Euskadi

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La política del «Cuanto peor, mejor»
Las consecuencias de una posible ilegalización de Batasuna

Javier Jimeno
CE de IU/EB de Navarra

ETA ha teorizado desde su nacimiento sobre la estrategia de la acción-reacción como forma de lograr sus objetivos. Esto es, si sus acciones provocaban una reacción desproporcionada del Estado no solo contra ellos sino contra el conjunto de la población, ésta se volvería contra el Estado apoyando nuevas acciones armadas de respuesta. Esta táctica que encontró un terreno abonado en la Dictadura de Franco y primeros años de la Transición Democrática, en los cuales la represión del Estado tenía una carácter generalizado, se ha transformado en su contrario en los últimos años.

Los atentados de ETA lejos de favorecer las reivindicaciones nacionalistas del pueblo vasco, han provocado todo lo contrario, el avance espectacular del PP. Y han creado las condiciones favorables para la ilegalización del conjunto de las organizaciones que forman el llamado MLNV, incluida Batasuna

Pero la táctica política del «cuanto peor, mejor» no solo es patrimonio de ETA, el PP la viene practicando desde hace años.

Desde las páginas de esta revista llevamos muchísimo tiempo denunciando la utilización política que del terrorismo hace el PP. Lo usó de forma descarada para lograr arrebatar el Gobierno al PSOE, y lo siguió utilizando para intentar lograr el control del Gobierno Vasco.

Indudablemente esta utilización ha sido posible porque sus militantes han sido y son víctimas de atentados terribles por parte de ETA que han asqueado a la inmensa mayoría de la sociedad vasca. El ejemplo más claro fue Miguel Ángel Blanco.

Durante años el PP ha intentado utilizar la lógica solidaridad social hacia las víctimas de ETA para imponer sus posiciones políticas tanto en lo que respecta a la lucha antiterrorista, como a su concepción nacionalista de España.

Hasta tal extremo ha llegado su maquinaria de propaganda, que prácticamente todo aquel que no suscribía hasta la última coma de sus planteamientos políticos en estos temas era considerado un colaborador indirecto de ETA y por consiguiente responsable en parte de sus asesinatos.

Probablemente la etapa más dura esta política ha sido la que va desde la firma de la Declaración de Lizarra hasta la elecciones vascas de 2001.

Es en este periodo donde las discrepancias entre el PP y el PNV, que vienen de atrás, se convierten en un enfrentamiento total. El PNV pretende utilizar el final de ETA para lograr mayores cotas de autogobierno y blindar su dominio de las instituciones vascas. A lo cual el PP responde reventando cualquier posibilidad de cese pactado de la actividad armada para proseguir su avance político en la CAV aupado por los atentados de ETA.

Lamentablemente la izquierda fue incapaz de jugar un papel independiente en este pulso entre los dos nacionalismos. La mayoría de la dirección de IU en la CAV cayó bajo la influencia del nacionalismo vasco, mientras la del PSE se colocó tras la estela del PP.

Solo el tiempo dirá el grado de fractura social que ha creado esta polarización en líneas nacionalistas en la sociedad vasca, pero no deja de ser aleccionador que haya sido el partido que se presenta como el gran defensor de la unidad de España, el que ha llevado más lejos el sentimiento antiespañol entre los nacionalistas vascos, no sólo de Batasuna, sino también del PNV y EA.

Sin embargo desde la últimas elecciones autonómicas vascas algo ha comenzado a cambiar. El fracaso de la coalición de facto PP-PSE en lograr sus objetivos de desalojar al PNV del Gobierno Vasco y el batacazo electoral de EH hacia la coalición PNV-EA han comenzado ha dejar sentir sus efectos.

Por un lado, la íntima relación PP-PSE se rompe de forma pública con la dimisión de su principal valedor Nicolás Redondo (hijo).

La elección de Patxi López como Secretario General del PSE-EE refleja que la mayoría del socialismo vasco se inclina por restablecer la colaboración con el PNV, iniciativa claramente correspondida por este partido que salió «abrasado» en su intento de formar un frente nacionalista estable con EA y EH.

No obstante el camino que tiene que recorrer aún el PSE va a ser muy largo y complicado pues su reciente congreso ha demostrado que la organización está profundamente dividida. La no integración en la nueva ejecutiva del sector encabezado por Totorica (alcalde de Ermua), firme partidario del frente «constitucionalista» con el PP, puede terminar llevando al partido a una escisión.

Hoy por hoy el PSE es un partido sin ideas ni proyectos, atrapado entre dos poderosas fuerzas que tiran de él en direcciones opuestas, de un lado el PNV y de otro el PP.

Pero el efecto inmediato de la derrota del sector de Totorica es colocar al PP en una situación terriblemente incómoda, pues deja al descubierto sus debilidades históricas en la CAV, reaccionando de forma agresiva en varias direcciones: por un lado, endureciendo su política represiva con la ilegalización de Batasuna para profundizar su enfrentamiento con el PNV, según el cual el PP es el único que lucha contra ETA mientras el PNV sigue colaborando clandestinamente con ella. Y, por otro, colocar al PSOE entre la espada y la pared utilizando el pacto Antiterrorista. O los dirigentes socialistas secundan la política represiva del PP o serán acusados de debilidad frente a ETA y complicidad con el nacionalismo vasco.

La retirada de la cabeza de la manifestación en solidaridad con el dirigente de Juventudes Socialistas atacado por ETA por considerar poco duro el lema de la manifestación («No hay más patria que la humanidad»), la ausencia del Ministerio del Interior en la reuniones de partidos para tratar la protección de los concejales amenazados, los llamamientos del PP a la base del PSE para representarles ellos, la actitud del Gobierno central y la diputación de Alava en la negociación del Concierto Económico Vasco, son algunos acontecimientos que están demostrando a muchos sectores de la población en la CAV que el PP está interesado en la radicalización política vasca, y pienso que lo pagará en la próximas elecciones municipales en la CAV.

Sin embargo en la medida que la percepción de esta realidad es completamente diferente entre la población del resto del Estado, el PP puede correr el riesgo de que la escasa rentabilidad electoral de esta política en la CAV, sea compensada por su posición de fuerza frente al PSOE en el resto del Estado.

Es en este contexto en el cual la ilegalización de Batasuna representa la apuesta del PP por radicalizar al máximo el conflicto vasco no para resolverlo, sino para beneficiarse a corto plazo de sus lamentables consecuencias, aunque a medio plazo la ilegalización del independentismo vasco solo contribuirá a escorar más a todo el nacionalismo vasco hacia el independentismo.

Desgraciadamente existe una línea de pensamiento que va más allá del PP pues cuenta con apoyo entre amplios sectores del PSOE e incluso de IU, así como UGT y CC.OO, que justifica la ilegalización de Batasuna con el argumento de que la democracia española ha intentado durante 25 años la integración de la izquierda abertzale y dado que ésta no ha querido está justificada su ilegalización.

Pero lo que no se explica es por qué ha sido durante esos 25 años de democracia, al principio de los cuales HB nació, EH alcanza su techo electoral y Batasuna va ha ser ilegalizada. ETA durante la Dictadura tuvo mucha simpatía popular pero fracasó en todos sus intentos de desarrollar un amplio frente político de masas. Este objetivo solo lo logró con el nacimiento de HB en 1978, curiosamente el mismo año que se aprobó la constitución. ¿No merecería la pena pensar un poco en todo esto?

Es evidente que el libro de la historia reciente de Euskal Herria lo abre cada uno por el capítulo que le interesa ignorando el resto. Para el PP la historia empieza con los asesinatos de Ordóñez y Miguel Angel Blanco. Para el PSOE los capítulos de la guerra sucia de los GAL no existen. Batasuna solo lee los capítulos de la época del Franquismo y primeros años de la transición.

En el otro extremo de la política vasca se encuentra Batasuna, metida en un profunda crisis interna de la cual la escisión de Aralar es solo la «punta del iceberg»

Las divisiones internas sobre la acciones de ETA tienen su origen en el tremendo rechazo social que provocan, y ante el cual no puede dejar de ser sensible una parte muy importante de la base social de Batasuna.

Batasuna se enfrenta a una disyuntiva complicada: o bien opta por seguir acríticamente a ETA, secundar su violencia sectaria radicalizando la kale borroka, ser ilegalizada y sufrir una dura represión con escasa respuesta social. O bien, exigir a ETA una nueva tregua, con el objetivo expreso de lograr un cese definitivo la violencia sectaria en todas sus formas, favoreciendo la derrota electoral del PP y la apertura de una solución dialogada bajo un gobierno de la izquierda en Madrid.

La masiva perdida de votos en las últimas elecciones hacia PNV-EA y la escisión de Aralar refleja que el binomio «independentismo-apoyo a ETA» se ha roto lo cual abre una «vía de agua» muy importante en el apoyo social a ETA, básico para su mantenimiento.

Si las próximas elecciones municipales vuelven a suponer una nueva caída del voto a las candidaturas de Batasuna las presiones sobre ETA para el cese definitivo de la actividad armada desde su propia base social de apoyo crecerán.

Pero si Batasuna no puede presentarse a estas elecciones por haber sido ilegalizada, el PP (y el PSOE si apoya esta medida) le resolverá el problema a ETA.

Ilegalizar Batasuna puede sonar muy bien a algunos antes de hacerlo, pero presenta algunos problemas para realizarlo. Si se le ilegaliza, pero sigue funcionando igual de facto, el ridículo que hace el gobierno del PP es mayúsculo. Si por el contrario se pretende llevar la medida hasta el final impidiendo todas las actividades del MLNV deteniendo a los que participen en ellas, las cárceles van a estar muy concurridas, y las asociaciones de familiares y amigos de presos también. ¿Cuántos presos puede llegar a soportar la sociedad vasca?, ¿qué puede ocurrir con el resto de los partidos nacionalistas si no muestran disposición a colaborar con esta política desde las instituciones vascas?

Los próximos meses hasta las elecciones municipales van a despejar muchas incógnitas decisivas para la futura evolución de la cuestión vasca.