El presente artículo fue escrito a mediados del mes de marzo

El presente artículo fue escrito a mediados del mes de marzo. Desde entonces, la fluidez de los acontecimientos en Oriente Próximo ha añadido novedades importantes, pero que no invalidan el interés de este texto que aborda algunos de los aspectos más significativos del conflicto. En el momento que redactamos estas líneas, las tropas del primer ministro israelí, Ariel Sharon,entraban en Tulkarem, Qualquilya y asediaban Belén. Poco antes habían hecho lo mismo con Ramala. La salvaje represión del gobierno de Sharon aumenta la lista de muertos palestinos y alimenta la oleada de atentados suicidas, que denotan la desesperación de una juventud que no ve más salida a la situación que la autoinmolación. Este conflicto no puede resultarnos indiferente a la izquierda internacional, que debe debatir en profundidad sobre su situación y posibles salidas, a la par que se solidariza con el pueblo palestino, denunciando la brutal persecución de que es objeto por la maquinaria de guerra de Israel.

Situación límite en Oriente Próximo

Antonio Abueitah
IU-Madrid

La espiral de violencia que sacude Oriente Próximo en los últimos meses, plantea una nueva situación en el conflicto palestino-israelí. El proceso de paz ha muerto y el enfrentamiento armado ha tomado el relevo ante la condescendencia de EEUU y la inoperancia e impotencia de la Unión Europea y la ONU. Resulta muy complicado prever qué dirección tomarán los acontecimientos, pero son muchos los factores que inclinan a decantarse por el lado más pesimista.

Para entender la situación actual del conflicto es fundamental empezar analizando los últimos días del proceso de paz. Tras casi una década de negociaciones, el proceso se encontraba estancado ante la negativa del Estado israelí a otorgar a los palestinos un auténtico Estado independiente. Los palestinos solicitaban la creación de un Estado sin separaciones y con capital en Jerusalén Oriental y la reinstalación justa de los refugiados, mientras el Estado israelí sólo estaba dispuesto a ofrecer un pseudo-Estado de áreas desconectadas y separadas entre sí por asentamientos de colonos, ejerciendo un control total de los recursos hídricos, sin aceptar ninguna responsabilidad sobre los refugiados y negándose a contemplar la división de Jerusalén.

Ante la falta de credibilidad del proceso y angustiados por una situación insostenible desde hace muchos años, los palestinos iniciaron el segundo levantamiento que dura hasta la actualidad. Por su parte, Ariel Sharon y el sionismo más reaccionario pusieron en marcha una estrategia de mano dura que les llevó a conseguir la victoria en las elecciones con el mayor apoyo de la historia de Israel. Su actuación ha estado basada en presentar a Yaser Arafat como un líder acabado, defensor del terrorismo, con el que no se puede negociar y someter a la población palestina a una situación de constante castigo con el afán de poner fin a su histórica lucha de liberación y que ofrezca las condiciones para imponer su voluntad de no permitir la creación de un Estado palestino viable, sino conseguir la paz a cambio de una relativa autonomía en las disgregadas poblaciones de los Territorios Ocupados.

Escudado en la autodefensa y en la erradicación del terrorismo, el gobierno israelí masacra sin contemplaciones al pueblo palestino. Bombardea ciudades enteras y campamentos de refugiados, destruye las infraestructuras económicas palestinas incluidos el puerto y el aeropuerto de Gaza (construidos con la ayuda de la UE), arrasa viviendas, quema los cultivos, aplasta militarmente las revueltas y práctica sin rubor un terrorismo de Estado exacerbado asesinando a los líderes políticos, sociales y militares bajo el eufemismo de «asesinatos selectivos».

Mientras, los palestinos han radicalizado su Intifada complementando las piedras de la primera revuelta con los kalashnikov, los morteros y el terrorismo individual con el objetivo de llegar a demostrar a Israel que sin su retirada total de los Territorios Ocupados nunca se logrará la paz, siguiendo el ejemplo de Hizboala que consiguió la retirada del ejército israelí del sur del Líbano.

La situación de Arafat

El otro pilar de la política de Sharon ha consistido en demonizar al líder palestino y presentarlo ante la opinión pública internacional como un terrorista corrupto y desestabilizador, incapaz de controlar a su propio pueblo.

No dudamos que Arafat no sea un líder nada recomendable para su pueblo, ni que sus posiciones políticas estén muy lejos de rozar la izquierda, pero seguramente no es ni más ni menos corrupto que la mayoría de los líderes del tercer mundo, situados por el imperialismo americano para defender los intereses capitalistas en cada una de las regiones del mundo y lo que no tiene duda, es que mantiene tras de sí la mínima unidad posible de las diferentes fuerzas palestinas. De no ser así, su propio pueblo, muy crítico ante su insistencia de negociar con Israel a cualquier precio, y los grupos de la oposición que han visto en los últimos meses como los líderes del Frente Popular para la Liberación de Palestina y Hamas han sido detenidos, habrían acabado con él.

La estrategia de Sharon es culpar a Arafat del fracaso de las conversaciones de paz ante la comunidad internacional insistiendo en que ellos estaban dispuestos a ceder el 98% de Gaza y Cisjordania (el otro 2% serían colonias estratégicamente situadas, defendidas por el ejército y habitadas por colonos armados hasta los dientes) y a su vez quieren provocar su caída, lo que seguramente vendría acompañado de un enfrentamiento entre los propios palestinos, cuya resistencia habría visto como perdía su cabeza visible. Están intentando humillarle ante el mundo entero, manteniéndolo encerrado en su propia residencia y culparle del terrorismo individual mientras se bombardean diariamente comisarías y cuarteles.

LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

Tras los atentados del 11 de septiembre se barajó la posibilidad de que a EEUU le interesase replantearse su política internacional y pusiera fin al conflicto. Pero la vía de la guerra internacional contra el terrorismo, su rápida victoria en Afganistán y la posibilidad de ampliar los países enemigos, algunos de los cuales están en Oriente Próximo (Siria y sobre todo Irán e Irak), hace más necesario que nunca un Israel fuerte y militarizado que imponga su respeto en la región y suponga una seria amenaza cercana para estos países. Cualquier tratado de paz, cualquier salida del conflicto en la actualidad, pasará irremediablemente por los intereses estadounidenses en la región. Ahora bien, si en algún momento Sharon se extralimita en sus acciones de forma que el Pentágono no lo comparta, intervendrá de una forma más activa de lo que lo está haciendo hasta ahora.

Por su parte, la UE, incapaz de tener su propia política internacional, manteniéndose a las faldas de EEUU, no logra elaborar un discurso propio capaz de aportar algo nuevo. Como ejemplo de este discurso, las declaraciones de Josep Piqué, Ministro de Asuntos Exteriores del país que tiene la presidencia, afirmó que «la solución pasaba por la creación de un Estado palestino pacífico y democrático y el reconocimiento de las fronteras internacionales de Israel, asegurando su seguridad». Es decir, los «violentos» palestinos deben convertirse en demócratas (en 1996 se celebraron elecciones en Palestinas supervisadas por la UE y el control personal de Jimy Carter) y se debe mantener la seguridad de los israelíes que no pueden vivir en paz.

LOS PAISES ÁRABES

No debemos pasar por alto la actitud del resto de los países árabes de la zona, que si bien continúan con su actitud hipócrita decantándose ante la causa palestina ante sus pueblos, sin atreverse a enfrentarse a EEUU que al fin y al cabo es quien permite que continúen con sus tiranías de corrupción y opresión, en los últimos días han presentado a través del príncipe heredero saudí, un plan de paz donde por primera vez reconocen las fronteras de Israel a cambio de que se replieguen a los territorios obtenidos antes de la guerra de 1967. El plan ya ha sido visto con muy buenos ojos por la UE y ha sido recogido con buenas expectativas por EEUU y hasta Israel, que consecuente con sus deseos de paz ha decido intensificar aún más sus ataques empleándose con especial saña contra los campamentos de refugiados.

¿ES INTERESANTE LA PAZ PARA EL GOBIERNO ISRAELÍ?

¿Por qué Israel no puso más de su parte cuando podía haber aceptado unos acuerdo de paz claramente favorables a sus intereses? Israel es un país que lleva viviendo 50 años en guerra, con una población totalmente militarizada, siendo su industria militar el pilar de su economía, que recibe miles de millones de dólares de los EEUU y que con una situación de guerra constante consigue recortar las prestaciones sociales de su pueblo y justificar los problemas de los trabajadores. Además, Israel es un país que mantiene unos niveles de crecimiento importantes (con excepciones como en 2001) y con una burguesía que controla todos los movimientos. ¿Con esta situación qué supondría cambiar a un modo de vida pacífico? Probablemente aumento de paro ante la reducción del ejército, crecimiento de la tensión social, fin de la expansión y de la creación de nuevas colonias y difícilmente podrían continuar con su política de recorte sociales por aumento del gasto militar.

¿Pero que opina de esto el pueblo israelí? La radicalización del conflicto está provocando que se empiecen a abrir grandes grietas en la sociedad israelí.  Sharon empieza a perder popularidad a pasos agigantados tanto por el sector que pide más mano dura, como por los que piden el fin de la violencia y se está encontrando que algo empieza a cambiar en su país. El pasado mes de enero 52 oficiales del ejército israelí publicaron un manifiesto donde se negaban a actuar en los Territorios Ocupados «con el fin de ocupar, deportar, destruir... y humillar a la totalidad del pueblo palestino» Con los días, la cifra de oficiales fue creciendo hasta alcanzar casi los 300 oficiales firmantes del manifiesto. Esta actitud supone un lento resquebrajamiento del sistema militar israelí iniciado por esta respuesta valiente de los oficiales (no es broma negarse a cumplir órdenes en ningún ejército del mundo, imaginémonos lo que supone en Israel) y secundado por el 26% de la población que según las encuestas les apoyaban. Por primera vez se están produciendo manifestaciones pacifistas masivas como la celebrada en Tel Aviv bajo el lema «La ocupación nos mata a todos» a la que asistieron más de 10.000 personas.

La economía israelí ha experimentado en 2001 «su peor año desde 1953» (The Jerusalem Post) reduciéndose en más de un 0,5% tras crecer un 6% en 2000. El paro, prácticamente inexistente hace algunos años, se situará por encima del 10% en 2002. En materia social los problemas crecen al tener que importar mano de obra no cualificada para sustituir el trabajo que realizaban los palestinos encerrados sin poder acudir a sus trabajos. Las huelgas desde el pasado año se han multiplicado, el turismo se ha paralizado y el gobierno se muestra incapaz de afrontar los problemas que pueden echar al traste su política militar. Una reacción popular en Israel, transformaría radicalmente la situación.

Para colmo, Israel no ha sido nunca tan inseguro como en la actualidad a pesar de toda la mano dura empleada.

LOS ATENTADOS SUICIDAS

Fruto de la desesperación (la situación de los palestinos es de extrema pobreza y el paro alcanza a la inmensa mayoría) se han incrementado los ataques suicidas que están consiguiendo un importante número de bajas en la población israelí. Desde la lejanía puede ser comprensible esta actitud como la única respuesta del oprimido, pero en ningún caso debemos justificar y ni mucho menos apoyar estas prácticas que refleja siempre la falta de alternativas y resulta terriblemente contraproducente para los intereses de los trabajadores.

Por un lado, el aumento de este tipo de ataques denota la incapacidad de dar una respuesta de clase por parte de la izquierda palestina que ve como día a día el integrismo islámico aumenta sus apoyos peligrosamente. Por otro, los ataques suicidas contribuyen en muy poco al entendimiento entre los dos pueblos y ofrece la excusa perfecta a Sharon para proseguir con sus atrocidades.

Estos actos reflejan el abandono de la ideología, el desmoronamiento de las organizaciones de clase y el peligro de luchar contra la ocupación israelí para cambiarla por una república islámica. Palestina ha sido un pueblo de amplia tradición organizativa y las organizaciones marxistas jugaron un papel muy importante en la primera Intifada. Ahora el pueblo sigue aumentando su lista de mártires y la desesperación y la frustración se ha apoderado de una juventud que no encuentra alternativa en las organizaciones obreras.

HACIA DONDE SE DEBE CAMINAR

Aunque se hace muy difícil predecir qué cariz tomarán los acontecimientos en los próximos meses, parece muy probable que se precipiten en las próximas semanas ante la imposibilidad de continuar con la situación actual. Las presiones que recibirán palestinos e israelíes para que vuelvan a sentarse en una misma mesa va a crecer con los días, por lo que Israel aumentará su presión sobre los palestinos continuando, y muy probablemente aumentando, su brutal represión para llegar en la mejor situación para sus intereses a esas supuestas negociaciones y ceder en lo menos posible. Además, si los palestinos intensifican sus ataques suicidas sobre la población israelí, no se puede descartar una nueva ocupación total de los territorios ocupados, con lo que la violencia se multiplicará y las consecuencias se harán cada vez más imprevisibles.

La paz está más complicada que nunca. Después de lo ocurrido, los palestinos no podrán negociar y ceder, ni siquiera mínimamente, a su reivindicación de un auténtico Estado descolonizado, principal factor para alcanzar una paz duradera. La presencia de los colonos judíos en territorio palestino es un escollo insalvable y pensar que el gobierno israelí esté dispuesto a renegociar esta situación, es hoy en día impensable.

Independientemente del desarrollo que tengan las negociaciones futuras, la izquierda palestina debe trabajar en varias direcciones. Deben seguir resistiéndose frente a la ocupación sin olvidar que la construcción del futuro Estado debe empezar ahora, por lo que deben retomar los métodos de clase y rechazar tajantemente el terrorismo individual. Hay que trabajar para conseguir sentar las bases de un futuro Estado que garantice una vida digna a todos los palestinos y para ello deben rearmarse ideológicamente para encontrar la vía de frenar el integrismo islámico, reconstruyendo el tejido social, político y organizativo tan desquebrajado en los últimos años. Hay que unir en esta lucha a todas las fuerzas de izquierda internacionales, que deben aportar un compromiso mayor que el actual, realizando campañas de concienciación social en todos los continentes. Pero fundamentalmente se debe trabajar para unir lazos con los trabajadores israelíes, con los que irremediablemente tendrán que convivir, y trabajar hacia una transformación social en la zona que permita la libre convivencia entre los dos pueblos, única manera de garantizar la paz y unas condiciones dignas de vida para los dos pueblos.