por cierto escasamente novedoso en los Balcanes. No destriparemos el final, pero algunos momentos cómicos dejan paso, repentina y brutalmente, a la guerra pura y dura.

Las fuerzas internacionales «de paz» reciben lo suyo: sólo la proximidad de los medios de comunicación les mueve a simular que hacen algo por desactivar la mina-trampa y salvar la vida del guerrillero, aunque en realidad nada hacen. Sobre el auténtico papel de las potencias occidentales y su ONU, sobre su responsabilidad en la fragmentación de la antigua Yugoslavia y sus consecuencias bélicas en los Balcanes (particularmente de Alemania, con su apoyo a la independencia de Eslovenia y Croacia en 1991), se queda corta pero muy larga para los tiempos del pensamiento único que padecemos.

Los medios de comunicación tampoco salen de rositas, con su preocupación centrada no en el devenir sangriento de la guerra sino en la obtención de primicias informativas a mayor gloria de quienes las consiguen, aunque para ello la verdad vuelva a ser la primera víctima de la guerra.

Por ello, lo que se dice y lo que se insinúa, lo que vemos y lo que imaginamos que hay detrás de los comportamientos de los protagonistas, pueden ayudarnos a entender algo más el horror que ha supuesto para los pueblos eslavos del sur (yugoslavos) la desmembración de la antigua Yugoslavia, alentada desde Occidente e impulsada por los nacionalismos reaccionarios más extremos, liderados muchas veces tras el hundimiento del socialismo deformado por antiguos dirigentes estalinistas como Milosevic o Tudjman (Croacia). El resultado de la crisis en los Balcanes es el regreso a una división geográfica, con sus secuelas étnicas, como la que existía a principios del siglo pasado, lo que no es precisamente un presagio de paz y estabilidad duraderas en la zona.